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Autor: Luis Carlos Alcoba

El Luce no es un Ferrari, aunque necesita serlo

Ferrari presentó a finales de Mayo pasado el modelo Luce, su primer vehículo eléctrico, que es también su primer coche de cinco plazas. El diseño del Luce ha generado numerosos comentarios, la mayoría negativos, algunos hasta crueles. Sin embargo, su importancia no reside en cómo es, si no en por qué es así.

Ferrari es mucho más que una marca de coches, bastante más que un fabricante de bienes de consumo. Su importancia como marca es tal que cualquier objeto con su logotipo multiplica su valor. Y desde la época de su fundador, Enzo Ferrari, han sabido gestionar ese valor añadido a base de un manejo efectivo y discreto del valor de la marca. Por ejemplo, mantener de modo permanente una lista de espera, fabricando por debajo de la demanda, para generar la sensación de deseo, de inalcanzable. O lanzar series limitadas y hacerlas disponibles solo para determinados clientes, los más fieles.

Por el lado de las características del producto, un Ferrari siempre ha sido un vehículo de aire deportivo, en el que el motor, por arquitectura y sonido, ha tenido una importancia elevada. Y su carrocería ha vestido de modo discreto y efectivo esa leyenda de motores potentes y con carácter. Enzo Ferrari le daba tanta prioridad a los motores sobre la carrocería que desde la fundación de la marca todo lo relativo a los motores era un trabajo interno (diseño, pruebas, fundición, montaje, …) y el diseño se subcontrató, hasta que a principios del siglo XXI se fundó el Centro Stile Ferrari. Hasta ese momento, los trabajos de diseño se realizaban fuera, eso sí, por los mejores: algún proyecto cayó en manos de Bertone, la mayoría eran de Pininfarina.

Esta definición tan precisa del producto ha conducido a una definición igualmente cerrada del comprador por edad, nivel económico, sexo, y gustos. Y es justo esta definición concreta la que supone una pega de cara al paso que quería dar Ferrari al lanzar su primer vehículo eléctrico, porque la mayoría de sus clientes tradicionales no quieren un eléctrico, o al menos un Ferrari eléctrico. Y si Ferrari quería, aunque con retraso, unirse a la tendencia de la electrificación, debía olvidarse de sus clientes tradicionales. Esto obligó a que la definición del modelo le condujera a otro tipo de cliente, a alguien de nivel económico elevado que sí quería un eléctrico y que a la vez nunca se compraría un Ferrari con motor térmico. O, en otras palabras, localizó un nicho de mercado dispuesto a pagar el precio de un Ferrari por un vehículo que no lo era pero lo debía parecer.

Hablamos de que el pliego de condiciones de lo que sería el Ferrari Luce consistía en diseñar y fabricar un vehículo eléctrico de prestaciones elevadas, que debería ser adquirido por personas más jóvenes que su cliente tradicional. Este grupo demográfico utiliza sus coches en familia o para desplazamientos con amigos, lo que obligaba a que el vehículo dispusiera de cuatro puertas, cinco plazas y un maletero más generoso de lo que hasta el momento era habitual en la marca. De hecho, en Maranello se prevé que el 80% de los clientes del Luce nunca hayan tenido un Ferrari, lo que es una manera rotunda de cuantificar el razonamiento anterior.

La primera generación del Porsche Cayenne fue un buen ejemplo de fabricantes de automóviles lanzando un producto ajeno a su tradición: triunfó.
Y el Lotus Eletre es un mal ejemplo de lo mismo: es un coche excelente, no es un Lotus.

Por supuesto que no es la primera vez que un fabricante de automóviles lanza un modelo que no sigue la tradición de la marca, y hay un par de ejemplos al respecto que vale la pena estudiar. El primero es la generación inicial del Porsche Cayenne, la que estuvo a la venta entre 2002 y 2010. En aquel momento, las finanzas de Porsche se basaban en los modelos deportivos, fundamentalmente el 911, y flaqueaban porque el mundo del automóvil se desviaba hacia los SUV. Porsche se atrevió a fabricar uno y triunfó: el Cayenne de primera generación no era precisamente el coche más atractivo del momento, pero parecía un Porsche y seguía la moda. Además, un 911 casi nunca es el único coche de una persona o familia, lo que obliga a comprar y mantener otro, mientras que un Cayenne sí puede ser ese único coche, lo que permitió a muchas personas que soñaban con un 911 comprarse su primer Porsche, aunque fuera un Cayenne.

El segundo ejemplo, este malo, es el Lotus Eletre. El problema para Lotus era similar, por lo difícil de vivir solo de vender deportivos caros. En su caso optaron por lanzar una berlina eléctrica y, aunque el Eletre es un coche excelente, su principal problema es que no parece un Lotus. De ahí sus escasas ventas.

Planteada entonces la definición del producto en Ferrari, se dio un paso algo atrevido, que consistió en confiar su diseño no ya a un diseñador de automóviles externo, si no a dos prestigiosos diseñadores ajenos al sector. LoveFrom es una consultora de diseño fundada y dirigida por Sir Jony Ive y por Marc Newson, de cuya categoría profesional no se puede dudar. Ive fue el Chief Design Officer de Apple, y como tal autor de algunos de los mejores diseños de Apple, entre ellos el iPod y el iPhone, y Newson es el autor del diseño de todo tipo de objetos de uso diario. Entre los dos, y este es un punto importante, solo se ha diseñado un automóvil: Newson se encargó del Ford 021C de 1999, un prototipo pensado para no ser fabricado en serie. El que ambos sean aficionados a los coches, y hasta tengan algunos clásicos en sus garajes, no les acredita como diseñadores de automóviles. Al contrario, sus habilidades demostradas se centran en el diseño de objetos pequeños, que generalmente se utilizan con las manos y caben en ellas, en los que la clave de un buen diseño está en los radios de curvatura y de encuentro para tener una buena sensación táctil, y en las combinaciones de materiales y colores para ser agradables a la vista a corta distancia. Aunque estos puntos también tienen su peso en un coche, no son los principales; en el diseño de un automóvil los puntos clave son las proporciones entre voladizos, batalla y altura, y las formas de las superficies exteriores.

No hay como poner una mansión italiana de fondo para que un coche parezca más bonito. Solo que esta vez el coche es un Ferrari Luce.
Se toman las características de diseño de un Ferrari, se colocan sobre las proporcionas inadecuadas, y el resultado no es visualmente agradable.

El resultado del trabajo de Sir Jony Ive y de Marc Newson, bajo la supervisión de Flavio Manzoni como director del Centro Stile Ferrari, es el Luce. Dado el planteamiento del fabricante de Maranello no hay que juzgarlo como a un Ferrari “normal”, si no como a un modelo eléctrico de la marca que, sin dejar de ser un Ferrari, es diferente y se dirige a otro tipo de cliente. Visto de perfil se detecta el intento de que parezca un Ferrari al reproducir tres elementos habituales en la marca, el primero de los cuales es la línea de cintura, que recuerda fundamentalmente al F-40: se alza desde los faros delanteros hasta alcanzar su punto más alto en la vertical del eje de rueda, baja al llegar al montante A, y sube hasta el eje de la rueda trasera. El segundo es el escudo del ”cavallino” entre la rueda delantera y el corte de la puerta y el tercero las llantas de cinco radios. En la parte posterior sucede algo similar, porque se montan dobles pilotos circulares. ¿Convierten estos cuatro elementos al Luce en un Ferrari? No, porque lo que más destaca en el perfil es la incorrección de las proporciones. El coche parece corto entre ejes por dos motivos: los dos voladizos son largos, y las llantas tienen un diámetro desmesurado, nada menos que 23” delante y 24” detrás. Eso elimina la sensación de esbeltez, imprescindible en un diseño elegante. Y eso que sus dimensiones permiten esa elegancia, con 5.026 mm de longitud y solo 1.544 de altura. Llama la atención si lo comparamos con su hermano el Ferrari Purosangue que, al ser un SUV lo tiene más difícil para ser esbelto: aun así, siendo mas corto (4.973 mm de longitud) y más alto (1.589 mm) sí es elegante. Respecto al escudo, las llantas y los dobles pilotos traseros, cualquier “tunero” que se los ha puesto a su SEAT León o Hyundai Coupé sabe que el hábito no hace al monje.

La salida lateral de aire caliente ubicada en las puertas delanteras rompe las líneas del perfil, y está por ver si es un adorno o es efectiva, lo que obligaría a canalizar el aire desde los pasos de rueda al interior de las puertas delanteras, y de ahí al exterior.

Para terminar con el perfil, se ha recurrido a un truco visual impropio de una marca de lujo, que es pintar de negro algunas zonas para reducir la sensación de volumen. Como las baterías que alimentan a los motores eléctricos se ubican bajo el piso del coche, esa zona tiene espesor vista de lado; por ello se pintan de negro no solo los estribos, también la parte baja de las puertas, y además se pasa de convexa a cóncava su curvatura inferior de cara a acortar visualmente su altura.

El uso de puertas delanteras convencionales y traseras suicidas es propio de marcas de lujo. Solo que aquí falta el alzado de botella de Cola Cola imprescindible en un Ferrari.
La vista posterior es la más discutible: pilotos que se ocultan al apagarse, y la sensación de que un coche más grande ha engullido al Luce.

La sensación que transmite la parte posterior es la de que un Ferrari pequeño ha sido engullido por un coche más grande. Así de sorprendente. Además, los pilotos traseros son negros con el coche apagado, por lo que se funden con el plástico negro de la parte posterior. ¿Como esos relojes llamados inteligentes, que no son más que una pantalla negra en la muñeca que se enciende cuando llega un mensaje o el usuario lleva demasiado tiempo sentado?

En el frontal se aplica una idea aerodinámica que se ha visto en vehículos muy distintos, los del Dakar: consiste en bajar el morro y colocar encima un elemento aerodinámico que canaliza el aire. En este caso se hace con elegancia, y pretende extraer el aire caliente de los tres radiadores que se ocultan bajo el frontal. Sin embargo, da lugar a dos pegas, una simplemente práctica y otra bastante más grave. La práctica es que impide la existencia de un maletero delantero, algo que se está convirtiendo en habitual en coches eléctricos: utilizar el morro, en el que ya no hay un voluminoso motor térmico y sus accesorios, para crear un maletero. La segunda pega se basa en que para asegurar que el aire caliente fluya de modo adecuado hacia el exterior, si se ubicaran los limpiaparabrisas en su posición normal, horizontales y en la base del parabrisas, estarían en medio del flujo, molestándolo. Para evitarlo, se han colocado en vertical y adosados a los montantes A, como en el SEAT Altea de 2004. Solo que en este caso quedaban ocultos bajo una moldura, y ni se veían tanto, ni afectaban a la aerodinámica como en el Luce, en el que parecen un añadido de última hora.

También los colores de carrocería de las unidades mostradas en la presentación, que son los mismos que los de las fotos de prensa, llaman la atención. El color más utilizado es un azul claro impropio de Ferrari. De vez en cuando aparece un amarillo que recuerda al “Giallo Corsa” de los Ferrari de carreras, y solo se muestra una unidad en el color rojo tradicional de la marca.

Amplio, sencillo que no simple, y espacioso. Solo falta comprobar la comodidad de la banqueta, a causa de su inclinación.
La especialidad de Ive y Newson se nota aquí: limpio, claro y elegante. Se nota la habilidad al integrar un volante «retro» en un diseño actual.

El interior del Luce parece de otro coche, distinto del exterior, y eso se debe en gran parte a que aquí nos acercamos a la especialidad de sus diseñadores, Ive y Newson. Las formas, los materiales y especialmente los perfiles recuerdan a los productos de Apple. Es estupendo que haya botones mecánicos, el volante de tres radios es un excelente homenaje a los Ferrari clásicos, y las pantallas reproducen las formas de los relojes tradicionales. En la parte inferior de la pantalla central hay interruptores mecánicos, que se manejan con comodidad porque se puede apoyar la mano en la barra que hay justo debajo. Y la gran novedad respecto a la mayoría de los coches actuales es que no hay hectáreas de acabados en “piano black”, esos que solo están limpios en los pocos segundos inmediatamente posteriores a su limpieza.

En los asientos destaca el cosido del cuero, con las franjas horizontales que recuerdan a las del 365 GTB/4 Daytona. El inconveniente está en la extraña inclinación de la banqueta de los asientos traseros, con la parte posterior más baja que la anterior, y el motivo es complicado, una mezcla entre aerodinámica y ubicación de elementos. Se ha bajado esa parte posterior para que la altura al techo sea correcta para los pasajeros, a la vez que se permite que la línea del techo baje al llegar a la luneta trasera, de modo que el Luce no sea demasiado alto y su forma aerodinámica no resulte perjudicada. Pero si se hubiera mantenido la banqueta plana, teniendo en cuenta que las baterías están debajo y por ello el suelo está alto, solo la parte posterior del muslo se apoyaría en la banqueta, haciendo el asiento incómodo. Por eso se ha levantado su parte delantera, aunque eso obligue a que las rodillas queden altas.

En todo caso, un interior amplio, luminoso y acogedor, con un maletero de 600 litros, elementos muy apreciados tanto en el mercado chino como entre los clientes occidentales objetivos del Luce.

Desde el punto de vista técnico, se esperaba más de Ferrrari. De acuerdo que la batería es estructural y que la arquitectura del sistema eléctrico es de 800 voltios, pero eso ya lo tienen otras marcas, y además son chinas. El peso total es de 2.260 kilos, y el consumo de 23 kWh/100 km, exactamente el mismo del Tesla Model S de 2012.

Como conclusión diré que a pesar de lo anterior será un éxito comercial, porque, aunque no guste a los clientes tradicionales, sí está bien dirigido a los nuevos clientes objetivo.

Y si no fuera un Ferrari, ¿opinaríamos lo mismo?

Y termino con una hipótesis atrevida: los fabricantes chinos se iniciaron en la industria del automóvil elaborando modelos occidentales antiguos bajo licencia, siempre con motores de combustión. A continuación, actualizaron y embellecieron sus diseños, y saltaron a los híbridos y a los híbridos enchufables, y con estos coches están triunfando en Occidente. Inician ahora la segunda fase de su ofensiva, al presentar en Europa sus marcas premium, las que se dirigen al epicentro del orgullo industrial del continente: BMW, Mercedes, Audi y Porsche. Pues imaginemos que uno de esos inmensos conglomerados chinos, sea Chery, Geely, SAIC o cualquier otro, decide dar un paso más, consistente en lanzar una marca de lujo que se enfrente a lo mejor de la Vieja Europa. Y ahora imaginemos que eliminamos los logotipos y nombres de Ferrari del Luce cuyas fotos rodean estas letras, y le ponemos un nombre chino difícilmente pronunciable: estaríamos pensando, admirados, que para ser el primer producto de una nueva marca china de lujo, es excelente, a falta de ciertos detalles. Eso sí, ningún occidental pagaría varios cientos de miles de euros por él.

 

¿Hay en España afición a los coches y a las motos?

¿De verdad hay en España afición a los coches y a las motos?, ¿es solo una moda y por tanto temporal, o habrá un más allá después de Marc Márquez y Fernando Alonso?

Si nos fiamos de la asistencia de público a los actos (lo que ahora se llaman “eventos”) relacionados con motos y coches, parece que la respuesta a la pregunta es un sí bastante intenso. Centrándonos en las competiciones de alto nivel, tenemos en territorio español cuatro pruebas del Mundial de Motos (Jerez, Barcelona, Aragón y Valencia) con notable presencia de aficionados, más desde este año dos pruebas de Fórmula 1: Barcelona y Madrid, con la venta de entradas para esta última en un nivel prometedor a pesar de los precios. Hay que añadir dos carreras del Mundial de Superbikes (de nuevo Aragón y Jerez), una del Mundial de Rallies en las Islas Canarias, más la clásica Baja Aragón, ahora puntuable para la Copa del Mundo de Bajas, tanto de motos como de coches.

Pasando a lo no competitivo, la lista de exposiciones de nuevos modelos de coches y motos, de exposiciones relativas a los vehículos clásicos, y de reuniones sobre cualquier expresión de la automoción es inabarcable. Recientemente he asistido a tres de estos “eventos”, y la conclusión, al menos en un análisis superficial, insiste en que la afición en España es sana y abundante.

Madrid X Moto, el Salón de la Moto de Madrid, con un público casi tan abundante como el de Autopía (foto de apertura), y bastante más entendido.
Autojumble, el paraíso para quienes adoran las motos y los cohes clásicos. Y los carburadores.

Madrid X Moto se celebró en la Ciudad del Conductor de Parla el pasado mes de Abril, con la presencia de muchas de las marcas tradicionales además de bastantes de las recién llegadas. El aparcamiento para motos de la entrada estaba concurrido, y la ropa de gran parte de los asistentes dejaba claro que habían llegado allí sobre dos ruedas. Unos días más tarde asistí, en el mismo lugar, a Autojumble, una feria relacionada con motos y coches clásicos. En realidad, Autojumble nació como alternativa a Classic Madrid, el salón internacional del vehículo clásico, que se celebra cada año en el Palacio de Cristal de la Casa de Campo, entre finales de Enero y principios de Febrero. Las obras del Palacio obligaron en principio a retrasar la edición de 2026 de Classic Madrid al mes de Mayo, para luego, por el retraso de esas obras, a cancelar la edición. Por ello, los organizadores improvisaron, para no perder el ritmo, una opción más sencilla en la Ciudad del Conductor bajo el nombre de Autojumble. Con menos metros de exhibición que en la Casa de Campo, se mantuvo la sensación de que en estos salones los aficionados a los vehículos clásicos se encuentran con los profesionales para conseguir o el vehículo completo o las piezas necesarias para el que ya están restaurando. Hasta aquí, todo bien en lo que se refiere a la existencia de afición.

En las primeras ediciones de Autopía casi había más coches y motos interesantes que público.
En la edición de 2026 había que mirar con calma para encontrar un Facel Vega.

Finalmente, y en el mismo fin de semana de Autojumble (¡esas coincidencias!), asistí a Autopía, que celebraba su quinta edición con la novedad de celebrarse en dos días, en lugar de solo en uno. Autopía nació en 2022 como una reunión para verdaderos aficionados a la automoción, en el precioso paraje del bosque de la ciudad financiera del Banco Santander, en Boadilla del Monte (Madrid). Esa primera edición encantó, con pocos y escogidos vehículos expuestos unos entre los árboles y los mejores en la zona del lago. Aunque hubo puntos de mejora en la organización, el éxito fue rotundo. Las siguientes ediciones iniciaron una evolución hacia la reducción de calidad y aumento de cantidad de vehículos expuestos, la masificación de la asistencia y la presencia creciente de eso que denominamos público en general, en sustitución de “verdaderos aficionados”. La edición de 2025 marcó un punto importante al ser la primera en la que se vendieron todas las entradas disponibles, lo que se reflejó en incomodidad para los asistentes, que ya se empezaban a mover con dificultad entre demasiadas personas y vehículos cada vez menos interesantes. Mi conclusión personal fue que no soporto aglomeraciones ni pago una entrada para ver coches y motos como los que tenemos mis amigos y yo.

Para la edición ya de dos días de 2026, Autopía vendió todas las diez mil entradas previstas para el sábado, y nueve mil más para el domingo. Se mantuvo la decreciente calidad de lo expuesto, y me llevé la sensación, ya naciente en 2025, de que Autopía se ha convertido en una reunión de fin de semana, al aire libre, para familias preferiblemente con perro, en un bosque, en la que casualmente hay de fondo coches y motos.

Unos días después, con el circuito de Jerez lleno, como es costumbre en el Mundial, sucedió algo que me hizo pensar lo que ya rumiaba tras Autopía: Marc Márquez se cayó en la segunda vuelta de la carrera del domingo, y en ese momento una parte del público comenzó a abandonar el circuito. Sin ver el resto de la carrera, el final del Gran Premio, sin aplaudir en la vuelta de honor a los participantes. Si unimos estos dos últimos comentarios, la conclusión empieza a ser que los actos relacionados con motos y coches convocan fundamentalmente a un público atraído más por la diversión que por la afición, y que los datos de asistencia decaerán si cuando se retiren de las carreras Marc Márquez y Fernando Alonso no tienen herederos con su carisma y sus resultados. La ventaja que disfrutaremos en ese momento los que sigamos asistiendo a carreras y salones es que los disfrutaremos más y con más calma.

Coches eléctricos, galgos y podencos

Las discusiones sobre coches eléctricos continúan, en parte influidas por las opiniones interesadas, y en parte condicionadas por las presiones legales. Es un buen momento para aclarar ideas e ilustrarlas con datos.

Los dos puntos que más llaman la atención en las opiniones sobre los vehículos eléctricos, sean a favor o en contra, son su tono tajante y la falta de datos. El que los defiende, lo hace criticando con crudeza a las demás posibilidades, y el que los critica se basa en que no sirven para nada. Y ninguno de los dos apoya su argumentación con números, ni ofrece matices. Hasta tal punto se generaliza la información y, por tanto, se hace difusa, que una fuente de datos tan de fiar como la estadística de matriculaciones que publican las asociaciones del sector separa a los turismos, el menos en principio, solo en gasolina, diésel y “resto”, sin entrar en detalles. Y esa categoría de “resto” agrupa vehículos y tecnologías tan distintas como los vehículos eléctricos puros, los híbridos (enchufables o no, gasolina o diésel), también las diferentes opciones de gas (GLP, GNL, …) y hasta los de hidrógeno o célula de combustible.

De ahí que este grupo genérico muestre los crecimientos anuales que son de esperar, aunque un análisis más detallado arroja sorpresas. En España se vendieron en 2025 1.148.650 turismos, el 27,7% de los cuales montaban motor de gasolina, el 5,5% diésel, y el 66,8% se encuadran en ese “resto”. Sin embargo, al diseccionar estos valores la primera impresión cambia, porque mirando la información detallada de 2024, solo el 5,6% de los vehículos matriculados en total son eléctricos puros (BEV), el 38,6% son híbridos (HEV) y el 5,8% híbridos enchufables (PHEV).

Las proporciones de vehículos eléctricos son aún más desfavorables si comparamos con el parque total en lugar de con las ventas de cada año; en otras palabras, el número de BEVs en España no es significativo, a pesar de las ayudas y del ruido: 0,76% del parque de turismos en 2024.

La imagen que se quiere dar: muchos coches eléctricos y muchos cargadores dispuestos.
La realidad: en España, el 0,76% del parque es eléctrico, el 23,7% de los cargadores no funcionan, y los que funcionan se usan entre media hora y dos horas al día.

Otro punto habitual de discusión son los cargadores, sobre los que se suelen escuchar generalidades del tipo ”hay pocos y tenía que haber muchos más” y que “la mayoría están estropeados”. Según los datos de Anfac (Asociación de Fabricantes de Automóviles y Camiones) de Abril de 2026, en España hay 72.150 cargadores públicos, de los que 17.073 (el 23,7%) están averiados o aun no se han podido conectar a la red por la burocracia administrativa. De los 55.077 que funcionan, el 70% tiene una potencia inferior a 22 kW, lo que supone tiempos de recarga de entre 3 y 19 horas. Y poco más del diez por ciento son de los considerados rápidos, que ofrecen tiempos de recarga inferiores a media hora.

Y el otro aspecto que llama la atención es el porcentaje de ocupación de estos puntos de recarga: la media europea está, con la correspondiente variación entre países, entre el 2 y el 8%, lo que significa que cada cargador está ocupado entre media hora y dos horas cada día. La aparente contradicción entre la sensación de que el número de cargadores es insuficiente y lo poco que se utilizan, se basa en el dato que falta: el 89% de las cargas se lleva a cabo en cargadores particulares. En otros términos, una gran parte de los usuarios de vehículos eléctricos tienen acceso a cargadores particulares, en su domicilio o en su lugar de trabajo, donde el precio de esa carga es notablemente inferior al que tendrían que abonar en uno público. Y por ello se emplean tan poco esos públicos. Eso sí, lo que distorsiona la realidad es esa noticia que siempre se publica en Semana Santa o al inicio de la Operación Salida de verano, que muestra los únicos días del año en que los cargadores instalados en las áreas de servicio de las autovías tienen cola.

Una interpretación más socioeconómica de esta situación relaciona el poder adquisitivo de los usuarios de los BEVs y su precio: el usuario medio de un Tesla o un Porsche Taycan vive en una casa en la que existe un cargador particular, y trabaja en una oficina en la que también hay cargadores, por lo que no suele hacer uso de los públicos. La mayoría de quienes habitan un edificio de viviendas y aparcan su coche en la calle no tiene poder adquisitivo para comprar un BEV nuevo, ni posibilidad de disponer de un cargador privado.

Por otro lado, de los 26,4 millones de turismos que había en España en 2024, tenían etiqueta Cero solo el 1,6%, mientras que los de etiqueta B o sin siquiera etiqueta llegaban al 56,3%. En términos de edad, la media del parque en 2024 era de 14,5 años, subiendo desde los 14,2 de 2023. Desde el lado práctico del usuario, estos vehículos envejecidos y contaminantes cumplen con las necesidades de su propietario, su precio en el mercado de ocasión es bajo, y los ingresos de su dueño están muy lejos de los precios de un BEV nuevo.

Lo triste, y alejado de la realidad, es que la presión de los dirigentes políticos no va a facilitar la sustitución de la parte más veterana del parque por otra más segura y menos contaminante mediante la reducción de impuestos en la compra y posesión del vehículo, o la simplificación de los trámites, si no que se dificulta su uso limitando la libertad de circulación, con vigilancias más propias del “1984” de George Orwell que de lo que se espera de democracias occidentales.

Por si esta divergencia entre comportamientos políticos y necesidades de los ciudadanos fuera poca, ya se está preparando la nueva normativa Euro 7, que debería entrar en vigor en Noviembre de 2026 para vehículos ligeros y en Mayo de 2028 para pesados. Esta normativa no solo mantiene el estrangulamiento por las emisiones del motor, también limita las emisiones de partículas de desgaste de frenos y de neumáticos. Simultáneamente, la asociación europea de proveedores de componentes de automoción (CLEPA) se queja que desde 2004 se han perdido en Europa 104.000 puestos de trabajo en su sector. Y Ola Källenius, presidente de la asociación europea de fabricantes, lanza una señal de peligro: para cumplir el objetivo 2030 de la Unión Europea, hay que triplicar la venta de vehículos eléctricos en los próximos cuatro años.

Por el lado de los fabricantes alemanes, anteriormente puntal de la ingeniería europea, las grandes inversiones en BEVs no dan sus frutos, reducen el volumen de esos planes, y alargan la vida de sus ganas térmicas y eléctricas, todo ello en medio de situaciones financieras preocupantes, especialmente en el caso de Porsche.

Y mientras tanto, en China, Zeekr presenta modelos con arquitectura de 900 voltios, …
…y BYD lanza la estación de carga y la plataforma de 1.000 voltios.

¿Y qué sucede en China mientras en Europa seguimos discutiendo si son galgos o podencos? Pues Zeekr, la marca premium del grupo Geely, está presentando modelos eléctricos con tecnología de 900 voltios, lo que reduce a minutos los tiempos de carga, y BYD ya anuncia estaciones de carga y plataformas de mil voltios.

Videojuegos y carreras yoyó

El nuevo reglamento de la Fórmula 1 arrancó con algunas dudas, una parte de las cuales se han convertido en certezas incómodas después de las tres primeras carreras. Analicemos los porqués con números.

Antes de que diera comienzo la temporada, los análisis iniciales eran cuando menos prudentes sobre las expectativas técnicas del Mundial de Fórmula 1 bajo el nuevo reglamento. También este blog se pronunció aquí (Los Fórmula 1 de 2026 y su nuevo reglamento – Luis Carlos Alcoba) con dudas razonadas al respecto. Después de que se hayan disputado las tres primeras carreras, se han suspendido las dos siguientes, las de Bahrein y Arabia Saudí, a causa de la guerra de Irán, y repentinamente queda un mes libre entre la carrera de Suzuka del 29 de Marzo y la de Miami del 3 de Mayo para que la federación, los organizadores y los equipos encuentren una solución. La mejor manera de entender la situación actual es repasar cuál era la anterior, por qué se modificó el reglamento, qué se quería obtener con él y cómo son los coches actuales.

En los últimos años del reglamento anterior, es decir hasta finales de 2025, los coches de Fórmula 1 dejaban tras de sí unas turbulencias que perjudicaban de tal modo al vehículo que venía detrás, que su capacidad aerodinámica se veía tan dañada que era muy difícil el adelantamiento. Por tanto, uno de los objetivos del que sería el nuevo reglamento era solucionar esa cuestión. Por lo que se refiere al conjunto motopropulsor, las quejas venían por parte de los fabricantes, que hablaban de elevada complejidad y enorme coste de desarrollo y mantenimiento. Esta idea, junto a la de aumentar la «electrificación», definieron los primeros cambios de cara a 2026. En primer lugar, se decidió eliminar el MGU-H (Motor Generator Unit – Heat), el motor generador ubicado en el eje del turbo, que generaba energía eléctrica que se almacenaba en la batería cuando el motor térmico funcionaba en retención, y que actuaba como motor eléctrico y como tal aceleraba el turbo tomando energía de la batería cuando el piloto aceleraba. Todos los implicados estaban de acuerdo con la medida, aun reconociendo que se perdían unos 100 kW, equivalente a unos 136 CV.

Suzuka sigue siendo un circuito espectacular, aunque este año más por el trazado y la noria que por los F 1.
Mercedes ha empezado 2026 con el mejor motor y uno de los mejores chasis. Williams necesita con urgencia una «Operación Bikini».

Para aumentar la “electrificación” se decidió reducir la potencia del motor térmico, el ICE, y aumentar la del motor eléctrico, el MGU-K. Esta idea estaba asociada al paso a combustibles “sostenibles”, que obligan a una menor relación de compresión. En números, la decisión sobre los combustibles obligaba a bajar la relación de compresión máxima de 18 a 1 a 16 a 1, y con ello la potencia estimada del motor térmico bajaba de unos 550 / 560 CV a alrededor de 450 a 500 CV. Para compensar, y que los F1 fueran notablemente más rápidos que los monoplazas de categorías inferiores, especialmente los Fórmula E, se autorizó que la potencia del motor eléctrico, el MGU-K (Motor Generator Unit – Kinetic) subiera de 120 kW, que son algo más de 160 CV, a casi el triple, exactamente 350 kW, que vienen a ser casi 480 CV. Hasta aquí no hay pegas, ya que se reducen los costes mientras que la potencia máxima disponible sigue estando algo por encima de los 800 CV.

A partir de aquí es donde empiezan las dificultades, a causa de dos decisiones relativas a la capacidad de la batería y a la transferencia de energía entre ésta y el motor eléctrico, el MGU-K. En primer lugar, la batería del nuevo reglamento tiene la misma capacidad de almacenamiento de energía que la anterior y, sin embargo, la transferencia de energía a la batería pasa de un máximo de 2 megaJulios (MJ) por vuelta en 2025, a 9 MJ desde 2026, y la descarga de energía de la batería salta de 4 MJ por vuelta a 8,5 MJ. En términos de fontanería, la bañera tiene el mismo tamaño que antes, mientras que el grifo y el desagüe son cuatro veces mayores, por lo que la bañera se llena y se vacía cuatro veces más deprisa. Aplicado al pilotaje, se entienden las quejas de los pilotos, que dicen que si aceleran pronto al salir de una curva la batería se ha agotado a mitad de la recta, y si aceleran tarde les pasan muy deprisa los que aceleraron pronto, y se les devuelve el adelantamiento al final de la recta. De ahí el nombre de carreras yoyó.

La primera solución sobre el terreno que aplicaron pilotos y equipos fue ahorrar batería y utilizar el ICE para cargarla. Es decir, hacer más tramos con el pie levantado y sin embargo el ICE girando a alto régimen para que mueva el MGU-K y éste cargue la batería, como un coche híbrido de calle cuesta abajo. Ese precisamente fue el motivo del feo accidente de Oliver Bearman y Franco Colapinto en Suzuka: el Alpine de Colapinto rodaba cargando la batería a 263 km/h, mientras que el Haas de Bearman llegaba con sus dos motores al máximo a 308 km/h. Bastante hizo Bearman esquivando el Alpine, saliéndose a la hierba y acabando contra las vallas con una aceleración de 50 Gs.

El debut de Audi ha sido sorprendente; esperemos que el avance a lo largo del año también lo sea.
Los Mercedes están solos en las carreras y en la defensa del menor número posible de cambios.

Otra de las dificultades que se ha planteado con el nuevo reglamento aparece en la salida de las carreras: al haberse suprimido el MGU-H, regresa el “turbo lag”. En un motor turboalimentado, la presión de soplado del turbo depende de su velocidad de giro: si gira despacio, impulsa poco volumen de aire y no ayuda a incrementar la potencia; hay que esperar a que se acelere para que impulse el aire. A ese tiempo de respuesta se le llama “turbo lag”, y se hizo conocido (y temible) en los coches turbo de los ’80, porque aquellos turbos grandes, sin geometría variable, pasaban de no soplar casi nada a soplarlo casi todo, la potencia llegaba de repente, y no siempre el conductor la controlaba.

En las salidas de la Fórmula 1 hasta 2025, el procedimiento hacía que, a la vez que el piloto pisaba el acelerador y metía primera, la batería hacía girar el MGU-K al máximo, con lo que el turbo soplaba con todas sus ganas. En el momento en que el piloto soltaba el embrague, los más o menos mil caballos empujaban al coche. Al no tener MGU-H en 2026, en el momento de la salida había que esperar que los turbos se aceleraran y soplaran para acercarse a los 800 CV. Para resolver la cuestión, se inventó una modificación en el proceso de salida en el reglamento, según la cual unos segundos antes de que se encienda el semáforo rojo aparece una indicación para los pilotos, que entonces aceleran los motores a máximo régimen, y los dejan girando así para que el turbo a su vez se acelere. De este modo, en los segundos que pasan hasta que se apaga el semáforo rojo y se enciende el verde, los turbos ya soplan al máximo y la aceleración inicial de los coches es digna de la Fórmula 1.

Una vez iniciada la carrera, aparecen otras consecuencias del nuevo reglamento técnico, básicamente la baja fiabilidad de los coches y sus diferencias de velocidad. Aunque se pretendía reducir la complejidad y los costes de los vehículos, no se ha conseguido por las dificultades asociadas con los programas informáticos que relacionan los diferentes elementos físicos: el ICE con el MGU-K y la batería, éstos con el doble DRS (de hecho, aerodinámica activa), y todos ellos con la posición del vehículo en el circuito, para cargar o descargar batería. La consecuencia es una baja fiabilidad, entendiendo como tal desde coches descontrolados a averías repentinas o, peor aún, coches que no arrancan y por ello ni participan en la carrera. Básicamente, esto se debe a la complicada interacción entre los diferentes programas cargados, la improvisación del piloto, y lo que durante el fin de semana la IA va “aprendiendo” para modificar esos programas. Esta complejidad ha supuesto, por ejemplo, que, en la vuelta de formación de la parrilla de Melbourne, un fallo de “software” hiciera aparecer cien repentinos caballos en el McLaren de Oscar Piastri, y acabara contra la valla en la carrera de su casa. O que, en varias ocasiones, la retención que genera un MGU-K en el eje trasero lo bloquee, y aparezca un sobreviraje que desemboca en trompo o accidente que a veces se achaca a falta de reflejos del piloto. O, simplemente, que el coche se para y ni el ejército de ingenieros que hay en un equipo de F1 es capaz de arrancarlo para la carrera.

Ferrari tiene una unidad de potencia de calidad intermedia, el mejor chasis y unas salidas espectaculares. Luego se deshinchan.
¿El mejor del resto? Los McLaren no se pueden acercar ni a Mercedes ni a Ferrari, y sin embargo lideran con claridad a los otros ocho equipos.

Por lo que se refiere a las diferencias de velocidad, ya se mencionó el ejemplo más espectacular, el accidente de Bearman y Colapinto, aunque ha habido más situaciones similares, generadas por las cargas y descargas de baterías. Por ejemplo, así comentaba Lando Norris un incidente que sufrió en Suzuka: “Ni siquiera quería adelantar a Lewis (Hamilton). Es solo que mi batería se descargó, yo no quería descargarla, es solo que no puedo controlarla.” Y continuó: “Entonces le adelanté, y como luego no me quedaba batería, me pasó volando. Esto no son carreras, son carreras yoyó”.

La consecuencia de todo esto es una conducción poco natural, en la que los pilotos están más atentos al estado de la batería y a la interacción con los programas que al pilotaje, lo que parece conducción de videojuego. Como ejemplo es ideal comparar los mejores tiempos de la parrilla en Australia en 2025 y en 2026: lo importante no es que Oscar Piastri fuera el más rápido en 2025 al rodar en 1.15.096 y George Russell en 2026 tardara 1.18.518; la clave está en el análisis de los tiempos parciales, que evidencia lo poco natural de la conducción. En el primer parcial, el tiempo de 2026 fue 1,537 segundos más lento en 2026 que en 2025; el del segundo, solo 0,287; y el del tercero, de nuevo segundo y medio, para ser más exacto, 1,598 segundos.

La parte optimista de todo esto es que la solución no es tan complicada, porque su origen es fundamentalmente de programación, y ésta es fácil de modificar. Solo es necesario que todos los afectados encuentren puntos en común para llegar a un acuerdo. Está claro que cada equipo opinará en función de su situación: Mercedes tiene la mejor unidad de potencia y no aceptará los cambios que le vendrían bien a Ferrari o Red Bull; y los italianos no querrán cambios que afecten a sus estupendos chasis y aerodinámica, que por otro lado podrían favorecer de nuevo a red Bull. Sobre Williams y Aston Martin mejor no hablar. Por su parte, Liberty pretenderá mantener la situación actual porque los adelantamientos bruscos son atractivos para los no entendidos, pero la opinión mayoritariamente negativa de los pilotos presiona y mucho. Una opción válida para todos, o casi, puede ser mantener el flujo de energía para cargar la batería (que se siga cargando deprisa) y rebajar el flujo de descarga sobre el motor eléctrico, el MGU-K, para que dure toda una recta, aunque la potencia sea menor; al fin y al cabo, es una solución que solo requiere de una reprogramación. Bueno, y luego de muchas horas de simulador. El primer fin de semana de Mayo, en Miami, sabremos la solución.

Las motos del Dakar y otra vez sus coches

Ver en directo, tanto parados como rodando, las motos y los coches del Dakar, proporciona mucha información sobre cómo son y por qué son así. Seguir durante tres días la segunda prueba del Mundial de Raids, que se disputó entre Portugal y España, dio para bastante.

Antes de que se iniciara la edición de 2026 del Rallye Dakar, la primera prueba del Mundial de Raids, publiqué una entrada (Los coches del Dakar de 2026 – Luis Carlos Alcoba) en la que se analizaban algunos de los coches participantes. Hace unos días asistí a la segunda prueba del Campeonato del Mundo de Raids, el BP Ultimate Rallye Raid Portugal, que se inició el 16 de Marzo y terminó el 22, con recorridos a través de España y Portugal. Como era de esperar, ver los vehículos en acción en las pistas y parados en el parque cerrado permite entender mejor cómo son y por qué se pilotan como se hace ahora, incluso comparando con las motos y los coches de años y reglamentos anteriores.

Las actuales motos monocilíndricas son «pequeñas» comparadas con sus antecesoras de dos cilindros, y por ello se pilotan de otro modo.

Lo primero que llama la atención es que, en las pistas, las motos parecen más lentas y menos espectaculares que los coches, por una mera cuestión de dimensiones. Las motos actuales, con motores monocilíndricos de 450 cc son más pequeñas y ligeras que sus antecesoras de dos cilindros que, con su volumen, potencia y consumo, necesitaban de chasis, depósitos y suspensiones enormes, por ello alejadas de las que conducen los mortales y por ello admirables. No es que las actuales sean como motos de cross, pero los pilotos más rápidos las manejan con soltura, las colocan con el freno trasero, y no dan la sensación de sufrir encima. Además, comparadas con la anchura de las pistas de los tramos, las motos van holgadas y los pilotos no tienen dificultad en moverlas incluso en las curvas lentas.

Por su lado, los coches de la categoría Ultimate, los T1+, tienen anchuras cercanas a los 2.300 mm que como máximo permite el reglamento (sí, bastante más de dos metros) y longitudes en el entorno de los 4.700 mm, salvo el Dacia que parece cuadrado al medir 4.140 mm. Parecen espectaculares en los caminos básicamente porque dan la sensación de que no caben ni en las rectas y que, cuando lleguen a las curvas cerradas, no van a caber. De hecho, es habitual que en todas las curvas lentas y en muchas de velocidad media, giren a base de derrapar, sea por freno de mano o potencia. En los circuitos de autocross que se empleaban en algunos tramos del Raid de Portugal, era un espectáculo verles hacer de lado curvas consecutivas de sentido opuesto, ya que pasaban de avanzar de lado a lado, como un coche de rallyes sobre hielo o nieve.

Este factor impresiona al espectador generalista, que se maravilla ante lo que hacen los coches y, en comparación, casi se aburre con las motos. El aficionado más entendido, por el contrario, sabe que se puede comprar una moto bastante parecida a las que corren y a un precio razonable, y que rodar cerca del ritmo de los buenos entra dentro de lo posible, mientras que los todoterreno de serie están a años luz del aspecto y las prestaciones de los Ultimate, y que un TT de serie, al ritmo al que corren los T1+, fallece tras una simplemente una mañana de uso.

Una moto llega a un curva cerrada en un tramo: gira sin dificultad, como mucho se ayuda levemente con el freno trasero.
Un coche llega a un curva cerrada en un tramo: entra abierto, tira de freno de mano y sale cruzado casi rozando la valla del fondo. No es solo que el tamaño importa, es que condiciona la conducción.

Todo esto es la consecuencia del actual reglamento para coches, que se ha ido adaptando a las necesidades de las marcas que participaban o que querían participar, y que no se ha modificado cuando las marcas que solicitaron esos cambios dejaron el Mundial. Cuando Peugeot quiso entrar en el Dakar, prefirió acogerse a lo que entonces era la categoría de “buggies”, con propulsión trasera (no tracción integral) y la posibilidad de cambiar las presiones de neumáticos en marcha. Pidió, eso sí, ruedas más grandes, y se las concedieron, solo que entonces los que corrían en 4×4 (por tanto, con neumáticos más pequeños), no ganaban para pinchazos, y de nuevo se modificó el reglamento para que todos utilizaran ruedas grandes. Posteriormente las exigencias de Audi para entrar en el Mundial volvieron a cambiar el reglamento, y entonces se creó la categoría T1+, luego Ultimate, con subcategorías dependiendo del tipo de propulsión, y hasta sistemas de limitación de la potencia. Y ahora que se ha ido Audi, y ya no hay marcas de coches corriendo con vehículos 4×2 (solo el pequeño fabricante Century, de Suráfrica), todos participan con vehículos de dimensiones externas enormes, ruedas de 37 x 12,5 R17 (¡de 940 mm de diámetro exterior!), y recorridos de suspensión de 350 mm.

Ahora, unamos todos estos conceptos: tenemos fabricantes de automóviles (Toyota, Ford y Dacia) participando en una Campeonato del Mundo con un reglamento técnico permisivo y presupuestos elevados, lo que genera vehículos caros, complejos y rápidos. Y la complejidad de diseño, fabricación y mantenimiento es lo que más llama la atención al verlos parados o, mejor aún, al verlos parcialmente desmontados con un ejército de mecánicos revisándolos y, en su caso, reconstruyéndolos, cada tarde. Parecen coches del Mundial de Resistencia, modificados para ir por el campo. La consecuencia que no se ve, solo se intuye, es el precio de todo esto, del diseño, la fabricación y el mantenimiento de máquinas tan complejas.

Aquí sí se ve la aerodinámica fontal de los coches del Dakar: el pequeño alerón delantero asegura el flujo al radiador, y permite que la tripulación vea por debajo. El del techo guía el aire a la entrada de admisión.
Los coches son grandes hasta por debajo: este es el tamaño de algunas de las planchas de protección.
Grandes por fuera, pequeños por dentro. Casi once metros cuadrados de huella exterior y esto es lo poco que les queda al piloto y al copiloto.

Otro aspecto sorprendente es el pequeño tamaño de los habitáculos comparado con las dimensiones exteriores, ¿cómo pueden ir piloto y copiloto encajados en tan poco espacio, si por fuera el coche es largo y ancho? El motivo está, básicamente, en dos de las dimensiones que mencioné anteriormente: ruedas y recorrido de suspensión. Como se decía antes, el diámetro teórico exterior de las ruedas es de 940 mm, su anchura de 317 mm, y su recorrido máximo es de 350 mm. Si unimos estas tres cifras se entiende que los pasos de rueda tienen unas dimensiones descomunales, para que estos neumáticos puedan moverse de extremo a extremo de su recorrido de suspensión sin tocar ningún otro elemento del coche. A ello hay que añadir que las ruedas delanteras, además, giran, por lo que esos pasos de rueda delanteros, encima, son anchos.

También el conjunto que forman el motor, el cambio, la transfer, las trasmisiones y los tres diferenciales, más sus accesorios, ocupan mucho volumen. En un Ford, por ser atmosférico, no hay turbos ni intercambiadores, aunque hace falta sitio para el bloque de ocho cilindros en V y cinco litros. Los demás participantes montan motores más pequeños, V6 de menos de cuatro litros de cilindrada, pero al ser turboalimentados les hacen falta elementos adicionales, como los intercambiadores y sus tubos.

No olvidemos otro factor que consume espacio: es obligatorio montar dos ruedas de repuesto, y no resulta sencillo encontrarles ubicación por su volumen. En algunos casos, como en los Dacia, se montan en los laterales, detrás de las puertas y a los lados del motor, accesibles desde el exterior, lo que ocupa todo el lateral. Los Toyota esconden las ruedas bajo el habitáculo, por lo que su suelo está especialmente alto, y se reduce la altura interior. Añadamos a todo esto la jaula antivuelco, los bacquets, los sistemas de navegación y GPS (por duplicado), radios y teléfonos, radiadores de aceite para el motor y el cambio, algo de recambio y herramientas, agua para la tripulación, hueco para los cascos, … y se entiende porqué los habitáculos son pequeños en coches grandes.

El despliegue de Defender en la categoría Stock es mayor que el de Dacia en Ultimate.
Cuando se van a recorrer tramos con vegetación, se añaden estas barras, que van de la alerta al techo, para evitar roturas de parabrisas. En el caso de este Century CR7, el parabrisas llegó entero, la aleta no.

El Dakar de 2026 señaló el debut oficial de JLR, a través de su marca Defender, en los Raids. Sorprende que uno de los dos fabricantes de vehículos todoterreno por excelencia nunca hubiera participado en este tipo de carreras, cediendo el monopolio a su rival habitual, Toyota y sus Land Cruiser. El nuevo reglamento de la categoría de coches de serie, llamados “Stock”, permite más modificaciones que el anterior, llamado T2, para que un coche de serie modificado pueda recorrer los tramos cada vez más rápidos y llegar de una pieza al final. El resultado de la primera participación de Defender en el Mundial, el Dakar de Enero pasado, demostró su diferencia de planteamiento con Toyota: los ingleses han exprimido el reglamento para ganar, y los japoneses siguen modificando un coche de serie para comprobar su dureza. La consecuencia es que los ingleses arrasaron en la categoría.

En el parque cerrado de Badajoz solo estaban los Defender, y un vistazo rápido al trabajo que realizaban los técnicos y a los medios disponibles aclara detalles del proyecto. El despliegue de personal, camiones, vehículos de apoyo, carpas, remolques, … es superior al de, por ejemplo, Dacia, que también participa con tres coches solo que en la categoría Ultimate. Y esos medios son necesarios porque cada tarde los técnicos revisaban los Defender con el mismo celo que un Ultimate, sustituyendo hasta los bujes delanteros, lo que inevitablemente genera una pregunta: ¿debe ser ese el espíritu de una categoría de coches de serie?

La historia yankee de la OSSA Yankee (y II)

Tras el fracaso inesperado del plan que mezclaba a Bultaco y a Ford, John Taylor no tiró la toalla y siguió persiguiendo la moto de sus sueños.

Al principio, Taylor ubicó a la empresa importadora de OSSA en Houston, estado de Texas, por encontrarse más en el centro del país que Schenectady, estado de Nueva York. Puso a cargo del negocio a un conocido suyo y hombre de confianza llamado Frank Conner. Taylor y Conner se habían conocido de una manera peculiar, porque Conner corría con una TSS 200 cuando Taylor ya era importador de Bultaco, y solía comprarle recambios en los circuitos. Como no había manuales de taller para la TSS, acordaron que un día Conner se pasaría por las instalaciones de CEMOTO East Importing Company, y que su jefe de taller desmontaría y montaría el motor de la TSS mientras Conner tomaba notas y hacía fotos. Aquella tarde, antes de que se acabara de montar el motor, Taylor había contratado a Conner, que trabajó con él los siguientes cinco años.

Un año después de iniciar sus operaciones con OSSA, resultó que a Bultaco no le gustó la “bigamia” de Taylor, que fuera a la vez importador en EE. UU. de dos marcas rivales. El conflicto se resolvió al vender Taylor a Bultaco los derechos de importación de la marca en el este del país. Con ello se quedó libre en las instalaciones de Schenectady la parte dedicada a Bultaco, y el importador de OSSA se trasladó allí desde Houston, de modo que se colocaron bajo el mismo techo las oficinas y los almacenes de OSSA y de Yankee.

El prototipo de OSSA Yankee 460 con la que Carlos Giró y Luis Yglesias participaron en las 24 Horas de Montjuic de 1968. En la foto de apertura, la recepción de las oficinas de Yankee Motor y del importador de OSSA en EE. UU.

Mientras los negocios avanzaban de ese modo, el trabajo de desarrollo del motor continuaba en España. Taylor había decidido que el motor utilizara dos cilindros de 230 cc que ya existían en la gama de OSSA, con un cárter nuevo. Para asegurarse una buena refrigeración se separaron los cilindros, para que existiera una cierta corriente de aire entre ellos, lo cual creó un cárter algo ancho, con los dos puntos de anclaje del motor al chasis separados, lo que a su vez obligaba a que el bastidor fuera un doble cuna con sus barras separadas. Los dos cilindros debían funcionar a la vez, lo que años más tarde se denominó efecto “big bang” en los motores de las Honda NSR 500 de Gran Premio, para mantener la sensación de una monocilíndrica. Durante el trabajo en Barcelona, se aumentó el diámetro de los pistones de 70 a 72 mm, con lo que la cilindrada unitaria subió de 230,9 hasta los 244,3 cc, y eso colocaba el deseado motor de Taylor en 488 cc. Una de las posibles dificultades en el uso en campo de la futura moto sería el arranque, obviamente a patada; y otra, la posibilidad de un fallo de una bujía, y OSSA resolvió las dos pegas de una vez. Cada culata tenía dos agujeros roscados para bujías, de los cuales solo los centrales tenían instalada la bujía y su cable de alta. En la culata izquierda, se montaba una tercera bujía, inclinada hacia el exterior y sin cable, para utilizarse como repuesto en caso de necesidad. Y el agujero que quedaba en la culata derecha, también inclinado hacia el exterior, se empleaba para montar un descompresor, accionado desde una maneta ubicada en el manillar.

Para poner a prueba el motor, OSSA fabricó una Yankee 460 de carretera que inscribió en las 24 Horas de Montjuich de 1968. Fue una mezcla de las futuras piezas de serie con otras específicas de competición: chasis de tubos de acero, horquilla Ceriani, frenos Oldani de tambor de doble leva de 250 mm, y una pieza de fibra de vidrio para el conjunto formado por el depósito, el sillín y el colín. Los pilotos fueron Carlos Giró y Luis Yglesias, que tuvieron que retirarse por avería.

En paralelo, John Taylor no descuidaba sus contactos como hombre de negocios, y en 1969 su empresa Yankee Motors recibió una fuerte inversión, 150.000 dólares de la época, de Bangor Punta Corporation, que cotizaba en la bolsa de Nueva York y figuraba en el Fortune 500. Poseía participaciones en empresas de diversos sectores, como aviación y armas de fuego, lo que posteriormente ayudó a los proyectos de dos ruedas de Taylor.

Dick Mann entrando primero en meta en Laconia (Junio de 1963) con su Bultaco TSS 200
Foto tomada, probablemente, en las cercanías de la fábrica Bultaco en 1968: Dick Mann se llevó un chasis en avión a Barcelona, sobre él se montó uno de los primeros motores disponibles, y el propio Mann hizo las pruebas

Por su lado, Taylor se había puesto en contacto con Dick Mann para que se encargara del chasis de la Yankee. Mann, además de haber ganado el campeonato AMA en dos ocasiones, había corrido en flat track, el Transatlantic Trophy, triales y motocross, todo ello con motos de diversas marcas. En paralelo, había fabricado chasis para las motos con las que corría, como su BSA A65 de 1966. Mientras se desarrollaba el motor de la Yankee, Mann diseñó un bastidor de motocross, en el que se montó un motor OSSA de 230 cc; Yankee Motor Company fabricó una serie de 150 unidades de esta moto. Para el chasis de la Yankee escogió tubo de acero al cromo-molibdeno 4130, que supuestamente venía de los almacenes de Piper Aircraft, el fabricante de avionetas con participación de Bangor Punta Corp. La horquilla Telesco de 42 mm de diámetro se unía al chasis con tijas de aluminio forjado fabricadas por Smith & Wesson, el fabricante de armas participado también por Bangor Punta Corp. En la llanta delantera de 21” se montaba un freno de tambor de una leva, y en la trasera de 18” un disco trasero Kelsey Hayes, porque muchos usuarios de la época temían que un disco en la rueda delantera fuera demasiado potente en el campo. Cuando Mann inició el trabajo de diseño del chasis, no había ni siquiera un prototipo aproximado del motor en el que basarse, de modo que Taylor pidió a la fábrica las medidas del cárter, y fabricaron una maqueta en madera, en la que Mann se basó para fabricar el primer chasis, sin datos sobre peso o potencia. Según cuenta el propio Mann, “cuando supimos que había un primer motor completo en Barcelona, John nos metió al primer chasis y a mí en un avión, y nos fuimos a Barcelona a montar la moto. Desde el primer momento vimos que la principal pega iba a ser la cámara de expansión de los escapes, que le daban al motor una formidable potencia a medio régimen. Nadie tenía los medios que tenía esa OSSA. Ahora había que hacer unos escapes así, pero para una moto de enduro”. Cuando los primeros motores llegaron de la factoría que entonces se encontraba en la Zona Franca de Barcelona, Yankee Motors montó inmediatamente unos prototipos, los probó, y se los cedió a las revistas especializadas, que publicaron pruebas muy elogiosas.

Un curioso prototipo fabricado en 1968: una Yankee Z de motocross.
Todo listo para arrancar la aventura con cóctel, cena y baile. El Edison Club sigue existiendo, ahora como club de golf.

Y entonces el plan pareció venirse abajo: el retraso en el envío de los motores desde España se acumuló, mientras los proveedores del resto de componentes no cumplían los plazos de entrega. Además, las medidas de la administración del presidente Richard Nixon para controlar la inflación incluían impuestos a la importación que casi duplicaron los costes en EE. UU. de los motores españoles. Aun así, y gracias a la tenacidad de Taylor, finalmente en 1972 la Yankee Z entró en producción. El motor montaba embrague en seco, cambio de seis marchas, dos carburadores Amal de 27 mm y encendido Motoplat doble. El chasis de Mann mantenía el acero al cromo molibdeno 4130, y se unía a una horquilla entonces enorme, de 42 mm de diámetro con 165 mm de recorrido. En el momento de su llegada al mercado, el precio era de 1.595 $. Era una moto con la que se podía rodar en la autopista a velocidad decente y, al llegar a las pistas, disfrutar del par y de la potencia. Parecía que con sus 150 kilos podía ser pesada por el campo, solo que el par disponible y la posibilidad de hacerla girar con el gas, la convertían en manejable. Subía por donde las dos y medio no podían, y llegaba hasta los caminos sin llevarla desde casa en un remolque o en la bañera del pick up.

Los valientes que se atrevieron a correr unos ISDE con Yankee Z: de izqda. a dcha. Barry Higgins, Charlie Vincent y Daven Eames.

Se dice que Taylor recibió mil motores de la fábrica OSSA, y que llegó a producir y vender 764 unidades de su Yankee Z entre Abril de 1972 y Julio de 1973, cuando la empresa entró en quiebra al acabarse el apoyo de Bangor Punta Corp. Dos de esas unidades participaron en los ISDT de Checoslovaquia de 1972. El recorrido, basado en zonas boscosas con mucho barro, no era el ideal para las Yankee, y aun así Daven Eames, Barry Higgins y Charlie Vincent se atrevieron a participar en una competición aun poco conocida en los Estados Unidos, que empezaba a interesar ya que la edición de 1973 se iba a disputar en Massachusetts. El motor de la Yankee de Higgins se quedó en un cilindro, y el consiguiente abuso del embrague terminó rompiéndolo, por lo que se retiró. Vincent se chocó contra el escúter de un espectador el quinto día, cuando ya se acercaba al final, y tampoco terminó. El que peor lo pasó fue Eames: las caídas le dañaron un tobillo, a pesar de lo cual se mantuvo en el nivel de medalla de oro hasta el quinto día; el sexto, más caídas, alguna de la moto sobre el tobillo dañado, convirtieron llegar al meta en su suplicio que estaba a punto de lograr, hasta que una junta de culata se lo impidió.

En ese momento, cuando John Taylor inició la fabricación de la moto de sus sueños, resultó que su mercado había desaparecido. los que peleaban por el campo con las Triumph TR-5 se habían pasado a una Matador 250 de solo 110 kilos, o se habían comprado una moto japonesa, porque los fabricantes japoneses habían reconocido su error, y se habían dado cuenta de que sí se podía hacer una moto de campo más ligera y más potente de lo que había. Y cuando la Yankee Z llegó a las tiendas, ya estaba a la venta la Yamaha DT-1. La Yankee Z era muy buena, aunque bastante más cara. En la actualidad sigue existiendo unidades en EE.UU., algunas incluso en orden de marcha, y sus propietarios presumen de ello en las redes sociales, presentando su Yankee Z como lo que es, una rareza hoy en día casi desconocida.

Por su lado, Dick Mann se mantuvo activo muchos años más después de su trabajo con Taylor. Tras haber ganado tanto el Gran National Championship como la Daytona 200, y ser incluido en el Salón de la Fama del Motorsport de Estados Unidos, se retiró de las carreras a finales de la década de los ’70. Siguió trabajando como fabricante de series especiales, en 1975 lanzó una serie de bastidores especiales para la Yamaha XT500 y posteriormente se dedicó a la restauración de motos de carreras clásicas.

La OSSA Yankee 500 SS en el Racing and Sporting Show de Londres, en Enero de 1975.
La historia de la Yankee ya ha llegado a los museos: esta unidad se exhibe en el Museo de la Moto Española de Alcalá de Henares.

La situación que la quiebra de Yankee Motor Company dejó en OSSA fue preocupante. Según el contrato firmado entre las compañías, OSSA corría con los gastos de desarrollo y fabricación, y Yankee Motor tenía los derechos de propiedad; es decir, que tras la quiebra quedaban en la fábrica OSSA del orden de dos mil motores que no podía ni vender ni utilizar. La idea obvia fue adaptarlos para una moto de carretera, mientras se renegociaban los derechos. Para ello, Giró modificó el motor montando un sistema de lubricación separada Mikuni, encendido doble Motoplat y carburadores Bing de 32 mm, diseñó un chasis, y se localizaron proveedores para las suspensiones y los frenos. El resultado, con el nombre de Yankee 500SS, se presentó en diversos salones, como los de Barcelona en los años 1973 y 1974, y en el Racing and Sporting Show de Londres, en Enero de 1975. Aun con llantas de radios y un único disco delante, el aspecto era excelente, solo que OSSA aun no tenía los derechos del motor, y la 500SS siguió apareciendo por los salones sin fecha de entrada en producción.

Por fin, ya en 1976, se llegó a un acuerdo y se presentó la versión final en el Salón de Barcelona: se llamaba simplemente Yankee 500, y montaba frenos Brembo, llantas de aleación Targa, y amortiguadores Betor de gas, con aquellos inconfundibles muelles, uno amarillo y otro naranja, los mismos colores que en los gráficos del depósito y las tapas laterales. La palanca de cambio era de las llamadas “de talonera”, el mismo estilo de la que llevaba la Montesa Impala. Consistía en una palanca más larga de lo habitual, unida en su centro el eje del selector, y que permitía bajar y subir marchas con la punta del pie actuando sobre su parte delantera, como en las palancas normales, y también subir marchas presionando hacia abajo con el talón. La ventaja para el usuario era que, al subir marchas con el tacón, se evitaba dañar el empeine del calzado, y así no se dejaban marcas en los zapatos.

También sobre el nombre del modelo hubo discusiones entre las dos empresas, pero había poca salida: los motores estaban fabricados, y en las tapas laterales ya figuraba un nombre: “Yankee”. A falta de datos fiables, se dice que en el primer año se vendieron 1.500 unidades con un precio de 198.000 pesetas, y que la producción total fue de 2.150. Entra dentro de lo posible, ya que otras fuentes aseguran que la producción total de motores fue de unos tres mil, de los que unos mil se enviaron a EE. UU., y el resto se quedaron en la fábrica de la Zona Franca de Barcelona.

También en España la Yankee llegó tarde. La industria española de la moto ya estaba en decadencia, incluyendo a OSSA, las huelgas de los empleados presionaban, y la marca terminó desapareciendo. Este es el motivo por el que igualmente por aquí ha quedado como una rareza casi desconocida, y es poco usual encontrar una, menos aún en buen estado. Los que tienen el acierto de visitar el Museo de la Motocicleta Española de Alcalá de Henares, se encuentran con la doble sorpresa de ver, una frente a otra, a una Yankee Z y una OSSA Yankee 500. Claro que, para sorpresa, la que me llevé en la reunión mensual de vehículos clásicos de Navacerrada en Diciembre pasado, cuando me topé con una Yankee Z, impecable, matriculada en Madrid y en perfecto orden de marcha: “¡Recién restaurada!”, me dijo su dueño antes de activar el descompresor, arrancarla a la primera patada, y alejarse como si no fuera montado en un trozo de historia a mitad de camino entre dos continentes.

Todavía hay quien conserva una Yankee Z y hasta la usa: me encontré esta unidad en la reunión mensual de vehículos clásicos de Navacerrada (Madrid) en Diciembre pasado.

Fuentes: La información básica de estas entradas está en un artículo que Frank Conner, el empleado de John Taylor, publicó en la revista estadounidense Cycle World en Junio de 1987. Me sorprendió cuando lo leí hace casi cuarenta años, y desde entonces guardo una fotocopia. También he conseguido información en el libro Spanish Post-War Road and Racing Motorcycles, de Mick Walker, publicado por Osprey en 1986. No podían faltar datos provenientes de mi archivo de revistas de Solo Moto y Motociclismo. La información sobre los ISDT de Checoslovaquia ha partido del número de Enero de 1973 de la revista Cycle World. Y como estamos en la era digital, he completado datos con webs de todo tipo; por ejemplo, los datos sobre las huelgas del UAW se mencionan en la propia web del sindicato, en la del periódico The New York Times, o en la del Bureau of Labour Statistics. También de You Tube he conseguido información, como una curiosa entrevista con personajes destacados de esta historia, como Dick Mann o el propio John Taylor. Y las ilustraciones se han obtenido del artículo de Conner, del libro de Walker, de las webs mencionadas y de fotos tomadas por el autor.

La historia yankee de la OSSA Yankee (I)

La historia de la OSSA Yankee comenzó en Estados Unidos, pudo haber nacido como Bultaco Yankee gracias al dinero de Ford Motor Company, dejó de serlo por una huelga sindical, y terminó siendo brevemente la Yankee Z allí y la Yankee 500 aquí.

Esta historia, turbulenta y entretenida, que se desarrolla entre Cataluña y el este de EE. UU., comienza a principios de los años ’60 y su protagonista es John Taylor. Hoy en día le calificaríamos de emprendedor, entonces era un empresario inquieto. Había nacido en Marzo de 1933, y desde los ’50 vivía de suministrar máquinas herramienta a la industria de Schenectady y sus alrededores, en el estado de Nueva York. Las aficiones de Taylor estaban en el entorno de esa maquinaria: coches, cámaras de fotos, equipos de sonido y motos. Se compraba un coche (Ferrari, Lancia, Cunningham, …), lo disfrutaba medio año, lo vendía ganando dinero y se compraba otro.

Con las motos no estaba tan contento, simplemente porque el tipo de moto que él quería aún no se había inventado. Le gustaba salir de casa en moto con sus amigos, rodar por carretera hasta llegar a sus pistas favoritas, y entonces disfrutar de esas pistas entre bosques inacabables. Solo que las motos que él y sus amigos tenían solo eran válidas para la primera parte de sus recorridos, el de carretera: Triumph TR-5, BSA Gold Stars y algún valiente que se atrevía a hacerlo en una Harley. Sí, iban bien por carretera y tenían luces y algunos relojes, pero los recorridos de suspensión se quedaban cortos por el campo, el motor no tenía bajos suficientes, la relación del cambio era abierta, y pesaban demasiado. Por otro lado, las motos de campo de aquel entonces, pequeñas y ligeras dos tiempos, eran incómodas y lentas en carretera y la autonomía era escasa. Taylor las conocía bien, porque con una de ellas había ganado la medalla de bronce en los ISDE de 1964 en Erfurt, por entonces en la República Democrática Alemana.

Ninguno de los fabricantes europeos de la época las hacía con más de 250 cc., lo que las limitaba en carretera, porque en cilindradas mayores se presentaban permanentes averías en forma de gripajes de pistón. Y Taylor estaba convencido de que su moto ideal era una 500 de dos tiempos, formada a base de dos cilindros de 250 cc., que resultaría el equilibrio ideal para ir por carretera hasta sus pistas favoritas y luego ser ligera en el campo. Faltaban muchos años para que llegaran lo que ahora llamamos motos Trail, ese intermedio que era exactamente lo que buscaban John Taylor y sus amigos.

27 de Agosto de 1962: las cuatro primeras Sherpa 125 han llegado a CEMOTO East Importing Company, y Taylor señala orgulloso una de las cajas. En la foto de apertura, Taylor en 1968 sobre el prototipo de Yankee con el que había participado en los Dos Días de Enduro de Berkshire.
Una semana después de que llegara el primer envío, las Bultaco ya estaban corriendo. De izquierda a derecha: Barrie Tosh, John Taylor (11), Ray Palen (47) y Chuck Herbert (25)

Mientras, él se dedicaba a sus negocios, y en 1962 se enteró de que estaba disponible la posición de importador de Bultaco para la costa este de los Estados Unidos. No tardó en ponerse en contacto con la Compañía Española de Motores (CEMOTO) en Barcelona, y rápidamente llegó a un acuerdo con F. X. Bultó, de modo que de día vendía maquinaria y por las noches, con la ayuda de Kay, su mujer, dirigía CEMOTO East Importing Company. La empresa tenía los derechos de importación para 29 de los estados del país, y del resto se ocupaba el otro importador, ubicado en Los Angeles. La gama de Bultaco en aquel momento estaba formada básicamente por las TSS de circuito y las Sherpa de trial, y lo primero que hizo Taylor como importador fue sacar una Sherpa del embalaje en el que le llegó desde España e inscribirse en las carreras de la zona. A la vista de sus resultados, se cumplió esa frase de que no hace falta hacer anuncios de la moto que gana, porque se vende sola. La importación de Bultaco creció tanto y tan deprisa, que John vendió su negocio de máquinas herramienta para centrarse en las motos.

Para entonces, los fabricantes japoneses de motos habían creado una nueva categoría que llamaban street scramblers, y que para Taylor reunía lo peor de las motos de carretera y de campo de la época, porque eran motos de carretera con motores medianos de cuatro tiempos, manillar ancho y escape elevado. Es decir, el recorrido de suspensión seguía siendo insuficiente, la relación peso – potencia mala, y montaban neumáticos de carretera. El importador de Bultaco para el oeste de EE. UU. pidió a la marca que fabricara una street scrambler, y sin embargo Taylor no solo no se unió a la solicitud, es que redactó las especificaciones de su moto ideal y se las envió a F. X. Bultó. La respuesta fue “Nos ponemos con ello”, y en Diciembre de 1963 Taylor voló a Barcelona para probar el prototipo que se había preparado, lo que se terminaría llamando la Matador de 200 cc. A Taylor le gustó tanto que convenció a Bultó para llevarse ese ejemplar único a EE. UU. para rodar con ella en sus pistas favoritas, de modo que la marca tuvo que desarrollar la versión de serie con los planos y las fotos disponibles.

Con la Matador 200 cc, Taylor había dado el primer paso hacia su sueño, y no tardó en pedirle a Bultó una Matador de 350 cc. Con la fábrica desbordada de pedidos y al límite de su capacidad de producción, lo único que se pudo hacer fue lanzar la Matador dos y medio con la versión de 250 cc del motor original. A la vista de que no podía obtener su añorada bicilíndrica de 500 cc y dos tiempos de Bultaco, Taylor se fijó en la industria británica de la moto. Envió a su jefe de servicio, Jess Thomas, a un viaje por diversas fábricas del Reino Unido para que negociara la posibilidad de que allí le fabricaran su motor, y Thomas regresó desolado: las fábricas británicas iban camino del colapso, y no había posibilidad de que afrontaran esa inversión.

Cuando parecía que se le acababan las posibilidades de tener su moto ideal, Taylor se topó con una jugada a tres bandas complicada y creativa. Por un lado, supo que CEMOTO tenía licencia para fabricar automóviles en España, aunque nunca la había utilizado, y que Bultó estaba interesado en vender su empresa, incluida esa licencia, a Taylor. En la España de la época, la de la autarquía, con una economía intervenida por la Administración, eran necesarios permisos para muchas actividades, y Bultaco tenía el necesario para fabricar coches. La segunda pieza de este rompecabezas estaba en Detroit (Michigan): Ford Motor Company tuvo fábricas en España entre 1920 y 1954, y se estaba planteando el retorno. Su primera planta estuvo en Cádiz, en la que bajo el nombre de Ford Motor Company, S.A.E. se fabricaron el Ford T, los tractores Fordson y los camiones Ford TT. En 1923 se trasladó al Pueblo Nuevo de Barcelona, esta vez con el nombre de Ford Motor Ibérica, S.A. Después de la guerra se dedicó a fabricar repuestos para los vehículos producidos desde 1920, así como gasógenos y, en 1953, a la vista de que la Administración española se centraba en apoyar a empresas nuevas, como SEAT y FASA-Renault, decidió retirarse de España. De ese modo, en 1954 vendió la fábrica a Motor Ibérica, una empresa nacionalizada que inició la producción de camiones y tractores basados en modelos de Ford, bajo la marca EBRO. Ya en los años ’60 barajó la posibilidad de retornar a España, y eso le sirvió a Taylor para elaborar el plan que presentó en Detroit: pedir un préstamo a largo plazo de 300.000 $ a Ford, para con ese dinero comprar Bultaco y entregar la licencia de fabricación de coches de Bultaco a Ford. Una vez fuera propietario de Bultaco, desarrollaría en primer lugar su moto de campo de 350 cc, y más tarde la soñada 500 bicilíndrica.

Un piquete de sindicalistas bloquea el acceso de un camión a la fábrica de Ford Motor Company en Chicago Heights.
Los empleados de la fábrica de Ford en Wayne (Michigan) salen de la planta tras haber fracasado las negociaciones; la huelga continúa.

Lo más sorprendente de la historia es que Ford aceptó, una vez que entendió la trastienda de una maniobra que pasaba porque uno de los mayores fabricantes de coches del mundo actuara como prestamista de un pequeño importador de motos europeas. Y con todo listo para las firmas, y Taylor acariciando su sueño, el plan se vino abajo: una masiva huelga del influyente y poderoso sindicato de la automoción, el United Auto Workers (UAW), detuvo las actividades en Ford, que temía que la huelga se prolongara indefinidamente y los beneficios se vinieran abajo. La escasa documentación existente sobre estos hechos no me ha permitido determinar cuál de las varias huelgas de la sección en Ford de la UAW en aquellos años detuvo el proceso. La de Mayo de 1963 empezó en la planta de estampación de Chicago Heights en solicitud de más medidas de seguridad, se extendió por fábricas de todo el país, duró hasta Diciembre de ese año, y se convirtió en la huelga más costosa en la historia de Ford Motor Company. También pudo ser la de Septiembre de 1964, que la UAW planteó frente a los tres grandes fabricantes de entonces en los EE. UU. (General Motors, Chrysler y la propia Ford). Sea como fuere, una vez más Taylor se quedó sin su moto soñada.

Esta foto, junto a una caja de buen vino, se la envió F. X. Bultó a John Taylor a finales de 1955

Mientras tanto, Bultaco había lanzado una TSS 350 y una moto de enduro de 360 cc, ambas basadas en el motor de motocross, aunque ya no estaban solos: también Husqvarna había puesto a la venta su 360. Por su lado, John Taylor no tiraba la toalla y seguía dándole vueltas a cómo materializar la moto que seguía teniendo en la cabeza, aunque la tuviera que fabricar él. En los Estados Unidos de la época no había proveedores de los componentes necesarios para las motos de campo, y por otro lado montar una fábrica para el motor estaba fuera de sus posibilidades. Evaluó entonces la idea de encargar motor, chasis y componentes, y limitarse a montar una pequeña fábrica que fuera básicamente una línea de ensamblaje de lo que le enviarían sus proveedores. Salió entonces “de compras”, y se encontró en Daytona en 1966 con Manuel Giró, fundador y propietario de dos empresas. Una era Orfeo Sincronic, S.A., dedicada a la fabricación de motores fueraborda y de maquinaria cinematográfica, y la otra era OSSA, fabricante de motos. Giró le comentó a Taylor que había vendido sus motos en EE. UU. a través de una red de distribuidores locales, aunque él prefería un único importador para todo el país. En una reunión posterior Giró le propuso que fuera ese importador exclusivo, y añadió un incentivo: OSSA le diseñaría el motor para la moto en la que estaba pensando. Taylor aceptó bajo la condición, que años más tarde se volvería clave en la parte española de la historia de la Yankee, de que los derechos del motor le pertenecieran a él, y no a OSSA. Inmediatamente Taylor dedicó una parte del edificio que ocupaba CEMOTO East Importing Company a zona de fabricación de su moto, y como ya había decidido que se iba a llamar Yankee, fundó la empresa fabricante bajo el nombre de Yankee Motor Company. (Continuará).

Lo restaura quien lo fabricó

Con los precios de los coches clásicos por las nubes y de moda incluso entre los inversores, empieza a cobrar importancia que quien lo fabricó certifique su autenticidad y, si es necesario repararlo o restaurarlo, lo haga del mismo modo en que se fabricó. Repasamos cómo lo hacen en Ferrari Classiche y en Lamborghini Polo Storico.

Desde la crisis económica de 2008, tanto los aficionados a los coches clásicos como inversores ajenos al sector se han fijado en este tipo de vehículos como activo en el que depositar su dinero, esperando revalorizaciones interesantes o, al menos, superiores a las de otros activos, además de disfrutarlos al volante. Sean para conducir, exhibir o especular, los coches clásicos relacionan su valor con su autenticidad y su originalidad, lo que ha llevado a algunas de las marcas que los fabricaron a crear o potenciar los servicios que ofrecen al público. El primero de esos servicios es certificar que el vehículo es lo que se dice que es, y que conserva los elementos básicos con los que se fabricó, especialmente chasis, motor y cambio. Y el segundo es realizar las intervenciones necesarias para mantener su estado lo más parecido posible al original, considerando que esos coches no se fabricaron pensando en que se iban a seguir conduciendo más de medio siglo después.

El Certificado de Autenticidad de Ferrari es conocido en el sector como «el libro rojo», …
… y demuestra que el coche es lo que parece.

En Ferrari se creó este departamento en 2006, y custodia toda la documentación de los vehículos desde la fundación de la marca, en 1947. Su nombre no podía ser otro que Ferrari Classiche, y su actividad más conocida y habitual es extender la Certificazione di autenticità, que por su forma externa se conoce como “el libro rojo”. Se puede emitir para vehículos de más de veinte años de edad, o aquellos encuadrados entre las series especiales, Sport o Fórmula 1. Conseguirlo es un proceso formado por cuatro pasos, el primero de los cuales es inspeccionar el vehículo, sea en las instalaciones de Ferrari Classiche o en un concesionario autorizado. Con las fotos hechas y las mediciones realizadas, se devuelve el coche al cliente y se inicia la segunda fase, el análisis técnico, que consiste en contrastar los datos tomados con los que figuran en los archivos de Ferrari. Si todo es correcto, el informe de certificación pasa al Comitato di Certificazione, que valida o refuta el informe. Si el comité valida el informe, se emite la Certificazione, firmada por Piero Ferrari; en caso de anomalías, el proceso se detiene hasta que se corrijan los errores. Aunque la discreción es uno de los puntos clave de estos servicios, se sabe que el precio se sitúa en el entorno de los 7.000 €, y el plazo de emisión oscila entre seis y doce meses; en el exquisito caso de un Ferrari 250 GTO, el precio llega a los 21.000 €, una pequeña parte de su precio, que nunca baja de los cuarenta millones de Euros.

Sí, es la carpeta con el pedido de Steve McQueen.

La otra actividad de Ferrari Classiche es la restauración. Hay concesionarios autorizados en diversos países para realizarlas, aunque las más delicadas se llevan a cabo en la sede central, ubicada en la fábrica de Maranello. También para estas labores se recurre al formidable archivo, que incluye las notas a mano de la fabricación y montaje de cada unidad, y hasta las impresiones de conducción en la prueba de rodaje previa a la entrega al cliente. También hay en el archivo documentos tan peculiares como los del Ferrrari  275 GTS que Steve McQueen encargó el 14 de Septiembre de 1965 a través del entonces importador de Ferrari en la costa este de los EE.UU., Luigi Chinetti, y que se le entregó el 21 de Julio de 1966.

 

Tampoco el archivo de Lamborghini Polo Storico se queda atrás. Despieces, anotaciones de pruebas, …
… y la carta de colores de carrocería del Espada.

El departamento equivalente en Sant’Agata Bolognese es Lamborghini Polo Storico, que arrancó sus actividades en la primavera de 2015. Parte de su valor se basa en el trabajo que durante más de treinta años desarrolló una mujer cuya vida parece una novela: Ingrid Pussich, empleada de la marca a partir de 1968, cuyas anotaciones a mano en los documentos que pasaron por su mesa en más de tres décadas de trabajo en Lamborghini ofrecen una valiosa información fuera del cauce oficial. Ingrid Pussich nació en 1936 en lo que entonces se llamaba Estambul, de familia italo-dálmata. Su hermana, 18 meses mayor que ella, sufría una enfermedad que obligaba a la familia a desplazarse a Viena, donde la atendía un médico de origen judío. Cuando Hitler se anexionó Austria, este médico huyó a Estados Unidos, y les recomendó a un alumno suyo que tenía su consulta en Zagreb. Allí viajaba la familia para encontrar remedio a los males de la hermana, hasta que Hitler invadió Yugoslavia. Entonces, considerando el origen italiano del padre, decidieron irse a vivir a Bolonia, donde también podían atender a la enferma. Una vez asentada la familia en Italia, Ingrid encontró trabajo, y temporalmente su vida se estabilizó. Solo que inició una relación con el director y propietario de la empresa en la que trabajaba, un hombre casado, y por las dificultades que generó esta relación decidió buscar otra ocupación. Publicó un anuncio al respecto en la prensa local a finales de 1967, apoyándose en que hablaba cinco idiomas, y una de las respuestas que recibió decía: “He leído su anuncio y estoy interesado. Por favor, llámeme al teléfono de más abajo y nos vemos en esa dirección. Por favor, no deje de contactarme. Mientras tanto, le deseo una feliz Navidad y un buen año. Ferruccio Lamborghini”. Después de una charla en casa del Sr. Lamborghini, hubo una reunión con la dirección de la marca en la fábrica, que se cerró con esta frase: “¿Cuándo podría empezar a trabajar?, ¿cuando acaben las fiestas de Navidad le vendrá bien?” E Ingrid Pussich se convirtió en empleada de Lamborghini el lunes 8 de Enero de 1967.

Los actuales miembros del Comité de Sabios de Lamborghini Polo Storico: Massimo Pizzi, Walter Rinaldi y Giancarlo Barbieri.

A partir de se momento comenzó a tratar con directivos y empleados de la fábrica de automóviles y de la de tractores, y con clientes del tipo de Shah de Persia, de la modelo Twiggy, o de Frank Sinatra, que es el que dijo: “Conduces un Ferrari cuando quieres ser alguien. Conduces un Lamborghini cuando eres alguien”. En la actualidad, sus notas en los documentos custodiados por Rodrigo Filippani Ronconi en el archivo de Lamborghini Polo Storico son imprescindibles para los trabajos de certificación y restauración. Y de llevarlos a cabo se encarga el equipo de Francesco Gulinelli, que cuenta con el apoyo del Comitato dei Saggi (Comité de sabios), formado siempre por tres antiguos empleados de la marca, que rotan en los puestos, y asesoran en la restauración de los coches que ellos mismos diseñaron o fabricaron hace décadas. En la actualidad, este comité lo forman Walter Rinaldi, Giancarlo Barbieri y Massimo Pizzi. El primero trabajó en el departamento de compras entre 1966 y 2010, es decir, entre el 350 GT y el Murciélago. Barbieri se dedicó a los motores y sus homologaciones, trabajando junto a nombres que pertenecen a la historia de la marca como Paolo Stanzani, Gian Paolo Dallara y Bob Wallace. Y Pizzi empezó con la instalación eléctrica de los Countach en los ’70, y terminó desarrollando la electrónica de modelos de serie y de series especiales, como el Sesto Elemento y el Veneno.

Los planos originales con sus notas a mano …
… permiten realizar las restauraciones según los criterios con los que se fabricaron originalmente los coches.

La versión de Lamborghini del Certificazione di Autenticità (lo llaman exactamente igual que en Ferrari) califica al vehículo como Originale si conserva todos los elementos con los que se fabricó, y Autentico si alguno ha sido sustituido con recambio original. El documento final, ilustrado con no menos de 300 fotos, tiene un precio de 7.000 € más gatos de investigación. El otro servicio que ofrece Lamborghini Polo Storico es el suministro de los recambios necesarios para mantener en uso los Lamborghini: en concreto, suministra piezas desde el primer modelo, el 350 GT que se fabricó entre 1964 y 1967, hasta el Diablo, cuya producción arrancó en 1990 y llegó hasta 2001.

 

Los Fórmula 1 de 2026 y su nuevo reglamento

En 2026 la Fórmula 1 estrena un reglamento que sustituye al de 2022 y que genera cambios en la aerodinámica, la unidad de potencia y la conducción. Además, nace con un origen forzado, con gran expectación sobre cómo serán los nuevos coches y también con dudas sobre durante cuánto tiempo estará en vigor.

Según se acercaba la temporada de 2021, las carreras de Fórmula 1 se iban volviendo aburridas porque cada vez había menos adelantamientos. Para evitarlo se elaboró un reglamento que entró en vigor en la temporada de 2022 cuyo objetivo principal era facilitarlos. Una de las iniciativas clave era el DRS, que permitía a un piloto situado a un segundo o menos del coche de delante modificar la aerodinámica del suyo para reducir su resistencia al aire en zonas predeterminadas del circuito, y aprovechar la ventaja que así surgía para adelantar. Los efectos iniciales de las nuevas normas aerodinámicas fueron excelentes, aunque según pasaban los años los ingenieros iban encontrando maneras de reducir el peso de esas iniciativas, y con ello volvieron las dificultades para adelantar.

El AMG Mercedes es de los que, al menos al principio, prefieren un alerón delantero casi plano.

La segunda premisa básica del reglamento de 2022 se refería a lo que se dio en llamar unidad de potencia (“power unit” o PU), en lugar de simplemente motor. El cambio de denominación se debe a que está formado por cuatro elementos, que debían trabajar de modo coordinado en las muchas circunstancias que se pueden presentar en un fin de semana de carreras. El primero de esos elementos era un motor de gasolina de seis cilindros en V y 1.600 cc de cilindrada con un turbo. Se unía rígidamente a un segundo elemento que actuaba a la vez como motor eléctrico y como generador: cuando hacía falta potencia actuaba como motor tomando energía del tercer elemento, una batería, y transformándola en potencia; en las deceleraciones, actuaba como generador de electricidad, que almacenaba en la misma batería. Este motor-generador se llamaba MGU-K, de “Motor Generator Unit – Kinetic”, o “unidad motor – generador – cinético”. Hasta aquí, lo que se empleaba era una versión potente y sofisticada de una estructura similar a la de un coche híbrido de calle. Además, había que añadir un cuarto elemento que era otro motor-generador, éste más pequeño, acoplado al eje del turbo, en concreto ubicado entre la turbina y el compresor. En las deceleraciones actuaba también como generador de una energía que iba a parar a la batería, y al acelerar reducía el tiempo de respuesta del turbo (“turbo lag”) porque actuaba como un motor eléctrico que movía la turbina. Su denominación oficial era MGU-H, de “Motor Generator Unit – Heat”, o “unidad motor – generador – calor”, por encontrarse en uno de los puntos más calientes de la unidad de potencia.

En principio la idea era excelente, solo que tanta complejidad provocó un coste de desarrollo y fabricación elevado, y que no todos los equipos fueron capaces, a pesar de la inversión, de sacarle el partido a los cuatro elementos y su compleja coordinación.

La llegada de nuevos equipos y de nuevos proveedores de motores a la F1 para la temporada de 2026 favoreció la redacción de un nuevo reglamento, bajo la idea de que veteranos y recién llegados empezaran desde cero simultáneamente. No olvidemos que en 2026 debutan como equipos Cadillac (que en principio utilizará motores de Ferrari) y Audi (que hereda la estructura de Sauber y fabrica sus propios motores), y se estrena Ford como proveedor de motores para Red Bull y VCARB, y Honda para Aston Martin.

El planteamiento inicial del reglamento de 2026 en lo referido a las unidades de potencia pretendía reducir costes y complejidad y aumentar la importancia de la parte eléctrica. El primer punto era sencillo, porque no había más que eliminar el MGU-H y con un movimiento se conseguían los dos objetivos. El segundo era más complejo, porque aumentar la potencia del MGU-K hacía que, en retención, fuera casi seguro un bloqueo de las ruedas traseras, por la gran cantidad de potencia absorbida. Se propuso entonces una alternativa interesante: eliminar el MGU-K del motor de combustión y sustituirlo por un motor – generador eléctrico ubicado en el eje delantero, y con las mismas funciones. Se tendría así un F1 de tracción a las cuatro ruedas, con tracción delantera eléctrica y propulsión trasera térmica. Solo que en este punto todos los equipos, salvo Audi, se opusieron, ya que nadie tenía experiencia en este tipo de implantaciones, y sin embargo Audi la había empleado durante años tanto en sus coches del Mundial de Resistencia como en el del Dakar. No olvidemos el equilibrio inestable en el que se mueve la Fórmula 1: los coches deben ser los mejores y los más rápidos, aunque sin salirse del presupuesto, de prestaciones similares entre sí, y ser “ecológicos” aunque sin ser eléctricos, para no asemejarse a la Fórmula E.

El Red Bull utiliza pontones anchos y bajos, para expulsar aire sucio sin molestar al alerón trasero, …
… y alerón curvado en las puntas que cuelga del morro con dos soportes.

Una idea paralela y referida también al motor de combustión era hacer obligatorio el uso de combustibles sintéticos o al menos no completamente de origen fósil. Se aceptó el concepto como cuestión de imagen, aunque debido las características de esos combustibles obligaban a reducir la compresión del motor y con ello su potencia máxima. Estas dos decisiones condujeron a un nuevo problema: sin MGU-H y con menos compresión, era casi seguro que los coches desde 2026 iban a ser más lentos que los anteriores, y no resultarían más rápidos que un Fórmula 2 siendo mucho más caros. Por eso hubo que empezar a trabajar en hacer coches más rápidos por otros métodos, y el primer punto en el que se entró fue el de las dimensiones externas. Con el reglamento empleado hasta 2025 los coches eran enormes, solo que ese tamaño no era fácil de percibir porque evidentemente todos los coches de la parrilla eran igualmente grandes. Fernando Alonso comentó en alguna ocasión que adelantar en Mónaco se había vuelto aún más complicado simplemente por la longitud y anchura de los coches, que hacía difícil que dos cupieran en paralelo en un circuito tan estrecho. Lo entendí en primera persona visitando el museo del circuito de Silverstone, que exponía casi juntos un Red Bull de Daniel Ricciardo que cumplía el reglamento de 2014, junto a un Aston Martin de 2023: el Red Bull parecía un F3. De modo que desde 2026 los F1 serán 200 milímetros más cortos y 100 mm más estrechos. También la distancia entre ejes se reduce en 200 mm. Además, el peso mínimo baja en 30 kilos, y las llantas pasan de ser de 18” a 16”, aunque eso solo ayuda a reducir el peso en 4 kilos en total. No olvidemos que el salto de llantas de 13” de 2021 a 18” de 2022 supuso que los coches engordaran 11 kilos. Además, para ayudar en la rebaja de peso y reducir también la resistencia aerodinámica, los neumáticos serán más estrechos: los delanteros pasan de 305 a 275 mm, y también los traseros pierden 30 mm: de 405 a 375.

Al contrario que el Red Bull, el Ferrari SF-26, en su debut en Fiorano, montaba alerón delantero casi plano y más descolgado del morro. Seguimos haciendo pruebas.

El otro punto en el que se centró el trabajo para que los coches con el reglamento de 2026 fueran si no más rápidos sí al menos no mucho más lentos que los anteriores fue la aerodinámica. Y más que en el sentido de mejorar la penetración (que solo los haría más rápidos en las rectas), en el de facilitar los adelantamientos, como en las normas de 2022. Aquí hay que entrar en el complejo mundo de la relación entre aerodinámica y adelantamientos en monoplazas, en el que el punto clave es el aire agitado por las ruedas delanteras. Empecemos por el principio: cualquier elemento aerodinámico obtiene el máximo rendimiento si trabaja con aire en calma, limpio o, como dicen los expertos, en régimen laminar. Si el aire se encuentra agitado, sucio o turbulento, que de cualquiera de esas formas se llama, el elemento aerodinámico pierde eficacia. Este fenómeno se comprueba en las colas que se organizan en las cabeceras de pista de los aeropuertos, con varios aviones esperando para despegar, y que dejan un tiempo entre ellos. El motivo es que un avión, al despegar, agita tanto el aire que hay sobre la pista, que hay que esperar unos minutos hasta que el aire se ha calmado lo suficiente para que las alas del siguiente avión encuentren aire limpio y realicen con seguridad su función de elevar el avión. Por lo que se refiere a los monoplazas con las ruedas descubiertas, como un Fórmula 1, este fenómeno afecta tanto al propio vehículo como al que viene detrás. El primer obstáculo que se “choca” con el aire al avanzar el coche son las ruedas delanteras. Por su anchura y su altura, crean una turbulencia que hace difícil el trabajo del alerón trasero, que pierde eficacia al recibir aire sucio. De ahí que el objetivo fundamental de los especialistas en aerodinámica sea que ese aire que han “ensuciado” las ruedas delanteras no llegue al alerón, y lo consiguen a base de guiarlo hacia el exterior del propio coche; lo que se consigue con eso es que el aire sucio llegue al coche que viene detrás, intentando adelantarle, y que siente cómo todos sus elementos aerodinámicos (no solo el alerón trasero) pierden eficacia. Con ello se reduce su velocidad y el adelantamiento se vuelve imposible. En la curiosa jerga de la F1, expulsar el aire sucio hacia el exterior del coche se llama “out washing”, y es lo que pretenden los equipos; a evitar esto para que el aire sucio se quede en el propio coche y no afecte al que le sigue se le llama “in washing”, y es lo que pretende la FIA en el reglamento de 2026.

Los coches que se han empleado hasta 2025 destacaban por el uso brillante del “out washing”, que tanto dificultaba los adelantamientos. Se conseguía en primer lugar con un alerón delantero tan ancho como el coche, que guiaba el aire para que chocara menos con las ruedas delanteras. Y en segundo lugar, se colocaban aletas verticales detrás de esas ruedas, que guiaban el aire hacia al exterior, en lugar de hacia el propio alerón delantero. Estas aletas eran las llamadas “barge boards”. Con las normas para 2026 el alerón delantero está limitado: más estrecho y con menos planos, y se prohíben los “barge boards”. A la vista de los diseños de los nuevos modelos que se han visto hasta la fecha, la solución que han encontrado los ingenieros es ¡ingeniosa!: si no se pueden utilizar aletas que guíen el aire hacia fuera, se colocan aletas que frenen el aire, por lo que éste se irá él solo hacia el exterior, hacia el coche que venga detrás.

El último cambio aerodinámico importante se refiere al DRS (“Drag Reduction System”), el sistema que reduce la resistencia aerodinámica en las rectas. Hasta ahora solo existía en el alerón trasero, y sólo se podía utilizar en zonas autorizadas del circuito si se circulaba a menos de un segundo de distancia de otro coche. Desde 2026 se monta en los dos alerones, y se puede utilizar siempre que se quiera. Por ello deja de ser una ayuda para adelantar, y pasa a ser un simple principio de aerodinámica activa, de modo que se han inventado otro sistema para promover los adelantamientos: se permite que el MGU-K proporcione un empuje adicional y temporal en las rectas.

 

La prueba de que lo que se enseña ahora no es real: el Haas con cuatro ruedas traseras, alerón delantero sin actuadores y alerón trasero que no puede funcionar.
Algo habitual en los F1 de 2026 es el doble soporte para los retrovisores. Aquí, en el debutante Audi.

 

Según estaba previsto, y sucede en cada cambio de reglamento, los equipos buscan maneras diferentes de encontrar prestaciones, por lo que al inicio de su aplicación hay notables diferencias entre ellos. A medida que avancen las carreras y pasen las temporadas, y se compruebe cuáles son las mejores soluciones, las formas externas convergerán hasta que de nuevo todos los coches se parezcan. Por ejemplo, en lo que se ha visto en las fotos de lanzamiento, hay alerones frontales casi planos, otros que se curvan levemente en las puntas, y algunos se elevan enormemente. Una vez que se demuestre cuál es la alternativa ideal, ese perfil se hará más uniforme.

Con este planteamiento de cambio tan profundo, está claro que ningún equipo enseñará el coche real hasta el último momento. Es decir, que los que se han presentado no son los definitivos, y los que se han utilizado en las pruebas de pretemporada de Barcelona, tampoco. Basta con fijarse en que en las primeras fotos del Haas VF-26 que se hicieron públicas, el coche llevaba cuatro ruedas traseras, el alerón delantero no tenía actuadores para la función DRS y los del alerón trasero no podían moverse. Quizá los F1 de los entrenamientos de Bahrein en Febrero y Marzo se acerquen algo más, y sobre las verdaderas prestaciones habrá que esperar hasta el sábado 7 de Marzo por la tarde, cuando toque usar todo lo disponible para conseguir un buen puesto en la parrilla de salida de Melbourne.

El parque móvil en 2025

El año que se ha terminado estuvo cargado de viajes por carretera sobre dos y cuatro ruedas, con toda variedad de vehículos. Y también de muchos kilómetros en bici de montaña.

Mi garaje estaba anormalmente vacío al iniciarse el año, porque 2024 se había cerrado con la salida de los dos Mercedes CE280 de la serie W123 que acababa de vender. Y mientras, seguía buscando sustituto para el Toyota Corolla Touring Sport que llevaba siendo mi coche de todos los días desde 2022. Por fin en Marzo coincidieron las piezas del rompecabezas: una venta del Corolla a precio razonable, a la vez que la aparición de algo aún mejor de lo que buscaba para ocupar su lugar, y conseguí llevar a buen puerto las dos operaciones. El objetivo que al que llegué era un Volkswagen Golf GTI, exactamente de la segunda tirada de la séptima generación, aquellos fabricados entre 2016 y 2020, con cambio manual, llantas de 18” y la preciosa tapicería en tela de cuadros escoceses, la tradicional en los Golf GTI. Para remate, la unidad que llegó a mi garaje tenía solo 44.000 km, mantenimiento en Concesionario, y montaba la opción Performance, con 245 CV y una curva de par que no es una curva, si no toda una planicie.

La descripción detallada del coche y de sus primeros kilómetros en casa se contó (aquí), y algunos descubrimientos más del día a día junto a un buen viaje por Marruecos aparecen (aquí). Al cerrar el año, después de algo más de doce mil kilómetros en diez meses, el balance es abrumadoramente positivo, porque el Golf ha cumplido la difícil tarea de ser un coche para todo: recados urbanos, viajes dentro y fuera de España, cortos y largos, más la sensación de estar conduciendo un coche que es, a la vez, discreto y especial. Y a eso se añade que su carácter de coche poco habitual me abre las puertas a la vida social propia de esos coches, de modo que hemos compartido recorridos con otros juguetes especiales de cuatro ruedas y sus propietarios: desde SAAB 900 y Audi TT de su primera generación, a series limitadas de Yaris como el 1,5 de los ‘90, el GRMN o el muy exclusivo GR Yaris Ogier Edition.

La F750 GS recorrió en 2025 algunos kilómetros en bosques de Segovia y muchos en carreteras solitarias de Argelia.

La mitad de los casi seis mil kilómetros que hice en 2025 con la BMW F750 GS corresponden al viaje por Argelia, que conté (aquí) y (aquí), aunque en realidad solo dos mil los recorrí en territorio argelino: hay 400 km. desde casa hasta el puerto de Valencia, y otros 600 desde el puerto de Almería hasta regresar a casa. Dejando de lado ese viaje tan especial, lo más destacado fue la revisión anual que, un año más, se pasó en un concesionario de la marca. Aunque no se llegaba aun a los 20.000 km, decidieron hacer precisamente esa revisión, durante la cual se descubrió una pequeña pérdida de aceite en la tapa de la culata. Como esta intervención incluía comprobar el juego de válvulas, al levantar esa tapa se descubrió el origen de la pérdida: un daño en la junta, que se sustituyó. También se detectaron tonos marrones en el refrigerante, que igualmente se cambió sin más novedad. Han pasado 800 km desde entonces y no hay pérdidas de aceite ni tonos sospechosos en el refrigerante.

Lo que sí me llama la atención en un mercado en el que la invasión de las marcas chinas es creciente, es la política de precios de taller de los concesionarios de BMW. Si precisamente hay modelos chinos tremendamente cercanos a mi BMW F750 GS pero un precio muy inferior, ¿por qué mantienen unas tarifas tan elevadas en su postventa? No entremos a discutir los precios de la mano de obra o del alquiler de las instalaciones, voy a verlo solo desde el lado del cliente: la hora de mano de obra, con IVA, asciende a 115,72 €, el aceite de motor se cobra a 24,97 € por litro, cada bujía NGK tiene un precio de 22,76 €, y por la junta de la tapa de la culata cobran 102,85 €. ¿Llevaré la moto a un concesionario de la marca para su revisión anual en 2026, o buscaré una alternativa menos cara?

Siempre es emocionante el momento previo a una salida. El espíritu competitivo no cesa.

La Cannondale Scalpel 2 recorrió más de 1.100 kilómetros, concentrados al principio del año. A partir de ahí,  las lluvias y los viajes de trabajo, seguidos por las olas de calor, redujeron el kilometraje hasta que llegó el otoño. Un punto destacado fue participar, por primera vez, en un maratón en bici de montaña que eliminaba las tradicionales cintas y señales direccionales físicas, y obligaba a descargar la ruta en algún dispositivo que se fijara al manillar. La justificación era no deteriorar el entorno con plástico, aunque también hay que pensar que es más barato para el organizador obligar a los participantes al uso de navegadores que colocar las cintas antes de la carrera y retirarlas después.

En todo caso, el planteamiento teórico de la idea era correcto, aunque el resultado práctico no lo fue tanto, porque aún a la velocidad de una bici de montaña, la pantalla no se actualiza suficientemente deprisa si hay varios desvíos consecutivos. Además, están claros los desvíos cerrados (en ángulo recto, por ejemplo), no así las bifurcaciones. De hecho, me confundí en algunas bifurcaciones y en tramos retorcidos, lo que me obligó a esperar a que el sistema se aclarara antes de tomar el rumbo correcto.

Por otro lado, si la pequeña pantalla de mi Garmin está ocupada con la navegación, no veo el resto de las variables que me interesan y que he configurado en una pantalla a mi medida: tiempo total, velocidad media, velocidad actual, distancia recorrida y ritmo cardiaco. Y no me apetece soltarme del manillar para cambiar de pantalla. Curiosamente no he vuelto a ver convocatorias de pruebas similares sin señalización.

Sí nos divertimos en grado superlativo en la Clásica de Valdemorillo, que repetía el formidable recorrido de 2024, aunque esta vez tenía, por fortuna, menos agua: un 85% de pistas, el resto senderos, un permanente sube-baja con paisajes variados que alternaban dehesa con encinar y pinar. Y el año acabó en la Trasierra de San Martín de Valdeiglesias, con un recorrido más complicado de lo que parecía, por culpa de la DANA que afectó a la zona hace unos años, y que ha dejado los senderos muy rotos.

 

El Mazda 3 Sedán, con su aspecto inocente, terminó siendo una de las sorpresas agradables de 2025.
«¿En qué estarían pensando?» versión diseño de cuadros de mando.

Los viajes de trabajo y el cambio del Corolla al Golf GTI obligaron a alquilar temporalmente algunos coches, una lotería que me permitió probar vehículos distintos y descubrir lo mejor y lo peor que cada uno tiene. El Peugeot 2008 que alquilé en Marzo montaba ese cuadro de mandos alto con volante pequeño habitual hoy en día en la marca, que hace que el cuadro quede siempre por encima del volante y permita su visión. Pero la movilidad en vertical del volante está limitada precisamente para no tapar el cuadro, y aun subiendo el pequeño volante y bajando el asiento, el volante me molestaba en las piernas.

El cuadro en sí es una pantalla digital, lo habitual hoy en día, solo que la aguja del velocímetro se desplaza en sentido horario y la del cuentavueltas en antihorario. Esto produce un extraño efecto, ya que desaparece la relación habitual al acelerar y frenar: ambas agujas deberían moverse en el mismo sentido, no en sentidos opuestos. Además, la escala es móvil y variable; es decir, la aguja del velocímetro se encuentra con el vehículo parado en posición horizontal marcando 20 km/h, mientras que en autovía está horizontal a 80 km/h. ¿No han caído en que los conductores no solemos leer los números del cuadro, sino que simplemente miramos la posición de las agujas?, o preguntado de otro modo, ¿cuánta experiencia de conducción tienen quienes decidieron este sinsentido? Como remate, a la izquierda de los dos relojes básicos está el indicador de nivel de combustible, que crece en sentido horario, y a la derecha el de temperatura de refrigerante, que lo hace en antihorario.

Unos días más tarde recogí un Ssangyong Tivoli, que conduje bajo los temporales de lluvia que cayeron en esos días, con lo que supone de atascos urbanos y carreteras con escasa visibilidad y ya no agua abundante, directamente la posibilidad de charcos peligrosos, de los que conducen al aquaplanning. Los acabados eran sinceros para ser un coche económico: plástico duro y de aspecto barato. Lo que me desagradó fue que la ergonomía se basaba en una lógica que no llegué a entender: ¿por qué el interruptor que desactiva el sistema “Start&Stop” está bajo los mandos de la climatización, en el extremo inferior derecho de la consola central, y no cerca de los elementos relacionados con el motor, como el cuentavueltas o el indicador de nivel de combustible?

La primera marcha entraba lenta, y por el escaso kilometraje del vehículo y la ausencia de ruido, no debía ser un desgaste de los sincros, de modo que en tráfico urbano denso, con el sistema “Start&Stop” conectado, cuando se pisaba el embrague y se intentaba meter primera, la marcha aún no había entrado cuando el motor arrancaba y se aflojaba la presión sobre el embrague, por lo que el motor se calaba. La solución consistió simplemente en desactivar el “Start&Stop”.

El tercer coche de alquiler del año llegó en Abril, un humilde Mazda 3 Sedán en color gris anodino, con propulsión híbrida de gasolina, que resultó ser el más agradable de todos. La banda de potencia era más amplia de lo que se espera de un motor pequeño de gasolina, y el confort de marcha era elevado, en parte gracias a que empleaba neumáticos de perfil razonable, unos 205/60 R16, apropiados para un coche viajero, al contrario de esa manía ahora habitual de montar neumáticos de perfil bajo en llanta grande hasta en los coches urbanos.

Pasó también con nota la prueba de fuego de la ergonomía: utilizar el vehículo sin haber leído antes el libro de instrucciones. Empecé desconfiando del enorme mando multiuso de la consola central, ese estilo tan criticado después del fracaso del que inició la moda, el de BMW, hace ya unos años. Sin embargo, me hice con él de modo intuitivo, lo que significa que es ergonómicamente correcto. En términos prácticos, una vez que emparejé mi teléfono con el Android Auto del Mazda en modo inalámbrico, salté con el mando de programar el recorrido en Waze a localizar Radio 3, ajustar el volumen y regresar al navegador. Sin mirar el mando ni apartar los ojos de la carretera.

Y arrancamos 2026 con planes de muchos kilómetros para distintos vehículos; en doce meses veremos cómo se materializan.