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Tesla Cybercab: el coche que ni se vende ni se conduce

Tesla ha presentado su modelo Cybercab, que se utilizará solo como taxi autónomo en su empresa Robotaxi, por lo que no se pondrá a la venta, y no tendrá conductor, por lo que no tiene volante, ni pedales ni retrovisores.

Desde su aparición en el mercado del automóvil, Tesla ha destacado por actuar de modo poco habitual. Se lanzó como fabricante generalista, produciendo solo en Estados Unidos, únicamente coches eléctricos, y no siempre con diseños convencionales. El último lanzamiento da un paso más en esa lista de peculiaridades, porque el Cybercab es un vehículo que no se pondrá a la venta, ya que solo lo utilizará la empresa Robotaxi, propiedad de Tesla, que presta servicios similares a los de Uber o Cabify. Además, no ha sido concebido como vehículo autónomo tradicional, es decir, como un vehículo cuyo conductor puede delegar más o menos funciones en el sistema de conducción, si no un vehículo que no va a tener conductor. La suma de estos dos factores implica replantearse muchos de los elementos del pliego de condiciones de un proyecto de automoción: si no se vende ni se conduce, no hacen falta volante, columna de dirección, pedales, retrovisores, mandos de luces, gama de colores, diferentes acabados, adaptarse a las necesidades, carreteras y climas de diversos clientes y países, … lo que a su vez tiene múltiples consecuencias.

Actualmente, Robotaxi emplea diversos modelos de Tesla, como el Model Y, para ofrecer sus servicios de taxi. Cuando se planteó la posibilidad de diseñar y fabricar un vehículo de uso exclusivo como taxi en su empresa, estableció tres prioridades: bajo coste de producción, facilidad de fabricación y máxima eficiencia en el uso y el mantenimiento. Al analizar los recorridos de sus taxis, comprobó que en el 90% de las ocasiones viajan como máximo dos personas más el taxista y en ocasiones (por ejemplo, en los traslados a aeropuertos y estaciones de tren y autobús) se necesita un maletero grande. Cuando el Cybercab esté operativo, si en algún caso el cliente de Robotaxi requiere de más plazas, siempre tendrá la opción de especificarlo en su pedido a través de la aplicación, y se le enviará un Model Y en lugar de un Cybercab. Por tanto, el Cybercab se pensó desde el principio como un vehículo eléctrico, de dos puertas, dos plazas (para los dos pasajeros, no olvidemos que ya no hay taxista) y con maletero grande.

Por el tipo de recorridos a realizar, urbanos y no largos, no hacía falta ni mucha potencia ni mucha autonomía, por lo que bastaba con un motor en la parte frontal con tracción delantera, que dejara espacio detrás para el maletero. Como los pasajeros no conducirán, una aceleración elevada les podría asustar por la sensación de falta de control, otro motivo para no necesitar potencia elevada y con ello bajar el consumo.

Como el Cybercab no se va a vender, no es necesario ofrecer ni colores ni acabados ni opciones para gustar a todos los posibles clientes y adaptarse a sus presupuestos. Esto supone una simplificación enorme en el diseño, la fabricación, la homologación, el stock de vehículos de los concesionarios (que no los hay) y el stock de piezas de recambio. Además, las piezas exteriores de carrocería son de un plástico que lleva embebido el color, no son de plástico pintado. Esto elimina elementos de producción tan caros y voluminosos como los túneles de pintura, que los fabricantes asocian a las pesadillas de las emisiones contaminantes y las dificultades para igualar los matices de color.

En esta vista en 3/4 delantero con las puertas abiertas, casi parece un deportivo.
El perfil ya es otra cosa: voladizos cortos, puerta grande, portón de maletero enorme. Vale la pena mirar con calma la foto de apertura: sin volante, ni mandos en la columna de dirección, ni pedales.

Sigamos simplificando: como el Cybercab solo cargará sus baterías en las instalaciones de Robotaxi, no necesita la posibilidad de cargar con corriente alterna y con continua, de modo que solo admite la más eficaz y rápida, la continua, lo que abarata y hace más sencilla la fabricación. Y como la instalación eléctrica es de 48 voltios, en lugar de la tradicional de 12, se ha podido eliminar el sistema hidráulico de frenos y se ha sustituido por uno eléctrico: pequeños motores en cada una de las cuatro pinzas que desplazan las pastillas contra los discos. Con eso se eliminan la bomba de freno, el servo, varios metros de tubos que recorren el coche, y algún litro de líquido de frenos corrosivo. Menos coste y menos tiempo de producción.

Por último, como es Robotaxi quien controla las condiciones de uso del Cybercab, y puede por tanto limitarlas, no hace falta diseñar un vehículo que se adapte a las distintas condiciones de uso de diversos clientes: temperaturas ambientales máximas y mínimas, desniveles de subida y bajada, conducción en recorridos largos sin paradas o con paradas frecuentes en recorridos urbanos cortos, por poner algunos ejemplos. Eso simplifica el abanico de necesidades de refrigeración de motor, de prestaciones de frenos, de capacidad de ventilación, calefacción y refrigeración del habitáculo, entre otros. Las consecuencias de todo esto, de cara a la producción, son enormes: según Tesla, el Cybercab tiene la mitad de piezas que un Model 3, y el proceso de fabricación es cinco veces más rápido que un turismo equivalente.

Y como no se pondrá a la venta, no hay presupuesto de marketing y publicidad, ni catálogos, ni comisión de venta a los concesionarios, ni formación al personal de concesionarios, sobre todo porque no hacen falta concesionarios.

El maletero tiene una capacidad de 572 litros, el portón es ancho y el umbral de carga está bajo. Lo ideal para cargar objetos grandes y pesados con comodidad.
Con todo cerrado, parece más una maqueta o un gráfico generado con IA que un coche real.

El resultado de todo esto es una carrocería de dos volúmenes y dos puertas, con un maletero accesible desde el portón posterior, que tiene un volumen enorme: 572 litros. Según Tesla, caben dos maletas grandes y dos de cabina, y no hay pegas para llevar una bolsa de palos de golf, o un patinete plegable. Y también se ha pensado en que puede ir un perro guía porque, claro, un ciego puede solicitar los servicios de Robotaxi y viajar solo con su perro guía en un Cybercab.

Bajo el asiento están las baterías de ión litio, que proporcionan 219 CV de potencia y hasta 472 km de autonomía. En ningún caso habrá pegas sobre la autonomía, porque la central de gestión de Robotaxi controla la que le queda a cada coche, de modo que cuando está baja, el vehículo retorna solo a la base para cargarse. La carrocería mide 4.445 mm y tiene un coeficiente de penetración aerodinámica Cx de 0,20. En una época en que es normal un coche de dos toneladas de peso, alegra comprobar que Tesla diga que su Cybercab pesa solo 1.412 kg.

Al no haber conductor no hacen falta mandos de conducción. La enorme pantalla colocada en el centro del cuadro de mandos (¿tiene sentido seguir llamándolo “cuadro de mandos”?) está disponible en 29 idiomas, y permite a los pasajeros controlar la climatización y la posición del asiento, además de escoger música y vídeo en “streaming”. Las preferencias quedan grabadas, así que cuando el mismo cliente tome otro Cybercab, estará a su gusto en temperatura, posición de asiento, música e imágenes.

Las puertas se articulan en la parte delantera de un modo a mitad de camino entre convencional (con bisagras verticales, para abrirse hacia fuera) y de tijera (con bisagras horizontales, para abrirse hacia arriba). Al mostrar las fotos iniciales del Cybercab se ha abierto un debate sobre diseño de puertas de automóviles, cuya conclusión es que no existe la puerta ideal. Las puertas convencionales requieren espacio en los laterales del coche para abrirse muchos grados y que el usuario suba y baje con comodidad; si son largas, resultan más cómodas para entrar y salir, más incómodas y pesadas para abrir y cerrar, y es más fácil golpearlas al abrirlas. Las de suicida (con bisagra vertical en la parte trasera, como los primeros SEAT 600) ofrecen un acceso más cómodo y menos sensación de seguridad. Las de ala de gaviota son más caras y complicadas de fabricar, obligan a una estructura de la carrocería diferente, se golpean con el techo al abrirlas en garajes bajos, y puede entrar agua en el habitáculo si se abren cuando llueve. Las puertas de tijera se articulan en su parte delantera y se abren en vertical hacia arriba; a cambio de permitir la entrada y salida en lugares estrechos, son más caras de fabricar que las convencionales y también pueden golpear el techo del garaje. Quizá la mejor solución, o la menos mala, son las puertas deslizantes, como las que utilizan en los laterales las furgonetas actuales: no plantean problemas de apertura ni a lo ancho ni a lo alto, y son fáciles de abrir. Eso sí, también son más caras que las convencionales y sus feos carriles de guiado son difíciles de camuflar.

Aquí se ven algunas ventajas e inconvenientes del Tesla Cybercab: el portón trasero se ancla muy adelante, lo que permite cargar objetos voluminosos. Las puertas necesitan mucho espacio para abrirse, tanto hacia los lados como hacia arriba.
Esta foto permite entender lo que significa que un coche no se conduzca: solo hacen falta mandos para la climatización y el entretenimiento. Precisamente los que no existían cuando nacieron los coches.

El Cybercab no es una demostración de capacidad de Tesla, si no un negocio, por lo que otro de los pilares del proyecto es la alta fiabilidad y la elevada duración; en otras palabras, que no se rompa y que dure mucho. El objetivo es ofrecer a los clientes unas tarifas por kilómetro de desplazamiento inferiores a las de Uber y Cabify. Todos los puntos de simplificación mencionados hasta ahora aumentan la fiabilidad, básicamente porque hay menos piezas que se puedan romper. Sobre la vida estimada, muchos fabricantes de automóviles la sitúan para sus productos entre 180.000 y 300.000 km; por ejemplo, VW piensa siempre en la mayor de esas cifras. Tesla ha diseñado el Cybercab para que dure, en sus peculiares condiciones de uso, hasta 800.000 km.

En definitiva, Elon Musk y sus ingenieros de Tesla han mostrado una manera distinta de pensar, que obliga a la industria del automóvil a reconsiderar muchos aspectos. Incluyendo el de la limpieza del interior de los coches: si todos los Cybercab son iguales, y el mantenimiento y las reparaciones se realizan en las instalaciones de Robotaxi, haciendo honor al nombre de la empresa el interior se limpiará mediante robots-aspiradora.

Por cierto, el Cybercab aún no está homologado: las normas de homologación de Estados Unidos admiten vehículos autónomos tradicionales, aquellos en los que el conductor delega todas o parte de sus funciones en el vehículo, pero no contemplan la inexistencia del conductor. La autoridad competente, la NHTSA (“National Highway Traffic Safety Administration”, su DGT) se lo está pensando. Como el resto del sector.

Los “hypercars” son menos híper y más analógicos

 

Para definir una generación de vehículos con prestaciones aún mayores que las de los “supercars”, se creó una nueva categoría de coches, la de los “hypercars”, que engloba a los vehículos con potencias en el entorno de los mil caballos y aceleración de 0 a 100 km/h en menos de tres segundos. Y sin embargo, los últimos “hypercars” llegados al mercado son más sencillos, menos potentes y más analógicos.

Cuando se presentó el Lamborghini Miura en el Salón de Ginebra, en Marzo de 1966, la prensa inglesa inventó un nombre para definirlo, porque el resto de las etiquetas que calificaban los distintos tipos de coches se le quedaban pequeñas. Y se escogió el término “supercar” para definir lo que hasta el momento no existía: un vehículo de unos 350 CV y algo menos de 1.300 kilos de peso, con motor central y tracción trasera, que permitía unas prestaciones desconocidas en la época. Esta misma calificación de “supercar” se ha utilizado desde entonces para catalogar a los deportivos de motor central, con ocho o más cilindros, comportamiento en el límite de las capacidades de un conductor medio y unas prestaciones difícilmente utilizables en carreteras abiertas.

Ya iniciado el siglo XXI ha aparecido una serie de vehículos para los que el término “supercar” se quedaba corto, por lo que se les creó un nombre específico, aún más grande: “hypercar”. Les diferenciaban de sus antecesores unas prestaciones inmensas, basadas en una complejidad técnica descomunal. Partían de bastidores monocasco en carbono, para asegurar una elevada rigidez sin que el peso se disparase. Muchos de ellos hacían convivir motores de combustión interna potentes con el apoyo de motores eléctricos. A favor de esa combinación está el elevado par motor disponible desde el arranque; en contra, el peso final, especialmente por culpa de las baterías.

A partir de ahí arrancaba el habitual círculo vicioso de los vehículos potentes: hacen falta frenos más grandes y suspensiones más rígidas, lo que eleva el peso; es imprescindible una aerodinámica compleja no siempre compatible con la estética. Como parecía no haber límite en el precio, toda solución técnica existente se aplicaba, incluyendo los sistemas electrónicos imprescindibles para gestionar el listado anterior: un motor de combustión interna, varios motores eléctricos, la batería, el ABS, los controles de tracción y estabilidad, el “torque vectoring” (o utilizar la potencia rueda a rueda para dirigir el vehículo), la aerodinámica activa y los sistemas de ayuda a la conducción.

El Bugatti Chiron (aquí en un ejemplar único a medida del cliente) es un buen ejemplo de los excesos de los «hypercars»: 440 km/h y 1.994 kilos de peso.
El Pininfarina Battista es un ejemplo aún mejor: un «hypercar» eléctrico de 1.926 CV y 2.300 kilos de peso. En la foto de apertura, el polo opuesto: el S1 de Gordon Murray está por debajo de la tonelada de peso. Y además es precioso.

Por otro lado no hablamos solo de vehículos con precios de siete dígitos, también con costes de mantenimiento fuera de lo normal, en intervenciones que únicamente están disponibles en sus fábricas, ni siquiera en los concesionarios.

Por lo que se refiere a la experiencia de conducción, ya no es tal. Quien se sienta al volante no percibe que conduzca una máquina, más bien que gestiona sistemas que gestionan una máquina. La paradoja del coche digital consiste en que ya no es un coche.

La lista de ejemplos es tan vistosa como conocida, y puede empezar por el Bugatti Chiron, con su motor de 16 cilindros en W de 1.600 CV y 1.600 Nm de par, 440 km/h de velocidad máxima y una aceleración enemiga de la salud de las cervicales: de 0 a 100 km/h en 2,4 segundos. A cambio, 1.994 kilos de peso.

También se puede mencionar el Ferrari LaFerrari, un híbrido con un motor V12 de 6,3 litros y 800 CV, complementado por una estructura eléctrica de otros 163 CV. El resultado es una complejidad que alcanza los 350 km/h y pesa 1.430 kilos. No nos olvidemos del Red Bull RB17, el Aston Martin Valkyrie o el McLaren P1.

El ejemplo más significativo y exagerado es el Pinifarina Battista, un intento fallido de llegar más allá con los “hypercar”. El estudio de diseño que puso en marcha Battista Pininfarina decidió fabricar y comercializar por primera vez un coche, al que bautizaría con el nombre de su fundador, y que destacaría por ser el primer “hypercar” eléctrico. Los resultados en prestaciones son excelentes: 350 km/h de velocidad máxima y exactamente dos segundos de 0 a 100 km/h. Solo que para conseguirlas hay que irse a un eléctrico de 1.926 CV y nada menos que 2.300 kilos de peso.

Es fácil perder la perspectiva del significado de estas prestaciones, así que lo mejor es compararlas con algo más real. Mi coche de todos los días es nada menos que un Volkswagen Golf GTI Performance, uno de los fantásticos miembros de la segunda fase de la séptima generación, lo que los ingleses llaman un “seven and a half”, un “siete y medio”. Con 245 CV de potencia y un par máximo constante de 370 Nm entre 1.600 y 4.300 rpm para 1.387 kilos en vacío, corre mucho. Eso significa una velocidad máxima limitada a 250 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en 6,2 segundos, a cambio de unos 36.000 € cuando se vendía nuevo, desde 2018 en adelante. Si ahora se comparan estas cifras con las del párrafo anterior, se empieza a entender el exceso en el que estaban entrando los “hypercars”.

También McLaren se une a la nueva tendencia de los «hypercars» menos híper: su 6GT es solo térmico, con cambio manual, …
… y el aspecto exterior es sencillo, sin alerones ni aerodinámica activa.

Afortunadamente una parte de la industria ha aprendido que esta generación de coches se aleja de los gustos y de las necesidades de sus potenciales clientes. El caso extremo es el del Battista, que no ha triunfado comercialmente porque los clientes que buscan un vehículo de altas prestaciones quieren también las emociones que se le asocian: sonido agradable, vibraciones razonables e interacción en la conducción. Y un vehículo eléctrico de más de dos toneladas de peso no tiene ninguna de esas tres características. La otra lección aprendida es que el cliente de este microsector busca sensaciones, un coche que pueda utilizar aun con limitaciones, y que los costes (de adquisición y de mantenimiento) sean razonables, porque ser multimillonario no significa tirar el dinero. Respecto a las sensaciones, incluyendo el disfrute al volante, no se obtienen con potencias que no se pueden desplegar en carreteras abiertas, esas que van por encima de los 800 CV, y tampoco con vehículos que casi no caben en las carreteras, con anchuras cercanas a los dos metros. Y no vale compensar el tamaño y el peso con más potencia, porque ese círculo vicioso va en contra del placer de conducir. Los clientes potenciales pueden admitir precios de compra altos a la espera de que las producciones escasas eleven en el futuro sus cotizaciones, aunque no están de acuerdo en que los incidentes en el sistema eléctrico fuera de garantía solo los pueda resolver la fábrica, a cambio de facturas de seis dígitos. Da igual si son euros, libras esterlinas o dólares estadounidenses.

Sobre las limitaciones de uso, más allá de la anchura, hay dos factores que destacan. Uno es la altura al suelo, reducida a valores mínimos para mejorar la aerodinámica, que se refleja especialmente en los frontales, tan bajos, que rozan en garajes, rampas de salida y obstáculos en la calzada. El problema se intenta reducir con más complejidad y más peso: muchos de estos coches añaden un sistema hidráulico o neumático en la suspensión delantera que levanta el morro del coche al actuar sobre una tecla en el habitáculo. Solo que hay que acordarse de presionarla. El otro factor importante en el uso más o menos frecuente de estos coches es la dificultad para entrar y salir, superior a lo que se comentó en este blog hace unas semanas (¿Somos más torpes o cada vez es más difícil entrar y salir de un coche? – Luis Carlos Alcoba). En este caso hablamos de asientos casi en el suelo, estribos altos y anchos, montante A muy inclinado y techo bajo. Si en esas circunstancias el acceso es complejo para un varón en buena forma, mejor no pensar en uno con sobrepeso y problemas de espalda, o en una señora con falda y tacones.

Hennessey se ha inspirado en el avión espía SR-71 Blackbird para su nuevo «hypercar» sencillo. Vendió la producción de 71 unidades en cuatro horas.
Menos es mucho más: un V 12 atmosférico que gira a 12.100 rpm suena a gloria. Sin turbos, sin hibridación, sin baterías, … En la foto, la versión para el GMA T.50.

La reacción a este panorama son los “hypercars” menos híper y más analógicos que se están presentando últimamente a los dos lados del Atlántico. Por la orilla oeste ha llegado el Hennessey Blackbird SR71, que toma su nombre del sorprendente avión espía de la guerra fría, todo un derroche tecnológico con alas que destacaba, entre otras virtudes, por alcanzar una velocidad máxima Mach 3. En Hennessey han tomado su nombre para lanzar un vehículo con motor V8 atmosférico de 6.200 cc de algo más de 800 CV, unido a un cambio manual, con tracción trasera, sobre una carrocería que tiene maletero y un interior que no tiene pantallas. De hibridación ni hablar. El peso final estará en los 1.360 kilos. Se presentó un prototipo en el Monterrey Car Week hace unas semanas, y las 71 unidades que se prevé fabricar (no podía ser otra cantidad) se vendieron en cuatro horas, a un precio de 2,5 millones de dólares estadounidenses antes de impuestos.

También el segundo ejemplo se ha conocido a finales de Agosto: McLaren ha presentado el MCL 6GT, otra muestra de esta nueva simplicidad. Motor V8 atmosférico sin apoyo híbrido, cambio manual, dirección hidráulica en lugar de eléctrica, interior con interruptores y sin pantallas, y una aerodinámica que no condiciona el aspecto exterior. Otro coche analógico.

Si hablamos de motores atmosféricos y pesos reducidos, no pueden faltar los coches de Gordon Murray, que nunca ha entrado en los excesos de la época exagerada de los “hypercars” digitales. El primer producto de Gordon Murray Automotive, el T.50 montaba por supuesto un motor aspirado y un cambio manual, y no tenía alerones. El resultado era el maravilloso sonido de un V 12 con la línea roja a 12.100 rpm, y solo 997 kilos de peso. El mismo pliego de condiciones se ha aplicado a su hermano pequeño, el T.33, que ofrece 615 CV para 1.090 kilos, y para el exquisito S1, que sube la potencia hasta los 690 CV y se mantiene por debajo de la tonelada. La producción de los tres estaba vendida el día de sus respectivas presentaciones.

Si este es el futuro de los deportivos de más altas prestaciones, está claro que tanto Ferrari como Lamborghini se han quedado fuera de la tendencia, y habrá que esperar a ver cuáles son sus próximos movimientos. La independencia de Ferrari le da más capacidad de reacción que a Lamborghini, que depende de su matriz en el grupo VW, y hace tiempo que basa sus vehículos en complejidad técnica y estética. Quedamos a la espera de sus novedades.

Aunque el Luce no es un Ferrari, se vende como si lo fuera

A finales del pasado mes de Mayo, Ferrari presentó su modelo Luce, el primer Ferrari completamente eléctrico y también el primero con cinco plazas. Recibió numerosas críticas negativas, a pesar de lo cual solo dos meses después ha alcanzado su objetivo de ventas para 2026. ¿Tenía razón Ferrari al lanzarlo o sus críticos al dilapidarlo?

 

Cuando a finales de Mayo se presentó el Ferrari Luce, se desató una tormenta de opiniones. La marca italiana rompía varias barreras de una vez con este modelo, al debutar en el mundo de los vehículos eléctricos y hacerlo además con una carrocería que permite cinco plazas, por primera vez en su ya larga historia. Desde la marca se defendía el atrevimiento al entrar en un segmento de mercado nuevo para ellos, y dejaba claras sus expectativas al anunciar que el 80% de los clientes del Luce no habrían tenido anteriormente un Ferrari. En concreto, se habló de que era un intento de mostrar esta tecnología y alcanzar con ella a una nueva generación de compradores adinerados, particularmente en China y en Silicon Valley, ya acostumbrados a conducir vehículos eléctricos. Este punto es importante dada la fidelidad de los clientes a la marca: gran parte de los vehículos que vende Ferrari van a clientes fieles, y pocos son nuevos, de conquista, por lo que el Luce suponía un cambio en el planteamiento comercial.

La mayoría de las reacciones al lanzamiento del Luce fueron negativas, y algunas hasta crueles. Los comentarios sobre el modelo no solo ocuparon los medios de comunicación más o menos dedicados a la automoción, también la prensa generalista y hasta los columnistas políticos se pronunciaron, casi siempre con comentarios negativos y hasta destructivos. El anterior y respetado presidente de Ferrari, Luca Cordero de Montezemolo, dijo que el Luce se debía comercializar sin el logotipo del “cavallino rampante”, las acciones de la marca cayeron un 8 % en la bolsa de Milán, y unos días después Enrico Galliera, director comercial y de marketing de la marca salió de la compañía. También este blog se pronunció al respecto (El Luce no es un Ferrari, aunque necesita serlo – Luis Carlos Alcoba), aunque con una perspectiva más amplia y a la vez más prudente.

Y a finales de Julio, Financial Times publicó que Ferrari había alcanzado el objetivo de ventas del Luce para 2026, gracias en parte a la demanda desde China. La marca no lo ha confirmado, aunque se habla de que el objetivo era de entre 500 y 600 unidades, y que espera vender del orden de 500 al año hasta 2030. En las mismas fechas RM Sotheby’s subastó en California con fines benéficos la primera unidad del Luce, que alcanzó un precio de 40 millones de dólares estadounidenses, que se destinarán a programas educativos de la Ferrari Foundation.

Esta contradicción entre las críticas y la consecución de objetivos obliga a analizar la situación y aclarar quién estaba confundido, si la marca o los críticos, y el primer paso debe ser una cuantificación: vender 500 unidades al año de un vehículo con un precio en el entorno de medio millón de Euros, ¿es poco o mucho? Para empezar, vamos a ver lo que supone esta cantidad para una marca como Ferrari. En la época del ya mencionado Luca de Montezemolo, se marcó como límite de producción anual para mantener la exclusividad el tope de diez mil unidades, que tras su salida subió hasta los valores actuales, entre trece y catorce mil por año. Si el objetivo del Luce está en un máximo de 600 coches, representa menos del 5% de sus ventas totales, lo que es más bien poco y por ello fácilmente alcanzable. Desde un principio la marca señaló que solo el 20% de los Luce acabarían en manos de clientes habituales de la marca, lo que son poco más de cien al año. ¿Alguien piensa que no hay cien clientes de Ferrari que se quieran comprar un Luce? Respecto al 80% restante, ¿alguien piensa que una marca como Ferrari es incapaz de conseguir 400 clientes de conquista al año, menos de dos por cada día laborable vendiendo en todo el planeta?

Si nos centramos en el codiciado mercado chino, para 2026 se le habían asignado 88 unidades del Luce, que se vendieron en los minutos posteriores a la presentación. Considerando que Ferrari vende en China alrededor de mil unidades por año, ¿pensaba alguien que era difícil encontrar 88 clientes más?

Interior del Ferrari Luce: una maravilla del diseño industrial según aquellos a los que les gustan los iPhone y no los coches.
Interior del Aston Martin Valen: una maravilla del diseño industrial según aquellos que apagan el teléfono para disfrutar de la conducción de un buen coche.

Otra perspectiva desde la que analizar con números el peculiar mercado de los coches de este nivel es estudiar los resultados comerciales de los últimos lanzamientos de este microsector, a la vez que los precios de cierre de las subastas de vehículos exclusivos. Como el mes de Agosto de 2026 ha sido prolífico en este entorno, podemos hacer un análisis con números recientes.

A mediados de mes Aston Martin presentó el Valen, un modelo complementario en su gama, al montar un motor V12 atmosférico (generalmente emplea motores V8 biturbo) con un aspecto menos discreto de lo usual en la marca. Lo de complementario tiene su importancia, porque no lo comprarán los clientes habituales para sustituir un modelo que ya tienen en su colección, si no que será una inversión añadida para ampliar la colección. La producción está limitada a 150 unidades, el precio no se ha hecho público aunque los comentarios lo sitúan en los dos millones de dólares estadounidenses antes de impuestos, y si no ha habido más maniobra de lanzamiento es porque las ventas deben ir entre bien y muy bien.

Una semana antes se hizo saber que Gordon Murray Special Vehicles (la rama exquisita de la exquisita marca Gordon Murray Automotive) lanzaba el S1, del que solo se fabricarían 64 unidades. No se ha comunicado el precio, y sí se aclaró que antes de la presentación estaban todos vendidos. Considerando las cotizaciones en las que se mueven los coches de Gordon Murray, lo del precio de siete dígitos se da por hecho.

Si nos vamos a las subastas, los datos son aún más claros. Una subasta es, dejando de mano las transacciones discretas entre particulares, la única manera de acceder a vehículos con niveles de exclusividad altos, entendiendo por tal coches únicos o con tiradas inferiores a 25 unidades. Por ceñirnos a coches de Gordon Murray, y tener así datos comparables, el verano pasado se subastó la primera unidad producida del GMSV S1 LM, de una producción total de cinco unidades, comprados todos ellos por la misma persona. La subasta se cerró al alcanzar la puja los 20.630.000 dólares estadounidenses. Y doce meses más tarde, hace unas semanas, salió a subasta un McLaren F1 GTR, el chasis 10R, con un historial de competición inigualable. El cierre de puja casi da miedo: 34.655.000 dólares estadounidenses. Con este panorama entre los compradores, ¿alguien piensa que quien invierta cantidades de ocho dígitos en un coche que solo va a exponer, no va a gastar medio millón en un coche para usarlo?

El nuevo Aston Martin Valen rompe con la tradicional sobriedad británica de la marca. No tiene el morro corporativo, hay más rectas y planos que curvas y volúmenes, y la aerodinámica importa más que la estética.
Un mismo cliente compró las cinco unidades del GMSV S1 LM, una recreación del Mc Laren F1 que ganó en Le Mans. La primera unidad se ha subastado por más de veinte millones de dólares estadounidenses.

Si esta contradicción entre el planteamiento de una marca, la dureza de las críticas y los éxitos comerciales sirve de lección, habrá que aplicarla en pocos días: el próximo 6 de octubre se presenta en Nueva York el Jaguar Type 01, la versión de serie del discutido y criticado prototipo Type 00, que marca el inicio de la nueva era de la marca más británica entre las marcas británicas que sobreviven, junto a Aston Martin. Aunque en ninguno de los dos casos la mayoría del capital sea británico. Tras la presentación del Type 00, los comentarios fueron duros y hasta insultantes, hubo burlas e incluso Donald Trump opinó en público al respecto. Es de esperar que al hacerse pública la versión de serie se reanuden los comentarios negativos, que quizá se choquen en unos meses con las primeras cifras de ventas.

Para empezar, hay que fijarse en que la presentación del Jaguar Type 01 tendrá lugar en Nueva York, no en el Reino Unido, lo que deja claro dónde se espera que estén los clientes. Y si nos ponemos a cuantificar, y se analiza lo que se espera vender (por poner un ejemplo, se habla de seis unidades al año en España) y el precio previsto de salida, en el entorno de los 150.000 €, está claro que no será tan difícil triunfar. Digan lo que digan los críticos que hablan y escriben antes de estudiar el mercado.

El atractivo, la demanda y el precio de los coches de los ’90

En el mercado de los clásicos crecen la demanda y el precio de los coches de los ’90. Hay motivos demográficos y técnicos que lo justifican.

Ya se ha comentado en anteriores entradas de este blog que la fase económica de baja inflación de años anteriores desvió inversiones de los activos tradicionales a otros tipos, como los inmobiliarios, el arte o los coches exclusivos, fueran clásicos o modernos. Si nos centramos en los coches clásicos, y los clasificamos por épocas, queda claro que el mayor incremento de las cotizaciones se centra en los coches lanzados entre mediados de los `80 y el fin del siglo, independientemente de su valor mercado, porque la demanda y la cotización crecen para todos, desde los más humildes a los que tienen precios de siete dígitos. Los especialistas del sector, sean casas de subastas, comerciantes o analistas, destacan la importancia de la demografía al explicar el fenómeno, y la relacionan también con la caída en demanda y cotización de los vehículos anteriores, tanto los llamados pre war (los del inicio del siglo XX) como los de entreguerras. El motivo es que, en muchos casos, la razón de compra del coche clásico es que el cliente quiere aprobar una asignatura pendiente desde su juventud: comprarse el coche que deseaba, y al que no llegaba, cuando era joven. La llamada Generación Silenciosa, integrada por aquellos que nacieron entre 1928 y 1945, aumentó en su día la demanda, precisamente, de los coches de la primera mitad del siglo XX, que comenzó a decaer cuando su edad les impidió disfrutar de los coches que no tuvieron de jóvenes. En el análisis de los sociólogos les siguen a la Generación Silenciosa dos grupos: los “Baby Boomers” (nacidos entre 1949 y 1964) y la generación X (entre 1965 y 1980), a los que corresponden como coches deseados los que se lanzaron en su adolescencia y juventud. Es decir, los que llegaron al mercado a partir de los `80 y hasta el 2000.

Por otro lado, el motivo técnico del esplendor de estos coches está en que son suficientemente buenos como para tener fiabilidad y ofrecer diversión, muy por encima del nivel de sus antecesores, y sin embargo su tecnología es a la vez comprensible y reparable, no como la de los coches que les sucedieron: demasiado tecnificados, con exceso de ayudas de conducción, y solo reparables por especialistas de alto nivel y alto precio. En otras palabras, que estos coches suelen arrancar a la primera, se averían poco, muchos tienen aire acondicionado y calefacción (lo que les hace utilizables todo el año), un aficionado puede hacerles el mantenimiento y las reparaciones básicas en su casa y, si algo grave sucede, no es imprescindible llevarlos a un taller caro y exquisito.

La exposición «Icons of the 90s» está abierta este verano de 2026 en Autoworld Brussels, el museo del automóvil de la capital belga.

Mientras paseaba por la exposición “Icons of the 90s” en Autoworld Brussels, el museo del automóvil de la capital belga, le puse nombre y apellidos a esos coches de los ‘90, y entendí con detalle su atractivo. A la extensa exposición permanente del museo se añade durante los meses de este verano la exposición temporal “Icons of the 90s”, y entre ellos el primer punto a destacar es la inmensa variedad de formas, algo sorprendente en el mundo monótono actual, donde se es SUV o no se existe. La foto de más arriba me dio la primera de las claves para entender el éxito de esta generación de coches, porque muestra cinco vehículos de otras tantas marcas, distintos entre sí por cliente objetivo, planteamiento técnico y especialmente forma externa. El primero es un Citroën XM, presentado en 1989, un intento francés por entrar en el mercado de las berlinas de lujo, copado por los alemanes, con algo distinto: no es una berlina, tiene tracción delantera, dos volúmenes y su perfil muestra el atrevimiento que le faltaba a los BMW y Mercedes de la época. A su derecha está un Alfa Romeo 156 Sportwagon (1997), la versión familiar de una de las mejoras obras de Walter da Silva, que buscaba el mismo cliente objetivo que el XM, solo que ofreciendo sabor italiano. El siguiente es un Audi A 2, el Audi más pequeño hasta el momento, que ofrecía una carrocería de aluminio casi con forma de monovolumen en un segmento, el de los coches medios urbanos, que hasta entonces debía, obligatoriamente, ser barato y sencillo. A su lado está una unidad de la primera generación del Toyota Prius, el primer hibrido fabricado en serie. Se lanzó en Japón en 1997, y llegó a Europa en 1999, con esas formas humildes, como pidiendo perdón por ser un coche. El último de la fila es un Saab 900, otra muestra de la visión original de la marca que deshizo General Motors, y que durante años fabricaba coches que querían ser aviones. Ninguno de los cinco es una berlina, ninguno es un SUV, y sin embargo en sus días se seguían fabricando también berlinas, SUV, coupés, cabrios y monovolumen. Una formidable variedad.

Lancia Delta Integrale, o cómo una marca generalista de los `90 creaba un mito. Esta unidad corresponde a la serie limitada «Martini 6», y es la nº 70 de las 310 fabricadas.
Hay mil ejemplos posibles para ilustrar la variedad de los coches de los `90. Por ejemplo, el Mazda MX-5 y el Volkswagen Beetle.
Honda se atrevió a infiltrarse en el territorio hasta entonces privado de las marcas italianas. En primer plano, un Ferrari Testarrosa, y detrás un Lamborghini Diablo y un Honda NSX.

El segundo punto atractivo de los coches de los `90 que descubrí paseando por Autoworld es la variedad de marcas presentes en todos los segmentos del mercado, en el sentido de que muchas invadieron territorios que les eran hasta el momento ajenos, lo que aumentaba las posibilidades de elección para los clientes. Ya se ha mencionado a Citroën con el XM y a Alfa Romeo con el 156 entrando en zonas de marcas alemanas; no se puede dejar de lado a Honda y su NSX inmiscuyéndose entre los clientes de Ferrari y Lamborghini, a Mazda y su MX-5 copiando y mejorando con mucho la receta de los “roadsters” ingleses, hasta tal punto que 41 años después del lanzamiento de su primera generación, sigue en venta. Y no solo las marcas humildes querían subir de categoría en la época; también las premium pretendían conquistar a los clientes adinerados que compraban coches más pequeños: Mercedes lanzó el 190 (código W201) en 1982, Porsche se atrevió con la primera generación del Boxster en 1996, Audi entró en el mercado de los deportivos pequeños con el TT en 1997, y Mercedes redujo aun más el tamaño de sus coches pequeños con su primer Clase A, el de 1997. Otro apartado es el de las marcas no habituales en el sector de los deportivos, que se atrevían con ello, a través de un catálogo variado en formas y tecnología: Lancia lanzó varias generaciones del Delta Integrale, un deportivo de marca generalista, derivado de sus experiencia en rallies, que se atrevía en carreteras de curvas con los superdeportivos italianos; también Audi se basaba en sus éxitos en los tramos para crear el mito del Quattro; Lotus insistía en reducir tamaño y peso para lograr lo mismo, por ejemplo con el Elise; y de nuevo Audi aspiraba a conquistar a los clientes de las berlinas de lujo, los que hasta el momento se transportaban en Mercedes Clase S y BMW Serie 7, con los Audi 100 y 200 (generación C3, de 1982 a 1990) y luego con el primer A8 de 1994, el que adoramos desde esas escenas inolvidables de la película “Ronin”.

Variedad entre los deportivos: Porsche 968 CS, Ford Puma, Alfa Romeo SZ, Nissan Skyline GT-R y Renault Clio Williams.
El BMW Z1 se recuerda por las puertas que se ocultan en la carrocería. En realidad era un estudio sobre materiales y métodos de producción, que terminó creando la división Z (de «Zukunft», futuro en alemán) en BMW.

Y el tercer factor que añade atractivo a esta generación de coches consiste en que las marcas se esforzaban en ofrecer calidad técnica y estética en todos los tamaños y precios. Entre los más pequeños hay que destacar una de las mejores obras de Giorgetto Giugiaro, el humilde Fiat Panda de primera generación (1980), cuyo objetivo básico era ofrecer un vehículo práctico y de bajo coste, y terminó siendo uno de los mejores diseños de automóviles. Otros pequeños y rompedores fueron el Renault Twingo (1993) de Patrick le Quément, el Ford Ka (1996) y su hermano deportivo, el Puma. El atrevido BMW Z1 (1989) se centraba en nuevos materiales y distintos procesos de producción en el tamaño de un pequeño roadster, aunque en lo que se fijaban casi todos era en esas puertas que bajaban y se ocultaban en la carrocería. También Fiat y Opel se unieron a la idea de lanzar deportivos asequibles, atractivos y diferentes, con el Coupé (1994) y el Calibra (1989), respectivamente. Para desafiar de nuevo la supremacía alemana en las berlinas medias, cuatro marcas se unieron en un proyecto común, y el resultado cuádruple fue el Fiat Croma, el Saab 9000, el Alfa Romeo 164 y el Lancia Thema.

Y la lista de coches “noventeros” atractivos podría seguir sigue con coches distintos, atrevidos, diferentes y variados, algo que se envidia desde la monotonía actual.

¿Somos más torpes o cada vez es más difícil entrar y salir de un coche?

Después de abrir la puerta, entrar en el coche es el primer contacto de un conductor con su vehículo, y debería ser un hecho cómodo y hasta placentero. Sin embargo, está pasando a ser una maniobra incómoda, lo mismo que salir.

Entrar y salir de un coche, especialmente para el conductor, debería ser una maniobra sencilla. De hecho, así ha sido durante décadas. Cuando nació el automóvil, cuando no era más que una carruaje o diligencia en el que se había sustituido el caballo por un motor, el acceso era sencillo sobre todo porque no había ni puertas. Con el tiempo, para generar una protección ante el polvo, la lluvia, el sol y el barro de los caminos (aun sin asfaltar y por tanto sin convertirse en carreteras), se cerraron los habitáculos y se comenzó a acceder a través de puertas. Esa carrocería recién nacida era una simple estructura de madera que no debía cumplir normativa legal alguna, por lo que sus dimensiones se basaban en las necesidades de acceso. Atendiendo a las costumbres de la época, un caballero podía entrar en un carruaje sin quitarse el sombrero y a las señoras no les planteaban problemas los complejos vestidos de entonces. Incluso décadas más tarde seguía sin haber pegas, aun cuando las carrocerías se volvieron metálicas, y se pasó de chasis separado a bastidores monocasco. El cambio llega con la presión de los criterios aerodinámicos y, especialmente, con las cada vez más numerosas y más duras normas de homologación para reducir los daños en los posibles tipos de accidentes.

Entrar en un coche consiste en pasar a través del hueco limitado por el montante A en el lado izquierdo, el techo por arriba, el montante B y el asiento por la derecha, y el estribo por abajo. Y debería ser fácil.

Para aclarar con detalle estas nuevas dificultades, vamos a analizar el acceso de un conductor a un turismo actual con volante a la izquierda. Esto quiere decir que dejo de lado los deportivos, a los que les perdonamos las dificultades de acceso porque entendemos que el asiento va colocado abajo, que el techo es bajo por aerodinámica, y que las prestaciones son más importantes que la comodidad; nos olvidamos de los todo terreno, a los que hay que trepar; y para simplificar el análisis no consideramos un vehículo con volante a la derecha ni el acceso de los pasajeros.

Entonces, el acceso de un conductor a un turismo con volante a la izquierda consiste en entrar al habitáculo a través de un rectángulo limitado por cuatro elementos: a la izquierda están el montante A y su base, que son los que soportan el lateral del parabrisas y la parte delantera del techo, y los apoyan en la parte baja del bastidor; arriba está el techo; a la derecha tenemos el asiento y el montante B, que igualmente soporta el techo; y finalmente abajo está el estribo, que cierra el suelo del coche por su lado izquierdo. No olvidemos que una vez que el conductor ha franqueado este hueco se va a encontrar con el volante y el asiento, cuyas formas y ubicación influyen igualmente en la facilidad o dificultad para terminar de acceder y finalmente sentarse.

Pasemos ahora a estudiar cómo han influido las normas de obligado cumplimiento promulgadas en los últimos años junto a otros factores, en las características de cada uno de estos cuatro elementos, empezando por el montante A. Su misión básica es, como se ha dicho, es soportar el techo y cerrar el parabrisas por el lateral. Para mejorar la aerodinámica, cada vez se inclinan más el parabrisas y con él su montante; eso hace que su parte superior esté más retrasada, lo que reduce la anchura de la parte superior del hueco de la puerta. En la maniobra de acceso al vehículo, el conductor tiene menos espacio para meter la cabeza, lo que le obliga a desplazarse hacia el lado derecho, a la vez que gira el cuello.

El montante A está cada vez más inclinado y es más grueso. Y el estribo sube y se ensancha.

El otro cambio que ha sufrido el montante A es el incremento de su espesor, forzado por dos motivos. El primero es la obligatoriedad de la prueba de vuelco, que limita la deformación autorizada del habitáculo si tiene lugar ese tipo de accidente. Una de las medidas que se han tomado para aumentar la rigidez es, obviamente, incrementar la resistencia de los apoyos del techo, dos de los cuales son los montantes A, a base de emplear aceros de mayor resistencia mecánica a la vez que se aumenta la sección del montante. Por otro lado, y para pasar con éxito la prueba de impacto lateral, se inventaron hace años los mal llamados “airbag de cortina”, que también aumentan el espesor del montante A. Este “airbag de cortina” es una bolsa de aire que se despliega de arriba hacia abajo en todo el lateral del habitáculo en caso de un impacto lateral peligroso; esta bolsa se encuentra plegada dentro de los guarnecidos en forma de C apuntando hacia abajo, desde la base del montante A hasta la base del montante C, que es el que en una berlina está detrás de las puertas traseras. Cuando este airbag de cortina se despliega lo hace hacia abajo, cayendo como el telón de un teatro al terminar la función. La traducción al español es incorrecta, ya que debería llamarse “airbag de telón”, y el error viene de que en inglés se denomina “curtain airbag”, y “curtain” se puede traducir por “cortina” y también por “telón”.

Por lo que se refiere al techo del coche y su dificultad en el acceso al interior, está también condicionada por el airbag de cortina. Al esconderse cuando está plegado en el guarnecido del techo, reduce la altura libre, lo que disminuye el espacio por el que debe pasar el conductor. Si alguien se pregunta por qué no se eleva el techo una cantidad equivalente, los del departamento de aerodinámica responderán que porque aumentaría el consumo y reduciría la autonomía.

El momento clave: meter la pierna derecha por el hueco, bajar la cabeza, doblar el cuello, adelantar la cadera, …

El lado derecho en el acceso del conductor no está condicionado por el montante B, porque lo que reduce la anchura del hueco de paso es el propio asiento, que también ha visto modificado su perfil en los últimos años. Los primeros automóviles permitían unas velocidades de paso por curva bajas, por múltiples razones: neumáticos (anchura y compuestos), suspensiones, altura del centro de gravedad, sin olvidar que las carreteras estaban sin asfaltar y su agarre era escaso, por decirlo delicadamente. Por eso no importaba que tanto las banquetas como los respaldos fueran planos, ya que no había una fuerza centrífuga que tendiera a sacar al conductor hacia el exterior de la curva, y por ello no había necesidad de que los asientos le sujetaran. Todo eso ha cambiado, y ahora los asientos deben sujetar al conductor tanto lateral como frontalmente. La sujeción lateral se consigue con los resaltes de la banqueta y del respaldo, que cada día asemejan más los asientos de los coches de calle a los bacquets de los de competición. Y esto afecta a la entrada y salida del conductor, porque los salientes del respaldo reducen la anchura de la zona de paso, y los de la banqueta reducen la altura.

Otra evolución de los asientos relacionada con la seguridad y que afecta al acceso se encuentra en la parte delantera de la banqueta, y tiene como objetivo reducir la posibilidad de lo que se llama “submarining”. Con la mejora en la eficacia de frenos y neumáticos, las deceleraciones que se consiguen en los coches de serie son cada vez mayores. Como es caso de accidente con despliegue de airbags, estos son eficaces solo si los cuerpos de los ocupantes se dirigen a ellos, parte de la función de los asientos y los cinturones de seguridad es “guiar” al cuerpo hacia los airbags. Pare ello es imprescindible que el cuerpo no se deslice por debajo del cinturón ventral, como haciendo una inmersión, porque entonces la cabeza bajaría y no se frenaría con el airbag del volante. Para evitarlo, la banqueta tiene un resalte hacia arriba, que en caso de deceleración frena la cara inferior del muslo. Estupendo de cara a al seguridad, pero de nuevo es un elemento que reduce el espacio útil de acceso en concreto obliga a pasar la pierna derecha por el hueco cada vez más pequeño que queda entre la banqueta y el volante.

Para pasar la prueba de impacto lateral, el estribo ha crecido en anchura. Y en los vehículos eléctricos, también en altura.

El cuarto y último elemento del rectángulo por el que debe pasar el conductor al entrar en el coche es la parte inferior, tradicionalmente llamada estribo, en recuerdo de los estribos de los coches de caballos. También en este elemento ha habido novedades en los últimos años, forzadas por cuestiones técnicas y que han influido negativamente en esta maniobra de acceso. La primera novedad está provocada por la prueba de impacto lateral, consistente en un impacto a 32 km/h contra un poste fijo. Para pasarla, uno de los elementos que se ha reforzado es precisamente el estribo, y por el mismo método que el montante A: aceros de mayor resistencia y aumento de la sección. En este caso, la mejor manera de aumentar la sección resistente es incrementar la anchura (lo que implica que las piernas deben recorrer un arco mayor para entrar en el coche) y la altura (lo que obliga a subir más las piernas).

La segunda novedad se limita a los coches eléctricos, y su arquitectura, cada vez más habitual, consistente en que las baterías, de forma plana, forman el suelo del coche, sobre el que se monta el resto del vehículo. En inglés se denomina, “skateboard”, porque el coche se convierte en un monopatín formado por la batería y los motores eléctricos, a los que se añade el resto del vehículo. Las baterías, claro, tienen un espesor, que es precisamente lo que añade altura al estribo y reduce la altura efectiva por la que puede pasar el conductor al entrar en el coche.

Es decir, que la conclusión es clara: no somos más torpes, si no que el acceso al interior del coche es más complicado porque los cuatro lados del rectángulo se han acercado.

El Luce no es un Ferrari, aunque necesita serlo

Ferrari presentó a finales de Mayo pasado el modelo Luce, su primer vehículo eléctrico, que es también su primer coche de cinco plazas. El diseño del Luce ha generado numerosos comentarios, la mayoría negativos, algunos hasta crueles. Sin embargo, su importancia no reside en cómo es, si no en por qué es así.

Ferrari es mucho más que una marca de coches, bastante más que un fabricante de bienes de consumo. Su importancia como marca es tal que cualquier objeto con su logotipo multiplica su valor. Y desde la época de su fundador, Enzo Ferrari, han sabido gestionar ese valor añadido a base de un manejo efectivo y discreto del valor de la marca. Por ejemplo, mantener de modo permanente una lista de espera, fabricando por debajo de la demanda, para generar la sensación de deseo, de inalcanzable. O lanzar series limitadas y hacerlas disponibles solo para determinados clientes, los más fieles.

Por el lado de las características del producto, un Ferrari siempre ha sido un vehículo de aire deportivo, en el que el motor, por arquitectura y sonido, ha tenido una importancia elevada. Y su carrocería ha vestido de modo discreto y efectivo esa leyenda de motores potentes y con carácter. Enzo Ferrari le daba tanta prioridad a los motores sobre la carrocería que desde la fundación de la marca todo lo relativo a los motores era un trabajo interno (diseño, pruebas, fundición, montaje, …) y el diseño se subcontrató, hasta que a principios del siglo XXI se fundó el Centro Stile Ferrari. Hasta ese momento, los trabajos de diseño se realizaban fuera, eso sí, por los mejores: algún proyecto cayó en manos de Bertone, la mayoría eran de Pininfarina.

Esta definición tan precisa del producto ha conducido a una definición igualmente cerrada del comprador por edad, nivel económico, sexo, y gustos. Y es justo esta definición concreta la que supone una pega de cara al paso que quería dar Ferrari al lanzar su primer vehículo eléctrico, porque la mayoría de sus clientes tradicionales no quieren un eléctrico, o al menos un Ferrari eléctrico. Y si Ferrari quería, aunque con retraso, unirse a la tendencia de la electrificación, debía olvidarse de sus clientes tradicionales. Esto obligó a que la definición del modelo le condujera a otro tipo de cliente, a alguien de nivel económico elevado que sí quería un eléctrico y que a la vez nunca se compraría un Ferrari con motor térmico. O, en otras palabras, localizó un nicho de mercado dispuesto a pagar el precio de un Ferrari por un vehículo que no lo era pero lo debía parecer.

Hablamos de que el pliego de condiciones de lo que sería el Ferrari Luce consistía en diseñar y fabricar un vehículo eléctrico de prestaciones elevadas, que debería ser adquirido por personas más jóvenes que su cliente tradicional. Este grupo demográfico utiliza sus coches en familia o para desplazamientos con amigos, lo que obligaba a que el vehículo dispusiera de cuatro puertas, cinco plazas y un maletero más generoso de lo que hasta el momento era habitual en la marca. De hecho, en Maranello se prevé que el 80% de los clientes del Luce nunca hayan tenido un Ferrari, lo que es una manera rotunda de cuantificar el razonamiento anterior.

La primera generación del Porsche Cayenne fue un buen ejemplo de fabricantes de automóviles lanzando un producto ajeno a su tradición: triunfó.
Y el Lotus Eletre es un mal ejemplo de lo mismo: es un coche excelente, no es un Lotus.

Por supuesto que no es la primera vez que un fabricante de automóviles lanza un modelo que no sigue la tradición de la marca, y hay un par de ejemplos al respecto que vale la pena estudiar. El primero es la generación inicial del Porsche Cayenne, la que estuvo a la venta entre 2002 y 2010. En aquel momento, las finanzas de Porsche se basaban en los modelos deportivos, fundamentalmente el 911, y flaqueaban porque el mundo del automóvil se desviaba hacia los SUV. Porsche se atrevió a fabricar uno y triunfó: el Cayenne de primera generación no era precisamente el coche más atractivo del momento, pero parecía un Porsche y seguía la moda. Además, un 911 casi nunca es el único coche de una persona o familia, lo que obliga a comprar y mantener otro, mientras que un Cayenne sí puede ser ese único coche, lo que permitió a muchas personas que soñaban con un 911 comprarse su primer Porsche, aunque fuera un Cayenne.

El segundo ejemplo, este malo, es el Lotus Eletre. El problema para Lotus era similar, por lo difícil de vivir solo de vender deportivos caros. En su caso optaron por lanzar una berlina eléctrica y, aunque el Eletre es un coche excelente, su principal problema es que no parece un Lotus. De ahí sus escasas ventas.

Planteada entonces la definición del producto en Ferrari, se dio un paso algo atrevido, que consistió en confiar su diseño no ya a un diseñador de automóviles externo, si no a dos prestigiosos diseñadores ajenos al sector. LoveFrom es una consultora de diseño fundada y dirigida por Sir Jony Ive y por Marc Newson, de cuya categoría profesional no se puede dudar. Ive fue el Chief Design Officer de Apple, y como tal autor de algunos de los mejores diseños de Apple, entre ellos el iPod y el iPhone, y Newson es el autor del diseño de todo tipo de objetos de uso diario. Entre los dos, y este es un punto importante, solo se ha diseñado un automóvil: Newson se encargó del Ford 021C de 1999, un prototipo pensado para no ser fabricado en serie. El que ambos sean aficionados a los coches, y hasta tengan algunos clásicos en sus garajes, no les acredita como diseñadores de automóviles. Al contrario, sus habilidades demostradas se centran en el diseño de objetos pequeños, que generalmente se utilizan con las manos y caben en ellas, en los que la clave de un buen diseño está en los radios de curvatura y de encuentro para tener una buena sensación táctil, y en las combinaciones de materiales y colores para ser agradables a la vista a corta distancia. Aunque estos puntos también tienen su peso en un coche, no son los principales; en el diseño de un automóvil los puntos clave son las proporciones entre voladizos, batalla y altura, y las formas de las superficies exteriores.

No hay como poner una mansión italiana de fondo para que un coche parezca más bonito. Solo que esta vez el coche es un Ferrari Luce.
Se toman las características de diseño de un Ferrari, se colocan sobre las proporcionas inadecuadas, y el resultado no es visualmente agradable.

El resultado del trabajo de Sir Jony Ive y de Marc Newson, bajo la supervisión de Flavio Manzoni como director del Centro Stile Ferrari, es el Luce. Dado el planteamiento del fabricante de Maranello no hay que juzgarlo como a un Ferrari “normal”, si no como a un modelo eléctrico de la marca que, sin dejar de ser un Ferrari, es diferente y se dirige a otro tipo de cliente. Visto de perfil se detecta el intento de que parezca un Ferrari al reproducir tres elementos habituales en la marca, el primero de los cuales es la línea de cintura, que recuerda fundamentalmente al F-40: se alza desde los faros delanteros hasta alcanzar su punto más alto en la vertical del eje de rueda, baja al llegar al montante A, y sube hasta el eje de la rueda trasera. El segundo es el escudo del ”cavallino” entre la rueda delantera y el corte de la puerta y el tercero las llantas de cinco radios. En la parte posterior sucede algo similar, porque se montan dobles pilotos circulares. ¿Convierten estos cuatro elementos al Luce en un Ferrari? No, porque lo que más destaca en el perfil es la incorrección de las proporciones. El coche parece corto entre ejes por dos motivos: los dos voladizos son largos, y las llantas tienen un diámetro desmesurado, nada menos que 23” delante y 24” detrás. Eso elimina la sensación de esbeltez, imprescindible en un diseño elegante. Y eso que sus dimensiones permiten esa elegancia, con 5.026 mm de longitud y solo 1.544 de altura. Llama la atención si lo comparamos con su hermano el Ferrari Purosangue que, al ser un SUV lo tiene más difícil para ser esbelto: aun así, siendo mas corto (4.973 mm de longitud) y más alto (1.589 mm) sí es elegante. Respecto al escudo, las llantas y los dobles pilotos traseros, cualquier “tunero” que se los ha puesto a su SEAT León o Hyundai Coupé sabe que el hábito no hace al monje.

La salida lateral de aire caliente ubicada en las puertas delanteras rompe las líneas del perfil, y está por ver si es un adorno o es efectiva, lo que obligaría a canalizar el aire desde los pasos de rueda al interior de las puertas delanteras, y de ahí al exterior.

Para terminar con el perfil, se ha recurrido a un truco visual impropio de una marca de lujo, que es pintar de negro algunas zonas para reducir la sensación de volumen. Como las baterías que alimentan a los motores eléctricos se ubican bajo el piso del coche, esa zona tiene espesor vista de lado; por ello se pintan de negro no solo los estribos, también la parte baja de las puertas, y además se pasa de convexa a cóncava su curvatura inferior de cara a acortar visualmente su altura.

El uso de puertas delanteras convencionales y traseras suicidas es propio de marcas de lujo. Solo que aquí falta el alzado de botella de Cola Cola imprescindible en un Ferrari.
La vista posterior es la más discutible: pilotos que se ocultan al apagarse, y la sensación de que un coche más grande ha engullido al Luce.

La sensación que transmite la parte posterior es la de que un Ferrari pequeño ha sido engullido por un coche más grande. Así de sorprendente. Además, los pilotos traseros son negros con el coche apagado, por lo que se funden con el plástico negro de la parte posterior. ¿Como esos relojes llamados inteligentes, que no son más que una pantalla negra en la muñeca que se enciende cuando llega un mensaje o el usuario lleva demasiado tiempo sentado?

En el frontal se aplica una idea aerodinámica que se ha visto en vehículos muy distintos, los del Dakar: consiste en bajar el morro y colocar encima un elemento aerodinámico que canaliza el aire. En este caso se hace con elegancia, y pretende extraer el aire caliente de los tres radiadores que se ocultan bajo el frontal. Sin embargo, da lugar a dos pegas, una simplemente práctica y otra bastante más grave. La práctica es que impide la existencia de un maletero delantero, algo que se está convirtiendo en habitual en coches eléctricos: utilizar el morro, en el que ya no hay un voluminoso motor térmico y sus accesorios, para crear un maletero. La segunda pega se basa en que para asegurar que el aire caliente fluya de modo adecuado hacia el exterior, si se ubicaran los limpiaparabrisas en su posición normal, horizontales y en la base del parabrisas, estarían en medio del flujo, molestándolo. Para evitarlo, se han colocado en vertical y adosados a los montantes A, como en el SEAT Altea de 2004. Solo que en este caso quedaban ocultos bajo una moldura, y ni se veían tanto, ni afectaban a la aerodinámica como en el Luce, en el que parecen un añadido de última hora.

También los colores de carrocería de las unidades mostradas en la presentación, que son los mismos que los de las fotos de prensa, llaman la atención. El color más utilizado es un azul claro impropio de Ferrari. De vez en cuando aparece un amarillo que recuerda al “Giallo Corsa” de los Ferrari de carreras, y solo se muestra una unidad en el color rojo tradicional de la marca.

Amplio, sencillo que no simple, y espacioso. Solo falta comprobar la comodidad de la banqueta, a causa de su inclinación.
La especialidad de Ive y Newson se nota aquí: limpio, claro y elegante. Se nota la habilidad al integrar un volante «retro» en un diseño actual.

El interior del Luce parece de otro coche, distinto del exterior, y eso se debe en gran parte a que aquí nos acercamos a la especialidad de sus diseñadores, Ive y Newson. Las formas, los materiales y especialmente los perfiles recuerdan a los productos de Apple. Es estupendo que haya botones mecánicos, el volante de tres radios es un excelente homenaje a los Ferrari clásicos, y las pantallas reproducen las formas de los relojes tradicionales. En la parte inferior de la pantalla central hay interruptores mecánicos, que se manejan con comodidad porque se puede apoyar la mano en la barra que hay justo debajo. Y la gran novedad respecto a la mayoría de los coches actuales es que no hay hectáreas de acabados en “piano black”, esos que solo están limpios en los pocos segundos inmediatamente posteriores a su limpieza.

En los asientos destaca el cosido del cuero, con las franjas horizontales que recuerdan a las del 365 GTB/4 Daytona. El inconveniente está en la extraña inclinación de la banqueta de los asientos traseros, con la parte posterior más baja que la anterior, y el motivo es complicado, una mezcla entre aerodinámica y ubicación de elementos. Se ha bajado esa parte posterior para que la altura al techo sea correcta para los pasajeros, a la vez que se permite que la línea del techo baje al llegar a la luneta trasera, de modo que el Luce no sea demasiado alto y su forma aerodinámica no resulte perjudicada. Pero si se hubiera mantenido la banqueta plana, teniendo en cuenta que las baterías están debajo y por ello el suelo está alto, solo la parte posterior del muslo se apoyaría en la banqueta, haciendo el asiento incómodo. Por eso se ha levantado su parte delantera, aunque eso obligue a que las rodillas queden altas.

En todo caso, un interior amplio, luminoso y acogedor, con un maletero de 600 litros, elementos muy apreciados tanto en el mercado chino como entre los clientes occidentales objetivos del Luce.

Desde el punto de vista técnico, se esperaba más de Ferrrari. De acuerdo que la batería es estructural y que la arquitectura del sistema eléctrico es de 800 voltios, pero eso ya lo tienen otras marcas, y además son chinas. El peso total es de 2.260 kilos, y el consumo de 23 kWh/100 km, exactamente el mismo del Tesla Model S de 2012.

Como conclusión diré que a pesar de lo anterior será un éxito comercial, porque, aunque no guste a los clientes tradicionales, sí está bien dirigido a los nuevos clientes objetivo.

Y si no fuera un Ferrari, ¿opinaríamos lo mismo?

Y termino con una hipótesis atrevida: los fabricantes chinos se iniciaron en la industria del automóvil elaborando modelos occidentales antiguos bajo licencia, siempre con motores de combustión. A continuación, actualizaron y embellecieron sus diseños, y saltaron a los híbridos y a los híbridos enchufables, y con estos coches están triunfando en Occidente. Inician ahora la segunda fase de su ofensiva, al presentar en Europa sus marcas premium, las que se dirigen al epicentro del orgullo industrial del continente: BMW, Mercedes, Audi y Porsche. Pues imaginemos que uno de esos inmensos conglomerados chinos, sea Chery, Geely, SAIC o cualquier otro, decide dar un paso más, consistente en lanzar una marca de lujo que se enfrente a lo mejor de la Vieja Europa. Y ahora imaginemos que eliminamos los logotipos y nombres de Ferrari del Luce cuyas fotos rodean estas letras, y le ponemos un nombre chino difícilmente pronunciable: estaríamos pensando, admirados, que para ser el primer producto de una nueva marca china de lujo, es excelente, a falta de ciertos detalles. Eso sí, ningún occidental pagaría varios cientos de miles de euros por él.

 

Las motos del Dakar y otra vez sus coches

Ver en directo, tanto parados como rodando, las motos y los coches del Dakar, proporciona mucha información sobre cómo son y por qué son así. Seguir durante tres días la segunda prueba del Mundial de Raids, que se disputó entre Portugal y España, dio para bastante.

Antes de que se iniciara la edición de 2026 del Rallye Dakar, la primera prueba del Mundial de Raids, publiqué una entrada (Los coches del Dakar de 2026 – Luis Carlos Alcoba) en la que se analizaban algunos de los coches participantes. Hace unos días asistí a la segunda prueba del Campeonato del Mundo de Raids, el BP Ultimate Rallye Raid Portugal, que se inició el 16 de Marzo y terminó el 22, con recorridos a través de España y Portugal. Como era de esperar, ver los vehículos en acción en las pistas y parados en el parque cerrado permite entender mejor cómo son y por qué se pilotan como se hace ahora, incluso comparando con las motos y los coches de años y reglamentos anteriores.

Las actuales motos monocilíndricas son «pequeñas» comparadas con sus antecesoras de dos cilindros, y por ello se pilotan de otro modo.

Lo primero que llama la atención es que, en las pistas, las motos parecen más lentas y menos espectaculares que los coches, por una mera cuestión de dimensiones. Las motos actuales, con motores monocilíndricos de 450 cc son más pequeñas y ligeras que sus antecesoras de dos cilindros que, con su volumen, potencia y consumo, necesitaban de chasis, depósitos y suspensiones enormes, por ello alejadas de las que conducen los mortales y por ello admirables. No es que las actuales sean como motos de cross, pero los pilotos más rápidos las manejan con soltura, las colocan con el freno trasero, y no dan la sensación de sufrir encima. Además, comparadas con la anchura de las pistas de los tramos, las motos van holgadas y los pilotos no tienen dificultad en moverlas incluso en las curvas lentas.

Por su lado, los coches de la categoría Ultimate, los T1+, tienen anchuras cercanas a los 2.300 mm que como máximo permite el reglamento (sí, bastante más de dos metros) y longitudes en el entorno de los 4.700 mm, salvo el Dacia que parece cuadrado al medir 4.140 mm. Parecen espectaculares en los caminos básicamente porque dan la sensación de que no caben ni en las rectas y que, cuando lleguen a las curvas cerradas, no van a caber. De hecho, es habitual que en todas las curvas lentas y en muchas de velocidad media, giren a base de derrapar, sea por freno de mano o potencia. En los circuitos de autocross que se empleaban en algunos tramos del Raid de Portugal, era un espectáculo verles hacer de lado curvas consecutivas de sentido opuesto, ya que pasaban de avanzar de lado a lado, como un coche de rallyes sobre hielo o nieve.

Este factor impresiona al espectador generalista, que se maravilla ante lo que hacen los coches y, en comparación, casi se aburre con las motos. El aficionado más entendido, por el contrario, sabe que se puede comprar una moto bastante parecida a las que corren y a un precio razonable, y que rodar cerca del ritmo de los buenos entra dentro de lo posible, mientras que los todoterreno de serie están a años luz del aspecto y las prestaciones de los Ultimate, y que un TT de serie, al ritmo al que corren los T1+, fallece tras una simplemente una mañana de uso.

Una moto llega a un curva cerrada en un tramo: gira sin dificultad, como mucho se ayuda levemente con el freno trasero.
Un coche llega a un curva cerrada en un tramo: entra abierto, tira de freno de mano y sale cruzado casi rozando la valla del fondo. No es solo que el tamaño importa, es que condiciona la conducción.

Todo esto es la consecuencia del actual reglamento para coches, que se ha ido adaptando a las necesidades de las marcas que participaban o que querían participar, y que no se ha modificado cuando las marcas que solicitaron esos cambios dejaron el Mundial. Cuando Peugeot quiso entrar en el Dakar, prefirió acogerse a lo que entonces era la categoría de “buggies”, con propulsión trasera (no tracción integral) y la posibilidad de cambiar las presiones de neumáticos en marcha. Pidió, eso sí, ruedas más grandes, y se las concedieron, solo que entonces los que corrían en 4×4 (por tanto, con neumáticos más pequeños), no ganaban para pinchazos, y de nuevo se modificó el reglamento para que todos utilizaran ruedas grandes. Posteriormente las exigencias de Audi para entrar en el Mundial volvieron a cambiar el reglamento, y entonces se creó la categoría T1+, luego Ultimate, con subcategorías dependiendo del tipo de propulsión, y hasta sistemas de limitación de la potencia. Y ahora que se ha ido Audi, y ya no hay marcas de coches corriendo con vehículos 4×2 (solo el pequeño fabricante Century, de Suráfrica), todos participan con vehículos de dimensiones externas enormes, ruedas de 37 x 12,5 R17 (¡de 940 mm de diámetro exterior!), y recorridos de suspensión de 350 mm.

Ahora, unamos todos estos conceptos: tenemos fabricantes de automóviles (Toyota, Ford y Dacia) participando en una Campeonato del Mundo con un reglamento técnico permisivo y presupuestos elevados, lo que genera vehículos caros, complejos y rápidos. Y la complejidad de diseño, fabricación y mantenimiento es lo que más llama la atención al verlos parados o, mejor aún, al verlos parcialmente desmontados con un ejército de mecánicos revisándolos y, en su caso, reconstruyéndolos, cada tarde. Parecen coches del Mundial de Resistencia, modificados para ir por el campo. La consecuencia que no se ve, solo se intuye, es el precio de todo esto, del diseño, la fabricación y el mantenimiento de máquinas tan complejas.

Aquí sí se ve la aerodinámica fontal de los coches del Dakar: el pequeño alerón delantero asegura el flujo al radiador, y permite que la tripulación vea por debajo. El del techo guía el aire a la entrada de admisión.
Los coches son grandes hasta por debajo: este es el tamaño de algunas de las planchas de protección.
Grandes por fuera, pequeños por dentro. Casi once metros cuadrados de huella exterior y esto es lo poco que les queda al piloto y al copiloto.

Otro aspecto sorprendente es el pequeño tamaño de los habitáculos comparado con las dimensiones exteriores, ¿cómo pueden ir piloto y copiloto encajados en tan poco espacio, si por fuera el coche es largo y ancho? El motivo está, básicamente, en dos de las dimensiones que mencioné anteriormente: ruedas y recorrido de suspensión. Como se decía antes, el diámetro teórico exterior de las ruedas es de 940 mm, su anchura de 317 mm, y su recorrido máximo es de 350 mm. Si unimos estas tres cifras se entiende que los pasos de rueda tienen unas dimensiones descomunales, para que estos neumáticos puedan moverse de extremo a extremo de su recorrido de suspensión sin tocar ningún otro elemento del coche. A ello hay que añadir que las ruedas delanteras, además, giran, por lo que esos pasos de rueda delanteros, encima, son anchos.

También el conjunto que forman el motor, el cambio, la transfer, las trasmisiones y los tres diferenciales, más sus accesorios, ocupan mucho volumen. En un Ford, por ser atmosférico, no hay turbos ni intercambiadores, aunque hace falta sitio para el bloque de ocho cilindros en V y cinco litros. Los demás participantes montan motores más pequeños, V6 de menos de cuatro litros de cilindrada, pero al ser turboalimentados les hacen falta elementos adicionales, como los intercambiadores y sus tubos.

No olvidemos otro factor que consume espacio: es obligatorio montar dos ruedas de repuesto, y no resulta sencillo encontrarles ubicación por su volumen. En algunos casos, como en los Dacia, se montan en los laterales, detrás de las puertas y a los lados del motor, accesibles desde el exterior, lo que ocupa todo el lateral. Los Toyota esconden las ruedas bajo el habitáculo, por lo que su suelo está especialmente alto, y se reduce la altura interior. Añadamos a todo esto la jaula antivuelco, los bacquets, los sistemas de navegación y GPS (por duplicado), radios y teléfonos, radiadores de aceite para el motor y el cambio, algo de recambio y herramientas, agua para la tripulación, hueco para los cascos, … y se entiende porqué los habitáculos son pequeños en coches grandes.

El despliegue de Defender en la categoría Stock es mayor que el de Dacia en Ultimate.
Cuando se van a recorrer tramos con vegetación, se añaden estas barras, que van de la alerta al techo, para evitar roturas de parabrisas. En el caso de este Century CR7, el parabrisas llegó entero, la aleta no.

El Dakar de 2026 señaló el debut oficial de JLR, a través de su marca Defender, en los Raids. Sorprende que uno de los dos fabricantes de vehículos todoterreno por excelencia nunca hubiera participado en este tipo de carreras, cediendo el monopolio a su rival habitual, Toyota y sus Land Cruiser. El nuevo reglamento de la categoría de coches de serie, llamados “Stock”, permite más modificaciones que el anterior, llamado T2, para que un coche de serie modificado pueda recorrer los tramos cada vez más rápidos y llegar de una pieza al final. El resultado de la primera participación de Defender en el Mundial, el Dakar de Enero pasado, demostró su diferencia de planteamiento con Toyota: los ingleses han exprimido el reglamento para ganar, y los japoneses siguen modificando un coche de serie para comprobar su dureza. La consecuencia es que los ingleses arrasaron en la categoría.

En el parque cerrado de Badajoz solo estaban los Defender, y un vistazo rápido al trabajo que realizaban los técnicos y a los medios disponibles aclara detalles del proyecto. El despliegue de personal, camiones, vehículos de apoyo, carpas, remolques, … es superior al de, por ejemplo, Dacia, que también participa con tres coches solo que en la categoría Ultimate. Y esos medios son necesarios porque cada tarde los técnicos revisaban los Defender con el mismo celo que un Ultimate, sustituyendo hasta los bujes delanteros, lo que inevitablemente genera una pregunta: ¿debe ser ese el espíritu de una categoría de coches de serie?

Lo restaura quien lo fabricó

Con los precios de los coches clásicos por las nubes y de moda incluso entre los inversores, empieza a cobrar importancia que quien lo fabricó certifique su autenticidad y, si es necesario repararlo o restaurarlo, lo haga del mismo modo en que se fabricó. Repasamos cómo lo hacen en Ferrari Classiche y en Lamborghini Polo Storico.

Desde la crisis económica de 2008, tanto los aficionados a los coches clásicos como inversores ajenos al sector se han fijado en este tipo de vehículos como activo en el que depositar su dinero, esperando revalorizaciones interesantes o, al menos, superiores a las de otros activos, además de disfrutarlos al volante. Sean para conducir, exhibir o especular, los coches clásicos relacionan su valor con su autenticidad y su originalidad, lo que ha llevado a algunas de las marcas que los fabricaron a crear o potenciar los servicios que ofrecen al público. El primero de esos servicios es certificar que el vehículo es lo que se dice que es, y que conserva los elementos básicos con los que se fabricó, especialmente chasis, motor y cambio. Y el segundo es realizar las intervenciones necesarias para mantener su estado lo más parecido posible al original, considerando que esos coches no se fabricaron pensando en que se iban a seguir conduciendo más de medio siglo después.

El Certificado de Autenticidad de Ferrari es conocido en el sector como «el libro rojo», …
… y demuestra que el coche es lo que parece.

En Ferrari se creó este departamento en 2006, y custodia toda la documentación de los vehículos desde la fundación de la marca, en 1947. Su nombre no podía ser otro que Ferrari Classiche, y su actividad más conocida y habitual es extender la Certificazione di autenticità, que por su forma externa se conoce como “el libro rojo”. Se puede emitir para vehículos de más de veinte años de edad, o aquellos encuadrados entre las series especiales, Sport o Fórmula 1. Conseguirlo es un proceso formado por cuatro pasos, el primero de los cuales es inspeccionar el vehículo, sea en las instalaciones de Ferrari Classiche o en un concesionario autorizado. Con las fotos hechas y las mediciones realizadas, se devuelve el coche al cliente y se inicia la segunda fase, el análisis técnico, que consiste en contrastar los datos tomados con los que figuran en los archivos de Ferrari. Si todo es correcto, el informe de certificación pasa al Comitato di Certificazione, que valida o refuta el informe. Si el comité valida el informe, se emite la Certificazione, firmada por Piero Ferrari; en caso de anomalías, el proceso se detiene hasta que se corrijan los errores. Aunque la discreción es uno de los puntos clave de estos servicios, se sabe que el precio se sitúa en el entorno de los 7.000 €, y el plazo de emisión oscila entre seis y doce meses; en el exquisito caso de un Ferrari 250 GTO, el precio llega a los 21.000 €, una pequeña parte de su precio, que nunca baja de los cuarenta millones de Euros.

Sí, es la carpeta con el pedido de Steve McQueen.

La otra actividad de Ferrari Classiche es la restauración. Hay concesionarios autorizados en diversos países para realizarlas, aunque las más delicadas se llevan a cabo en la sede central, ubicada en la fábrica de Maranello. También para estas labores se recurre al formidable archivo, que incluye las notas a mano de la fabricación y montaje de cada unidad, y hasta las impresiones de conducción en la prueba de rodaje previa a la entrega al cliente. También hay en el archivo documentos tan peculiares como los del Ferrrari  275 GTS que Steve McQueen encargó el 14 de Septiembre de 1965 a través del entonces importador de Ferrari en la costa este de los EE.UU., Luigi Chinetti, y que se le entregó el 21 de Julio de 1966.

 

Tampoco el archivo de Lamborghini Polo Storico se queda atrás. Despieces, anotaciones de pruebas, …
… y la carta de colores de carrocería del Espada.

El departamento equivalente en Sant’Agata Bolognese es Lamborghini Polo Storico, que arrancó sus actividades en la primavera de 2015. Parte de su valor se basa en el trabajo que durante más de treinta años desarrolló una mujer cuya vida parece una novela: Ingrid Pussich, empleada de la marca a partir de 1968, cuyas anotaciones a mano en los documentos que pasaron por su mesa en más de tres décadas de trabajo en Lamborghini ofrecen una valiosa información fuera del cauce oficial. Ingrid Pussich nació en 1936 en lo que entonces se llamaba Estambul, de familia italo-dálmata. Su hermana, 18 meses mayor que ella, sufría una enfermedad que obligaba a la familia a desplazarse a Viena, donde la atendía un médico de origen judío. Cuando Hitler se anexionó Austria, este médico huyó a Estados Unidos, y les recomendó a un alumno suyo que tenía su consulta en Zagreb. Allí viajaba la familia para encontrar remedio a los males de la hermana, hasta que Hitler invadió Yugoslavia. Entonces, considerando el origen italiano del padre, decidieron irse a vivir a Bolonia, donde también podían atender a la enferma. Una vez asentada la familia en Italia, Ingrid encontró trabajo, y temporalmente su vida se estabilizó. Solo que inició una relación con el director y propietario de la empresa en la que trabajaba, un hombre casado, y por las dificultades que generó esta relación decidió buscar otra ocupación. Publicó un anuncio al respecto en la prensa local a finales de 1967, apoyándose en que hablaba cinco idiomas, y una de las respuestas que recibió decía: “He leído su anuncio y estoy interesado. Por favor, llámeme al teléfono de más abajo y nos vemos en esa dirección. Por favor, no deje de contactarme. Mientras tanto, le deseo una feliz Navidad y un buen año. Ferruccio Lamborghini”. Después de una charla en casa del Sr. Lamborghini, hubo una reunión con la dirección de la marca en la fábrica, que se cerró con esta frase: “¿Cuándo podría empezar a trabajar?, ¿cuando acaben las fiestas de Navidad le vendrá bien?” E Ingrid Pussich se convirtió en empleada de Lamborghini el lunes 8 de Enero de 1967.

Los actuales miembros del Comité de Sabios de Lamborghini Polo Storico: Massimo Pizzi, Walter Rinaldi y Giancarlo Barbieri.

A partir de se momento comenzó a tratar con directivos y empleados de la fábrica de automóviles y de la de tractores, y con clientes del tipo de Shah de Persia, de la modelo Twiggy, o de Frank Sinatra, que es el que dijo: “Conduces un Ferrari cuando quieres ser alguien. Conduces un Lamborghini cuando eres alguien”. En la actualidad, sus notas en los documentos custodiados por Rodrigo Filippani Ronconi en el archivo de Lamborghini Polo Storico son imprescindibles para los trabajos de certificación y restauración. Y de llevarlos a cabo se encarga el equipo de Francesco Gulinelli, que cuenta con el apoyo del Comitato dei Saggi (Comité de sabios), formado siempre por tres antiguos empleados de la marca, que rotan en los puestos, y asesoran en la restauración de los coches que ellos mismos diseñaron o fabricaron hace décadas. En la actualidad, este comité lo forman Walter Rinaldi, Giancarlo Barbieri y Massimo Pizzi. El primero trabajó en el departamento de compras entre 1966 y 2010, es decir, entre el 350 GT y el Murciélago. Barbieri se dedicó a los motores y sus homologaciones, trabajando junto a nombres que pertenecen a la historia de la marca como Paolo Stanzani, Gian Paolo Dallara y Bob Wallace. Y Pizzi empezó con la instalación eléctrica de los Countach en los ’70, y terminó desarrollando la electrónica de modelos de serie y de series especiales, como el Sesto Elemento y el Veneno.

Los planos originales con sus notas a mano …
… permiten realizar las restauraciones según los criterios con los que se fabricaron originalmente los coches.

La versión de Lamborghini del Certificazione di Autenticità (lo llaman exactamente igual que en Ferrari) califica al vehículo como Originale si conserva todos los elementos con los que se fabricó, y Autentico si alguno ha sido sustituido con recambio original. El documento final, ilustrado con no menos de 300 fotos, tiene un precio de 7.000 € más gatos de investigación. El otro servicio que ofrece Lamborghini Polo Storico es el suministro de los recambios necesarios para mantener en uso los Lamborghini: en concreto, suministra piezas desde el primer modelo, el 350 GT que se fabricó entre 1964 y 1967, hasta el Diablo, cuya producción arrancó en 1990 y llegó hasta 2001.

 

Los coches del Dakar de 2026

Un Enero más arranca el Rallye Dakar. Para los coches hay dos categorías, la más espectacular y conocida es la T1+ o Ultimate, prototipos pensados para sobrevivir en la carrera más dura del mundo; la de coches de serie se llama T2 o Stock y estrena reglamento y participantes.

 

Para la edición de 2026, las novedades en la categoría de prototipos se centran en la evolución de los coches oficiales de las tres marcas que ya participaron en 2025: Ford, Dacia y Toyota. Y en la categoría de vehículos de serie, que para 2026 estrena reglamento y nombre (“Stock”), las novedades las ponen Defender y Toyota. Claro que si uno se pone a repasar el derroche de tecnología de los vehículos actuales, se recuerda con cariño a los que participaban en las primeras ediciones, a finales de los ’70 y principios de los ’80, aquellas joyas sencillas, de las que ahora nos parece asombroso que fueran capaces de recorrer las pistas que separaban París de Dakar.

El Renault 4 con el que los hermanos Marreau, participaron en el primer Dakar, el de 1979. Sí, el escape va por encima del techo, para ganar distancia al suelo.
El Volkswagen Iltis era un vehículo militar que se preparó para el Dakar como iniciativa para promocionarlo: ganó la edición de 1980.

Las primeras ediciones del Dakar, las africanas de hace ahora más de cuarenta años, vieron la participación de vehículos que hoy calificaríamos de artesanales, románticos y pretenciosos. Eran poco más que vehículos de serie, todoterrenos o no, adaptados artesanalmente, con más ilusión que tecnología, para enfrentarse a Africa. De entre todas aquellas joyas es imprescindible recordar las iniciativas de Claude y Bernard Marreau, que se hicieron populares como “los hermanos Marreau”. En el taller de su padre en Nanterre (Francia), habían preparado un Renault 12 Gordini con el que batieron en 1971 el récord de tiempo en el recorrido de Ciudad del Cabo (Suráfrica) a Argel (Argelia): solo 8 días y 22 horas. Con esa experiencia, cuando se convocó la primera edición del Dakar, la de 1979, estaba claro que no podían faltar, solo que no tenían presupuesto. Negociaron el precio de la inscripción a la baja con Thierry Sabine, el organizador, y ese descuento les permitió inscribirse, después de lo cual solo les quedaba el equivalente a mil Euros para preparar el coche. La solución consistió en montar, en el taller de su padre, y con lo que había disponible por allí, un Renault 4 con motor de R5 Alpine de grupo 2, con 137 CV, y adoptar una transmisión Sinpar a las cuatro ruedas. Como la carrocería era baja y temían engancharse en las dunas, sacaron el escape por encima de la carrocería, y se hicieron conocidos por el silenciador recorriendo el techo.

En los años siguientes participaron con inventos similares, en función de disponibilidad, presupuesto y el apoyo que recibían de Renault: un año en que la marca les pidió que promocionaran el Renault 18 familiar, fabricaron uno con aspecto de utilitario para llevar a los niños al colegio, solo que con un motor V6 de 160 CV y tracción a las cuatro ruedas. Llegaron a Dakar y alcanzaron la novena posición.

Otro recuerdo inevitable es el de Freddy Kottulinski y su VW Iltis. En 1932, cuando Múnich era parte de la República de Weimar, nació allí Winfried Philippe Adalbert Karl Graf Kottulinsky Freiherr von Kottulin, al que afortunadamente se le conocía solo como Freddy Kottulinski. Después de ser tres veces campeón de Europa de Fórmula 3 y de correr en rallies, el grupo Volkswagen le contrató para participar en el Dakar de 1980 de cara a promocionar el Iltis. Era este un 4×4 de uso militar que VW había diseñado tomando como base un modelo antiguo, el DKW Munga. Se había equipado con el motor EA827 de VW de 1.700 cc y 75 CV, y se había ofrecido a los ejércitos alemán y francés, que necesitaban jubilar los vehículos TT que utilizaban en el momento. En VW pensaron que no había mejor promoción posible para un vehículo todoterreno que participar en lo que ya se calificaba como la carrera más dura del mundo, y que además estaba organizada por franceses, lo que suponían les serviría de ayuda para conseguir el contrato de su ejército.

Roland Gumpert era el director del proyecto Iltis, y consiguió que Ferdinand Piëch, entonces director de VW, aprobara la participación en el Dakar, y que Kottulinski aceptara correr. Se montó un equipo con cuatro Iltis, tres de ellos de serie (salvo que el motor se modificó para que ofreciera 110 CV), y un cuarto con un motor Audi de cinco cilindros y 160 CV, en el que se cargaron 300 kilos de recambios. Esta unidad estaba pilotada por el propio Roland Gumpert. Mientras, Kottulinski se encargó de entrenar a los mecánicos en la conducción extrema necesaria para llegar a Dakar. El éxito fue total: Kottulisnki ganó la carrera en la categoría de coches, VW consiguió el contrato del ejército alemán, y durante los siguientes 25 años, hasta su jubilación, Kottulinski dirigió el Fahrsicherheitstraining de Audi, la escuela de conducción segura.

Por supuesto, el éxito no fue tan sencillo como parece, y en la carrera hubo todo tipo de penalidades: en una de las etapas, una piedra dañó el diferencial trasero y una transmisión del coche de Gumpert, por lo que desmontaron la transmisión trasera y continuaron la etapa solo con tracción delantera. Unos kilómetros más adelante, otra piedra se cargó el palier del lado delantero izquierdo, así que Gumpert y Löffelmann, su copiloto, lo desmontaron, bloquearon el diferencial delantero (el Iltis tenía tres bloqueos de diferencial) y se hicieron los 250 kilómetros que les quedaban para acabar la etapa con tracción solo en la rueda delantera derecha. Es decir, llegaron una vez más al campamento con su almacén de recambios a bordo, para que los cuatro coches del equipo pudieran continuar en carrera.

El Toyota Hilux monta un motor biturbo de gasolina, que necesita muchas entradas y salidas de refrigeración.
Detrás de las letras de Toyota del morro no hay nada: es la salida de aire caliente del radiador del motor, un truco estupendo para refrigerar el motor sin quitar visibilidad a los tripulantes.

Estas anécdotas, a mitad de camino entre la épica y el romanticismo, corresponden a otra época, en la que se participaba con coches sencillos, fáciles de reparar por los participantes o los mecánicos locales, y cuando no había marcas ni patrocinadores representados. En la actualidad, con el Dakar prácticamente retransmitido en directo a través de cadenas de televisión, redes sociales y marcadores GPS, con presupuestos elevados en las marcas que buscan victorias, y patrocinadores en busca de repercusión, el reglamento obliga a otro tipo de vehículos.

La categoría máxima se llama T1+ o Ultimate, y ha desarrollado su propia tecnología, al heredar ingenieros de otras especialidades, que aplican principios aerodinámicos al diseño de los coches, algo impensable en la era de los Iltis y los hermanos Marreau. Al hablar de aerodinámica, las primeras ideas que se nos vienen a la cabeza proceden de los monoplazas de circuito, y se centran en reducir la resistencia aerodinámica y aumentar la presión hacia el suelo, la deportancia, para que el coche no se levante a alta velocidad. Por supuesto que rodando por el campo a menos de 200 km/h estos conceptos no tienen importancia, y los objetivos de la aerodinámica de los coches del Dakar van por otro lado.

Estos vehículos ruedan durante varias horas seguidas con alto régimen de motor, lo que significa generando mucho calor, y en ocasiones al motor se le exige el máximo rodando a baja velocidad. Esto significa que las necesidades de refrigeración del motor se deben alcanzar aunque la velocidad a la que entra el aire a los radiadores, la velocidad del coche en definitiva, sea inferior a 40 km/h. Tampoco debemos olvidar la siguiente fase de ese proceso: el aire que se ha calentado al pasar por los radiadores debe salir al exterior. Lo mismo se aplica a la refrigeración de los frenos, de los amortiguadores y del propio habitáculo. Este se debe sellar para que el polvo en suspensión no dificulte la visión de piloto y copiloto ni su respiración, y a la vez se debe ventilar para mantener la proporción de oxígeno imprescindible. También debe cumplir el precepto del reglamento según el cual debe estar aislado del motor y del depósito de combustible en caso de incendio. Y, por otro lado, es necesario que la temperatura de este habitáculo se mantenga en un espectro razonable, para que la tripulación desarrolle varias horas de trabajo duro con un mínimo de comodidad.

La aerodinámica trabaja para conseguir estos objetivos, a base de colocar las entradas de aire en las zonas de alta presión en las que no haya aire ya calentado: por ejemplo, no se debe ubicar un radiador detrás de otro. Por su parte, las salidas de aire detrás de cada radiador deben ubicarse en zonas de baja presión, para que el aire caliente fluya al exterior. La dificultad está no solo en localizar esas zonas, también en encontrar las muchas que hacen falta para los radiadores del motor, los frenos, los amortiguadores, el habitáculo, los elementos electrónicos, y hasta el depósito de combustible.

A este respecto viene bien como ejemplo un incidente de los Toyota Hilux con motor diésel que se empleaban hasta 2015: la bomba de combustible impulsa el gasóleo hasta la bomba, colocada junto al motor; allí se comprime, por lo que se calienta, y el sobrante regresa al depósito por el tubo de retorno. Este combustible sobrante se une al del depósito y de nuevo es bombeado hasta el motor. En determinadas circunstancias, el combustible estaba tan caliente que, al llegar al motor superaba la temperatura de seguridad y, ante la posibilidad de entrar en combustión en la propia bomba, los sensores de la electrónica paraban el motor. Cada vez que se daba este incidente, y después de un tiempo de enfriamiento, el motor arrancaba de nuevo sin haber dejado huella de su fallo, y los mecánicos desmontaban y montaban una y otra vez sin entender lo que pasaba. Una vez que se descubrió el origen del problema, la solución pasó por montar, en el retorno al depósito, un tubo metálico con forma helicoidal detrás de la cabina, que al ser una zona de aire fresco en calma, el gasóleo se enfriaba antes de volver al depósito.

Los compromisos entre aerodinámica y refrigeración son los que hacen a las marcas escoger entre motores sobrealimentados, como Toyota y Dacia, o atmosféricos, como Ford. La ventaja del motor turbo, como el del Toyota Hilux o el del Dacia, es un incremento de par y una reducción del consumo: el primero hace más sencilla una conducción basada en la permanente improvisación, porque en los raids los tramos son secretos. El segundo tiene más importancia de la que en principio parece: los consumos en zonas de arena pueden llegar a los 60 litros cada 100 kilómetros, lo que obliga a montar depósitos enormes, de hasta 550 litros. Considerando una densidad media de la gasolina de 0,7 kilos/litro, estamos lastrando al coche en la salida con casi 400 kilos, a sumar a los 2.010 de peso mínimo del vehículo. La segunda parte de esta pega consiste en que, al final de la etapa, ese mismo coche pesa 400 kilos menos, por lo que será imprescindible que el depósito esté centrado en el vehículo para que no lo desequilibre al vaciarse, y también que la puesta punto de las suspensiones sea válida para un rango de pesos tan amplio.

Claro, que los motores sobrealimentados tienen la contrapartida de necesitar intercambiadores que enfrían el aire ya comprimido antes de conducirlo a la admisión, lo que se suele llamar intercoolers. Esto supone que hacen falta más entradas de aire fresco y más salidas de aire calentado, a añadir a las habituales. Por eso Ford ha preferido montar un motor atmosférico, un V8 de cinco litros, con el que se ahorra los intercoolers y su fontanería.

El Ford Raptor monta un motor atmosférico, un V8 de cinco litros. Por eso necesita menos refrigeración.
Ese es el motivo por el que la carrocería del Ford está más cerrada que las del Toyota y del Dacia.

Otra necesidad aerodinámica de los coches del Dakar, en la que no siempre se piensa, es que de cuando salen volando entre dunas o en pistas rápidas, el aterrizaje se debe realizar simultáneamente, o casi, con las cuatro ruedas. Volar y caer de morro reduce la visibilidad de los tripulantes y fuerza la suspensión delantera; volar y caer con las ruedas traseras también limita la visibilidad, y puede llegar a provocar un giro hacia atrás, de modo que el vehículo aterrice en vertical, sobre su parte trasera. Mejor no pensar en las consecuencias.

Para rematar las dificultades de la aerodinámica y del diseño de estos coches, hay que considerar la visibilidad de piloto y copiloto en las circunstancias de carrera. En los ascensos pronunciados, como los de dunas, un morro alto impide ver la pista. Y un morro bajo no deja suficiente espacio al radiador que se esconde en el frontal, ni a su entrada de aire frío ni a su salida de aire caliente. Por eso llama la atención que Dacia y Toyota hayan coincidido en una solución que de un golpe resuelve cuestiones de aerodinámica, refrigeración, visibilidad y hasta imagen de marca. La receta consiste en que se diseña un morro bajo, que permita buena visión para los tripulantes dejando espacio para el radiador y su salida de aire en el capó motor. A continuación se coloca un alerón sobre la parte frontal del morro, que conduzca el aire y facilite la salida del que se ha calentado al pasar por el radiador. Entre el morro bajo y la cara inferior del alerón se pone, bien visible y en acabado cromado, el logotipo de la marca, y piloto y copiloto ven la pista también por el hueco entre el morro y el alerón.

También a la hora de enfrentarse a un mar de dunas es necesario tener visión por el lateral, de cara a localizar salidas alternativas si la que se tiene delante no es válida. En la edición de 2025 se hicieron populares los vídeos en los que se veía a Mitch Guthrie, el piloto estadounidense del Ford Raptor oficial, cruzando esas zonas de dunas con su puerta de ala de gaviota abierta para ver el terreno. La abría (o mejor dicho la subía) cada vez que llegaba a una zona de dunas, y la cerraba (o la bajaba) al superarla. Por eso en el Raptor de 2026 han variado la forma de la puerta, con la línea de cintura bajando al llegar al montante A, de modo que desde el puesto de conducción se ve mejor la zona inmediatamente anterior al coche.

Una peculiaridad más de las suspensiones, a añadir a su adaptación a la variación del peso durante la etapa, es que en una misma etapa el firme es variado, y sus características deben adaptarse a esos cambios. Una pista rápida con posibles vuelos necesita hidráulico de alta velocidad duro, con muelles igualmente duros y un hidráulico fuerte a extensión que frene esos muelles. Una zona de dunas bajas exige al hidráulico de baja velocidad y debe recuperar despacio a extensión. Y en todas esas circunstancias, el amortiguador no debe alterar su comportamiento por exceso de temperatura. Para ello hay depósitos adicionales de aceite en el exterior, con los que se aumenta la cantidad total de aceite y se facilita su refrigeración.

El trabajo que desarrollan las tripulaciones de los coches del Dakar requiere de un mínimo de comodidad o, al menos, que la incomodidad no sea excesiva. Ya se mencionó al hablar de aerodinámica la importancia de que no entre polvo al habitáculo. De cara a mantener su temperatura dentro de lo razonable, se suele montar un mínimo equipo de aire acondicionado, para que no robe en exceso potencia al motor. Su eficacia, por tanto, es limitada: en el Dacia Sandraider, consigue que la temperatura del habitáculo se reduzca en 10ºC, lo que significa que en ocasiones puede llegar a los 50ºC.

El Dacia es el más corto de los coches oficiales, con unos voladizos mínimos para hacerlo más ágil.
Este es el morro bajo de la versión de 2026, para mejorar la visibilidad aun montando un radiador grande..

Por si todos estos condicionantes fueran pocos, hay que pensar también en que durante una etapa los participantes deben realizar pequeñas intervenciones en los coches, desde cambiar ruedas pinchadas a reparaciones de urgencia. Para no aumentar mucho el peso en coches ya de por sí pesados, se limita enormemente la carga de piezas y herramientas. Se suele llevar solo una pistola eléctrica para cambiar las ruedas, más algunas herramientas básicas, y si no son suficientes, se debe esperar a que lleguen compañeros de equipo o el camión de asistencia. La obsesión por el peso es tal que no se lleva más de medio litro de aceite de motor, de modo que todo lo que sea superior a una mínima pérdida, no tiene remedio. Y al no llevar gatos, si fallan los hidráulicos encastrado en el chasis, no hay manera de levantar el coche.

Algo tan en principio inocente como el alojamiento y la sujeción de las ruedas de repuesto tiene más exigencia de la que parece. El reglamento prohíbe y castiga dejar residuos en la carrera, por lo que un neumático destrozado o una llanta partida se deben cargar en el coche hasta el fin de la etapa. Por otro lado, como los neumáticos (especialmente en la categoría Ultimate) son enormes, y las llantas no pueden ser de magnesio, pesan de modo preocupante: el conjunto de cada llanta y neumático de un Dacia pesa 46 kilos. Ahora pensemos en lo que hace la tripulación si surge un pinchazo después de bastantes horas encerrado en el habitáculo: hay que liberar el cinturón de cinco apoyos, soltar la conexión de comunicación y salir de un coche incómodo. Antes de que el coche suba con los gatos hidráulicos del chasis, el copiloto afloja las tuercas con la llave eléctrica mientras el piloto suelta una rueda de repuesto y baja esos 46 kilos a pulso. El copiloto saca la rueda pinchada y alza la nueva a mano, para a continuación apretar las tuercas. A la vez, el piloto traslada la rueda pinchada (o rajada, reventada, partida, …) hasta su alojamiento, en el que debe caber independientemente de su estado de deterioro, donde se debe poder fijar de modo que aguante unos cientos de kilómetros de baches más. Algún equipo de fábrica se ha enfrentado al hecho de que sus impecables alojamientos de rueda no servían para llantas dañadas, o que la tapa del alojamiento no cerraba si el neumático había reventado.

Y no quiero cerrar el repaso a los T1+ sin mencionar el inmenso tamaño de sus neumáticos y ponerlo en perspectiva. Con el reglamento actual, la medida habitual es 37 x 12´5 R17, que traducido a la denominación corriente en coches es 317/80 R 17. Hablamos de un diámetro exterior de 940 mm, difícil de entender salvo teniendo el neumático delante. Durante muchos años, una medida habitual en vehículos TT era 235/85 R16, que tiene un diámetro de 806 mm, y da un servicio formidable, como comprobé en mi Land Cruiser LJ70 por el norte de Africa, y en el KDJ95 con el que corrí en el nacional de Raids. Por su tamaño y peso, a mi Land Cruiser HDJ80 le monté algo más grande, unas 255/85 R16, y aun así su medida exterior era solo de 840 mm, ¡10 cm menos que en T1+!

El Defender d7X-R durante sus pruebas previas al Dakar. Es la primera participación oficial de la marca en la carrera.
El interior de los coches de Raids es pequeño, casi claustrofóbico, por el espacio que se comen los bacquets, las pantallas, los extintores, ,…

La categoría de vehículos de serie del Dakar, y ahora del Mundial de Rallye Raids, ha pasado por varias etapas y ha tenido diversos nombres. En el inicio de la especialidad, allá por finales de los ’70, no había separación de “vehículos de serie” y “vehículos preparados”, porque se corría con artefactos tan peculiares como los VW Iltis o los diversos inventos de los hermanos Marreau. Pasado un tiempo, las marcas se integraron en la especialidad, y hubo que distinguir lo que no eran mas que mejoras bienintencionadas de todoterrenos de calle hechas por aficionados, de los trabajos serios realizados por fábricas con el objetivo de ganar. Se crearon entonces una categoría T1, en la que se permitía participar a coches de serie con escasas modificaciones, enfocadas básicamente en la seguridad, y una T2 para preparaciones más profundas o prototipos. Unos años más tarde se intercambiaron las denominaciones, porque parecía que los prototipos estaban por detrás de los coches de serie.

Con una u otra denominación, solo un fabricante, Toyota, ha participado regularmente en la categoría de serie, y siempre con el objetivo de poner a prueba sus Land Cruiser de la gama Station Wagon: empezó con los HDJ80, luego pasó a los HDJ100 y VZJ200, y actualmente toma parte con el 300 GR Sport. En total ha vencido en doce ediciones en esta clase T2. La pega a la que se ha enfrentado la categoría en los últimos años es que los recorridos eran cada vez más de rallye y menos de raids, y para un vehículo de serie con la preparación que permitía el reglamento en vigor hasta ahora, los tiempos de las etapas eran bastante más lentos que los de los prototipos, si es que el coche no quedaba dañado hasta obligar a la retirada.

Ya en las últimas ediciones africanas oí por el campamento la frase “el peor error que puede cometer el piloto de un T2 es intentar seguir a un T1”. Este hecho ha forzado inscripciones cada vez más escuálidas en la categoría, hasta quedar por debajo de la media docena de coches. Para revertir la situación, la FIA modificó el reglamento a finales de 2024, sin que diera tiempo a los participantes para presentar coches acordes a las nuevas reglas en la edición del Dakar de Enero de 2025. Por eso, el estreno de los coches con las nuevas normas tiene lugar ahora, en Enero de 2026.

La diferencia entre el reglamento antiguo y el nuevo se centra en que permite mejoras en las suspensiones y en los frenos, y autoriza aumentar algunas dimensiones externas, como la anchura de los ejes, mientras obliga a mantener el aspecto externo. De este modo las marcas siguen mostrado un vehículo que se parece mucho por fuera al de serie, mientras aumentas sus prestaciones de modo que puedan afrontar con cierta seguridad los rapidísimos tramos actuales.

El peso mínimo del vehículo es el mismo que el de homologación; esto permite compensar los kilos que se ahorran al eliminar asientos, tapizados, insonorización, y otros elementos innecesarios en competición, con el peso que se añade con jaula antivuelco y los refuerzos. Para evitar la aparición de prototipos disfrazados de vehículos de serie, se exige que se hayan fabricado al menos mil unidades en doce meses consecutivos. El motor debe ser el de serie, y se permite cambiar la gestión electrónica para así compensar la potencia que se pierde al montar una brida que restringe el paso de aire de admisión. Recuerdo que mi KDJ125 con una ECU especial tenía exactamente la misma potencia que el de serie aunque con menos par: lo que se ganaba en potencia máxima con la electrónica era lo que se perdía con la brida. También se pueden cambiar el radiador de refrigerante, los inyectores, el filtro de aire y su caja, y el escape. Está prohibido, eso sí, cualquier sistema que permita variar la presión de los neumáticos mientras se rueda, algo que sí se autoriza para los camiones.

El Toyota Land Cruiser 300 GR Sport durante sus pruebas en Marruecos. Algo en esta foto dice que ha fallado la transmisión delantera derecha.
Y ya decorado y listo para particpar en la nueva categoría Stock.

Con este reglamento, Toyota presenta una versión renovada de su 300 GR Sport, que estrenó a finales de 2025 en la Baja Morocco y en el Rallye de Marruecos. No han entrado en detalles sobre los cambios, aunque los pilotos reconocen que el coche es más rápido, más por la mejora de las suspensiones que por tener más potencia, y que afortunadamente también los frenos han mejorado. No olvidemos la importancia de los frenos en esta especialidad: estamos hablando de vehículos que, a plena carga y con el depósito de combustible lleno, están por encima de las dos toneladas y media, que ruedan con facilidad más allá de los 150 km/h, y que deben frenar sobre tierra, arena, piedras o una mezcla de los tres, con neumáticos de tacos. Mis recuerdos como copiloto en un KZJ95 a 150 km/h por pistas estrechas del Mundial en Portugal aun me quitan el color de la cara, porque la pregunta “¿Y si ahora hubiera que frenar de repente?” tenía una respuesta angustiosa.

El recién llegado a la categoría es Land Rover, a través de su marca Defender. Sorprende que, de los dos fabricantes de vehículos TT más destacados y prestigiosos, uno de ellos, Toyota, sea un habitual de la categoría de serie con sus Land Cruiser, y el otro, Land Rover, no hay participado nunca de modo oficial ni con los Defender ni con los Range Rover. Sí, han participado muchos Range en el Dakar, pero lo hacían a título privado, no como equipos de fábrica.

Defender ha tomado como base la versión OCTA, con motor V8 de gasolina, biturbo de 4.400 cc. Una vez montada la brida de admisión y la electrónica de carreras, ofrece 635 CV y 800 Nm como valores máximos, y monta un enorme depósito de 550 litros. El trabajo de desarrollo del vehículo lo ha llevado a cabo Prodrive, que tiene como experiencia en el Dakar haber desarrollado los Prodrive Hunter del inicio de esta década, y posteriormente los Dacia oficiales.

Al ser la primera vez que se corre un Dakar con este nuevo reglamento de Stock, no están claras las posibilidades de los nuevos coches. Sí hay acuerdo en que serán más rápidos que los anteriores, con el reglamento de T2 vigente hasta hace un año. Pero no se debe olvidar que siguen siendo coches de serie modificados, y que las exigencias en una carrera como esta se sitúan notablemente por encima de lo que cualquier fabricante estima como “uso duro” en un vehículo de calle. Sirva como ejemplo el trabajo que se realiza al subir una duna empinada: gas a fondo, motor a régimen máximo, primera marcha incluso con la reductora engranada, velocidad del vehículo baja. Eso supone que los 800 Nm que ofrece como máximo el Defender están empujando una carrocería que pelea contra la arena y se resiste a subir. He sufrido en primera persona las consecuencias: el conjunto formado por el motor, el cambio y la transfer se torsionan en el esfuerzo, generan una deformación de las respectivas carcasas y, cuando piloto y copiloto aprietan los dientes dudando sobre si coronan la duna o se quedan enganchados, la torsión hace que el selector se deforme, salte la primera, aparezca un falso punto muerto y, efectivamente, el vehículo se quede enganchado.

Esa emoción y esas incertidumbres son lo que esperamos de un Dakar.

Más allá del lujo

Si cada vez hay más multimillonarios, para los que un coche de lujo es poco, resulta lógico que los fabricantes de coches de lujo ofrezcan productos por encima de su oferta habitual, al gusto de esos clientes.

Aunque sea una generalización, y como tal incorrecta, se suele clasificar a los fabricantes de automóviles, por la calidad y volumen de producción, en tres niveles: generalistas, “premium” y de lujo. En ese orden suben los precios y las opciones de personalización, mientras en paralelo baja la posibilidad de ver una unidad por la calle, salvo en Mónaco, Marbella o algunas calles de Londres.

Si consideramos que esos que llamamos millonarios son los compradores habituales de los vehículos de lujo, sean Ferrari, Rolls-Royce o Bugatti, está claro que aquellos que reciben la etiqueta de multimillonarios verán que esos coches les saben a poco, y piden un algo más.

Esta necesidad ha generado la aparición de departamentos específicos entre los fabricantes de vehículos de lujo. No me refiero a series limitadas de nuevos fabricantes, como el Pininfarina Battista, o a restomods basados en clásicos, como los Lancia Integrale y 037 de Maturo. Me voy a centrar en los esfuerzos por subir de nivel de quienes ya estaban en lo que era el máximo nivel.

Algunas de las posibilidades de color de carrocería que ofrece «Q by Aston Martin».

La característica común a estos departamentos es que ofrecen a los clientes diversas posibilidades, en función del presupuesto, claro, y también del tiempo y del esfuerzo que se quiera dedicar a diseñar, fabricar y poseer un vehículo único. Tanto Bentley, como Ferrari y otros, comienzan ofreciendo accesorios y personalizaciones para la gama existente; hablamos de colores de carrocería y tapicería fuera de catálogo, llantas diferentes o acabados especiales.

A continuación, muestran un segundo nivel, que consiste en modificar un modelo de serie, dentro de lo cortas que son las series de estos modelos. Nos metemos ya en el terreno de realizar total o parcialmente una carrocería específica, transformar en descapotable un coupé, o lo que se le ocurra al cliente.

Y el máximo de la oferta es diseñar algo único, basado, aunque sea lejanamente, en un vehículo que ya se fabrica, aprovechando la plataforma y el motor y el cambio, por ejemplo, o partiendo de cero. En este tercer nivel nos movemos entre las series muy limitadas que ofrece un fabricante a sus mejores clientes (sin publicidad alguna al exterior) o los modelos únicos que un cliente encarga para sí, con un acuerdo según el cual el fabricante del automóvil no hará otro igual.

Considerando el tipo de cliente al que se dirigen estos departamentos y sus costumbres, las iniciativas de las marcas se centran en poner a su servicio a sus especialistas, de cara a asesorarle en el momento de dar forma a sus sueños. Estos clientes utilizan con naturalidad los servicios de asesores de inversión, expertos en marketing, intermediarios, decoradores o asesores de imagen, y esperan recibir un apoyo similar de diseñadores, carroceros, ebanistas o cualquier otro especialista necesario para que su idea de cuatro ruedas tome forma y termine rodando.

Se suele decir que el dinero no garantiza el buen gusto, y entra dentro de lo posible que algún cliente de estos departamentos tan exquisitos llegue a demostrarlo. Ahí estará la habilidad del equipo de diseño para, educada y discretamente, reconducir esos gustos dudosos hacia un resultado que no dañe la imagen del fabricante. Por decirlo de modo suave.

Q Nueva York está junto al Hotel Four Seasons de Manhattan, …
… con todo lo necesario para haceerse un Aston Martin a medida.

Si iniciamos el repaso de las marcas que ofrecen estos servicios por orden alfabético, vemos que la primera es Aston Martin, bajo el atractivo nombre de “Q by Aston Martin”. En este caso la exclusividad arranca desde el nombre, porque Q es el nombre en clave del personaje de la serie de James Bond, siempre asociado a Aston Martin, que idea y fabrica los inventos necesarios para asegurar el éxito de las misiones de 007.

Como en el resto de los fabricantes que ofrecen estas opciones que van más allá del lujo, la comunicación de “Q by Aston Martin” se desarrolla en ese inglés elaborado y exquisito que suena de maravilla en el original, y entra dentro de lo recargado y hasta cursi al traducirse al español. Por ejemplo, se habla de que Q “desafía la percepción de lo posible. Empuja las fronteras de la personalización de los vehículos de lujo. Crea un Aston Martin único que es más que un coche”.

Palabras al margen, el máximo nivel que se ofrece es “Q Commission”, así, con muchas “m” y muchas “s”, “reservado en exclusiva para nuestros clientes más creativos y ambiciosos”. Las posibilidades del cliente, junto al equipo de diseño de la marca, crean un Aston Martin único.

Uno de los lugares físicos en los que se materializan estas ideas es Q Nueva York, “la primera tienda insignia de ultra-lujo para traer a Norteamérica los más altos niveles de “Q by Aston Martin”, el servicio a medida de mejora de vehículos”. Ubicada en Manhattan, junto al Hotel Four Seasons, es donde “Saville Row se cruza con Park Avenue”, una buena manera de tender puentes en una frase entre lo más exquisito de Londres y de Nueva York: Saville Row es la calle de Londres en la que tienen o tenían sus tiendas los mejores sastres para caballeros (y donde obviamente se los hacían a James Bond) y en Park Avenue se concentran las viviendas, tiendas y restaurantes de los más adinerados de Manhattan.

Madera y diferentes colores de cuero y bordado. Es Mulliner, de Bentley.
Un interior a medida para un cliente con buen gusto, en un Bentley Continental GT.

Bentley se fundó en el siglo XVI como empresa dedicada fundamentalmente a fabricar lujosos coches de caballos. Cuando arrancó la industria del automóvil, la mayoría de los vehículos se entregaban como chasis sin carrozar, y el cliente escogía quien le elaborase una carrocería a su gusto. Este fue el origen de muchos de los carroceros italianos, y lo que hizo que Mulliner ampliara su actividad a ese nuevo sector que entonces se llamaba “carruajes sin caballos”. En 1923 presentó su primera carrocería para Bentley, en 1959 pasó a ser propiedad del fabricante, y en la actualidad su nombre se emplea para los nombrar los trabajos a medida.

La oferta arranca con “Curated by Mulliner”, una lista de personalizaciones disponibles para el Bentayga de carrocería larga, los Continental GT y GTC, y la berlina Flying Spur. Permite detalles tan exquisitos como que el logo de Bentley en el centro de las llantas se sitúe siempre en posición horizontal, los ochenta colores a escoger para la carrocería, o los catorce para la iluminación interior.

El siguiente nivel es “Bespoke”, con modificaciones mayores sobre la gama existente. Hablamos, por ejemplo, de interiores elaborados con chapados en piedra cortada con láser de una décima de milímetro de espesor, o en madera de piano, o mandos de tiradores chapados en oro. En ocasiones “Bespoke” lanza series limitadas, como las diez unidades de Bentayga bajo la denominación Bentley Equestrian Collection.

Si el cliente busco algo realmente único, se recurre a “Mulliner Coachbuilt”, que elabora modelos exclusivos (“one-offs”) o series cortas para clientes conocidos. Por ejemplo, se fabricaron nada más que 18 unidades de Bentley Batur, o doce del Bakalar, todas personalizadas, de modo que no había dos iguales.

Bugatti Brouillard, unidad única fabricada para un coleccionista de todo lo que lleva el nombre de Bugatti.
Bugatti «57 One of one», en recuerdo del Bugatti Type 57 SC Atlantic.

Incluso un fabricante de lujo extremo como Bugatti tiene clientes que piden un algo más, porque una gama con precios que siempre tienen siete dígitos se les puede quedar corta.

Si el cliente quiere modificar un Bugatti de serie, recurre a “Programme Solitaire”, que le permite ajustar el vehículo a su gusto más allá de la oferta existente. Son siempre modelos únicos, con posibilidad de modificaciones de carrocería, además de las habituales de colores de exterior e interior, llantas y acabados.

La primera unidad de este “Programme Solitaire” es el Brouillard, un encargo de un cliente que no solo colecciona vehículos Bugatti clásicos y actuales, también atesora los muebles que diseñaba Carlo Bugatti y las esculturas de Rembrandt Bugatti. Carlo Bugatti fue el padre de Ettore, el creador de la marca de automóviles, y Rembrandt uno de sus hermanos, que se consagró como escultor.

La pasión de este cliente por la familia Bugatti le llevó a bautizar su coche único con el nombre del caballo favorito de Ettore: Brouillard era un pura sangre moteado, en cuya musculatura los diseñadores se inspiraron para desarrollar la carrocería del coche.

Y por encima del “Programme Solitaire” está “Bugatti Sur Mesure” (“Bugatti a medida”), que elabora modelos únicos que requieren modificaciones más profundas sobre la gama de serie. El primer fruto de “Bugatti Sur Mesure” es el encargo de un cliente que quería un Chiron que homenajeara al modelo Type 57 SC Atlantic de hace ahora noventa años. El resultado se llama Bugatti “57 One of One”, y emplea el color de carrocería del Atlantic, con el pliegue que la recorre longitudinalmente, el mismo tono del tapizado y mil detalles más.

La artesanía de Ferrari «Tailor Made»: a la izquierda los medios, …
… y a la derecha los resultados.

Obviamente Ferrari no podía dejar de prestar este servicio que, sin darle publicidad, lleva realizando hace tiempo. Un ejemplo antiguo es el modelo único que hace años fabricó para Eric Clapton.

También desde Maranello se estructura la oferta en tres niveles, empezando con “Genuine”, la gama de accesorios originales que permite un primer nivel de personalización.

Si los accesorios y las muchas opciones del configurador no son suficientes, se entra en “Ferrari Atelier”, “un estudio especial donde todos los clientes pueden crear coches aún más afines a sus gustos personales. Diseñado para que los clientes sean el centro de la atención, el Atelier es un espacio muy exclusivo y sofisticado, donde nuestros clientes pueden crear el coche de sus sueños con el asesoramiento de un equipo de expertos”.

Y por último se llega a “Ferrari Tailor Made”, “el programa exclusivo para aquellos clientes que quieran personalizar su automóvil a medida, convirtiéndolo en un coche único. Número limitado de compradores, cada uno de ellos ayudado por un equipo de expertos con un diseñador personal a la cabeza; el objetivo del equipo es garantizar un resultado único y coherente con la tradición y la reputación de Ferrari».

Llegado a este nivel, el cliente se desplaza a cualquiera de los centros Tailor Made, sea el de Maranello, o las filiales de Shangai o Nueva York, donde trabaja junto al diseñador para definir su coche. Básicamente se le proponen tres líneas de actuación, dependiendo de si persigue una línea más deportiva (Colección Scuderia), busca reproducir aspectos de modelos anteriores (Colección Classica) o quiere algo diferente y más avanzado (Colección Inedita).

El primer trabajo de Gordon Murray Special Vehicles es el Le Mans GTR, …
… en recuerdo de los coches «cola larga» que corren en Le Mans.

Hasta unos años, Gordon Murray habría pasado a la historia de la ingeniería del automóvil por haber diseñado coches que ganaron campeonatos de Fórmula 1 y las 24 de Le Mans y aportaron novedades tecnológicas, y también por ser el padre del que para muchos es el mejor deportivo de todos los tiempos, el McLaren F1.

Solo que fundó su propia empresa, Gordon Murray Automotive (GMA), y volvió a marcar el camino de los deportivos sin compromisos. No contento con ello, en este otoño de 2025 ha anunciado la aparición de Gordon Murray Special Vehicles (GMSV), una empresa paralela a GMA para aquellos para los que un T.50 o T.33, con sus precios de siete dígitos antes de impuestos, se queda corto.

También en GMSV la oferta se dispone en tres posibilidades, aunque no por complejidad o presupuesto. La primera es “Heritage”, y se encarga de volver a fabricar o de adaptar a la actualidad vehículos previamente diseñados por Gordon Murray. El segundo apartado se llama “Special Vehicles”, y se centra en series de bajo volumen y edición limitada, fuera de la gama de GMA. El primer trabajo ya está en marcha bajo el nombre de Le Mans GTR. Se inspira en los deportivos de los ’50 y ’60 y en la debilidad de Gordon Murray por los coches “cola larga” que corren en Le Mans, esos que alargan sus carrocerías por detrás para aumentar la estabilidad a alta velocidad. Se va a fabricar 24 unidades, una por cada hora de la carrera. Estaban todas vendidas antes de presentarse públicamente, y cada cliente personalizará la suya, por lo que no habrá dos iguales. Parte de un bastidor de carbono y unas suspensiones diferentes a los de los modelos de GMA, aunque mantiene una característica habitual en los coches de Murray: la posición de conducción central, como en los monoplazas. Las entregas se iniciarán en 2026.

¿Es el McLaren F1 el mejor deportivo de todos los tiempos? Con la llegada del GMSV «Special One Le Mans» hay quien empieza a dudar.

Y la tercera rama de GMSV, aun más exquisita, se centra en vehículos únicos o de serie muy limitada, ya sea con plataforma específica o compartida con algún modelo de la gama de GMA.

El primer encargo es el S1 LM (“Special One Le Mans”), del que un único cliente ha encargado el diseño y fabricación de cinco unidades, aunque ya tiene en casa dos del T.50. El bastidor es específico, mantiene la posición central de conducción, será matriculable, y supone un obvio homenaje al McLaren F1 GTR que ganó las 24 Horas de Le Mans en 1995. El motor es el V12 atmosférico de GMA, solo que llevado hasta 4.300 cc., en lugar de los 3.900 cc de los demás, incluido el Le Mans GTR.

Para subrayar el homenaje al McLaren F1, los retrovisores exteriores se anclan a la parte superior del montante A, como en las unidades iniciales del F1.

El cliente de «Ad Personam» de Lamborghini …
… tiene donde escoger colores para la carrocería y los tapizados.

El eterno competidor de Ferrari ha bautizado a su división especial “Lamborghini Ad Personam”, así, en latín. El Estudio Ad Personam se ubica en la fábrica, en Sant’Agata Bolognese, aunque las opciones más sencillas de entre las disponibles se pueden escoger en los concesionarios. Para facilitar el proceso de selección por parte del cliente a la hora de configurar su coche, se combina lo físico con la simulación digital, en lo que ahora se denomina experiencia «phygital”.

En paralelo a los modelos únicos (“one-off” en la jerga del sector), Lamborghini trabaja con intensidad las series muy cortas, los llamados “few-offs”. Desde 2007 ha lanzado seis de estas series, empezando por el Reventón de 2007, al que siguieron el Sesto Elemento de 2010 y el Veneno de 2013, para continuar con el Centenario en 2017 y el Sián en 2019 , y rematar con la nueva edición del Countach, el LPI-400 de 2021. Dentro de la férrea discreción en la que se mueven los clientes de estos vehículos, se ha sabido que un coleccionista alemán, llamado Albert Spies, ha comprado una unidad de cada uno de ellos. Así nutre su pasión por la marca, y logra que no estén solos en el garaje el Countach LP400S de 1979, el Miura SV y el Silhouette que ya tenía. Por supuesto, el Countach del ’79 está en impecable estado de marcha tras haber sido restaurado en la fábrica por Lamborghini Polo Storico.

Hace años que McLaren fundó MSO (“McLaren Special Operations”), en principio solo para encargarse del mantenimiento y puesta al día de los McLaren F1. Luego evolucionó para afrontar cualquier trabajo en los McLaren de calle o de competición, fueran mantenimientos, reparaciones o mejoras. Posteriormente amplió su actividad y se convirtió también en fabricante de coches a medida. Admiten, claro, desde modificaciones por encargo en vehículos de la gama existente, a modelos únicos. Un ejemplo es el McLaren Sabre, del que se fabricaron unas pocas unidades para un grupo de clientes de EE.UU.

La leyenda dice (y el configurador de la web de McLaren Automotive lo confirma) que el color rojo tradicional de los Ferrari no está disponible en el catálogo de la marca. Una vez que un cliente quería añadir un McLaren a su colección de coches “todos rojos”, no mencionemos la marca, tuvo que recurrir a los servicios de MSO para que se lo pintaran en el color del resto de sus coches.

McLaren lanzó MSO («McLaren Special Operations») para hacer preciosidades como ésta.

 

Roll Royce «La Rose Noire»: cuatro años de trabajo, …
… y una labor de ebanistería formada por 1.603 piezas de arce negro.

Por supuesto Rolls-Royce no podía faltar en esta lista de vehículos más allá de lo exclusivo. A las muchas posibilidades de personalización de los modelos de su catálogo, se añade lo que ofrece su departamento “Bespoke”, que elabora series cortas para clientes escogidos, a la vez que admite encargos especiales. Y aun por encima de ese nivel existe otro, solo por invitación de la marca, que consiste en crear, de modo conjunto con el cliente, un modelo único a medida.

Aunque muchas de estas unidades se elaboran y entregan de modo confidencial, algunas se hacen públicas, como el denominado “La Rose Noire” (la rosa negra, en francés), que llevó cuatro años de trabajo y arrancó por la adoración que la matriarca de la familia propietaria tiene por esa flor.

El resultado es un descapotable de dos plazas con techo duro, lo que le convierte en un coupé, con unas líneas de carrocería tan limpias que ocultan sus verdaderas dimensiones: 5,3 metros de largo y 2 de ancho.

Cualquier detalle del vehículo que se analice conduce a la admiración: la decoración en rojo, negro y gris de la cubierta trasera, el cuadro de mandos y el interior de las puertas es un trabajo de ebanistería formado por 1.603 piezas de chapado de arce negro. Otras piezas en rojo y diferentes tonos de gris recrean la sensación de los pétalos de rosa negra cayendo alrededor del conductor y de su acompañante. El montaje requería de tal nivel de concentración, que el artesano encargado del trabajo lo elaboraba en turnos de una hora, y no más de cinco horas al día. Pasó semanas en una zona acústicamente aislada de la fábrica para no tener distracciones. En total, el trabajo de ebanistería necesitó casi dos años de desarrollo y más de nueve meses de artesanía impecable.

Tampoco la carrocería se queda atrás. El color exterior es único, se llama “True Love” y reproduce las tonalidades de una rosa negra. Se consiguió con una capa de color específico, a las que siguieron cinco capas de laca, cada una mezclada con un tono de rojo diferente.

Llegados a este punto de la descripción, se echa de menos hablar de los precios de estos vehículos únicos, y es lógico, porque no se revelan. No es sólo que dependan de la cantidad y el coste de las modificaciones, o de las horas de trabajo necesarias; por encima de ello está la discreción acordada entre cliente y fabricante. Lo más preciso que se ha comentado últimamente son las palabras de Dario Franchitti, de GMSV, en las que solo decía que una unidad del Special One Le Mans de GMSV cuesta “varias veces” lo que un GMA T.50. Que está por encima de los dos millones de libras esterlinas antes de impuestos. Unas semanas después, ese único cliente que había encargado las cinco unidades previstas ponía a la venta la primera en una subasta de RM Sotheby’s en Las Vegas, y la puja se cerraba en 20.630.000 dólares estadounidenses. Sintámonos pobres.