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Videojuegos y carreras yoyó

El nuevo reglamento de la Fórmula 1 arrancó con algunas dudas, una parte de las cuales se han convertido en certezas incómodas después de las tres primeras carreras. Analicemos los porqués con números.

Antes de que diera comienzo la temporada, los análisis iniciales eran cuando menos prudentes sobre las expectativas técnicas del Mundial de Fórmula 1 bajo el nuevo reglamento. También este blog se pronunció aquí (Los Fórmula 1 de 2026 y su nuevo reglamento – Luis Carlos Alcoba) con dudas razonadas al respecto. Después de que se hayan disputado las tres primeras carreras, se han suspendido las dos siguientes, las de Bahrein y Arabia Saudí, a causa de la guerra de Irán, y repentinamente queda un mes libre entre la carrera de Suzuka del 29 de Marzo y la de Miami del 3 de Mayo para que la federación, los organizadores y los equipos encuentren una solución. La mejor manera de entender la situación actual es repasar cuál era la anterior, por qué se modificó el reglamento, qué se quería obtener con él y cómo son los coches actuales.

En los últimos años del reglamento anterior, es decir hasta finales de 2025, los coches de Fórmula 1 dejaban tras de sí unas turbulencias que perjudicaban de tal modo al vehículo que venía detrás, que su capacidad aerodinámica se veía tan dañada que era muy difícil el adelantamiento. Por tanto, uno de los objetivos del que sería el nuevo reglamento era solucionar esa cuestión. Por lo que se refiere al conjunto motopropulsor, las quejas venían por parte de los fabricantes, que hablaban de elevada complejidad y enorme coste de desarrollo y mantenimiento. Esta idea, junto a la de aumentar la «electrificación», definieron los primeros cambios de cara a 2026. En primer lugar, se decidió eliminar el MGU-H (Motor Generator Unit – Heat), el motor generador ubicado en el eje del turbo, que generaba energía eléctrica que se almacenaba en la batería cuando el motor térmico funcionaba en retención, y que actuaba como motor eléctrico y como tal aceleraba el turbo tomando energía de la batería cuando el piloto aceleraba. Todos los implicados estaban de acuerdo con la medida, aun reconociendo que se perdían unos 100 kW, equivalente a unos 136 CV.

Suzuka sigue siendo un circuito espectacular, aunque este año más por el trazado y la noria que por los F 1.
Mercedes ha empezado 2026 con el mejor motor y uno de los mejores chasis. Williams necesita con urgencia una «Operación Bikini».

Para aumentar la “electrificación” se decidió reducir la potencia del motor térmico, el ICE, y aumentar la del motor eléctrico, el MGU-K. Esta idea estaba asociada al paso a combustibles “sostenibles”, que obligan a una menor relación de compresión. En números, la decisión sobre los combustibles obligaba a bajar la relación de compresión máxima de 18 a 1 a 16 a 1, y con ello la potencia estimada del motor térmico bajaba de unos 550 / 560 CV a alrededor de 450 a 500 CV. Para compensar, y que los F1 fueran notablemente más rápidos que los monoplazas de categorías inferiores, especialmente los Fórmula E, se autorizó que la potencia del motor eléctrico, el MGU-K (Motor Generator Unit – Kinetic) subiera de 120 kW, que son algo más de 160 CV, a casi el triple, exactamente 350 kW, que vienen a ser casi 480 CV. Hasta aquí no hay pegas, ya que se reducen los costes mientras que la potencia máxima disponible sigue estando algo por encima de los 800 CV.

A partir de aquí es donde empiezan las dificultades, a causa de dos decisiones relativas a la capacidad de la batería y a la transferencia de energía entre ésta y el motor eléctrico, el MGU-K. En primer lugar, la batería del nuevo reglamento tiene la misma capacidad de almacenamiento de energía que la anterior y, sin embargo, la transferencia de energía a la batería pasa de un máximo de 2 megaJulios (MJ) por vuelta en 2025, a 9 MJ desde 2026, y la descarga de energía de la batería salta de 4 MJ por vuelta a 8,5 MJ. En términos de fontanería, la bañera tiene el mismo tamaño que antes, mientras que el grifo y el desagüe son cuatro veces mayores, por lo que la bañera se llena y se vacía cuatro veces más deprisa. Aplicado al pilotaje, se entienden las quejas de los pilotos, que dicen que si aceleran pronto al salir de una curva la batería se ha agotado a mitad de la recta, y si aceleran tarde les pasan muy deprisa los que aceleraron pronto, y se les devuelve el adelantamiento al final de la recta. De ahí el nombre de carreras yoyó.

La primera solución sobre el terreno que aplicaron pilotos y equipos fue ahorrar batería y utilizar el ICE para cargarla. Es decir, hacer más tramos con el pie levantado y sin embargo el ICE girando a alto régimen para que mueva el MGU-K y éste cargue la batería, como un coche híbrido de calle cuesta abajo. Ese precisamente fue el motivo del feo accidente de Oliver Bearman y Franco Colapinto en Suzuka: el Alpine de Colapinto rodaba cargando la batería a 263 km/h, mientras que el Haas de Bearman llegaba con sus dos motores al máximo a 308 km/h. Bastante hizo Bearman esquivando el Alpine, saliéndose a la hierba y acabando contra las vallas con una aceleración de 50 Gs.

El debut de Audi ha sido sorprendente; esperemos que el avance a lo largo del año también lo sea.
Los Mercedes están solos en las carreras y en la defensa del menor número posible de cambios.

Otra de las dificultades que se ha planteado con el nuevo reglamento aparece en la salida de las carreras: al haberse suprimido el MGU-H, regresa el “turbo lag”. En un motor turboalimentado, la presión de soplado del turbo depende de su velocidad de giro: si gira despacio, impulsa poco volumen de aire y no ayuda a incrementar la potencia; hay que esperar a que se acelere para que impulse el aire. A ese tiempo de respuesta se le llama “turbo lag”, y se hizo conocido (y temible) en los coches turbo de los ’80, porque aquellos turbos grandes, sin geometría variable, pasaban de no soplar casi nada a soplarlo casi todo, la potencia llegaba de repente, y no siempre el conductor la controlaba.

En las salidas de la Fórmula 1 hasta 2025, el procedimiento hacía que, a la vez que el piloto pisaba el acelerador y metía primera, la batería hacía girar el MGU-K al máximo, con lo que el turbo soplaba con todas sus ganas. En el momento en que el piloto soltaba el embrague, los más o menos mil caballos empujaban al coche. Al no tener MGU-H en 2026, en el momento de la salida había que esperar que los turbos se aceleraran y soplaran para acercarse a los 800 CV. Para resolver la cuestión, se inventó una modificación en el proceso de salida en el reglamento, según la cual unos segundos antes de que se encienda el semáforo rojo aparece una indicación para los pilotos, que entonces aceleran los motores a máximo régimen, y los dejan girando así para que el turbo a su vez se acelere. De este modo, en los segundos que pasan hasta que se apaga el semáforo rojo y se enciende el verde, los turbos ya soplan al máximo y la aceleración inicial de los coches es digna de la Fórmula 1.

Una vez iniciada la carrera, aparecen otras consecuencias del nuevo reglamento técnico, básicamente la baja fiabilidad de los coches y sus diferencias de velocidad. Aunque se pretendía reducir la complejidad y los costes de los vehículos, no se ha conseguido por las dificultades asociadas con los programas informáticos que relacionan los diferentes elementos físicos: el ICE con el MGU-K y la batería, éstos con el doble DRS (de hecho, aerodinámica activa), y todos ellos con la posición del vehículo en el circuito, para cargar o descargar batería. La consecuencia es una baja fiabilidad, entendiendo como tal desde coches descontrolados a averías repentinas o, peor aún, coches que no arrancan y por ello ni participan en la carrera. Básicamente, esto se debe a la complicada interacción entre los diferentes programas cargados, la improvisación del piloto, y lo que durante el fin de semana la IA va “aprendiendo” para modificar esos programas. Esta complejidad ha supuesto, por ejemplo, que, en la vuelta de formación de la parrilla de Melbourne, un fallo de “software” hiciera aparecer cien repentinos caballos en el McLaren de Oscar Piastri, y acabara contra la valla en la carrera de su casa. O que, en varias ocasiones, la retención que genera un MGU-K en el eje trasero lo bloquee, y aparezca un sobreviraje que desemboca en trompo o accidente que a veces se achaca a falta de reflejos del piloto. O, simplemente, que el coche se para y ni el ejército de ingenieros que hay en un equipo de F1 es capaz de arrancarlo para la carrera.

Ferrari tiene una unidad de potencia de calidad intermedia, el mejor chasis y unas salidas espectaculares. Luego se deshinchan.
¿El mejor del resto? Los McLaren no se pueden acercar ni a Mercedes ni a Ferrari, y sin embargo lideran con claridad a los otros ocho equipos.

Por lo que se refiere a las diferencias de velocidad, ya se mencionó el ejemplo más espectacular, el accidente de Bearman y Colapinto, aunque ha habido más situaciones similares, generadas por las cargas y descargas de baterías. Por ejemplo, así comentaba Lando Norris un incidente que sufrió en Suzuka: “Ni siquiera quería adelantar a Lewis (Hamilton). Es solo que mi batería se descargó, yo no quería descargarla, es solo que no puedo controlarla.” Y continuó: “Entonces le adelanté, y como luego no me quedaba batería, me pasó volando. Esto no son carreras, son carreras yoyó”.

La consecuencia de todo esto es una conducción poco natural, en la que los pilotos están más atentos al estado de la batería y a la interacción con los programas que al pilotaje, lo que parece conducción de videojuego. Como ejemplo es ideal comparar los mejores tiempos de la parrilla en Australia en 2025 y en 2026: lo importante no es que Oscar Piastri fuera el más rápido en 2025 al rodar en 1.15.096 y George Russell en 2026 tardara 1.18.518; la clave está en el análisis de los tiempos parciales, que evidencia lo poco natural de la conducción. En el primer parcial, el tiempo de 2026 fue 1,537 segundos más lento en 2026 que en 2025; el del segundo, solo 0,287; y el del tercero, de nuevo segundo y medio, para ser más exacto, 1,598 segundos.

La parte optimista de todo esto es que la solución no es tan complicada, porque su origen es fundamentalmente de programación, y ésta es fácil de modificar. Solo es necesario que todos los afectados encuentren puntos en común para llegar a un acuerdo. Está claro que cada equipo opinará en función de su situación: Mercedes tiene la mejor unidad de potencia y no aceptará los cambios que le vendrían bien a Ferrari o Red Bull; y los italianos no querrán cambios que afecten a sus estupendos chasis y aerodinámica, que por otro lado podrían favorecer de nuevo a red Bull. Sobre Williams y Aston Martin mejor no hablar. Por su parte, Liberty pretenderá mantener la situación actual porque los adelantamientos bruscos son atractivos para los no entendidos, pero la opinión mayoritariamente negativa de los pilotos presiona y mucho. Una opción válida para todos, o casi, puede ser mantener el flujo de energía para cargar la batería (que se siga cargando deprisa) y rebajar el flujo de descarga sobre el motor eléctrico, el MGU-K, para que dure toda una recta, aunque la potencia sea menor; al fin y al cabo, es una solución que solo requiere de una reprogramación. Bueno, y luego de muchas horas de simulador. El primer fin de semana de Mayo, en Miami, sabremos la solución.

Las motos del Dakar y otra vez sus coches

Ver en directo, tanto parados como rodando, las motos y los coches del Dakar, proporciona mucha información sobre cómo son y por qué son así. Seguir durante tres días la segunda prueba del Mundial de Raids, que se disputó entre Portugal y España, dio para bastante.

Antes de que se iniciara la edición de 2026 del Rallye Dakar, la primera prueba del Mundial de Raids, publiqué una entrada (Los coches del Dakar de 2026 – Luis Carlos Alcoba) en la que se analizaban algunos de los coches participantes. Hace unos días asistí a la segunda prueba del Campeonato del Mundo de Raids, el BP Ultimate Rallye Raid Portugal, que se inició el 16 de Marzo y terminó el 22, con recorridos a través de España y Portugal. Como era de esperar, ver los vehículos en acción en las pistas y parados en el parque cerrado permite entender mejor cómo son y por qué se pilotan como se hace ahora, incluso comparando con las motos y los coches de años y reglamentos anteriores.

Las actuales motos monocilíndricas son «pequeñas» comparadas con sus antecesoras de dos cilindros, y por ello se pilotan de otro modo.

Lo primero que llama la atención es que, en las pistas, las motos parecen más lentas y menos espectaculares que los coches, por una mera cuestión de dimensiones. Las motos actuales, con motores monocilíndricos de 450 cc son más pequeñas y ligeras que sus antecesoras de dos cilindros que, con su volumen, potencia y consumo, necesitaban de chasis, depósitos y suspensiones enormes, por ello alejadas de las que conducen los mortales y por ello admirables. No es que las actuales sean como motos de cross, pero los pilotos más rápidos las manejan con soltura, las colocan con el freno trasero, y no dan la sensación de sufrir encima. Además, comparadas con la anchura de las pistas de los tramos, las motos van holgadas y los pilotos no tienen dificultad en moverlas incluso en las curvas lentas.

Por su lado, los coches de la categoría Ultimate, los T1+, tienen anchuras cercanas a los 2.300 mm que como máximo permite el reglamento (sí, bastante más de dos metros) y longitudes en el entorno de los 4.700 mm, salvo el Dacia que parece cuadrado al medir 4.140 mm. Parecen espectaculares en los caminos básicamente porque dan la sensación de que no caben ni en las rectas y que, cuando lleguen a las curvas cerradas, no van a caber. De hecho, es habitual que en todas las curvas lentas y en muchas de velocidad media, giren a base de derrapar, sea por freno de mano o potencia. En los circuitos de autocross que se empleaban en algunos tramos del Raid de Portugal, era un espectáculo verles hacer de lado curvas consecutivas de sentido opuesto, ya que pasaban de avanzar de lado a lado, como un coche de rallyes sobre hielo o nieve.

Este factor impresiona al espectador generalista, que se maravilla ante lo que hacen los coches y, en comparación, casi se aburre con las motos. El aficionado más entendido, por el contrario, sabe que se puede comprar una moto bastante parecida a las que corren y a un precio razonable, y que rodar cerca del ritmo de los buenos entra dentro de lo posible, mientras que los todoterreno de serie están a años luz del aspecto y las prestaciones de los Ultimate, y que un TT de serie, al ritmo al que corren los T1+, fallece tras una simplemente una mañana de uso.

Una moto llega a un curva cerrada en un tramo: gira sin dificultad, como mucho se ayuda levemente con el freno trasero.
Un coche llega a un curva cerrada en un tramo: entra abierto, tira de freno de mano y sale cruzado casi rozando la valla del fondo. No es solo que el tamaño importa, es que condiciona la conducción.

Todo esto es la consecuencia del actual reglamento para coches, que se ha ido adaptando a las necesidades de las marcas que participaban o que querían participar, y que no se ha modificado cuando las marcas que solicitaron esos cambios dejaron el Mundial. Cuando Peugeot quiso entrar en el Dakar, prefirió acogerse a lo que entonces era la categoría de “buggies”, con propulsión trasera (no tracción integral) y la posibilidad de cambiar las presiones de neumáticos en marcha. Pidió, eso sí, ruedas más grandes, y se las concedieron, solo que entonces los que corrían en 4×4 (por tanto, con neumáticos más pequeños), no ganaban para pinchazos, y de nuevo se modificó el reglamento para que todos utilizaran ruedas grandes. Posteriormente las exigencias de Audi para entrar en el Mundial volvieron a cambiar el reglamento, y entonces se creó la categoría T1+, luego Ultimate, con subcategorías dependiendo del tipo de propulsión, y hasta sistemas de limitación de la potencia. Y ahora que se ha ido Audi, y ya no hay marcas de coches corriendo con vehículos 4×2 (solo el pequeño fabricante Century, de Suráfrica), todos participan con vehículos de dimensiones externas enormes, ruedas de 37 x 12,5 R17 (¡de 940 mm de diámetro exterior!), y recorridos de suspensión de 350 mm.

Ahora, unamos todos estos conceptos: tenemos fabricantes de automóviles (Toyota, Ford y Dacia) participando en una Campeonato del Mundo con un reglamento técnico permisivo y presupuestos elevados, lo que genera vehículos caros, complejos y rápidos. Y la complejidad de diseño, fabricación y mantenimiento es lo que más llama la atención al verlos parados o, mejor aún, al verlos parcialmente desmontados con un ejército de mecánicos revisándolos y, en su caso, reconstruyéndolos, cada tarde. Parecen coches del Mundial de Resistencia, modificados para ir por el campo. La consecuencia que no se ve, solo se intuye, es el precio de todo esto, del diseño, la fabricación y el mantenimiento de máquinas tan complejas.

Aquí sí se ve la aerodinámica fontal de los coches del Dakar: el pequeño alerón delantero asegura el flujo al radiador, y permite que la tripulación vea por debajo. El del techo guía el aire a la entrada de admisión.
Los coches son grandes hasta por debajo: este es el tamaño de algunas de las planchas de protección.
Grandes por fuera, pequeños por dentro. Casi once metros cuadrados de huella exterior y esto es lo poco que les queda al piloto y al copiloto.

Otro aspecto sorprendente es el pequeño tamaño de los habitáculos comparado con las dimensiones exteriores, ¿cómo pueden ir piloto y copiloto encajados en tan poco espacio, si por fuera el coche es largo y ancho? El motivo está, básicamente, en dos de las dimensiones que mencioné anteriormente: ruedas y recorrido de suspensión. Como se decía antes, el diámetro teórico exterior de las ruedas es de 940 mm, su anchura de 317 mm, y su recorrido máximo es de 350 mm. Si unimos estas tres cifras se entiende que los pasos de rueda tienen unas dimensiones descomunales, para que estos neumáticos puedan moverse de extremo a extremo de su recorrido de suspensión sin tocar ningún otro elemento del coche. A ello hay que añadir que las ruedas delanteras, además, giran, por lo que esos pasos de rueda delanteros, encima, son anchos.

También el conjunto que forman el motor, el cambio, la transfer, las trasmisiones y los tres diferenciales, más sus accesorios, ocupan mucho volumen. En un Ford, por ser atmosférico, no hay turbos ni intercambiadores, aunque hace falta sitio para el bloque de ocho cilindros en V y cinco litros. Los demás participantes montan motores más pequeños, V6 de menos de cuatro litros de cilindrada, pero al ser turboalimentados les hacen falta elementos adicionales, como los intercambiadores y sus tubos.

No olvidemos otro factor que consume espacio: es obligatorio montar dos ruedas de repuesto, y no resulta sencillo encontrarles ubicación por su volumen. En algunos casos, como en los Dacia, se montan en los laterales, detrás de las puertas y a los lados del motor, accesibles desde el exterior, lo que ocupa todo el lateral. Los Toyota esconden las ruedas bajo el habitáculo, por lo que su suelo está especialmente alto, y se reduce la altura interior. Añadamos a todo esto la jaula antivuelco, los bacquets, los sistemas de navegación y GPS (por duplicado), radios y teléfonos, radiadores de aceite para el motor y el cambio, algo de recambio y herramientas, agua para la tripulación, hueco para los cascos, … y se entiende porqué los habitáculos son pequeños en coches grandes.

El despliegue de Defender en la categoría Stock es mayor que el de Dacia en Ultimate.
Cuando se van a recorrer tramos con vegetación, se añaden estas barras, que van de la alerta al techo, para evitar roturas de parabrisas. En el caso de este Century CR7, el parabrisas llegó entero, la aleta no.

El Dakar de 2026 señaló el debut oficial de JLR, a través de su marca Defender, en los Raids. Sorprende que uno de los dos fabricantes de vehículos todoterreno por excelencia nunca hubiera participado en este tipo de carreras, cediendo el monopolio a su rival habitual, Toyota y sus Land Cruiser. El nuevo reglamento de la categoría de coches de serie, llamados “Stock”, permite más modificaciones que el anterior, llamado T2, para que un coche de serie modificado pueda recorrer los tramos cada vez más rápidos y llegar de una pieza al final. El resultado de la primera participación de Defender en el Mundial, el Dakar de Enero pasado, demostró su diferencia de planteamiento con Toyota: los ingleses han exprimido el reglamento para ganar, y los japoneses siguen modificando un coche de serie para comprobar su dureza. La consecuencia es que los ingleses arrasaron en la categoría.

En el parque cerrado de Badajoz solo estaban los Defender, y un vistazo rápido al trabajo que realizaban los técnicos y a los medios disponibles aclara detalles del proyecto. El despliegue de personal, camiones, vehículos de apoyo, carpas, remolques, … es superior al de, por ejemplo, Dacia, que también participa con tres coches solo que en la categoría Ultimate. Y esos medios son necesarios porque cada tarde los técnicos revisaban los Defender con el mismo celo que un Ultimate, sustituyendo hasta los bujes delanteros, lo que inevitablemente genera una pregunta: ¿debe ser ese el espíritu de una categoría de coches de serie?

La historia yankee de la OSSA Yankee (y II)

Tras el fracaso inesperado del plan que mezclaba a Bultaco y a Ford, John Taylor no tiró la toalla y siguió persiguiendo la moto de sus sueños.

Al principio, Taylor ubicó a la empresa importadora de OSSA en Houston, estado de Texas, por encontrarse más en el centro del país que Schenectady, estado de Nueva York. Puso a cargo del negocio a un conocido suyo y hombre de confianza llamado Frank Conner. Taylor y Conner se habían conocido de una manera peculiar, porque Conner corría con una TSS 200 cuando Taylor ya era importador de Bultaco, y solía comprarle recambios en los circuitos. Como no había manuales de taller para la TSS, acordaron que un día Conner se pasaría por las instalaciones de CEMOTO East Importing Company, y que su jefe de taller desmontaría y montaría el motor de la TSS mientras Conner tomaba notas y hacía fotos. Aquella tarde, antes de que se acabara de montar el motor, Taylor había contratado a Conner, que trabajó con él los siguientes cinco años.

Un año después de iniciar sus operaciones con OSSA, resultó que a Bultaco no le gustó la “bigamia” de Taylor, que fuera a la vez importador en EE. UU. de dos marcas rivales. El conflicto se resolvió al vender Taylor a Bultaco los derechos de importación de la marca en el este del país. Con ello se quedó libre en las instalaciones de Schenectady la parte dedicada a Bultaco, y el importador de OSSA se trasladó allí desde Houston, de modo que se colocaron bajo el mismo techo las oficinas y los almacenes de OSSA y de Yankee.

El prototipo de OSSA Yankee 460 con la que Carlos Giró y Luis Yglesias participaron en las 24 Horas de Montjuic de 1968. En la foto de apertura, la recepción de las oficinas de Yankee Motor y del importador de OSSA en EE. UU.

Mientras los negocios avanzaban de ese modo, el trabajo de desarrollo del motor continuaba en España. Taylor había decidido que el motor utilizara dos cilindros de 230 cc que ya existían en la gama de OSSA, con un cárter nuevo. Para asegurarse una buena refrigeración se separaron los cilindros, para que existiera una cierta corriente de aire entre ellos, lo cual creó un cárter algo ancho, con los dos puntos de anclaje del motor al chasis separados, lo que a su vez obligaba a que el bastidor fuera un doble cuna con sus barras separadas. Los dos cilindros debían funcionar a la vez, lo que años más tarde se denominó efecto “big bang” en los motores de las Honda NSR 500 de Gran Premio, para mantener la sensación de una monocilíndrica. Durante el trabajo en Barcelona, se aumentó el diámetro de los pistones de 70 a 72 mm, con lo que la cilindrada unitaria subió de 230,9 hasta los 244,3 cc, y eso colocaba el deseado motor de Taylor en 488 cc. Una de las posibles dificultades en el uso en campo de la futura moto sería el arranque, obviamente a patada; y otra, la posibilidad de un fallo de una bujía, y OSSA resolvió las dos pegas de una vez. Cada culata tenía dos agujeros roscados para bujías, de los cuales solo los centrales tenían instalada la bujía y su cable de alta. En la culata izquierda, se montaba una tercera bujía, inclinada hacia el exterior y sin cable, para utilizarse como repuesto en caso de necesidad. Y el agujero que quedaba en la culata derecha, también inclinado hacia el exterior, se empleaba para montar un descompresor, accionado desde una maneta ubicada en el manillar.

Para poner a prueba el motor, OSSA fabricó una Yankee 460 de carretera que inscribió en las 24 Horas de Montjuich de 1968. Fue una mezcla de las futuras piezas de serie con otras específicas de competición: chasis de tubos de acero, horquilla Ceriani, frenos Oldani de tambor de doble leva de 250 mm, y una pieza de fibra de vidrio para el conjunto formado por el depósito, el sillín y el colín. Los pilotos fueron Carlos Giró y Luis Yglesias, que tuvieron que retirarse por avería.

En paralelo, John Taylor no descuidaba sus contactos como hombre de negocios, y en 1969 su empresa Yankee Motors recibió una fuerte inversión, 150.000 dólares de la época, de Bangor Punta Corporation, que cotizaba en la bolsa de Nueva York y figuraba en el Fortune 500. Poseía participaciones en empresas de diversos sectores, como aviación y armas de fuego, lo que posteriormente ayudó a los proyectos de dos ruedas de Taylor.

Dick Mann entrando primero en meta en Laconia (Junio de 1963) con su Bultaco TSS 200
Foto tomada, probablemente, en las cercanías de la fábrica Bultaco en 1968: Dick Mann se llevó un chasis en avión a Barcelona, sobre él se montó uno de los primeros motores disponibles, y el propio Mann hizo las pruebas

Por su lado, Taylor se había puesto en contacto con Dick Mann para que se encargara del chasis de la Yankee. Mann, además de haber ganado el campeonato AMA en dos ocasiones, había corrido en flat track, el Transatlantic Trophy, triales y motocross, todo ello con motos de diversas marcas. En paralelo, había fabricado chasis para las motos con las que corría, como su BSA A65 de 1966. Mientras se desarrollaba el motor de la Yankee, Mann diseñó un bastidor de motocross, en el que se montó un motor OSSA de 230 cc; Yankee Motor Company fabricó una serie de 150 unidades de esta moto. Para el chasis de la Yankee escogió tubo de acero al cromo-molibdeno 4130, que supuestamente venía de los almacenes de Piper Aircraft, el fabricante de avionetas con participación de Bangor Punta Corp. La horquilla Telesco de 42 mm de diámetro se unía al chasis con tijas de aluminio forjado fabricadas por Smith & Wesson, el fabricante de armas participado también por Bangor Punta Corp. En la llanta delantera de 21” se montaba un freno de tambor de una leva, y en la trasera de 18” un disco trasero Kelsey Hayes, porque muchos usuarios de la época temían que un disco en la rueda delantera fuera demasiado potente en el campo. Cuando Mann inició el trabajo de diseño del chasis, no había ni siquiera un prototipo aproximado del motor en el que basarse, de modo que Taylor pidió a la fábrica las medidas del cárter, y fabricaron una maqueta en madera, en la que Mann se basó para fabricar el primer chasis, sin datos sobre peso o potencia. Según cuenta el propio Mann, “cuando supimos que había un primer motor completo en Barcelona, John nos metió al primer chasis y a mí en un avión, y nos fuimos a Barcelona a montar la moto. Desde el primer momento vimos que la principal pega iba a ser la cámara de expansión de los escapes, que le daban al motor una formidable potencia a medio régimen. Nadie tenía los medios que tenía esa OSSA. Ahora había que hacer unos escapes así, pero para una moto de enduro”. Cuando los primeros motores llegaron de la factoría que entonces se encontraba en la Zona Franca de Barcelona, Yankee Motors montó inmediatamente unos prototipos, los probó, y se los cedió a las revistas especializadas, que publicaron pruebas muy elogiosas.

Un curioso prototipo fabricado en 1968: una Yankee Z de motocross.
Todo listo para arrancar la aventura con cóctel, cena y baile. El Edison Club sigue existiendo, ahora como club de golf.

Y entonces el plan pareció venirse abajo: el retraso en el envío de los motores desde España se acumuló, mientras los proveedores del resto de componentes no cumplían los plazos de entrega. Además, las medidas de la administración del presidente Richard Nixon para controlar la inflación incluían impuestos a la importación que casi duplicaron los costes en EE. UU. de los motores españoles. Aun así, y gracias a la tenacidad de Taylor, finalmente en 1972 la Yankee Z entró en producción. El motor montaba embrague en seco, cambio de seis marchas, dos carburadores Amal de 27 mm y encendido Motoplat doble. El chasis de Mann mantenía el acero al cromo molibdeno 4130, y se unía a una horquilla entonces enorme, de 42 mm de diámetro con 165 mm de recorrido. En el momento de su llegada al mercado, el precio era de 1.595 $. Era una moto con la que se podía rodar en la autopista a velocidad decente y, al llegar a las pistas, disfrutar del par y de la potencia. Parecía que con sus 150 kilos podía ser pesada por el campo, solo que el par disponible y la posibilidad de hacerla girar con el gas, la convertían en manejable. Subía por donde las dos y medio no podían, y llegaba hasta los caminos sin llevarla desde casa en un remolque o en la bañera del pick up.

Los valientes que se atrevieron a correr unos ISDE con Yankee Z: de izqda. a dcha. Barry Higgins, Charlie Vincent y Daven Eames.

Se dice que Taylor recibió mil motores de la fábrica OSSA, y que llegó a producir y vender 764 unidades de su Yankee Z entre Abril de 1972 y Julio de 1973, cuando la empresa entró en quiebra al acabarse el apoyo de Bangor Punta Corp. Dos de esas unidades participaron en los ISDT de Checoslovaquia de 1972. El recorrido, basado en zonas boscosas con mucho barro, no era el ideal para las Yankee, y aun así Daven Eames, Barry Higgins y Charlie Vincent se atrevieron a participar en una competición aun poco conocida en los Estados Unidos, que empezaba a interesar ya que la edición de 1973 se iba a disputar en Massachusetts. El motor de la Yankee de Higgins se quedó en un cilindro, y el consiguiente abuso del embrague terminó rompiéndolo, por lo que se retiró. Vincent se chocó contra el escúter de un espectador el quinto día, cuando ya se acercaba al final, y tampoco terminó. El que peor lo pasó fue Eames: las caídas le dañaron un tobillo, a pesar de lo cual se mantuvo en el nivel de medalla de oro hasta el quinto día; el sexto, más caídas, alguna de la moto sobre el tobillo dañado, convirtieron llegar al meta en su suplicio que estaba a punto de lograr, hasta que una junta de culata se lo impidió.

En ese momento, cuando John Taylor inició la fabricación de la moto de sus sueños, resultó que su mercado había desaparecido. los que peleaban por el campo con las Triumph TR-5 se habían pasado a una Matador 250 de solo 110 kilos, o se habían comprado una moto japonesa, porque los fabricantes japoneses habían reconocido su error, y se habían dado cuenta de que sí se podía hacer una moto de campo más ligera y más potente de lo que había. Y cuando la Yankee Z llegó a las tiendas, ya estaba a la venta la Yamaha DT-1. La Yankee Z era muy buena, aunque bastante más cara. En la actualidad sigue existiendo unidades en EE.UU., algunas incluso en orden de marcha, y sus propietarios presumen de ello en las redes sociales, presentando su Yankee Z como lo que es, una rareza hoy en día casi desconocida.

Por su lado, Dick Mann se mantuvo activo muchos años más después de su trabajo con Taylor. Tras haber ganado tanto el Gran National Championship como la Daytona 200, y ser incluido en el Salón de la Fama del Motorsport de Estados Unidos, se retiró de las carreras a finales de la década de los ’70. Siguió trabajando como fabricante de series especiales, en 1975 lanzó una serie de bastidores especiales para la Yamaha XT500 y posteriormente se dedicó a la restauración de motos de carreras clásicas.

La OSSA Yankee 500 SS en el Racing and Sporting Show de Londres, en Enero de 1975.
La historia de la Yankee ya ha llegado a los museos: esta unidad se exhibe en el Museo de la Moto Española de Alcalá de Henares.

La situación que la quiebra de Yankee Motor Company dejó en OSSA fue preocupante. Según el contrato firmado entre las compañías, OSSA corría con los gastos de desarrollo y fabricación, y Yankee Motor tenía los derechos de propiedad; es decir, que tras la quiebra quedaban en la fábrica OSSA del orden de dos mil motores que no podía ni vender ni utilizar. La idea obvia fue adaptarlos para una moto de carretera, mientras se renegociaban los derechos. Para ello, Giró modificó el motor montando un sistema de lubricación separada Mikuni, encendido doble Motoplat y carburadores Bing de 32 mm, diseñó un chasis, y se localizaron proveedores para las suspensiones y los frenos. El resultado, con el nombre de Yankee 500SS, se presentó en diversos salones, como los de Barcelona en los años 1973 y 1974, y en el Racing and Sporting Show de Londres, en Enero de 1975. Aun con llantas de radios y un único disco delante, el aspecto era excelente, solo que OSSA aun no tenía los derechos del motor, y la 500SS siguió apareciendo por los salones sin fecha de entrada en producción.

Por fin, ya en 1976, se llegó a un acuerdo y se presentó la versión final en el Salón de Barcelona: se llamaba simplemente Yankee 500, y montaba frenos Brembo, llantas de aleación Targa, y amortiguadores Betor de gas, con aquellos inconfundibles muelles, uno amarillo y otro naranja, los mismos colores que en los gráficos del depósito y las tapas laterales. La palanca de cambio era de las llamadas “de talonera”, el mismo estilo de la que llevaba la Montesa Impala. Consistía en una palanca más larga de lo habitual, unida en su centro el eje del selector, y que permitía bajar y subir marchas con la punta del pie actuando sobre su parte delantera, como en las palancas normales, y también subir marchas presionando hacia abajo con el talón. La ventaja para el usuario era que, al subir marchas con el tacón, se evitaba dañar el empeine del calzado, y así no se dejaban marcas en los zapatos.

También sobre el nombre del modelo hubo discusiones entre las dos empresas, pero había poca salida: los motores estaban fabricados, y en las tapas laterales ya figuraba un nombre: “Yankee”. A falta de datos fiables, se dice que en el primer año se vendieron 1.500 unidades con un precio de 198.000 pesetas, y que la producción total fue de 2.150. Entra dentro de lo posible, ya que otras fuentes aseguran que la producción total de motores fue de unos tres mil, de los que unos mil se enviaron a EE. UU., y el resto se quedaron en la fábrica de la Zona Franca de Barcelona.

También en España la Yankee llegó tarde. La industria española de la moto ya estaba en decadencia, incluyendo a OSSA, las huelgas de los empleados presionaban, y la marca terminó desapareciendo. Este es el motivo por el que igualmente por aquí ha quedado como una rareza casi desconocida, y es poco usual encontrar una, menos aún en buen estado. Los que tienen el acierto de visitar el Museo de la Motocicleta Española de Alcalá de Henares, se encuentran con la doble sorpresa de ver, una frente a otra, a una Yankee Z y una OSSA Yankee 500. Claro que, para sorpresa, la que me llevé en la reunión mensual de vehículos clásicos de Navacerrada en Diciembre pasado, cuando me topé con una Yankee Z, impecable, matriculada en Madrid y en perfecto orden de marcha: “¡Recién restaurada!”, me dijo su dueño antes de activar el descompresor, arrancarla a la primera patada, y alejarse como si no fuera montado en un trozo de historia a mitad de camino entre dos continentes.

Todavía hay quien conserva una Yankee Z y hasta la usa: me encontré esta unidad en la reunión mensual de vehículos clásicos de Navacerrada (Madrid) en Diciembre pasado.

Fuentes: La información básica de estas entradas está en un artículo que Frank Conner, el empleado de John Taylor, publicó en la revista estadounidense Cycle World en Junio de 1987. Me sorprendió cuando lo leí hace casi cuarenta años, y desde entonces guardo una fotocopia. También he conseguido información en el libro Spanish Post-War Road and Racing Motorcycles, de Mick Walker, publicado por Osprey en 1986. No podían faltar datos provenientes de mi archivo de revistas de Solo Moto y Motociclismo. La información sobre los ISDT de Checoslovaquia ha partido del número de Enero de 1973 de la revista Cycle World. Y como estamos en la era digital, he completado datos con webs de todo tipo; por ejemplo, los datos sobre las huelgas del UAW se mencionan en la propia web del sindicato, en la del periódico The New York Times, o en la del Bureau of Labour Statistics. También de You Tube he conseguido información, como una curiosa entrevista con personajes destacados de esta historia, como Dick Mann o el propio John Taylor. Y las ilustraciones se han obtenido del artículo de Conner, del libro de Walker, de las webs mencionadas y de fotos tomadas por el autor.

La historia yankee de la OSSA Yankee (I)

La historia de la OSSA Yankee comenzó en Estados Unidos, pudo haber nacido como Bultaco Yankee gracias al dinero de Ford Motor Company, dejó de serlo por una huelga sindical, y terminó siendo brevemente la Yankee Z allí y la Yankee 500 aquí.

Esta historia, turbulenta y entretenida, que se desarrolla entre Cataluña y el este de EE. UU., comienza a principios de los años ’60 y su protagonista es John Taylor. Hoy en día le calificaríamos de emprendedor, entonces era un empresario inquieto. Había nacido en Marzo de 1933, y desde los ’50 vivía de suministrar máquinas herramienta a la industria de Schenectady y sus alrededores, en el estado de Nueva York. Las aficiones de Taylor estaban en el entorno de esa maquinaria: coches, cámaras de fotos, equipos de sonido y motos. Se compraba un coche (Ferrari, Lancia, Cunningham, …), lo disfrutaba medio año, lo vendía ganando dinero y se compraba otro.

Con las motos no estaba tan contento, simplemente porque el tipo de moto que él quería aún no se había inventado. Le gustaba salir de casa en moto con sus amigos, rodar por carretera hasta llegar a sus pistas favoritas, y entonces disfrutar de esas pistas entre bosques inacabables. Solo que las motos que él y sus amigos tenían solo eran válidas para la primera parte de sus recorridos, el de carretera: Triumph TR-5, BSA Gold Stars y algún valiente que se atrevía a hacerlo en una Harley. Sí, iban bien por carretera y tenían luces y algunos relojes, pero los recorridos de suspensión se quedaban cortos por el campo, el motor no tenía bajos suficientes, la relación del cambio era abierta, y pesaban demasiado. Por otro lado, las motos de campo de aquel entonces, pequeñas y ligeras dos tiempos, eran incómodas y lentas en carretera y la autonomía era escasa. Taylor las conocía bien, porque con una de ellas había ganado la medalla de bronce en los ISDE de 1964 en Erfurt, por entonces en la República Democrática Alemana.

Ninguno de los fabricantes europeos de la época las hacía con más de 250 cc., lo que las limitaba en carretera, porque en cilindradas mayores se presentaban permanentes averías en forma de gripajes de pistón. Y Taylor estaba convencido de que su moto ideal era una 500 de dos tiempos, formada a base de dos cilindros de 250 cc., que resultaría el equilibrio ideal para ir por carretera hasta sus pistas favoritas y luego ser ligera en el campo. Faltaban muchos años para que llegaran lo que ahora llamamos motos Trail, ese intermedio que era exactamente lo que buscaban John Taylor y sus amigos.

27 de Agosto de 1962: las cuatro primeras Sherpa 125 han llegado a CEMOTO East Importing Company, y Taylor señala orgulloso una de las cajas. En la foto de apertura, Taylor en 1968 sobre el prototipo de Yankee con el que había participado en los Dos Días de Enduro de Berkshire.
Una semana después de que llegara el primer envío, las Bultaco ya estaban corriendo. De izquierda a derecha: Barrie Tosh, John Taylor (11), Ray Palen (47) y Chuck Herbert (25)

Mientras, él se dedicaba a sus negocios, y en 1962 se enteró de que estaba disponible la posición de importador de Bultaco para la costa este de los Estados Unidos. No tardó en ponerse en contacto con la Compañía Española de Motores (CEMOTO) en Barcelona, y rápidamente llegó a un acuerdo con F. X. Bultó, de modo que de día vendía maquinaria y por las noches, con la ayuda de Kay, su mujer, dirigía CEMOTO East Importing Company. La empresa tenía los derechos de importación para 29 de los estados del país, y del resto se ocupaba el otro importador, ubicado en Los Angeles. La gama de Bultaco en aquel momento estaba formada básicamente por las TSS de circuito y las Sherpa de trial, y lo primero que hizo Taylor como importador fue sacar una Sherpa del embalaje en el que le llegó desde España e inscribirse en las carreras de la zona. A la vista de sus resultados, se cumplió esa frase de que no hace falta hacer anuncios de la moto que gana, porque se vende sola. La importación de Bultaco creció tanto y tan deprisa, que John vendió su negocio de máquinas herramienta para centrarse en las motos.

Para entonces, los fabricantes japoneses de motos habían creado una nueva categoría que llamaban street scramblers, y que para Taylor reunía lo peor de las motos de carretera y de campo de la época, porque eran motos de carretera con motores medianos de cuatro tiempos, manillar ancho y escape elevado. Es decir, el recorrido de suspensión seguía siendo insuficiente, la relación peso – potencia mala, y montaban neumáticos de carretera. El importador de Bultaco para el oeste de EE. UU. pidió a la marca que fabricara una street scrambler, y sin embargo Taylor no solo no se unió a la solicitud, es que redactó las especificaciones de su moto ideal y se las envió a F. X. Bultó. La respuesta fue “Nos ponemos con ello”, y en Diciembre de 1963 Taylor voló a Barcelona para probar el prototipo que se había preparado, lo que se terminaría llamando la Matador de 200 cc. A Taylor le gustó tanto que convenció a Bultó para llevarse ese ejemplar único a EE. UU. para rodar con ella en sus pistas favoritas, de modo que la marca tuvo que desarrollar la versión de serie con los planos y las fotos disponibles.

Con la Matador 200 cc, Taylor había dado el primer paso hacia su sueño, y no tardó en pedirle a Bultó una Matador de 350 cc. Con la fábrica desbordada de pedidos y al límite de su capacidad de producción, lo único que se pudo hacer fue lanzar la Matador dos y medio con la versión de 250 cc del motor original. A la vista de que no podía obtener su añorada bicilíndrica de 500 cc y dos tiempos de Bultaco, Taylor se fijó en la industria británica de la moto. Envió a su jefe de servicio, Jess Thomas, a un viaje por diversas fábricas del Reino Unido para que negociara la posibilidad de que allí le fabricaran su motor, y Thomas regresó desolado: las fábricas británicas iban camino del colapso, y no había posibilidad de que afrontaran esa inversión.

Cuando parecía que se le acababan las posibilidades de tener su moto ideal, Taylor se topó con una jugada a tres bandas complicada y creativa. Por un lado, supo que CEMOTO tenía licencia para fabricar automóviles en España, aunque nunca la había utilizado, y que Bultó estaba interesado en vender su empresa, incluida esa licencia, a Taylor. En la España de la época, la de la autarquía, con una economía intervenida por la Administración, eran necesarios permisos para muchas actividades, y Bultaco tenía el necesario para fabricar coches. La segunda pieza de este rompecabezas estaba en Detroit (Michigan): Ford Motor Company tuvo fábricas en España entre 1920 y 1954, y se estaba planteando el retorno. Su primera planta estuvo en Cádiz, en la que bajo el nombre de Ford Motor Company, S.A.E. se fabricaron el Ford T, los tractores Fordson y los camiones Ford TT. En 1923 se trasladó al Pueblo Nuevo de Barcelona, esta vez con el nombre de Ford Motor Ibérica, S.A. Después de la guerra se dedicó a fabricar repuestos para los vehículos producidos desde 1920, así como gasógenos y, en 1953, a la vista de que la Administración española se centraba en apoyar a empresas nuevas, como SEAT y FASA-Renault, decidió retirarse de España. De ese modo, en 1954 vendió la fábrica a Motor Ibérica, una empresa nacionalizada que inició la producción de camiones y tractores basados en modelos de Ford, bajo la marca EBRO. Ya en los años ’60 barajó la posibilidad de retornar a España, y eso le sirvió a Taylor para elaborar el plan que presentó en Detroit: pedir un préstamo a largo plazo de 300.000 $ a Ford, para con ese dinero comprar Bultaco y entregar la licencia de fabricación de coches de Bultaco a Ford. Una vez fuera propietario de Bultaco, desarrollaría en primer lugar su moto de campo de 350 cc, y más tarde la soñada 500 bicilíndrica.

Un piquete de sindicalistas bloquea el acceso de un camión a la fábrica de Ford Motor Company en Chicago Heights.
Los empleados de la fábrica de Ford en Wayne (Michigan) salen de la planta tras haber fracasado las negociaciones; la huelga continúa.

Lo más sorprendente de la historia es que Ford aceptó, una vez que entendió la trastienda de una maniobra que pasaba porque uno de los mayores fabricantes de coches del mundo actuara como prestamista de un pequeño importador de motos europeas. Y con todo listo para las firmas, y Taylor acariciando su sueño, el plan se vino abajo: una masiva huelga del influyente y poderoso sindicato de la automoción, el United Auto Workers (UAW), detuvo las actividades en Ford, que temía que la huelga se prolongara indefinidamente y los beneficios se vinieran abajo. La escasa documentación existente sobre estos hechos no me ha permitido determinar cuál de las varias huelgas de la sección en Ford de la UAW en aquellos años detuvo el proceso. La de Mayo de 1963 empezó en la planta de estampación de Chicago Heights en solicitud de más medidas de seguridad, se extendió por fábricas de todo el país, duró hasta Diciembre de ese año, y se convirtió en la huelga más costosa en la historia de Ford Motor Company. También pudo ser la de Septiembre de 1964, que la UAW planteó frente a los tres grandes fabricantes de entonces en los EE. UU. (General Motors, Chrysler y la propia Ford). Sea como fuere, una vez más Taylor se quedó sin su moto soñada.

Esta foto, junto a una caja de buen vino, se la envió F. X. Bultó a John Taylor a finales de 1955

Mientras tanto, Bultaco había lanzado una TSS 350 y una moto de enduro de 360 cc, ambas basadas en el motor de motocross, aunque ya no estaban solos: también Husqvarna había puesto a la venta su 360. Por su lado, John Taylor no tiraba la toalla y seguía dándole vueltas a cómo materializar la moto que seguía teniendo en la cabeza, aunque la tuviera que fabricar él. En los Estados Unidos de la época no había proveedores de los componentes necesarios para las motos de campo, y por otro lado montar una fábrica para el motor estaba fuera de sus posibilidades. Evaluó entonces la idea de encargar motor, chasis y componentes, y limitarse a montar una pequeña fábrica que fuera básicamente una línea de ensamblaje de lo que le enviarían sus proveedores. Salió entonces “de compras”, y se encontró en Daytona en 1966 con Manuel Giró, fundador y propietario de dos empresas. Una era Orfeo Sincronic, S.A., dedicada a la fabricación de motores fueraborda y de maquinaria cinematográfica, y la otra era OSSA, fabricante de motos. Giró le comentó a Taylor que había vendido sus motos en EE. UU. a través de una red de distribuidores locales, aunque él prefería un único importador para todo el país. En una reunión posterior Giró le propuso que fuera ese importador exclusivo, y añadió un incentivo: OSSA le diseñaría el motor para la moto en la que estaba pensando. Taylor aceptó bajo la condición, que años más tarde se volvería clave en la parte española de la historia de la Yankee, de que los derechos del motor le pertenecieran a él, y no a OSSA. Inmediatamente Taylor dedicó una parte del edificio que ocupaba CEMOTO East Importing Company a zona de fabricación de su moto, y como ya había decidido que se iba a llamar Yankee, fundó la empresa fabricante bajo el nombre de Yankee Motor Company. (Continuará).

Los Fórmula 1 de 2026 y su nuevo reglamento

En 2026 la Fórmula 1 estrena un reglamento que sustituye al de 2022 y que genera cambios en la aerodinámica, la unidad de potencia y la conducción. Además, nace con un origen forzado, con gran expectación sobre cómo serán los nuevos coches y también con dudas sobre durante cuánto tiempo estará en vigor.

Según se acercaba la temporada de 2021, las carreras de Fórmula 1 se iban volviendo aburridas porque cada vez había menos adelantamientos. Para evitarlo se elaboró un reglamento que entró en vigor en la temporada de 2022 cuyo objetivo principal era facilitarlos. Una de las iniciativas clave era el DRS, que permitía a un piloto situado a un segundo o menos del coche de delante modificar la aerodinámica del suyo para reducir su resistencia al aire en zonas predeterminadas del circuito, y aprovechar la ventaja que así surgía para adelantar. Los efectos iniciales de las nuevas normas aerodinámicas fueron excelentes, aunque según pasaban los años los ingenieros iban encontrando maneras de reducir el peso de esas iniciativas, y con ello volvieron las dificultades para adelantar.

El AMG Mercedes es de los que, al menos al principio, prefieren un alerón delantero casi plano.

La segunda premisa básica del reglamento de 2022 se refería a lo que se dio en llamar unidad de potencia (“power unit” o PU), en lugar de simplemente motor. El cambio de denominación se debe a que está formado por cuatro elementos, que debían trabajar de modo coordinado en las muchas circunstancias que se pueden presentar en un fin de semana de carreras. El primero de esos elementos era un motor de gasolina de seis cilindros en V y 1.600 cc de cilindrada con un turbo. Se unía rígidamente a un segundo elemento que actuaba a la vez como motor eléctrico y como generador: cuando hacía falta potencia actuaba como motor tomando energía del tercer elemento, una batería, y transformándola en potencia; en las deceleraciones, actuaba como generador de electricidad, que almacenaba en la misma batería. Este motor-generador se llamaba MGU-K, de “Motor Generator Unit – Kinetic”, o “unidad motor – generador – cinético”. Hasta aquí, lo que se empleaba era una versión potente y sofisticada de una estructura similar a la de un coche híbrido de calle. Además, había que añadir un cuarto elemento que era otro motor-generador, éste más pequeño, acoplado al eje del turbo, en concreto ubicado entre la turbina y el compresor. En las deceleraciones actuaba también como generador de una energía que iba a parar a la batería, y al acelerar reducía el tiempo de respuesta del turbo (“turbo lag”) porque actuaba como un motor eléctrico que movía la turbina. Su denominación oficial era MGU-H, de “Motor Generator Unit – Heat”, o “unidad motor – generador – calor”, por encontrarse en uno de los puntos más calientes de la unidad de potencia.

En principio la idea era excelente, solo que tanta complejidad provocó un coste de desarrollo y fabricación elevado, y que no todos los equipos fueron capaces, a pesar de la inversión, de sacarle el partido a los cuatro elementos y su compleja coordinación.

La llegada de nuevos equipos y de nuevos proveedores de motores a la F1 para la temporada de 2026 favoreció la redacción de un nuevo reglamento, bajo la idea de que veteranos y recién llegados empezaran desde cero simultáneamente. No olvidemos que en 2026 debutan como equipos Cadillac (que en principio utilizará motores de Ferrari) y Audi (que hereda la estructura de Sauber y fabrica sus propios motores), y se estrena Ford como proveedor de motores para Red Bull y VCARB, y Honda para Aston Martin.

El planteamiento inicial del reglamento de 2026 en lo referido a las unidades de potencia pretendía reducir costes y complejidad y aumentar la importancia de la parte eléctrica. El primer punto era sencillo, porque no había más que eliminar el MGU-H y con un movimiento se conseguían los dos objetivos. El segundo era más complejo, porque aumentar la potencia del MGU-K hacía que, en retención, fuera casi seguro un bloqueo de las ruedas traseras, por la gran cantidad de potencia absorbida. Se propuso entonces una alternativa interesante: eliminar el MGU-K del motor de combustión y sustituirlo por un motor – generador eléctrico ubicado en el eje delantero, y con las mismas funciones. Se tendría así un F1 de tracción a las cuatro ruedas, con tracción delantera eléctrica y propulsión trasera térmica. Solo que en este punto todos los equipos, salvo Audi, se opusieron, ya que nadie tenía experiencia en este tipo de implantaciones, y sin embargo Audi la había empleado durante años tanto en sus coches del Mundial de Resistencia como en el del Dakar. No olvidemos el equilibrio inestable en el que se mueve la Fórmula 1: los coches deben ser los mejores y los más rápidos, aunque sin salirse del presupuesto, de prestaciones similares entre sí, y ser “ecológicos” aunque sin ser eléctricos, para no asemejarse a la Fórmula E.

El Red Bull utiliza pontones anchos y bajos, para expulsar aire sucio sin molestar al alerón trasero, …
… y alerón curvado en las puntas que cuelga del morro con dos soportes.

Una idea paralela y referida también al motor de combustión era hacer obligatorio el uso de combustibles sintéticos o al menos no completamente de origen fósil. Se aceptó el concepto como cuestión de imagen, aunque debido las características de esos combustibles obligaban a reducir la compresión del motor y con ello su potencia máxima. Estas dos decisiones condujeron a un nuevo problema: sin MGU-H y con menos compresión, era casi seguro que los coches desde 2026 iban a ser más lentos que los anteriores, y no resultarían más rápidos que un Fórmula 2 siendo mucho más caros. Por eso hubo que empezar a trabajar en hacer coches más rápidos por otros métodos, y el primer punto en el que se entró fue el de las dimensiones externas. Con el reglamento empleado hasta 2025 los coches eran enormes, solo que ese tamaño no era fácil de percibir porque evidentemente todos los coches de la parrilla eran igualmente grandes. Fernando Alonso comentó en alguna ocasión que adelantar en Mónaco se había vuelto aún más complicado simplemente por la longitud y anchura de los coches, que hacía difícil que dos cupieran en paralelo en un circuito tan estrecho. Lo entendí en primera persona visitando el museo del circuito de Silverstone, que exponía casi juntos un Red Bull de Daniel Ricciardo que cumplía el reglamento de 2014, junto a un Aston Martin de 2023: el Red Bull parecía un F3. De modo que desde 2026 los F1 serán 200 milímetros más cortos y 100 mm más estrechos. También la distancia entre ejes se reduce en 200 mm. Además, el peso mínimo baja en 30 kilos, y las llantas pasan de ser de 18” a 16”, aunque eso solo ayuda a reducir el peso en 4 kilos en total. No olvidemos que el salto de llantas de 13” de 2021 a 18” de 2022 supuso que los coches engordaran 11 kilos. Además, para ayudar en la rebaja de peso y reducir también la resistencia aerodinámica, los neumáticos serán más estrechos: los delanteros pasan de 305 a 275 mm, y también los traseros pierden 30 mm: de 405 a 375.

Al contrario que el Red Bull, el Ferrari SF-26, en su debut en Fiorano, montaba alerón delantero casi plano y más descolgado del morro. Seguimos haciendo pruebas.

El otro punto en el que se centró el trabajo para que los coches con el reglamento de 2026 fueran si no más rápidos sí al menos no mucho más lentos que los anteriores fue la aerodinámica. Y más que en el sentido de mejorar la penetración (que solo los haría más rápidos en las rectas), en el de facilitar los adelantamientos, como en las normas de 2022. Aquí hay que entrar en el complejo mundo de la relación entre aerodinámica y adelantamientos en monoplazas, en el que el punto clave es el aire agitado por las ruedas delanteras. Empecemos por el principio: cualquier elemento aerodinámico obtiene el máximo rendimiento si trabaja con aire en calma, limpio o, como dicen los expertos, en régimen laminar. Si el aire se encuentra agitado, sucio o turbulento, que de cualquiera de esas formas se llama, el elemento aerodinámico pierde eficacia. Este fenómeno se comprueba en las colas que se organizan en las cabeceras de pista de los aeropuertos, con varios aviones esperando para despegar, y que dejan un tiempo entre ellos. El motivo es que un avión, al despegar, agita tanto el aire que hay sobre la pista, que hay que esperar unos minutos hasta que el aire se ha calmado lo suficiente para que las alas del siguiente avión encuentren aire limpio y realicen con seguridad su función de elevar el avión. Por lo que se refiere a los monoplazas con las ruedas descubiertas, como un Fórmula 1, este fenómeno afecta tanto al propio vehículo como al que viene detrás. El primer obstáculo que se “choca” con el aire al avanzar el coche son las ruedas delanteras. Por su anchura y su altura, crean una turbulencia que hace difícil el trabajo del alerón trasero, que pierde eficacia al recibir aire sucio. De ahí que el objetivo fundamental de los especialistas en aerodinámica sea que ese aire que han “ensuciado” las ruedas delanteras no llegue al alerón, y lo consiguen a base de guiarlo hacia el exterior del propio coche; lo que se consigue con eso es que el aire sucio llegue al coche que viene detrás, intentando adelantarle, y que siente cómo todos sus elementos aerodinámicos (no solo el alerón trasero) pierden eficacia. Con ello se reduce su velocidad y el adelantamiento se vuelve imposible. En la curiosa jerga de la F1, expulsar el aire sucio hacia el exterior del coche se llama “out washing”, y es lo que pretenden los equipos; a evitar esto para que el aire sucio se quede en el propio coche y no afecte al que le sigue se le llama “in washing”, y es lo que pretende la FIA en el reglamento de 2026.

Los coches que se han empleado hasta 2025 destacaban por el uso brillante del “out washing”, que tanto dificultaba los adelantamientos. Se conseguía en primer lugar con un alerón delantero tan ancho como el coche, que guiaba el aire para que chocara menos con las ruedas delanteras. Y en segundo lugar, se colocaban aletas verticales detrás de esas ruedas, que guiaban el aire hacia al exterior, en lugar de hacia el propio alerón delantero. Estas aletas eran las llamadas “barge boards”. Con las normas para 2026 el alerón delantero está limitado: más estrecho y con menos planos, y se prohíben los “barge boards”. A la vista de los diseños de los nuevos modelos que se han visto hasta la fecha, la solución que han encontrado los ingenieros es ¡ingeniosa!: si no se pueden utilizar aletas que guíen el aire hacia fuera, se colocan aletas que frenen el aire, por lo que éste se irá él solo hacia el exterior, hacia el coche que venga detrás.

El último cambio aerodinámico importante se refiere al DRS (“Drag Reduction System”), el sistema que reduce la resistencia aerodinámica en las rectas. Hasta ahora solo existía en el alerón trasero, y sólo se podía utilizar en zonas autorizadas del circuito si se circulaba a menos de un segundo de distancia de otro coche. Desde 2026 se monta en los dos alerones, y se puede utilizar siempre que se quiera. Por ello deja de ser una ayuda para adelantar, y pasa a ser un simple principio de aerodinámica activa, de modo que se han inventado otro sistema para promover los adelantamientos: se permite que el MGU-K proporcione un empuje adicional y temporal en las rectas.

 

La prueba de que lo que se enseña ahora no es real: el Haas con cuatro ruedas traseras, alerón delantero sin actuadores y alerón trasero que no puede funcionar.
Algo habitual en los F1 de 2026 es el doble soporte para los retrovisores. Aquí, en el debutante Audi.

 

Según estaba previsto, y sucede en cada cambio de reglamento, los equipos buscan maneras diferentes de encontrar prestaciones, por lo que al inicio de su aplicación hay notables diferencias entre ellos. A medida que avancen las carreras y pasen las temporadas, y se compruebe cuáles son las mejores soluciones, las formas externas convergerán hasta que de nuevo todos los coches se parezcan. Por ejemplo, en lo que se ha visto en las fotos de lanzamiento, hay alerones frontales casi planos, otros que se curvan levemente en las puntas, y algunos se elevan enormemente. Una vez que se demuestre cuál es la alternativa ideal, ese perfil se hará más uniforme.

Con este planteamiento de cambio tan profundo, está claro que ningún equipo enseñará el coche real hasta el último momento. Es decir, que los que se han presentado no son los definitivos, y los que se han utilizado en las pruebas de pretemporada de Barcelona, tampoco. Basta con fijarse en que en las primeras fotos del Haas VF-26 que se hicieron públicas, el coche llevaba cuatro ruedas traseras, el alerón delantero no tenía actuadores para la función DRS y los del alerón trasero no podían moverse. Quizá los F1 de los entrenamientos de Bahrein en Febrero y Marzo se acerquen algo más, y sobre las verdaderas prestaciones habrá que esperar hasta el sábado 7 de Marzo por la tarde, cuando toque usar todo lo disponible para conseguir un buen puesto en la parrilla de salida de Melbourne.

Los coches del Dakar de 2026

Un Enero más arranca el Rallye Dakar. Para los coches hay dos categorías, la más espectacular y conocida es la T1+ o Ultimate, prototipos pensados para sobrevivir en la carrera más dura del mundo; la de coches de serie se llama T2 o Stock y estrena reglamento y participantes.

 

Para la edición de 2026, las novedades en la categoría de prototipos se centran en la evolución de los coches oficiales de las tres marcas que ya participaron en 2025: Ford, Dacia y Toyota. Y en la categoría de vehículos de serie, que para 2026 estrena reglamento y nombre (“Stock”), las novedades las ponen Defender y Toyota. Claro que si uno se pone a repasar el derroche de tecnología de los vehículos actuales, se recuerda con cariño a los que participaban en las primeras ediciones, a finales de los ’70 y principios de los ’80, aquellas joyas sencillas, de las que ahora nos parece asombroso que fueran capaces de recorrer las pistas que separaban París de Dakar.

El Renault 4 con el que los hermanos Marreau, participaron en el primer Dakar, el de 1979. Sí, el escape va por encima del techo, para ganar distancia al suelo.
El Volkswagen Iltis era un vehículo militar que se preparó para el Dakar como iniciativa para promocionarlo: ganó la edición de 1980.

Las primeras ediciones del Dakar, las africanas de hace ahora más de cuarenta años, vieron la participación de vehículos que hoy calificaríamos de artesanales, románticos y pretenciosos. Eran poco más que vehículos de serie, todoterrenos o no, adaptados artesanalmente, con más ilusión que tecnología, para enfrentarse a Africa. De entre todas aquellas joyas es imprescindible recordar las iniciativas de Claude y Bernard Marreau, que se hicieron populares como “los hermanos Marreau”. En el taller de su padre en Nanterre (Francia), habían preparado un Renault 12 Gordini con el que batieron en 1971 el récord de tiempo en el recorrido de Ciudad del Cabo (Suráfrica) a Argel (Argelia): solo 8 días y 22 horas. Con esa experiencia, cuando se convocó la primera edición del Dakar, la de 1979, estaba claro que no podían faltar, solo que no tenían presupuesto. Negociaron el precio de la inscripción a la baja con Thierry Sabine, el organizador, y ese descuento les permitió inscribirse, después de lo cual solo les quedaba el equivalente a mil Euros para preparar el coche. La solución consistió en montar, en el taller de su padre, y con lo que había disponible por allí, un Renault 4 con motor de R5 Alpine de grupo 2, con 137 CV, y adoptar una transmisión Sinpar a las cuatro ruedas. Como la carrocería era baja y temían engancharse en las dunas, sacaron el escape por encima de la carrocería, y se hicieron conocidos por el silenciador recorriendo el techo.

En los años siguientes participaron con inventos similares, en función de disponibilidad, presupuesto y el apoyo que recibían de Renault: un año en que la marca les pidió que promocionaran el Renault 18 familiar, fabricaron uno con aspecto de utilitario para llevar a los niños al colegio, solo que con un motor V6 de 160 CV y tracción a las cuatro ruedas. Llegaron a Dakar y alcanzaron la novena posición.

Otro recuerdo inevitable es el de Freddy Kottulinski y su VW Iltis. En 1932, cuando Múnich era parte de la República de Weimar, nació allí Winfried Philippe Adalbert Karl Graf Kottulinsky Freiherr von Kottulin, al que afortunadamente se le conocía solo como Freddy Kottulinski. Después de ser tres veces campeón de Europa de Fórmula 3 y de correr en rallies, el grupo Volkswagen le contrató para participar en el Dakar de 1980 de cara a promocionar el Iltis. Era este un 4×4 de uso militar que VW había diseñado tomando como base un modelo antiguo, el DKW Munga. Se había equipado con el motor EA827 de VW de 1.700 cc y 75 CV, y se había ofrecido a los ejércitos alemán y francés, que necesitaban jubilar los vehículos TT que utilizaban en el momento. En VW pensaron que no había mejor promoción posible para un vehículo todoterreno que participar en lo que ya se calificaba como la carrera más dura del mundo, y que además estaba organizada por franceses, lo que suponían les serviría de ayuda para conseguir el contrato de su ejército.

Roland Gumpert era el director del proyecto Iltis, y consiguió que Ferdinand Piëch, entonces director de VW, aprobara la participación en el Dakar, y que Kottulinski aceptara correr. Se montó un equipo con cuatro Iltis, tres de ellos de serie (salvo que el motor se modificó para que ofreciera 110 CV), y un cuarto con un motor Audi de cinco cilindros y 160 CV, en el que se cargaron 300 kilos de recambios. Esta unidad estaba pilotada por el propio Roland Gumpert. Mientras, Kottulinski se encargó de entrenar a los mecánicos en la conducción extrema necesaria para llegar a Dakar. El éxito fue total: Kottulisnki ganó la carrera en la categoría de coches, VW consiguió el contrato del ejército alemán, y durante los siguientes 25 años, hasta su jubilación, Kottulinski dirigió el Fahrsicherheitstraining de Audi, la escuela de conducción segura.

Por supuesto, el éxito no fue tan sencillo como parece, y en la carrera hubo todo tipo de penalidades: en una de las etapas, una piedra dañó el diferencial trasero y una transmisión del coche de Gumpert, por lo que desmontaron la transmisión trasera y continuaron la etapa solo con tracción delantera. Unos kilómetros más adelante, otra piedra se cargó el palier del lado delantero izquierdo, así que Gumpert y Löffelmann, su copiloto, lo desmontaron, bloquearon el diferencial delantero (el Iltis tenía tres bloqueos de diferencial) y se hicieron los 250 kilómetros que les quedaban para acabar la etapa con tracción solo en la rueda delantera derecha. Es decir, llegaron una vez más al campamento con su almacén de recambios a bordo, para que los cuatro coches del equipo pudieran continuar en carrera.

El Toyota Hilux monta un motor biturbo de gasolina, que necesita muchas entradas y salidas de refrigeración.
Detrás de las letras de Toyota del morro no hay nada: es la salida de aire caliente del radiador del motor, un truco estupendo para refrigerar el motor sin quitar visibilidad a los tripulantes.

Estas anécdotas, a mitad de camino entre la épica y el romanticismo, corresponden a otra época, en la que se participaba con coches sencillos, fáciles de reparar por los participantes o los mecánicos locales, y cuando no había marcas ni patrocinadores representados. En la actualidad, con el Dakar prácticamente retransmitido en directo a través de cadenas de televisión, redes sociales y marcadores GPS, con presupuestos elevados en las marcas que buscan victorias, y patrocinadores en busca de repercusión, el reglamento obliga a otro tipo de vehículos.

La categoría máxima se llama T1+ o Ultimate, y ha desarrollado su propia tecnología, al heredar ingenieros de otras especialidades, que aplican principios aerodinámicos al diseño de los coches, algo impensable en la era de los Iltis y los hermanos Marreau. Al hablar de aerodinámica, las primeras ideas que se nos vienen a la cabeza proceden de los monoplazas de circuito, y se centran en reducir la resistencia aerodinámica y aumentar la presión hacia el suelo, la deportancia, para que el coche no se levante a alta velocidad. Por supuesto que rodando por el campo a menos de 200 km/h estos conceptos no tienen importancia, y los objetivos de la aerodinámica de los coches del Dakar van por otro lado.

Estos vehículos ruedan durante varias horas seguidas con alto régimen de motor, lo que significa generando mucho calor, y en ocasiones al motor se le exige el máximo rodando a baja velocidad. Esto significa que las necesidades de refrigeración del motor se deben alcanzar aunque la velocidad a la que entra el aire a los radiadores, la velocidad del coche en definitiva, sea inferior a 40 km/h. Tampoco debemos olvidar la siguiente fase de ese proceso: el aire que se ha calentado al pasar por los radiadores debe salir al exterior. Lo mismo se aplica a la refrigeración de los frenos, de los amortiguadores y del propio habitáculo. Este se debe sellar para que el polvo en suspensión no dificulte la visión de piloto y copiloto ni su respiración, y a la vez se debe ventilar para mantener la proporción de oxígeno imprescindible. También debe cumplir el precepto del reglamento según el cual debe estar aislado del motor y del depósito de combustible en caso de incendio. Y, por otro lado, es necesario que la temperatura de este habitáculo se mantenga en un espectro razonable, para que la tripulación desarrolle varias horas de trabajo duro con un mínimo de comodidad.

La aerodinámica trabaja para conseguir estos objetivos, a base de colocar las entradas de aire en las zonas de alta presión en las que no haya aire ya calentado: por ejemplo, no se debe ubicar un radiador detrás de otro. Por su parte, las salidas de aire detrás de cada radiador deben ubicarse en zonas de baja presión, para que el aire caliente fluya al exterior. La dificultad está no solo en localizar esas zonas, también en encontrar las muchas que hacen falta para los radiadores del motor, los frenos, los amortiguadores, el habitáculo, los elementos electrónicos, y hasta el depósito de combustible.

A este respecto viene bien como ejemplo un incidente de los Toyota Hilux con motor diésel que se empleaban hasta 2015: la bomba de combustible impulsa el gasóleo hasta la bomba, colocada junto al motor; allí se comprime, por lo que se calienta, y el sobrante regresa al depósito por el tubo de retorno. Este combustible sobrante se une al del depósito y de nuevo es bombeado hasta el motor. En determinadas circunstancias, el combustible estaba tan caliente que, al llegar al motor superaba la temperatura de seguridad y, ante la posibilidad de entrar en combustión en la propia bomba, los sensores de la electrónica paraban el motor. Cada vez que se daba este incidente, y después de un tiempo de enfriamiento, el motor arrancaba de nuevo sin haber dejado huella de su fallo, y los mecánicos desmontaban y montaban una y otra vez sin entender lo que pasaba. Una vez que se descubrió el origen del problema, la solución pasó por montar, en el retorno al depósito, un tubo metálico con forma helicoidal detrás de la cabina, que al ser una zona de aire fresco en calma, el gasóleo se enfriaba antes de volver al depósito.

Los compromisos entre aerodinámica y refrigeración son los que hacen a las marcas escoger entre motores sobrealimentados, como Toyota y Dacia, o atmosféricos, como Ford. La ventaja del motor turbo, como el del Toyota Hilux o el del Dacia, es un incremento de par y una reducción del consumo: el primero hace más sencilla una conducción basada en la permanente improvisación, porque en los raids los tramos son secretos. El segundo tiene más importancia de la que en principio parece: los consumos en zonas de arena pueden llegar a los 60 litros cada 100 kilómetros, lo que obliga a montar depósitos enormes, de hasta 550 litros. Considerando una densidad media de la gasolina de 0,7 kilos/litro, estamos lastrando al coche en la salida con casi 400 kilos, a sumar a los 2.010 de peso mínimo del vehículo. La segunda parte de esta pega consiste en que, al final de la etapa, ese mismo coche pesa 400 kilos menos, por lo que será imprescindible que el depósito esté centrado en el vehículo para que no lo desequilibre al vaciarse, y también que la puesta punto de las suspensiones sea válida para un rango de pesos tan amplio.

Claro, que los motores sobrealimentados tienen la contrapartida de necesitar intercambiadores que enfrían el aire ya comprimido antes de conducirlo a la admisión, lo que se suele llamar intercoolers. Esto supone que hacen falta más entradas de aire fresco y más salidas de aire calentado, a añadir a las habituales. Por eso Ford ha preferido montar un motor atmosférico, un V8 de cinco litros, con el que se ahorra los intercoolers y su fontanería.

El Ford Raptor monta un motor atmosférico, un V8 de cinco litros. Por eso necesita menos refrigeración.
Ese es el motivo por el que la carrocería del Ford está más cerrada que las del Toyota y del Dacia.

Otra necesidad aerodinámica de los coches del Dakar, en la que no siempre se piensa, es que de cuando salen volando entre dunas o en pistas rápidas, el aterrizaje se debe realizar simultáneamente, o casi, con las cuatro ruedas. Volar y caer de morro reduce la visibilidad de los tripulantes y fuerza la suspensión delantera; volar y caer con las ruedas traseras también limita la visibilidad, y puede llegar a provocar un giro hacia atrás, de modo que el vehículo aterrice en vertical, sobre su parte trasera. Mejor no pensar en las consecuencias.

Para rematar las dificultades de la aerodinámica y del diseño de estos coches, hay que considerar la visibilidad de piloto y copiloto en las circunstancias de carrera. En los ascensos pronunciados, como los de dunas, un morro alto impide ver la pista. Y un morro bajo no deja suficiente espacio al radiador que se esconde en el frontal, ni a su entrada de aire frío ni a su salida de aire caliente. Por eso llama la atención que Dacia y Toyota hayan coincidido en una solución que de un golpe resuelve cuestiones de aerodinámica, refrigeración, visibilidad y hasta imagen de marca. La receta consiste en que se diseña un morro bajo, que permita buena visión para los tripulantes dejando espacio para el radiador y su salida de aire en el capó motor. A continuación se coloca un alerón sobre la parte frontal del morro, que conduzca el aire y facilite la salida del que se ha calentado al pasar por el radiador. Entre el morro bajo y la cara inferior del alerón se pone, bien visible y en acabado cromado, el logotipo de la marca, y piloto y copiloto ven la pista también por el hueco entre el morro y el alerón.

También a la hora de enfrentarse a un mar de dunas es necesario tener visión por el lateral, de cara a localizar salidas alternativas si la que se tiene delante no es válida. En la edición de 2025 se hicieron populares los vídeos en los que se veía a Mitch Guthrie, el piloto estadounidense del Ford Raptor oficial, cruzando esas zonas de dunas con su puerta de ala de gaviota abierta para ver el terreno. La abría (o mejor dicho la subía) cada vez que llegaba a una zona de dunas, y la cerraba (o la bajaba) al superarla. Por eso en el Raptor de 2026 han variado la forma de la puerta, con la línea de cintura bajando al llegar al montante A, de modo que desde el puesto de conducción se ve mejor la zona inmediatamente anterior al coche.

Una peculiaridad más de las suspensiones, a añadir a su adaptación a la variación del peso durante la etapa, es que en una misma etapa el firme es variado, y sus características deben adaptarse a esos cambios. Una pista rápida con posibles vuelos necesita hidráulico de alta velocidad duro, con muelles igualmente duros y un hidráulico fuerte a extensión que frene esos muelles. Una zona de dunas bajas exige al hidráulico de baja velocidad y debe recuperar despacio a extensión. Y en todas esas circunstancias, el amortiguador no debe alterar su comportamiento por exceso de temperatura. Para ello hay depósitos adicionales de aceite en el exterior, con los que se aumenta la cantidad total de aceite y se facilita su refrigeración.

El trabajo que desarrollan las tripulaciones de los coches del Dakar requiere de un mínimo de comodidad o, al menos, que la incomodidad no sea excesiva. Ya se mencionó al hablar de aerodinámica la importancia de que no entre polvo al habitáculo. De cara a mantener su temperatura dentro de lo razonable, se suele montar un mínimo equipo de aire acondicionado, para que no robe en exceso potencia al motor. Su eficacia, por tanto, es limitada: en el Dacia Sandraider, consigue que la temperatura del habitáculo se reduzca en 10ºC, lo que significa que en ocasiones puede llegar a los 50ºC.

El Dacia es el más corto de los coches oficiales, con unos voladizos mínimos para hacerlo más ágil.
Este es el morro bajo de la versión de 2026, para mejorar la visibilidad aun montando un radiador grande..

Por si todos estos condicionantes fueran pocos, hay que pensar también en que durante una etapa los participantes deben realizar pequeñas intervenciones en los coches, desde cambiar ruedas pinchadas a reparaciones de urgencia. Para no aumentar mucho el peso en coches ya de por sí pesados, se limita enormemente la carga de piezas y herramientas. Se suele llevar solo una pistola eléctrica para cambiar las ruedas, más algunas herramientas básicas, y si no son suficientes, se debe esperar a que lleguen compañeros de equipo o el camión de asistencia. La obsesión por el peso es tal que no se lleva más de medio litro de aceite de motor, de modo que todo lo que sea superior a una mínima pérdida, no tiene remedio. Y al no llevar gatos, si fallan los hidráulicos encastrado en el chasis, no hay manera de levantar el coche.

Algo tan en principio inocente como el alojamiento y la sujeción de las ruedas de repuesto tiene más exigencia de la que parece. El reglamento prohíbe y castiga dejar residuos en la carrera, por lo que un neumático destrozado o una llanta partida se deben cargar en el coche hasta el fin de la etapa. Por otro lado, como los neumáticos (especialmente en la categoría Ultimate) son enormes, y las llantas no pueden ser de magnesio, pesan de modo preocupante: el conjunto de cada llanta y neumático de un Dacia pesa 46 kilos. Ahora pensemos en lo que hace la tripulación si surge un pinchazo después de bastantes horas encerrado en el habitáculo: hay que liberar el cinturón de cinco apoyos, soltar la conexión de comunicación y salir de un coche incómodo. Antes de que el coche suba con los gatos hidráulicos del chasis, el copiloto afloja las tuercas con la llave eléctrica mientras el piloto suelta una rueda de repuesto y baja esos 46 kilos a pulso. El copiloto saca la rueda pinchada y alza la nueva a mano, para a continuación apretar las tuercas. A la vez, el piloto traslada la rueda pinchada (o rajada, reventada, partida, …) hasta su alojamiento, en el que debe caber independientemente de su estado de deterioro, donde se debe poder fijar de modo que aguante unos cientos de kilómetros de baches más. Algún equipo de fábrica se ha enfrentado al hecho de que sus impecables alojamientos de rueda no servían para llantas dañadas, o que la tapa del alojamiento no cerraba si el neumático había reventado.

Y no quiero cerrar el repaso a los T1+ sin mencionar el inmenso tamaño de sus neumáticos y ponerlo en perspectiva. Con el reglamento actual, la medida habitual es 37 x 12´5 R17, que traducido a la denominación corriente en coches es 317/80 R 17. Hablamos de un diámetro exterior de 940 mm, difícil de entender salvo teniendo el neumático delante. Durante muchos años, una medida habitual en vehículos TT era 235/85 R16, que tiene un diámetro de 806 mm, y da un servicio formidable, como comprobé en mi Land Cruiser LJ70 por el norte de Africa, y en el KDJ95 con el que corrí en el nacional de Raids. Por su tamaño y peso, a mi Land Cruiser HDJ80 le monté algo más grande, unas 255/85 R16, y aun así su medida exterior era solo de 840 mm, ¡10 cm menos que en T1+!

El Defender d7X-R durante sus pruebas previas al Dakar. Es la primera participación oficial de la marca en la carrera.
El interior de los coches de Raids es pequeño, casi claustrofóbico, por el espacio que se comen los bacquets, las pantallas, los extintores, ,…

La categoría de vehículos de serie del Dakar, y ahora del Mundial de Rallye Raids, ha pasado por varias etapas y ha tenido diversos nombres. En el inicio de la especialidad, allá por finales de los ’70, no había separación de “vehículos de serie” y “vehículos preparados”, porque se corría con artefactos tan peculiares como los VW Iltis o los diversos inventos de los hermanos Marreau. Pasado un tiempo, las marcas se integraron en la especialidad, y hubo que distinguir lo que no eran mas que mejoras bienintencionadas de todoterrenos de calle hechas por aficionados, de los trabajos serios realizados por fábricas con el objetivo de ganar. Se crearon entonces una categoría T1, en la que se permitía participar a coches de serie con escasas modificaciones, enfocadas básicamente en la seguridad, y una T2 para preparaciones más profundas o prototipos. Unos años más tarde se intercambiaron las denominaciones, porque parecía que los prototipos estaban por detrás de los coches de serie.

Con una u otra denominación, solo un fabricante, Toyota, ha participado regularmente en la categoría de serie, y siempre con el objetivo de poner a prueba sus Land Cruiser de la gama Station Wagon: empezó con los HDJ80, luego pasó a los HDJ100 y VZJ200, y actualmente toma parte con el 300 GR Sport. En total ha vencido en doce ediciones en esta clase T2. La pega a la que se ha enfrentado la categoría en los últimos años es que los recorridos eran cada vez más de rallye y menos de raids, y para un vehículo de serie con la preparación que permitía el reglamento en vigor hasta ahora, los tiempos de las etapas eran bastante más lentos que los de los prototipos, si es que el coche no quedaba dañado hasta obligar a la retirada.

Ya en las últimas ediciones africanas oí por el campamento la frase “el peor error que puede cometer el piloto de un T2 es intentar seguir a un T1”. Este hecho ha forzado inscripciones cada vez más escuálidas en la categoría, hasta quedar por debajo de la media docena de coches. Para revertir la situación, la FIA modificó el reglamento a finales de 2024, sin que diera tiempo a los participantes para presentar coches acordes a las nuevas reglas en la edición del Dakar de Enero de 2025. Por eso, el estreno de los coches con las nuevas normas tiene lugar ahora, en Enero de 2026.

La diferencia entre el reglamento antiguo y el nuevo se centra en que permite mejoras en las suspensiones y en los frenos, y autoriza aumentar algunas dimensiones externas, como la anchura de los ejes, mientras obliga a mantener el aspecto externo. De este modo las marcas siguen mostrado un vehículo que se parece mucho por fuera al de serie, mientras aumentas sus prestaciones de modo que puedan afrontar con cierta seguridad los rapidísimos tramos actuales.

El peso mínimo del vehículo es el mismo que el de homologación; esto permite compensar los kilos que se ahorran al eliminar asientos, tapizados, insonorización, y otros elementos innecesarios en competición, con el peso que se añade con jaula antivuelco y los refuerzos. Para evitar la aparición de prototipos disfrazados de vehículos de serie, se exige que se hayan fabricado al menos mil unidades en doce meses consecutivos. El motor debe ser el de serie, y se permite cambiar la gestión electrónica para así compensar la potencia que se pierde al montar una brida que restringe el paso de aire de admisión. Recuerdo que mi KDJ125 con una ECU especial tenía exactamente la misma potencia que el de serie aunque con menos par: lo que se ganaba en potencia máxima con la electrónica era lo que se perdía con la brida. También se pueden cambiar el radiador de refrigerante, los inyectores, el filtro de aire y su caja, y el escape. Está prohibido, eso sí, cualquier sistema que permita variar la presión de los neumáticos mientras se rueda, algo que sí se autoriza para los camiones.

El Toyota Land Cruiser 300 GR Sport durante sus pruebas en Marruecos. Algo en esta foto dice que ha fallado la transmisión delantera derecha.
Y ya decorado y listo para particpar en la nueva categoría Stock.

Con este reglamento, Toyota presenta una versión renovada de su 300 GR Sport, que estrenó a finales de 2025 en la Baja Morocco y en el Rallye de Marruecos. No han entrado en detalles sobre los cambios, aunque los pilotos reconocen que el coche es más rápido, más por la mejora de las suspensiones que por tener más potencia, y que afortunadamente también los frenos han mejorado. No olvidemos la importancia de los frenos en esta especialidad: estamos hablando de vehículos que, a plena carga y con el depósito de combustible lleno, están por encima de las dos toneladas y media, que ruedan con facilidad más allá de los 150 km/h, y que deben frenar sobre tierra, arena, piedras o una mezcla de los tres, con neumáticos de tacos. Mis recuerdos como copiloto en un KZJ95 a 150 km/h por pistas estrechas del Mundial en Portugal aun me quitan el color de la cara, porque la pregunta “¿Y si ahora hubiera que frenar de repente?” tenía una respuesta angustiosa.

El recién llegado a la categoría es Land Rover, a través de su marca Defender. Sorprende que, de los dos fabricantes de vehículos TT más destacados y prestigiosos, uno de ellos, Toyota, sea un habitual de la categoría de serie con sus Land Cruiser, y el otro, Land Rover, no hay participado nunca de modo oficial ni con los Defender ni con los Range Rover. Sí, han participado muchos Range en el Dakar, pero lo hacían a título privado, no como equipos de fábrica.

Defender ha tomado como base la versión OCTA, con motor V8 de gasolina, biturbo de 4.400 cc. Una vez montada la brida de admisión y la electrónica de carreras, ofrece 635 CV y 800 Nm como valores máximos, y monta un enorme depósito de 550 litros. El trabajo de desarrollo del vehículo lo ha llevado a cabo Prodrive, que tiene como experiencia en el Dakar haber desarrollado los Prodrive Hunter del inicio de esta década, y posteriormente los Dacia oficiales.

Al ser la primera vez que se corre un Dakar con este nuevo reglamento de Stock, no están claras las posibilidades de los nuevos coches. Sí hay acuerdo en que serán más rápidos que los anteriores, con el reglamento de T2 vigente hasta hace un año. Pero no se debe olvidar que siguen siendo coches de serie modificados, y que las exigencias en una carrera como esta se sitúan notablemente por encima de lo que cualquier fabricante estima como “uso duro” en un vehículo de calle. Sirva como ejemplo el trabajo que se realiza al subir una duna empinada: gas a fondo, motor a régimen máximo, primera marcha incluso con la reductora engranada, velocidad del vehículo baja. Eso supone que los 800 Nm que ofrece como máximo el Defender están empujando una carrocería que pelea contra la arena y se resiste a subir. He sufrido en primera persona las consecuencias: el conjunto formado por el motor, el cambio y la transfer se torsionan en el esfuerzo, generan una deformación de las respectivas carcasas y, cuando piloto y copiloto aprietan los dientes dudando sobre si coronan la duna o se quedan enganchados, la torsión hace que el selector se deforme, salte la primera, aparezca un falso punto muerto y, efectivamente, el vehículo se quede enganchado.

Esa emoción y esas incertidumbres son lo que esperamos de un Dakar.

Aerodinámica en Moto GP (y II)

Terminamos de repasar la aerodinámica en las actuales motos de Gran Premio, y toca hablar de efecto suelo y de lo que vendrá después.

El tercer punto en el que se está trabajando en la aerodinámica de Moto GP, el más avanzado por ahora, es la generación de efecto suelo en las curvas, dotando a la quilla del carenado de las formas necesarias para ello. Y ahora, al final de la temporada de 2025, esas formas se van extendiendo a la horquilla, el colín y el basculante.

El Lotus 78 estrenó el concepto de efecto suelo.

El efecto suelo se comenzó a emplear en los coches de Fórmula 1 para acelerar el aire que pasa entre la panza del coche y el asfalto, y crear con ello una zona de baja presión que genere una deportancia y peque el coche al suelo. En definitiva, el mismo principio de Venturi que hace funcionar los carburadores. Lo estrenó el Lotus 78, por su peligrosidad se prohibió en 1982, y regresó con limitaciones en 2022.

Lo que se pretende en las motos es aprovechar la cercanía al suelo de los laterales de la quilla del carenado en los momentos de máxima inclinación para generar ese mismo efecto, y aumentar con ello la adherencia: más velocidad en la curva y mejor tracción a la salida. Para ello, esos laterales de la quilla deben ser lisos, sin entradas ni salidas de aire, de ahí que las salidas de aire caliente del radiador del motor hayan pasado a estar en la parte superior del carenado y no en los lados, como era habitual. De ese modo se evita que el aire caliente que sale del radiador aumente la presión donde se quiere reducir. Además, hay entradas de aire desde detrás de la horquilla, para generar flujo en la zona, muy visibles en las Honda y Ducati.

Para aumentar el efecto, lo que antes eran el guardabarros delantero y los protectores de los discos de freno, se han convertido en una única pieza que, con la moto inclinada, guía el aire al túnel que aparece entre el lateral de la quilla y el asfalto.

Ahora el efecto suelo se emplea en Moto GP, y empieza carenando la rueda delantera hasta más abajo del eje, para canalizar el aire hacia la quilla.
La quilla tiene las salidas de aire del radiador por arriba, para que sea lisa. Y su forma se prolonga en el basculante.

Aprilia y KTM están probando ahora controlar ese flujo más allá de la quilla, y se encuentran con una zona llena de turbulencias: hay una rueda trasera que no solo gira, es que además está caliente, y da vueltas justo debajo de unos escapes también calientes. El trabajo se ha centrado en dos puntos diferentes, el primero de los cuales es montar, entre el final de la quilla y la rueda trasera, una aleta que recoge aire y lo canaliza para refrigerar el neumático trasero. La forma inferior de la quilla guía el aire hacia esta aleta, que tiene un límite claro en sus dimensiones: los sistemas que comprimen las suspensiones delantera y trasera especialmente en las arrancadas (lo que llaman “front” y “rear device”) hace que moto baje tanto cuando están activados, que una aleta grande se arrastraría por el suelo; por eso es pequeña y de efecto limitado.

El segundo punto es una parte posterior de la moto que se una a las funciones que realiza el carenado. Por ejemplo, con un colín que se integra en el efecto suelo de la quilla, lo que se nota en la forma elaborada de su lateral, que en algunas ocasiones añade una vistosa aleta vertical. De este modo, con la moto inclinada, el final de la quilla y el colín actúan como difusor.

La KTM saca mucho partido a la aerodinámica, solo que el escape molesta: la aleta vertical es más grande en el lado izquierdo (sin escape) que en el derecho.

Otras veces esa aleta vertical se ha añadido al basculante en la Aprilia, y en el caso de KTM está siempre en el basculante, aunque con tamaños diferentes dependiendo del lado: más pequeña en el lado izquierdo que en el derecho, porque por la derecha sale el escape.

Hace años se añadían láminas planas de fibra de carbono a los basculantes como refuerzo para aumentar su rigidez torsional; lo que llevan ahora no tiene como objetivo una mejora estructural, solo prolongar el efecto suelo de la quilla hasta el final de la moto.

Una consecuencia curiosa de la presencia de estos apéndices aerodinámicos es que sus pilotos de MotoGP están empezando a subirse a las motos como los viajeros, y no como los usuarios de motos deportivas. Una moto cargada de equipaje, con maletas, cofre, bolsa sobredepósito y hasta una bolsa sobre el asiento del pasajero, obliga a subirse metiendo la pierna por el hueco entre esa bolsa de equipaje y el depósito, mientras que, para subirse a una moto deportiva, baja y ligera, se pasa la pierna por encima del colín. Solo que si a la moto deportiva, en este caso la máxima expresión de las motos deportivas, se le añaden alas en el colín y aletas en sus laterales, es difícil que la pierna esquive esas aletas y pase por encima de las alas. La solución es meter la pierna entre el colín y el depósito.

Parece que hasta que lleguen las limitaciones del reglamento técnico de 2027, la evolución va a continuar por este camino, el de integrar todos los elementos de la moto en tareas aerodinámicas, desde los guardabarros a los protectores de freno y los escapes. Es el mismo análisis que se hace en aviones y automóviles, porque cada elemento interacciona con los demás.

En las motos se está aprendiendo de la experiencia y de los errores cometidos en esos dos campos, aunque adaptándolo a las peculiaridades de las dos ruedas. Por ejemplo, si los elementos aerodinámicos crean una deportancia para pegar el vehículo al suelo en las rectas y están fijos a la carrocería, a la masa suspendida, están también comprimiendo las suspensiones y lo hacen más según aumenta la velocidad. ¿Hay que montar muelles más duros o aumentar la precarga en los circuitos más rápidos?, ¿y ajustar los hidráulicos?, ¿y si el circuito además de ser rápido está bacheado? De ahí que se hagan diseños iniciales en los programas CFD de los ordenadores (“Computational Fluid Dynamics”, Dinámica Computacional de Fluidos), las pruebas que ofrezcan buenos resultados se fabriquen y se estudien en el túnel de viento, y aquellas que pasen esta segunda prueba se lleven a pista para ser juzgadas por los pilotos. Por ejemplo, Ducati utiliza el túnel de viento que Dallara, el fabricante de coches de carreras, tiene en Varano de Melegari (Italia).

Igualmente se estudia qué efecto aerodinámico ayuda en las rectas y cuál en las curvas, y se busca un equilibrio entre ambos; lo explica Fabio Sterlacchini, director técnico de Aprilia: “Básicamente, una de las características del desarrollo aerodinámico es llegar a todas partes. Si, por ejemplo, tienes una buena velocidad máxima, en términos de prestaciones no mejoras mucho el tiempo por vuelta, pero es más fácil adelantar y manejar la carrera. Pero si aumentas la resistencia aerodinámica, que es lo contrario de lo que hace falta para tener una buena velocidad máxima, mejoras las prestaciones en la frenada. Así que intentamos llegar a todas partes para tener el mejor coeficiente aerodinámico en todas las fases del pilotaje”.

 

El prototipo de Yamaha V4 lo tiene todo: ala invertida triple, efecto suelo, ala inferior y colín mezcla de ideas de Ducati y de KTM.

Tampoco se pueden olvidar las necesidades de refrigeración de muchos elementos de la moto, más allá del motor: equipos electrónicos (cada vez más abundantes), hidráulicos de los amortiguadores o frenos. Y no solo en el sentido de que les llegue aire fresco desde una zona de alta presión; también que ese aire, una vez que los ha refrigerado, encuentre una salida hacia una zona de baja presión que succione el aire caliente.

Al hilo de esto, hay que considerar igualmente la temperatura del piloto: si las quillas con efecto suelo obligan a que la salida de aire caliente del radiador del motor apunte hacia arriba, ese aire va a parar a las piernas y al torso del piloto. Y los que montamos en moto en España y el norte de Africa sabemos lo desagradable que puede llegar a ser.

Con cierta timidez, los avances aerodinámicos de Moto GP se están heredando en Moto 3 y Moto 2. Ya se empiezan a ver ruedas delanteras carenadas y quillas que favorecen, aunque solo sea un poco, el efecto suelo. No creo que lleguen a estas categorías las colecciones de alerones de Moto GP, porque las necesidades son distintas: en Moto 3 y Moto 2 preocupan menos los caballitos y más la velocidad de paso por curva.

Entra dentro de lo posible que, lo mismo que ha sucedido en muchas especialidades del automovilismo deportivo, este avance quede interrumpido porque haya repentinos cambios en el reglamento que lo limiten, ya sean por seguridad o por topes en los presupuestos. Mientras tanto, es de esperar que cada vez veamos más ideas aerodinámicas y, una vez que se compruebe la validez o inutilidad de cada una, la mayoría de los fabricantes confluyan en la misma dirección.

Aerodinámica en Moto GP (I)

La aerodinámica en las motos de Gran Premio ha pasado en los últimos años de ser poco más que un envoltorio a convertirse en el protagonista del mayor avance técnico. Vale la pena repasar el qué y también el porqué. No solo Red Bull les da alas.

Cuando se puso en marcha lo que llamamos Campeonato del Mundo de Velocidad, las motos ya eran bastante más que bicicletas con motor. Se conocía la importancia que tenía la aerodinámica aun con las velocidades relativamente bajas de la época, y por ello los carenados fueron creciendo hasta cubrir la rueda delantera y casi unirse al colín. Estas formas ayudaban a aumentar la velocidad máxima, aunque generaban dos problemas: escasa refrigeración del freno delantero de tambor, y enorme sensibilidad al viento lateral. A la vista de ello, la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) modificó el reglamento para la temporada de 1957, de modo que desaparecieron esas “carrocerías”: antes comenzaban por delante de la rueda delantera, y las nuevas normas no permitían llegar más allá de su eje, y además las dos ruedas debían ser visibles desde ambos lados.

Durante décadas hubo poca evolución, hasta tal punto que los colines (entendiendo por tal el asiento y todo el conjunto trasero) seguían estando abiertos por abajo, lo que supone olvidarse de las turbulencias que existen donde se juntan el calor de los escapes, el giro de la rueda trasera y la baja presión detrás de la moto.

Los mínimos cambios, leves, eso sí, llegaron cuando la FIM permitió que el carenado sobresaliera primero 50 mm respecto al eje de la rueda delantera, y años más tarde 100 mm.

Honda es una de las marcas que ha elegido alas cortas dobles, …
… y Aprilia ha preferido un ala única y grande.

Repentinamente, y hace pocos años, la aerodinámica de las motos de la categoría de Moto GP comenzó a cobrar importancia como solución a un problema generado por la mucha potencia de los motores. Cada vez era más habitual que las motos levantaran la rueda delantera al acelerar saliendo de las curvas. Es una situación vistosa para el público presente en el circuito y para los espectadores de la televisión, aunque el piloto lo ve de otro modo: prácticamente ha perdido el control de la dirección y, por encima de cierto ángulo, el “caballito” pasa a ser la antesala de una fea caída hacia atrás.

Para evitar estas situaciones, se hizo obligatorio el uso de un sistema electrónico que reduce la potencia del motor cuando la moto se levanta, un equivalente a cortar gas. ¡Cortar gas!, lo último que un piloto haría al salir de una curva. Los técnicos de las marcas plantearon una solución: añadir en los laterales del morro del carenado un ala invertida: si en un avión esa ala genera sustentación, es decir, una fuerza vertical hacia arriba que le hace subir y en definitiva volar, en una moto, el ala puesta del revés generaría deportancia, es decir, una fuerza vertical hacia abajo, que haría que la rueda siguiera pegada al suelo en plena aceleración. Unas marcas, como Yamaha o Aprilia, prefirieron montar un ala única y ancha, otras como Ducati, Honda o KTM, han optado por dos alas cortas, una encima de otra, unidas por un plano vertical que guía el flujo. Yamaha ha llegado a probar un conjunto de tres planos anchos.

 

El conjunto moto-piloto sí cambia de forma: no es lo mismo agazapado detrás del carenado en la recta…
… que descolgado fuera de la carrocería en la curva.

Para entender lo que ha sucedido después, hay que recordar dos obviedades que distinguen a las motos de los coches y de los aviones: un avión no cambia su forma externa cuando vuela, tampoco un coche cuando rueda. Sin embargo, el conjunto que forman la moto y el piloto cambia de forma cuando el piloto se mueve, y ese mismo conjunto, en las curvas, modifica además su posición respecto al suelo al inclinarse. Nos parece tan normal montando en moto o viendo cómo lo hacen otros, que no siempre somos conscientes de las consecuencias para la aerodinámica de estas obviedades.

En una recta el piloto se esconde tras el carenado y, visto de perfil, se crea una línea con más o menos curvas, entre éste, el casco, la espalda del piloto y el colín. Cuando el piloto se levanta al llegar a una frenada, no solo aumentan su resistencia al aire y la sección frontal, es que detrás se crea una turbulencia. Hasta que llega a la curva.

En la actualidad, los ángulos de inclinación en Moto GP superan ampliamente los 45º, y además los pilotos se descuelgan hacia el interior de la curva. En otras palabras, que gran parte del cuerpo del piloto ya no está detrás del carenado ni delante del colín. Esto significa que los elementos aerodinámicos (por ejemplo, el ala del morro del carenado) que generaban una fuerza (vertical hacia abajo) ahora están inclinados a más de 45º y generan una fuerza lateral. Pero solo actúa de ese modo la del lado exterior de la curva, porque el piloto está descolgado justo detrás del ala del lado interior, bloquea el flujo de salida del aire y anula su efecto aerodinámico. Es como tapar la parte posterior del radiador de refrigerante del motor: puede llegar aire fresco por delante, pero si no sale por detrás una vez calentado, el efecto de enfriamiento prácticamente desaparece.

Un ala invertida en posición horizontal empuja la moto hacia abajo en la recta, …
… y también hacia fuera en la curva.
Por eso ahora las alas se inclinan hacia abajo.

La foto de la izquierda muestra una moto en vertical equipada con un ala horizontal: se crea una fuerza vertical hacia abajo que consigue el efecto buscado de eliminar o al menos reducir los “caballitos”. La segunda foto muestra la misma moto en una curva, y las fuerzas generadas por el ala invertida: la componente vertical pega la moto al suelo, la horizontal intenta levantarla. En la tercera foto se ve la solución adoptada por los ingenieros de aerodinámica: el ala invertida se ha inclinado hacia abajo, como en las actuales motos de Moto GP, de modo que la parte que queda en lado exterior empuja la moto contra el suelo, la del interior no actúa porque el piloto está detrás, descolgado, y bloquea el flujo de salida.

Aparte del número de planos del ala (uno, dos o hasta tres), no ha habido cambios en las alas invertidas de los morros de los carenados en los últimos años, porque una vez que se han comprobado sus ventajas, la atención se ha ido primero al colín y luego a la quilla.

Ducati inventó las alas «stegosaurus» para el colín, …
… y Yamaha le siguió la corriente; sin embargo KTM (foto del inicio) prefiere otra solución.

Como se comentaba antes, la cara superior del colín, su plano horizontal, puede actuar como prolongación de la espalda del piloto cuando éste se esconde tras el carenado en una recta con la moto vertical. Cuando el piloto se yergue en la frenada, las turbulencias tras su espalda no son controlables, y al descolgarse en la curva el colín queda de nuevo al aire, con la posibilidad de ofrecer ventajas aerodinámicas.

La primera marca que decidió aprovechar esas ventajas fue Ducati con sus aletas “stegosaurus”, bautizadas así porque el colín de la moto recuerda a un estegosaurio (o al menos se lo recuerda a los que entienden de dinosaurios). Su función, en una recta, es “guiar” al aire turbulento que circula tras la espalda del piloto, porque el aire turbulento tiene más resistencia aerodinámica que al aire en flujo laminar, lo que podríamos llamar “aire tranquilo”.

Al conducir el aire con menos turbulencias hasta más allá de la moto, se rellena el vacío en la zona de baja presión que crea lo que generalmente llamamos rebufo, se reduce la resistencia del aire y se crea menos succión para los pilotos que vienen detrás. Otra consecuencia es que aumenta la estabilidad direccional de la moto, lo que la hace más rígida en el sentido de que le cuesta más trabajo, más esfuerzo físico girar, que es una queja habitual en los actuales pilotos de Moto GP.

El comportamiento de estas aletas en las curvas hay que analizarlo del mismo modo que el de las alas invertidas del morro: con la moto inclinada, las aletas del lado interior se acercan a la posición horizontal y por ser alas invertidas generan deportancia. Las del lado exterior se colocan en posición vertical y, al estabilizar el flujo de aire, mejoran la penetración aerodinámica.

Otra posibilidad que han explorado algunos fabricantes, por ejemplo Yamaha y KTM, es colocar una pequeña ala invertida en posición horizontal en el extremo posterior del colín. El objetivo es, además de guiar el aire, como las aletas “stegosaurus” de Ducati, crear deportancia para pegar la rueda trasera al suelo y mejorar la tracción. Se utilizan alas muy pequeñas por los efectos secundarios negativos que tendría un ala grande: en las rectas, al empujar hacia abajo desde tan atrás, ¡estaría provocando un “caballito”!, y en las curvas generaría una fuerza horizontal hacia el exterior, lo mismo que las primeras alas delanteras horizontales.

Para evitar estos efectos se han probado alas planas con soportes estabilizadores en los extremos, alas inclinadas, alas horizontales con soportes inclinados, alas dobles, o el conjunto de ala cuádruple arqueada de KTM, que se ve de cerca en la foto de apertura.

No olvidemos que estos avances aerodinámicos están arrancando, y aun se trabaja en localizar la conexión entre la teoría, la simulación por ordenador, las sensaciones del piloto y el veredicto del cronómetro. En otras palabras, aun se emplea el principio de prueba y error, el “si funciona lo utilizamos y si no, probamos otra cosa”. Hay que considerar que muchos de los expertos en aerodinámica que actualmente trabajan en los equipos de Moto GP vienen de la Fórmula 1: KTM se los ha traído de Red Bull , y Massimo Rivola se los ha llevado a Aprilia desde Ferrari, y están comprobando las muchas diferencias que hay entre motos y coches. (Continuará).

Aparcamientos casi vacíos

Si se participa en maratones y ultramaratones de bici de montaña teniendo más de treinta años y no se vive en un gimnasio, en ocasiones se llega a la meta cuando el aparcamiento de participantes ya está casi vacío.

El abanico de participantes en rutas largas para bicis de montaña es más que amplio, y no hay más que mirar alrededor cuando se forma la parrilla de salida para confirmarlo. En las primeras filas se colocan jovencitos dispuestos a dar la vida en la carrera, los que parecen vivir en un gimnasio del que solo salen para competir.

Y en la parte posterior de la parrilla se dejan caer fundamentalmente grupos de amigos con, vamos a decirlo así, otro tipo de forma física, que además se detendrán en el recorrido a hacerse fotos, y convertirán los avituallamientos en tertulias.

Por lo general, los primeros están duchándose en su casa cuando yo llego a la meta, y me encuentro un aparcamiento en el que solo quedan los coches de los segundos.

Con cierta lógica, la proporción entre unos y otros depende de la dureza de la prueba: a mayor dureza, más ciclistas mejor entrenados, lo que para mí supone más posibilidades de terminar entre los últimos.

Arranqué la temporada de 2024 participando, con frío y tras mucha lluvia, en la Clásica de Valdemorillo. A lo largo de sus 33 ediciones, esta prueba se ha ido moviendo entre ruta popular para público en general y carrera exigente solo para tipos duros. En 2024 se acercaba más a la segunda opción, y ofrecían un recorrido largo que se me hacía excesivo, y uno corto en el que me inscribí. Lo que aumentó la dificultad fueron el granito mojado, el barro esporádico y los muchos vadeos de agua fría, como el que me mantuvo los pies helados desde poco después de la salida hasta que me di una ducha caliente ya en casa.

Un mes más tarde me esperaba la Marcha del Cocido. Tras unos años con salida y estupenda organización en Quijorna, para 2024 se trasladaba a Brunete, con un recorrido fundamentalmente nuevo de 52 kilómetros y 770 metros de desnivel acumulado, y un índice de dificultad moderado de 36 puntos en la escala IBP. En principio no iba a ser más que un paseo largo, solo que el viento y el barro se aliaron, y me hicieron falta algo más de tres horas y media para llegar a la meta, a menos de 15 km/h de media.

Mi revancha llegó unos días más tarde, en Los Molinos. Había participado en la edición de 2023, y como para 2024 se repetía el recorrido al milímetro, decidí analizar el resultado anterior con el objetivo de mejorarlo. Los 37,1 km del trazado se formaban con la exigente subida desde el pueblo de Los Molinos hasta el Alto del León, para luego abordar una bajada rápida, y unos kilómetros finales de sube-baja, hasta totalizar 957 metros de desnivel acumulado, con un IBP de 66 puntos.

El año anterior me habían hecho falta 2 horas y 51 minutos para llegar a la meta, y al repasar ese tiempo y lo que hice en él, localicé tres posibilidades de mejora. En primer lugar, la crema de protección solar que me había dado antes de la salida de 2023 me había caído sobre los ojos, y me produjo una irritación que me obligó a parar en tres ocasiones. La grabación del Garmin y mi memoria decían que el largo y rápido descenso desde el Alto del León hasta el pantano de La Jarosa se podía hacer más deprisa arriesgando algo más. Y por último, organizar mejor los avituallamientos permitiría hacer solo dos en lugar de tres. Con todo ello, concluí que el objetivo para 2024 era presentarse en meta 2h y 45’ después de salir.

Mentalizado de este modo y dosificando la energía en la subida larga, le puse interés y algo de atrevimiento en la bajada para presentarme en el segundo y último avituallamiento antes de lo previsto. Esta motivación añadida me permitió ir deprisa en los kilómetros finales y llegar a la meta en 2h 39’.

Eso sí, mientras yo, tan cansado como satisfecho, hacía estiramientos en la zona en la que aparcamos los participantes, estaban llegando los veinteañeros que ya se habían hecho la ruta larga.

La cuarta del año se me atragantó. Sabía que la ruta de Aldea del Fresno, con 57,4 km, 1.055 metros de desnivel y un IBP de 57 iba a ser difícil. Lo que no esperaba era que el precioso recorrido a través de paisajes fantásticos estuviera tan dañado por las lluvias torrenciales de los últimos meses de 2023. Encontré multitud de senderos y hasta caminos que para mi nivel no eran ciclables, de modo que recogí mi medalla de “finisher” a las 4h y 10’ de salir, y cargué la bici en un aparcamiento casi vacío.

Durante el verano me empezó a tentar la posibilidad de entrenarme para participar en alguna prueba especialmente larga y renombrada. Me topé con la dificultad de que estas carreras más duras se organizan pensando en participantes con más nivel y menos edad que yo, de modo que se me hacen incómodas, por decirlo delicadamente. Sin embargo, en mi búsqueda me topé con una tradicional, la Talajara, que parte de Talavera de la Reina y recorre la comarca de La Jara, en la provincia de Toledo, de ahí su nombre. Los 59 puntos de dificultad del recorrido en la escala IBP no vienen, claro, de los solo 846 metros de desnivel acumulado; se deben a los 87 km. de pistas que hay que recorrer. Es un tipo de trazado lejos de mis costumbres porque la Sierra del Guadarrama, en cuyas cercanías vivo, es más de senderos y desniveles para hacer recorridos cortos, que de pistas tirando a planas que invitan a kilometrajes largos.

Planeé por tanto un entrenamiento diferente, centrado en recorridos sencillos y largos, que empezaría a finales de Agosto y debería ir endureciéndose hasta la fecha de la Talajara, prevista para el 5 de Octubre. Solo que el calor tórrido de los últimos días del verano y los viajes de trabajo de Septiembre dificultaron la puesta en práctica de la totalidad del plan.

Había intercalado en el entrenamiento la participación en la ruta larga de La Mequera, tras haber participado en la corta dos años antes. El recorrido previsto era más de senderos y desniveles que el de la Talajara, pero su IBP de 53 puntos serviría de preparación. Lo malo es que me topé con los mismos caminos destrozados por la DANA que en Aldea del Fresno, y a mitad de los 55 km. me encontraba cansado. Por fortuna, me recuperé en los tramos de pista sencilla que venían a continuación, y aunque se me atragantaron los repechos finales de los kilómetros 46 y 49, llegué a la meta con la sensación de haber hecho un buen entrenamiento. No puedo ignorar que llegué a esa conclusión optimista en un aparcamiento casi vacío, porque el nivel medio de los participantes era claramente superior al mío.

Con la sensación de que no había completado el entrenamiento como me gustaría, me presenté en la salida de la Talajara. A falta de preparación física, había estudiado el recorrido para tener claro cómo afrontarlo: mucha calma para no calentarse en los primeros 17 km., totalmente planos; dosificar el esfuerzo en las subidas de los km. 17, 32 y 55; arriesgar lo justo y necesario en las bajadas de los km. 22, 47 y 60 y, si llegaba entero, rodar sin piedad desde el km. 68 hasta la meta. Ese planteamiento me sugería un tiempo de 5 h 30’, a una media de 15,8 km/h.

Lo mejor de todo es que conseguí ajustar esa teoría a la práctica: rodé ligero y sin estridencias las primeras horas, incluyendo la larga subida del kilómetro 32 al 40, y aproveché las llanuras posteriores sin desfondarme en los siguientes repechos. De este modo me planté en el km. 68 con sensación de que me quedaban fuerzas y ganas.

Las piernas decían que podían tirar en los 19 km. que faltaban, y el Garmin marcaba que hasta ese momento la velocidad media era de 15,1 km/h, así que me puse como límite 150 pulsaciones hasta el km. 80 y 155 hasta la meta, y ajusté el ritmo.

Poco a poco la velocidad media iba subiendo y veía que era posible alcanzar la meta en el tiempo objetivo. Y como 19 km. bien hechos dan para mucho, finalmente crucé bajo el arco de llegada en 5 h 18’ a 16,1 km/h de media.

Comí algo, hice estiramientos, recogí la medalla de “finisher” y mi Cannondale Scalpel y yo fuimos al aparcamiento de participantes. Quedaban muchos coches, algo que cuantifiqué esa tarde al consultar la clasificación oficial: unos doscientos corredores llegaron a la meta después de mí.

Con los objetivos de 2024 conseguidos, empieza la búsqueda de los desafíos de 2025.

“Vamos a hacer un buen show”

En los ’80, yo asistía como aficionado a las carreras de lo que entonces se llamaba Mundial de Velocidad. A principios de los ’90, seguía asistiendo, entonces como reportero Tribulete o como miembro de un equipo. Después de tres décadas viendo las carreras solo por televisión, he vuelto a un circuito a ver lo que ahora se llama MotoGP. ¿Qué cambios he encontrado?

Los cambios se pueden resumir en una frase: lo de antes eran carreras de motos a las que asistían aficionados, que en muchas ocasiones iban al circuito en moto; lo de ahora es un espectáculo que se centra en motos que corren mucho, al que acude público en general. Lo pintó con precisión uno de los pilotos participantes durante una entrevista el sábado por la tarde, cuando le preguntaron qué esperaba del domingo: “Vamos a hacer un buen show”.

Está claro gran parte del cambio no surge de las carreras de motos, es un cambio de costumbres y modos de vida. El punto clave es que, en nuestra sociedad, lo importante es vivir experiencias y, sobre todo, contarlas; es decir, que el organizador debe ofrecer mucho más que una carrera de motos (o tres, como es el caso), y a la vez permitir que los asistentes cuenten su experiencia a través de la otra novedad importante: las redes sociales. La consecuencia es que el espectáculo que se ofrece ha de ser participativo, de modo que el espectador no solo lo mire, sino que lo viva, como consecuencia lo grabe y entonces lo comparta. Todo esto condiciona y define lo que ya es la puesta en escena de un espectáculo, algo que va más allá de las carreras de motos.

 

La actividad comienza ahora el jueves por la tarde, cuando se abre temporalmente la línea de boxes al público para que se haga el pit lane walk: los asistentes lo recorren móvil en mano, fotografían las motos que los equipos han aparcado a la puerta de cada box y las suben a las redes sociales. Muchos de ellos consideran que lo importante es que ellos estén allí y no el Gran Premio en sí, de modo que las fotos que se hacen son selfies en los que aparecen en primer plano ellos y luego las motos.

Algunos pilotos salen a saludar al público y, en medio del revuelo, se hacen unos cientos de selfies más, porque lo importante no es ver al piloto o hablar con él, sino mostrar en las redes sociales que uno está allí, en el espectáculo.

Para entretener al público desde el jueves hasta el domingo, hay una zona cercana a las tribunas llamada Fan Festival, que está formada por Gastro Land, Pit Stop, Fun Land y Rock Land. En otros términos y respectivamente, unos chiringuitos para comer, una zona en las que sentarse, algunas atracciones de feria y un escenario en el que a lo largo de los días se turnan pilotos, músicos, DJs y otros artistas, junto a un photo call.

En los tiempos que quedan entre sesiones de entrenamientos o entre carreras, para mantener al público entretenido, las pantallas gigantes del circuito lanzan iniciativas como enfocar con las cámaras al alguien del público para que se ponga a bailar (lo llaman dance cam) o muestran los selfies que el público se ha hecho en el circuito y ha subido a una aplicación a través de un código QR (lo llaman Fan View).

 

Y el domingo, tras acabar la última carrera, la de MotoGP, se permite una invasión organizada de la pista, de modo que el público que aprovecha esta oportunidad llega a colocarse al pie del podio. Esto genera otro éxito para el organizador en forma de eso a lo que se aspira llamado trending topic, o aparecer muchos en redes sociales, en forma de nueva avalancha de selfies, en los que lo importante no es el podio en sí, lo fundamental es mostrar que se está junto al podio.

Con todo, lo que más me llamó la atención en esta invasión controlada es que muchos espectadores se la tomaron como una peregrinación a un lugar con un significado especial, nada menos que la recta de meta de un circuito de MotoGP, y con ello la parrilla de salida. Hacía mucho que había concluido la ceremonia del podio, y aun había cola para hacerse selfies en la pole position, ese lugar privilegiado de la parrilla en el que se coloca quien ha conseguido el mejor tiempo en los entrenamientos.

Me llamó igualmente la atención que, con ese complejo de inferioridad de los españoles, que nos hace valorar lo que viene de fuera por el mero hecho de que venga de fuera, las novedades se bautizaban en inglés. A estas alturas del texto, la entrada acumula doce anglicismos diferentes, incluyendo el del título. Y dado que noté más espectáculo que carreras de motos, cuantifico ahora que tras unas 800 palabras aun no se ha hablado de motos. Vamos a ello.

El cambio básico es la enorme complejidad técnica de las motos actuales. Cuando salí del Mundial entraba la electrónica, y ahora lo ha desbordado hasta tal punto que un error en la coordinación de algunos de los diversos sistemas electrónicos (por ejemplo, el sistema antirrebote del embrague y el selector del cambio) puede arruinar una carrera. También mi oído notó el cambio, porque me fui en pleno esplendor del motor de dos tiempos ahora extinguido. Las Moto3 de ahora me recordaban a aquella iniciativa británica llamada Sound of Singles, una estupenda idea para entretener a pilotos y mecánicos con escaso presupuesto. Las Moto2 me sonaban a una moto de calle con escape bueno y muy afinada, y siento decir que las MotoGP no me sonaban como esperaba, y menos comparadas con las 500 c.c. de dos tiempos. Quizá el motivo es que son tan, pero tan potentes, que ese sonido que se genera a plena carga y máximo régimen solo aparece en una pequeña parte del circuito, mientras que aquellos aullidos de las 500 se oían con más frecuencia. Me viene a la memoria auditiva la Honda NSR500 de Wayne Gardner subiendo gas a fondo desde la profundidad del bosque rico en oxígeno de Brno, haciendo eco entre los árboles y en la boca de mi estómago.

Por fortuna, además del espectáculo que deseaba hacer el piloto de la entrevista del sábado, vi carreras de motos, de las entretenidas. Y, como remate, la de MotoGP la ganó Marc Márquez.