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Autor: Luis Carlos Alcoba

La historia yankee de la OSSA Yankee (I)

La historia de la OSSA Yankee comenzó en Estados Unidos, pudo haber nacido como Bultaco Yankee gracias al dinero de Ford Motor Company, dejó de serlo por una huelga sindical, y terminó siendo brevemente la Yankee Z allí y la Yankee 500 aquí.

Esta historia, turbulenta y entretenida, que se desarrolla entre Cataluña y el este de EE. UU., comienza a principios de los años ’60 y su protagonista es John Taylor. Hoy en día le calificaríamos de emprendedor, entonces era un empresario inquieto. Había nacido en Marzo de 1933, y desde los ’50 vivía de suministrar máquinas herramienta a la industria de Schenectady y sus alrededores, en el estado de Nueva York. Las aficiones de Taylor estaban en el entorno de esa maquinaria: coches, cámaras de fotos, equipos de sonido y motos. Se compraba un coche (Ferrari, Lancia, Cunningham, …), lo disfrutaba medio año, lo vendía ganando dinero y se compraba otro.

Con las motos no estaba tan contento, simplemente porque el tipo de moto que él quería aún no se había inventado. Le gustaba salir de casa en moto con sus amigos, rodar por carretera hasta llegar a sus pistas favoritas, y entonces disfrutar de esas pistas entre bosques inacabables. Solo que las motos que él y sus amigos tenían solo eran válidas para la primera parte de sus recorridos, el de carretera: Triumph TR-5, BSA Gold Stars y algún valiente que se atrevía a hacerlo en una Harley. Sí, iban bien por carretera y tenían luces y algunos relojes, pero los recorridos de suspensión se quedaban cortos por el campo, el motor no tenía bajos suficientes, la relación del cambio era abierta, y pesaban demasiado. Por otro lado, las motos de campo de aquel entonces, pequeñas y ligeras dos tiempos, eran incómodas y lentas en carretera y la autonomía era escasa. Taylor las conocía bien, porque con una de ellas había ganado la medalla de bronce en los ISDE de 1964 en Erfurt, por entonces en la República Democrática Alemana.

Ninguno de los fabricantes europeos de la época las hacía con más de 250 cc., lo que las limitaba en carretera, porque en cilindradas mayores se presentaban permanentes averías en forma de gripajes de pistón. Y Taylor estaba convencido de que su moto ideal era una 500 de dos tiempos, formada a base de dos cilindros de 250 cc., que resultaría el equilibrio ideal para ir por carretera hasta sus pistas favoritas y luego ser ligera en el campo. Faltaban muchos años para que llegaran lo que ahora llamamos motos Trail, ese intermedio que era exactamente lo que buscaban John Taylor y sus amigos.

27 de Agosto de 1962: las cuatro primeras Sherpa 125 han llegado a CEMOTO East Importing Company, y Taylor señala orgulloso una de las cajas. En la foto de apertura, Taylor en 1968 sobre el prototipo de Yankee con el que había participado en los Dos Días de Enduro de Berkshire.
Una semana después de que llegara el primer envío, las Bultaco ya estaban corriendo. De izquierda a derecha: Barrie Tosh, John Taylor (11), Ray Palen (47) y Chuck Herbert (25)

Mientras, él se dedicaba a sus negocios, y en 1962 se enteró de que estaba disponible la posición de importador de Bultaco para la costa este de los Estados Unidos. No tardó en ponerse en contacto con la Compañía Española de Motores (CEMOTO) en Barcelona, y rápidamente llegó a un acuerdo con F. X. Bultó, de modo que de día vendía maquinaria y por las noches, con la ayuda de Kay, su mujer, dirigía CEMOTO East Importing Company. La empresa tenía los derechos de importación para 29 de los estados del país, y del resto se ocupaba el otro importador, ubicado en Los Angeles. La gama de Bultaco en aquel momento estaba formada básicamente por las TSS de circuito y las Sherpa de trial, y lo primero que hizo Taylor como importador fue sacar una Sherpa del embalaje en el que le llegó desde España e inscribirse en las carreras de la zona. A la vista de sus resultados, se cumplió esa frase de que no hace falta hacer anuncios de la moto que gana, porque se vende sola. La importación de Bultaco creció tanto y tan deprisa, que John vendió su negocio de máquinas herramienta para centrarse en las motos.

Para entonces, los fabricantes japoneses de motos habían creado una nueva categoría que llamaban street scramblers, y que para Taylor reunía lo peor de las motos de carretera y de campo de la época, porque eran motos de carretera con motores medianos de cuatro tiempos, manillar ancho y escape elevado. Es decir, el recorrido de suspensión seguía siendo insuficiente, la relación peso – potencia mala, y montaban neumáticos de carretera. El importador de Bultaco para el oeste de EE. UU. pidió a la marca que fabricara una street scrambler, y sin embargo Taylor no solo no se unió a la solicitud, es que redactó las especificaciones de su moto ideal y se las envió a F. X. Bultó. La respuesta fue “Nos ponemos con ello”, y en Diciembre de 1963 Taylor voló a Barcelona para probar el prototipo que se había preparado, lo que se terminaría llamando la Matador de 200 cc. A Taylor le gustó tanto que convenció a Bultó para llevarse ese ejemplar único a EE. UU. para rodar con ella en sus pistas favoritas, de modo que la marca tuvo que desarrollar la versión de serie con los planos y las fotos disponibles.

Con la Matador 200 cc, Taylor había dado el primer paso hacia su sueño, y no tardó en pedirle a Bultó una Matador de 350 cc. Con la fábrica desbordada de pedidos y al límite de su capacidad de producción, lo único que se pudo hacer fue lanzar la Matador dos y medio con la versión de 250 cc del motor original. A la vista de que no podía obtener su añorada bicilíndrica de 500 cc y dos tiempos de Bultaco, Taylor se fijó en la industria británica de la moto. Envió a su jefe de servicio, Jess Thomas, a un viaje por diversas fábricas del Reino Unido para que negociara la posibilidad de que allí le fabricaran su motor, y Thomas regresó desolado: las fábricas británicas iban camino del colapso, y no había posibilidad de que afrontaran esa inversión.

Cuando parecía que se le acababan las posibilidades de tener su moto ideal, Taylor se topó con una jugada a tres bandas complicada y creativa. Por un lado, supo que CEMOTO tenía licencia para fabricar automóviles en España, aunque nunca la había utilizado, y que Bultó estaba interesado en vender su empresa, incluida esa licencia, a Taylor. En la España de la época, la de la autarquía, con una economía intervenida por la Administración, eran necesarios permisos para muchas actividades, y Bultaco tenía el necesario para fabricar coches. La segunda pieza de este rompecabezas estaba en Detroit (Michigan): Ford Motor Company tuvo fábricas en España entre 1920 y 1954, y se estaba planteando el retorno. Su primera planta estuvo en Cádiz, en la que bajo el nombre de Ford Motor Company, S.A.E. se fabricaron el Ford T, los tractores Fordson y los camiones Ford TT. En 1923 se trasladó al Pueblo Nuevo de Barcelona, esta vez con el nombre de Ford Motor Ibérica, S.A. Después de la guerra se dedicó a fabricar repuestos para los vehículos producidos desde 1920, así como gasógenos y, en 1953, a la vista de que la Administración española se centraba en apoyar a empresas nuevas, como SEAT y FASA-Renault, decidió retirarse de España. De ese modo, en 1954 vendió la fábrica a Motor Ibérica, una empresa nacionalizada que inició la producción de camiones y tractores basados en modelos de Ford, bajo la marca EBRO. Ya en los años ’60 barajó la posibilidad de retornar a España, y eso le sirvió a Taylor para elaborar el plan que presentó en Detroit: pedir un préstamo a largo plazo de 300.000 $ a Ford, para con ese dinero comprar Bultaco y entregar la licencia de fabricación de coches de Bultaco a Ford. Una vez fuera propietario de Bultaco, desarrollaría en primer lugar su moto de campo de 350 cc, y más tarde la soñada 500 bicilíndrica.

Un piquete de sindicalistas bloquea el acceso de un camión a la fábrica de Ford Motor Company en Chicago Heights.
Los empleados de la fábrica de Ford en Wayne (Michigan) salen de la planta tras haber fracasado las negociaciones; la huelga continúa.

Lo más sorprendente de la historia es que Ford aceptó, una vez que entendió la trastienda de una maniobra que pasaba porque uno de los mayores fabricantes de coches del mundo actuara como prestamista de un pequeño importador de motos europeas. Y con todo listo para las firmas, y Taylor acariciando su sueño, el plan se vino abajo: una masiva huelga del influyente y poderoso sindicato de la automoción, el United Auto Workers (UAW), detuvo las actividades en Ford, que temía que la huelga se prolongara indefinidamente y los beneficios se vinieran abajo. La escasa documentación existente sobre estos hechos no me ha permitido determinar cuál de las varias huelgas de la sección en Ford de la UAW en aquellos años detuvo el proceso. La de Mayo de 1963 empezó en la planta de estampación de Chicago Heights en solicitud de más medidas de seguridad, se extendió por fábricas de todo el país, duró hasta Diciembre de ese año, y se convirtió en la huelga más costosa en la historia de Ford Motor Company. También pudo ser la de Septiembre de 1964, que la UAW planteó frente a los tres grandes fabricantes de entonces en los EE. UU. (General Motors, Chrysler y la propia Ford). Sea como fuere, una vez más Taylor se quedó sin su moto soñada.

Esta foto, junto a una caja de buen vino, se la envió F. X. Bultó a John Taylor a finales de 1955

Mientras tanto, Bultaco había lanzado una TSS 350 y una moto de enduro de 360 cc, ambas basadas en el motor de motocross, aunque ya no estaban solos: también Husqvarna había puesto a la venta su 360. Por su lado, John Taylor no tiraba la toalla y seguía dándole vueltas a cómo materializar la moto que seguía teniendo en la cabeza, aunque la tuviera que fabricar él. En los Estados Unidos de la época no había proveedores de los componentes necesarios para las motos de campo, y por otro lado montar una fábrica para el motor estaba fuera de sus posibilidades. Evaluó entonces la idea de encargar motor, chasis y componentes, y limitarse a montar una pequeña fábrica que fuera básicamente una línea de ensamblaje de lo que le enviarían sus proveedores. Salió entonces “de compras”, y se encontró en Daytona en 1966 con Manuel Giró, fundador y propietario de dos empresas. Una era Orfeo Sincronic, S.A., dedicada a la fabricación de motores fueraborda y de maquinaria cinematográfica, y la otra era OSSA, fabricante de motos. Giró le comentó a Taylor que había vendido sus motos en EE. UU. a través de una red de distribuidores locales, aunque él prefería un único importador para todo el país. En una reunión posterior Giró le propuso que fuera ese importador exclusivo, y añadió un incentivo: OSSA le diseñaría el motor para la moto en la que estaba pensando. Taylor aceptó bajo la condición, que años más tarde se volvería clave en la parte española de la historia de la Yankee, de que los derechos del motor le pertenecieran a él, y no a OSSA. Inmediatamente Taylor dedicó una parte del edificio que ocupaba CEMOTO East Importing Company a zona de fabricación de su moto, y como ya había decidido que se iba a llamar Yankee, fundó la empresa fabricante bajo el nombre de Yankee Motor Company. (Continuará).

Lo restaura quien lo fabricó

Con los precios de los coches clásicos por las nubes y de moda incluso entre los inversores, empieza a cobrar importancia que quien lo fabricó certifique su autenticidad y, si es necesario repararlo o restaurarlo, lo haga del mismo modo en que se fabricó. Repasamos cómo lo hacen en Ferrari Classiche y en Lamborghini Polo Storico.

Desde la crisis económica de 2008, tanto los aficionados a los coches clásicos como inversores ajenos al sector se han fijado en este tipo de vehículos como activo en el que depositar su dinero, esperando revalorizaciones interesantes o, al menos, superiores a las de otros activos, además de disfrutarlos al volante. Sean para conducir, exhibir o especular, los coches clásicos relacionan su valor con su autenticidad y su originalidad, lo que ha llevado a algunas de las marcas que los fabricaron a crear o potenciar los servicios que ofrecen al público. El primero de esos servicios es certificar que el vehículo es lo que se dice que es, y que conserva los elementos básicos con los que se fabricó, especialmente chasis, motor y cambio. Y el segundo es realizar las intervenciones necesarias para mantener su estado lo más parecido posible al original, considerando que esos coches no se fabricaron pensando en que se iban a seguir conduciendo más de medio siglo después.

El Certificado de Autenticidad de Ferrari es conocido en el sector como «el libro rojo», …
… y demuestra que el coche es lo que parece.

En Ferrari se creó este departamento en 2006, y custodia toda la documentación de los vehículos desde la fundación de la marca, en 1947. Su nombre no podía ser otro que Ferrari Classiche, y su actividad más conocida y habitual es extender la Certificazione di autenticità, que por su forma externa se conoce como “el libro rojo”. Se puede emitir para vehículos de más de veinte años de edad, o aquellos encuadrados entre las series especiales, Sport o Fórmula 1. Conseguirlo es un proceso formado por cuatro pasos, el primero de los cuales es inspeccionar el vehículo, sea en las instalaciones de Ferrari Classiche o en un concesionario autorizado. Con las fotos hechas y las mediciones realizadas, se devuelve el coche al cliente y se inicia la segunda fase, el análisis técnico, que consiste en contrastar los datos tomados con los que figuran en los archivos de Ferrari. Si todo es correcto, el informe de certificación pasa al Comitato di Certificazione, que valida o refuta el informe. Si el comité valida el informe, se emite la Certificazione, firmada por Piero Ferrari; en caso de anomalías, el proceso se detiene hasta que se corrijan los errores. Aunque la discreción es uno de los puntos clave de estos servicios, se sabe que el precio se sitúa en el entorno de los 7.000 €, y el plazo de emisión oscila entre seis y doce meses; en el exquisito caso de un Ferrari 250 GTO, el precio llega a los 21.000 €, una pequeña parte de su precio, que nunca baja de los cuarenta millones de Euros.

Sí, es la carpeta con el pedido de Steve McQueen.

La otra actividad de Ferrari Classiche es la restauración. Hay concesionarios autorizados en diversos países para realizarlas, aunque las más delicadas se llevan a cabo en la sede central, ubicada en la fábrica de Maranello. También para estas labores se recurre al formidable archivo, que incluye las notas a mano de la fabricación y montaje de cada unidad, y hasta las impresiones de conducción en la prueba de rodaje previa a la entrega al cliente. También hay en el archivo documentos tan peculiares como los del Ferrrari  275 GTS que Steve McQueen encargó el 14 de Septiembre de 1965 a través del entonces importador de Ferrari en la costa este de los EE.UU., Luigi Chinetti, y que se le entregó el 21 de Julio de 1966.

 

Tampoco el archivo de Lamborghini Polo Storico se queda atrás. Despieces, anotaciones de pruebas, …
… y la carta de colores de carrocería del Espada.

El departamento equivalente en Sant’Agata Bolognese es Lamborghini Polo Storico, que arrancó sus actividades en la primavera de 2015. Parte de su valor se basa en el trabajo que durante más de treinta años desarrolló una mujer cuya vida parece una novela: Ingrid Pussich, empleada de la marca a partir de 1968, cuyas anotaciones a mano en los documentos que pasaron por su mesa en más de tres décadas de trabajo en Lamborghini ofrecen una valiosa información fuera del cauce oficial. Ingrid Pussich nació en 1936 en lo que entonces se llamaba Estambul, de familia italo-dálmata. Su hermana, 18 meses mayor que ella, sufría una enfermedad que obligaba a la familia a desplazarse a Viena, donde la atendía un médico de origen judío. Cuando Hitler se anexionó Austria, este médico huyó a Estados Unidos, y les recomendó a un alumno suyo que tenía su consulta en Zagreb. Allí viajaba la familia para encontrar remedio a los males de la hermana, hasta que Hitler invadió Yugoslavia. Entonces, considerando el origen italiano del padre, decidieron irse a vivir a Bolonia, donde también podían atender a la enferma. Una vez asentada la familia en Italia, Ingrid encontró trabajo, y temporalmente su vida se estabilizó. Solo que inició una relación con el director y propietario de la empresa en la que trabajaba, un hombre casado, y por las dificultades que generó esta relación decidió buscar otra ocupación. Publicó un anuncio al respecto en la prensa local a finales de 1967, apoyándose en que hablaba cinco idiomas, y una de las respuestas que recibió decía: “He leído su anuncio y estoy interesado. Por favor, llámeme al teléfono de más abajo y nos vemos en esa dirección. Por favor, no deje de contactarme. Mientras tanto, le deseo una feliz Navidad y un buen año. Ferruccio Lamborghini”. Después de una charla en casa del Sr. Lamborghini, hubo una reunión con la dirección de la marca en la fábrica, que se cerró con esta frase: “¿Cuándo podría empezar a trabajar?, ¿cuando acaben las fiestas de Navidad le vendrá bien?” E Ingrid Pussich se convirtió en empleada de Lamborghini el lunes 8 de Enero de 1967.

Los actuales miembros del Comité de Sabios de Lamborghini Polo Storico: Massimo Pizzi, Walter Rinaldi y Giancarlo Barbieri.

A partir de se momento comenzó a tratar con directivos y empleados de la fábrica de automóviles y de la de tractores, y con clientes del tipo de Shah de Persia, de la modelo Twiggy, o de Frank Sinatra, que es el que dijo: “Conduces un Ferrari cuando quieres ser alguien. Conduces un Lamborghini cuando eres alguien”. En la actualidad, sus notas en los documentos custodiados por Rodrigo Filippani Ronconi en el archivo de Lamborghini Polo Storico son imprescindibles para los trabajos de certificación y restauración. Y de llevarlos a cabo se encarga el equipo de Francesco Gulinelli, que cuenta con el apoyo del Comitato dei Saggi (Comité de sabios), formado siempre por tres antiguos empleados de la marca, que rotan en los puestos, y asesoran en la restauración de los coches que ellos mismos diseñaron o fabricaron hace décadas. En la actualidad, este comité lo forman Walter Rinaldi, Giancarlo Barbieri y Massimo Pizzi. El primero trabajó en el departamento de compras entre 1966 y 2010, es decir, entre el 350 GT y el Murciélago. Barbieri se dedicó a los motores y sus homologaciones, trabajando junto a nombres que pertenecen a la historia de la marca como Paolo Stanzani, Gian Paolo Dallara y Bob Wallace. Y Pizzi empezó con la instalación eléctrica de los Countach en los ’70, y terminó desarrollando la electrónica de modelos de serie y de series especiales, como el Sesto Elemento y el Veneno.

Los planos originales con sus notas a mano …
… permiten realizar las restauraciones según los criterios con los que se fabricaron originalmente los coches.

La versión de Lamborghini del Certificazione di Autenticità (lo llaman exactamente igual que en Ferrari) califica al vehículo como Originale si conserva todos los elementos con los que se fabricó, y Autentico si alguno ha sido sustituido con recambio original. El documento final, ilustrado con no menos de 300 fotos, tiene un precio de 7.000 € más gatos de investigación. El otro servicio que ofrece Lamborghini Polo Storico es el suministro de los recambios necesarios para mantener en uso los Lamborghini: en concreto, suministra piezas desde el primer modelo, el 350 GT que se fabricó entre 1964 y 1967, hasta el Diablo, cuya producción arrancó en 1990 y llegó hasta 2001.

 

Los Fórmula 1 de 2026 y su nuevo reglamento

En 2026 la Fórmula 1 estrena un reglamento que sustituye al de 2022 y que genera cambios en la aerodinámica, la unidad de potencia y la conducción. Además, nace con un origen forzado, con gran expectación sobre cómo serán los nuevos coches y también con dudas sobre durante cuánto tiempo estará en vigor.

Según se acercaba la temporada de 2021, las carreras de Fórmula 1 se iban volviendo aburridas porque cada vez había menos adelantamientos. Para evitarlo se elaboró un reglamento que entró en vigor en la temporada de 2022 cuyo objetivo principal era facilitarlos. Una de las iniciativas clave era el DRS, que permitía a un piloto situado a un segundo o menos del coche de delante modificar la aerodinámica del suyo para reducir su resistencia al aire en zonas predeterminadas del circuito, y aprovechar la ventaja que así surgía para adelantar. Los efectos iniciales de las nuevas normas aerodinámicas fueron excelentes, aunque según pasaban los años los ingenieros iban encontrando maneras de reducir el peso de esas iniciativas, y con ello volvieron las dificultades para adelantar.

El AMG Mercedes es de los que, al menos al principio, prefieren un alerón delantero casi plano.

La segunda premisa básica del reglamento de 2022 se refería a lo que se dio en llamar unidad de potencia (“power unit” o PU), en lugar de simplemente motor. El cambio de denominación se debe a que está formado por cuatro elementos, que debían trabajar de modo coordinado en las muchas circunstancias que se pueden presentar en un fin de semana de carreras. El primero de esos elementos era un motor de gasolina de seis cilindros en V y 1.600 cc de cilindrada con un turbo. Se unía rígidamente a un segundo elemento que actuaba a la vez como motor eléctrico y como generador: cuando hacía falta potencia actuaba como motor tomando energía del tercer elemento, una batería, y transformándola en potencia; en las deceleraciones, actuaba como generador de electricidad, que almacenaba en la misma batería. Este motor-generador se llamaba MGU-K, de “Motor Generator Unit – Kinetic”, o “unidad motor – generador – cinético”. Hasta aquí, lo que se empleaba era una versión potente y sofisticada de una estructura similar a la de un coche híbrido de calle. Además, había que añadir un cuarto elemento que era otro motor-generador, éste más pequeño, acoplado al eje del turbo, en concreto ubicado entre la turbina y el compresor. En las deceleraciones actuaba también como generador de una energía que iba a parar a la batería, y al acelerar reducía el tiempo de respuesta del turbo (“turbo lag”) porque actuaba como un motor eléctrico que movía la turbina. Su denominación oficial era MGU-H, de “Motor Generator Unit – Heat”, o “unidad motor – generador – calor”, por encontrarse en uno de los puntos más calientes de la unidad de potencia.

En principio la idea era excelente, solo que tanta complejidad provocó un coste de desarrollo y fabricación elevado, y que no todos los equipos fueron capaces, a pesar de la inversión, de sacarle el partido a los cuatro elementos y su compleja coordinación.

La llegada de nuevos equipos y de nuevos proveedores de motores a la F1 para la temporada de 2026 favoreció la redacción de un nuevo reglamento, bajo la idea de que veteranos y recién llegados empezaran desde cero simultáneamente. No olvidemos que en 2026 debutan como equipos Cadillac (que en principio utilizará motores de Ferrari) y Audi (que hereda la estructura de Sauber y fabrica sus propios motores), y se estrena Ford como proveedor de motores para Red Bull y VCARB, y Honda para Aston Martin.

El planteamiento inicial del reglamento de 2026 en lo referido a las unidades de potencia pretendía reducir costes y complejidad y aumentar la importancia de la parte eléctrica. El primer punto era sencillo, porque no había más que eliminar el MGU-H y con un movimiento se conseguían los dos objetivos. El segundo era más complejo, porque aumentar la potencia del MGU-K hacía que, en retención, fuera casi seguro un bloqueo de las ruedas traseras, por la gran cantidad de potencia absorbida. Se propuso entonces una alternativa interesante: eliminar el MGU-K del motor de combustión y sustituirlo por un motor – generador eléctrico ubicado en el eje delantero, y con las mismas funciones. Se tendría así un F1 de tracción a las cuatro ruedas, con tracción delantera eléctrica y propulsión trasera térmica. Solo que en este punto todos los equipos, salvo Audi, se opusieron, ya que nadie tenía experiencia en este tipo de implantaciones, y sin embargo Audi la había empleado durante años tanto en sus coches del Mundial de Resistencia como en el del Dakar. No olvidemos el equilibrio inestable en el que se mueve la Fórmula 1: los coches deben ser los mejores y los más rápidos, aunque sin salirse del presupuesto, de prestaciones similares entre sí, y ser “ecológicos” aunque sin ser eléctricos, para no asemejarse a la Fórmula E.

El Red Bull utiliza pontones anchos y bajos, para expulsar aire sucio sin molestar al alerón trasero, …
… y alerón curvado en las puntas que cuelga del morro con dos soportes.

Una idea paralela y referida también al motor de combustión era hacer obligatorio el uso de combustibles sintéticos o al menos no completamente de origen fósil. Se aceptó el concepto como cuestión de imagen, aunque debido las características de esos combustibles obligaban a reducir la compresión del motor y con ello su potencia máxima. Estas dos decisiones condujeron a un nuevo problema: sin MGU-H y con menos compresión, era casi seguro que los coches desde 2026 iban a ser más lentos que los anteriores, y no resultarían más rápidos que un Fórmula 2 siendo mucho más caros. Por eso hubo que empezar a trabajar en hacer coches más rápidos por otros métodos, y el primer punto en el que se entró fue el de las dimensiones externas. Con el reglamento empleado hasta 2025 los coches eran enormes, solo que ese tamaño no era fácil de percibir porque evidentemente todos los coches de la parrilla eran igualmente grandes. Fernando Alonso comentó en alguna ocasión que adelantar en Mónaco se había vuelto aún más complicado simplemente por la longitud y anchura de los coches, que hacía difícil que dos cupieran en paralelo en un circuito tan estrecho. Lo entendí en primera persona visitando el museo del circuito de Silverstone, que exponía casi juntos un Red Bull de Daniel Ricciardo que cumplía el reglamento de 2014, junto a un Aston Martin de 2023: el Red Bull parecía un F3. De modo que desde 2026 los F1 serán 200 milímetros más cortos y 100 mm más estrechos. También la distancia entre ejes se reduce en 200 mm. Además, el peso mínimo baja en 30 kilos, y las llantas pasan de ser de 18” a 16”, aunque eso solo ayuda a reducir el peso en 4 kilos en total. No olvidemos que el salto de llantas de 13” de 2021 a 18” de 2022 supuso que los coches engordaran 11 kilos. Además, para ayudar en la rebaja de peso y reducir también la resistencia aerodinámica, los neumáticos serán más estrechos: los delanteros pasan de 305 a 275 mm, y también los traseros pierden 30 mm: de 405 a 375.

Al contrario que el Red Bull, el Ferrari SF-26, en su debut en Fiorano, montaba alerón delantero casi plano y más descolgado del morro. Seguimos haciendo pruebas.

El otro punto en el que se centró el trabajo para que los coches con el reglamento de 2026 fueran si no más rápidos sí al menos no mucho más lentos que los anteriores fue la aerodinámica. Y más que en el sentido de mejorar la penetración (que solo los haría más rápidos en las rectas), en el de facilitar los adelantamientos, como en las normas de 2022. Aquí hay que entrar en el complejo mundo de la relación entre aerodinámica y adelantamientos en monoplazas, en el que el punto clave es el aire agitado por las ruedas delanteras. Empecemos por el principio: cualquier elemento aerodinámico obtiene el máximo rendimiento si trabaja con aire en calma, limpio o, como dicen los expertos, en régimen laminar. Si el aire se encuentra agitado, sucio o turbulento, que de cualquiera de esas formas se llama, el elemento aerodinámico pierde eficacia. Este fenómeno se comprueba en las colas que se organizan en las cabeceras de pista de los aeropuertos, con varios aviones esperando para despegar, y que dejan un tiempo entre ellos. El motivo es que un avión, al despegar, agita tanto el aire que hay sobre la pista, que hay que esperar unos minutos hasta que el aire se ha calmado lo suficiente para que las alas del siguiente avión encuentren aire limpio y realicen con seguridad su función de elevar el avión. Por lo que se refiere a los monoplazas con las ruedas descubiertas, como un Fórmula 1, este fenómeno afecta tanto al propio vehículo como al que viene detrás. El primer obstáculo que se “choca” con el aire al avanzar el coche son las ruedas delanteras. Por su anchura y su altura, crean una turbulencia que hace difícil el trabajo del alerón trasero, que pierde eficacia al recibir aire sucio. De ahí que el objetivo fundamental de los especialistas en aerodinámica sea que ese aire que han “ensuciado” las ruedas delanteras no llegue al alerón, y lo consiguen a base de guiarlo hacia el exterior del propio coche; lo que se consigue con eso es que el aire sucio llegue al coche que viene detrás, intentando adelantarle, y que siente cómo todos sus elementos aerodinámicos (no solo el alerón trasero) pierden eficacia. Con ello se reduce su velocidad y el adelantamiento se vuelve imposible. En la curiosa jerga de la F1, expulsar el aire sucio hacia el exterior del coche se llama “out washing”, y es lo que pretenden los equipos; a evitar esto para que el aire sucio se quede en el propio coche y no afecte al que le sigue se le llama “in washing”, y es lo que pretende la FIA en el reglamento de 2026.

Los coches que se han empleado hasta 2025 destacaban por el uso brillante del “out washing”, que tanto dificultaba los adelantamientos. Se conseguía en primer lugar con un alerón delantero tan ancho como el coche, que guiaba el aire para que chocara menos con las ruedas delanteras. Y en segundo lugar, se colocaban aletas verticales detrás de esas ruedas, que guiaban el aire hacia al exterior, en lugar de hacia el propio alerón delantero. Estas aletas eran las llamadas “barge boards”. Con las normas para 2026 el alerón delantero está limitado: más estrecho y con menos planos, y se prohíben los “barge boards”. A la vista de los diseños de los nuevos modelos que se han visto hasta la fecha, la solución que han encontrado los ingenieros es ¡ingeniosa!: si no se pueden utilizar aletas que guíen el aire hacia fuera, se colocan aletas que frenen el aire, por lo que éste se irá él solo hacia el exterior, hacia el coche que venga detrás.

El último cambio aerodinámico importante se refiere al DRS (“Drag Reduction System”), el sistema que reduce la resistencia aerodinámica en las rectas. Hasta ahora solo existía en el alerón trasero, y sólo se podía utilizar en zonas autorizadas del circuito si se circulaba a menos de un segundo de distancia de otro coche. Desde 2026 se monta en los dos alerones, y se puede utilizar siempre que se quiera. Por ello deja de ser una ayuda para adelantar, y pasa a ser un simple principio de aerodinámica activa, de modo que se han inventado otro sistema para promover los adelantamientos: se permite que el MGU-K proporcione un empuje adicional y temporal en las rectas.

 

La prueba de que lo que se enseña ahora no es real: el Haas con cuatro ruedas traseras, alerón delantero sin actuadores y alerón trasero que no puede funcionar.
Algo habitual en los F1 de 2026 es el doble soporte para los retrovisores. Aquí, en el debutante Audi.

 

Según estaba previsto, y sucede en cada cambio de reglamento, los equipos buscan maneras diferentes de encontrar prestaciones, por lo que al inicio de su aplicación hay notables diferencias entre ellos. A medida que avancen las carreras y pasen las temporadas, y se compruebe cuáles son las mejores soluciones, las formas externas convergerán hasta que de nuevo todos los coches se parezcan. Por ejemplo, en lo que se ha visto en las fotos de lanzamiento, hay alerones frontales casi planos, otros que se curvan levemente en las puntas, y algunos se elevan enormemente. Una vez que se demuestre cuál es la alternativa ideal, ese perfil se hará más uniforme.

Con este planteamiento de cambio tan profundo, está claro que ningún equipo enseñará el coche real hasta el último momento. Es decir, que los que se han presentado no son los definitivos, y los que se han utilizado en las pruebas de pretemporada de Barcelona, tampoco. Basta con fijarse en que en las primeras fotos del Haas VF-26 que se hicieron públicas, el coche llevaba cuatro ruedas traseras, el alerón delantero no tenía actuadores para la función DRS y los del alerón trasero no podían moverse. Quizá los F1 de los entrenamientos de Bahrein en Febrero y Marzo se acerquen algo más, y sobre las verdaderas prestaciones habrá que esperar hasta el sábado 7 de Marzo por la tarde, cuando toque usar todo lo disponible para conseguir un buen puesto en la parrilla de salida de Melbourne.

El parque móvil en 2025

El año que se ha terminado estuvo cargado de viajes por carretera sobre dos y cuatro ruedas, con toda variedad de vehículos. Y también de muchos kilómetros en bici de montaña.

Mi garaje estaba anormalmente vacío al iniciarse el año, porque 2024 se había cerrado con la salida de los dos Mercedes CE280 de la serie W123 que acababa de vender. Y mientras, seguía buscando sustituto para el Toyota Corolla Touring Sport que llevaba siendo mi coche de todos los días desde 2022. Por fin en Marzo coincidieron las piezas del rompecabezas: una venta del Corolla a precio razonable, a la vez que la aparición de algo aún mejor de lo que buscaba para ocupar su lugar, y conseguí llevar a buen puerto las dos operaciones. El objetivo que al que llegué era un Volkswagen Golf GTI, exactamente de la segunda tirada de la séptima generación, aquellos fabricados entre 2016 y 2020, con cambio manual, llantas de 18” y la preciosa tapicería en tela de cuadros escoceses, la tradicional en los Golf GTI. Para remate, la unidad que llegó a mi garaje tenía solo 44.000 km, mantenimiento en Concesionario, y montaba la opción Performance, con 245 CV y una curva de par que no es una curva, si no toda una planicie.

La descripción detallada del coche y de sus primeros kilómetros en casa se contó (aquí), y algunos descubrimientos más del día a día junto a un buen viaje por Marruecos aparecen (aquí). Al cerrar el año, después de algo más de doce mil kilómetros en diez meses, el balance es abrumadoramente positivo, porque el Golf ha cumplido la difícil tarea de ser un coche para todo: recados urbanos, viajes dentro y fuera de España, cortos y largos, más la sensación de estar conduciendo un coche que es, a la vez, discreto y especial. Y a eso se añade que su carácter de coche poco habitual me abre las puertas a la vida social propia de esos coches, de modo que hemos compartido recorridos con otros juguetes especiales de cuatro ruedas y sus propietarios: desde SAAB 900 y Audi TT de su primera generación, a series limitadas de Yaris como el 1,5 de los ‘90, el GRMN o el muy exclusivo GR Yaris Ogier Edition.

La F750 GS recorrió en 2025 algunos kilómetros en bosques de Segovia y muchos en carreteras solitarias de Argelia.

La mitad de los casi seis mil kilómetros que hice en 2025 con la BMW F750 GS corresponden al viaje por Argelia, que conté (aquí) y (aquí), aunque en realidad solo dos mil los recorrí en territorio argelino: hay 400 km. desde casa hasta el puerto de Valencia, y otros 600 desde el puerto de Almería hasta regresar a casa. Dejando de lado ese viaje tan especial, lo más destacado fue la revisión anual que, un año más, se pasó en un concesionario de la marca. Aunque no se llegaba aun a los 20.000 km, decidieron hacer precisamente esa revisión, durante la cual se descubrió una pequeña pérdida de aceite en la tapa de la culata. Como esta intervención incluía comprobar el juego de válvulas, al levantar esa tapa se descubrió el origen de la pérdida: un daño en la junta, que se sustituyó. También se detectaron tonos marrones en el refrigerante, que igualmente se cambió sin más novedad. Han pasado 800 km desde entonces y no hay pérdidas de aceite ni tonos sospechosos en el refrigerante.

Lo que sí me llama la atención en un mercado en el que la invasión de las marcas chinas es creciente, es la política de precios de taller de los concesionarios de BMW. Si precisamente hay modelos chinos tremendamente cercanos a mi BMW F750 GS pero un precio muy inferior, ¿por qué mantienen unas tarifas tan elevadas en su postventa? No entremos a discutir los precios de la mano de obra o del alquiler de las instalaciones, voy a verlo solo desde el lado del cliente: la hora de mano de obra, con IVA, asciende a 115,72 €, el aceite de motor se cobra a 24,97 € por litro, cada bujía NGK tiene un precio de 22,76 €, y por la junta de la tapa de la culata cobran 102,85 €. ¿Llevaré la moto a un concesionario de la marca para su revisión anual en 2026, o buscaré una alternativa menos cara?

Siempre es emocionante el momento previo a una salida. El espíritu competitivo no cesa.

La Cannondale Scalpel 2 recorrió más de 1.100 kilómetros, concentrados al principio del año. A partir de ahí,  las lluvias y los viajes de trabajo, seguidos por las olas de calor, redujeron el kilometraje hasta que llegó el otoño. Un punto destacado fue participar, por primera vez, en un maratón en bici de montaña que eliminaba las tradicionales cintas y señales direccionales físicas, y obligaba a descargar la ruta en algún dispositivo que se fijara al manillar. La justificación era no deteriorar el entorno con plástico, aunque también hay que pensar que es más barato para el organizador obligar a los participantes al uso de navegadores que colocar las cintas antes de la carrera y retirarlas después.

En todo caso, el planteamiento teórico de la idea era correcto, aunque el resultado práctico no lo fue tanto, porque aún a la velocidad de una bici de montaña, la pantalla no se actualiza suficientemente deprisa si hay varios desvíos consecutivos. Además, están claros los desvíos cerrados (en ángulo recto, por ejemplo), no así las bifurcaciones. De hecho, me confundí en algunas bifurcaciones y en tramos retorcidos, lo que me obligó a esperar a que el sistema se aclarara antes de tomar el rumbo correcto.

Por otro lado, si la pequeña pantalla de mi Garmin está ocupada con la navegación, no veo el resto de las variables que me interesan y que he configurado en una pantalla a mi medida: tiempo total, velocidad media, velocidad actual, distancia recorrida y ritmo cardiaco. Y no me apetece soltarme del manillar para cambiar de pantalla. Curiosamente no he vuelto a ver convocatorias de pruebas similares sin señalización.

Sí nos divertimos en grado superlativo en la Clásica de Valdemorillo, que repetía el formidable recorrido de 2024, aunque esta vez tenía, por fortuna, menos agua: un 85% de pistas, el resto senderos, un permanente sube-baja con paisajes variados que alternaban dehesa con encinar y pinar. Y el año acabó en la Trasierra de San Martín de Valdeiglesias, con un recorrido más complicado de lo que parecía, por culpa de la DANA que afectó a la zona hace unos años, y que ha dejado los senderos muy rotos.

 

El Mazda 3 Sedán, con su aspecto inocente, terminó siendo una de las sorpresas agradables de 2025.
«¿En qué estarían pensando?» versión diseño de cuadros de mando.

Los viajes de trabajo y el cambio del Corolla al Golf GTI obligaron a alquilar temporalmente algunos coches, una lotería que me permitió probar vehículos distintos y descubrir lo mejor y lo peor que cada uno tiene. El Peugeot 2008 que alquilé en Marzo montaba ese cuadro de mandos alto con volante pequeño habitual hoy en día en la marca, que hace que el cuadro quede siempre por encima del volante y permita su visión. Pero la movilidad en vertical del volante está limitada precisamente para no tapar el cuadro, y aun subiendo el pequeño volante y bajando el asiento, el volante me molestaba en las piernas.

El cuadro en sí es una pantalla digital, lo habitual hoy en día, solo que la aguja del velocímetro se desplaza en sentido horario y la del cuentavueltas en antihorario. Esto produce un extraño efecto, ya que desaparece la relación habitual al acelerar y frenar: ambas agujas deberían moverse en el mismo sentido, no en sentidos opuestos. Además, la escala es móvil y variable; es decir, la aguja del velocímetro se encuentra con el vehículo parado en posición horizontal marcando 20 km/h, mientras que en autovía está horizontal a 80 km/h. ¿No han caído en que los conductores no solemos leer los números del cuadro, sino que simplemente miramos la posición de las agujas?, o preguntado de otro modo, ¿cuánta experiencia de conducción tienen quienes decidieron este sinsentido? Como remate, a la izquierda de los dos relojes básicos está el indicador de nivel de combustible, que crece en sentido horario, y a la derecha el de temperatura de refrigerante, que lo hace en antihorario.

Unos días más tarde recogí un Ssangyong Tivoli, que conduje bajo los temporales de lluvia que cayeron en esos días, con lo que supone de atascos urbanos y carreteras con escasa visibilidad y ya no agua abundante, directamente la posibilidad de charcos peligrosos, de los que conducen al aquaplanning. Los acabados eran sinceros para ser un coche económico: plástico duro y de aspecto barato. Lo que me desagradó fue que la ergonomía se basaba en una lógica que no llegué a entender: ¿por qué el interruptor que desactiva el sistema “Start&Stop” está bajo los mandos de la climatización, en el extremo inferior derecho de la consola central, y no cerca de los elementos relacionados con el motor, como el cuentavueltas o el indicador de nivel de combustible?

La primera marcha entraba lenta, y por el escaso kilometraje del vehículo y la ausencia de ruido, no debía ser un desgaste de los sincros, de modo que en tráfico urbano denso, con el sistema “Start&Stop” conectado, cuando se pisaba el embrague y se intentaba meter primera, la marcha aún no había entrado cuando el motor arrancaba y se aflojaba la presión sobre el embrague, por lo que el motor se calaba. La solución consistió simplemente en desactivar el “Start&Stop”.

El tercer coche de alquiler del año llegó en Abril, un humilde Mazda 3 Sedán en color gris anodino, con propulsión híbrida de gasolina, que resultó ser el más agradable de todos. La banda de potencia era más amplia de lo que se espera de un motor pequeño de gasolina, y el confort de marcha era elevado, en parte gracias a que empleaba neumáticos de perfil razonable, unos 205/60 R16, apropiados para un coche viajero, al contrario de esa manía ahora habitual de montar neumáticos de perfil bajo en llanta grande hasta en los coches urbanos.

Pasó también con nota la prueba de fuego de la ergonomía: utilizar el vehículo sin haber leído antes el libro de instrucciones. Empecé desconfiando del enorme mando multiuso de la consola central, ese estilo tan criticado después del fracaso del que inició la moda, el de BMW, hace ya unos años. Sin embargo, me hice con él de modo intuitivo, lo que significa que es ergonómicamente correcto. En términos prácticos, una vez que emparejé mi teléfono con el Android Auto del Mazda en modo inalámbrico, salté con el mando de programar el recorrido en Waze a localizar Radio 3, ajustar el volumen y regresar al navegador. Sin mirar el mando ni apartar los ojos de la carretera.

Y arrancamos 2026 con planes de muchos kilómetros para distintos vehículos; en doce meses veremos cómo se materializan.

Los coches del Dakar de 2026

Un Enero más arranca el Rallye Dakar. Para los coches hay dos categorías, la más espectacular y conocida es la T1+ o Ultimate, prototipos pensados para sobrevivir en la carrera más dura del mundo; la de coches de serie se llama T2 o Stock y estrena reglamento y participantes.

 

Para la edición de 2026, las novedades en la categoría de prototipos se centran en la evolución de los coches oficiales de las tres marcas que ya participaron en 2025: Ford, Dacia y Toyota. Y en la categoría de vehículos de serie, que para 2026 estrena reglamento y nombre (“Stock”), las novedades las ponen Defender y Toyota. Claro que si uno se pone a repasar el derroche de tecnología de los vehículos actuales, se recuerda con cariño a los que participaban en las primeras ediciones, a finales de los ’70 y principios de los ’80, aquellas joyas sencillas, de las que ahora nos parece asombroso que fueran capaces de recorrer las pistas que separaban París de Dakar.

El Renault 4 con el que los hermanos Marreau, participaron en el primer Dakar, el de 1979. Sí, el escape va por encima del techo, para ganar distancia al suelo.
El Volkswagen Iltis era un vehículo militar que se preparó para el Dakar como iniciativa para promocionarlo: ganó la edición de 1980.

Las primeras ediciones del Dakar, las africanas de hace ahora más de cuarenta años, vieron la participación de vehículos que hoy calificaríamos de artesanales, románticos y pretenciosos. Eran poco más que vehículos de serie, todoterrenos o no, adaptados artesanalmente, con más ilusión que tecnología, para enfrentarse a Africa. De entre todas aquellas joyas es imprescindible recordar las iniciativas de Claude y Bernard Marreau, que se hicieron populares como “los hermanos Marreau”. En el taller de su padre en Nanterre (Francia), habían preparado un Renault 12 Gordini con el que batieron en 1971 el récord de tiempo en el recorrido de Ciudad del Cabo (Suráfrica) a Argel (Argelia): solo 8 días y 22 horas. Con esa experiencia, cuando se convocó la primera edición del Dakar, la de 1979, estaba claro que no podían faltar, solo que no tenían presupuesto. Negociaron el precio de la inscripción a la baja con Thierry Sabine, el organizador, y ese descuento les permitió inscribirse, después de lo cual solo les quedaba el equivalente a mil Euros para preparar el coche. La solución consistió en montar, en el taller de su padre, y con lo que había disponible por allí, un Renault 4 con motor de R5 Alpine de grupo 2, con 137 CV, y adoptar una transmisión Sinpar a las cuatro ruedas. Como la carrocería era baja y temían engancharse en las dunas, sacaron el escape por encima de la carrocería, y se hicieron conocidos por el silenciador recorriendo el techo.

En los años siguientes participaron con inventos similares, en función de disponibilidad, presupuesto y el apoyo que recibían de Renault: un año en que la marca les pidió que promocionaran el Renault 18 familiar, fabricaron uno con aspecto de utilitario para llevar a los niños al colegio, solo que con un motor V6 de 160 CV y tracción a las cuatro ruedas. Llegaron a Dakar y alcanzaron la novena posición.

Otro recuerdo inevitable es el de Freddy Kottulinski y su VW Iltis. En 1932, cuando Múnich era parte de la República de Weimar, nació allí Winfried Philippe Adalbert Karl Graf Kottulinsky Freiherr von Kottulin, al que afortunadamente se le conocía solo como Freddy Kottulinski. Después de ser tres veces campeón de Europa de Fórmula 3 y de correr en rallies, el grupo Volkswagen le contrató para participar en el Dakar de 1980 de cara a promocionar el Iltis. Era este un 4×4 de uso militar que VW había diseñado tomando como base un modelo antiguo, el DKW Munga. Se había equipado con el motor EA827 de VW de 1.700 cc y 75 CV, y se había ofrecido a los ejércitos alemán y francés, que necesitaban jubilar los vehículos TT que utilizaban en el momento. En VW pensaron que no había mejor promoción posible para un vehículo todoterreno que participar en lo que ya se calificaba como la carrera más dura del mundo, y que además estaba organizada por franceses, lo que suponían les serviría de ayuda para conseguir el contrato de su ejército.

Roland Gumpert era el director del proyecto Iltis, y consiguió que Ferdinand Piëch, entonces director de VW, aprobara la participación en el Dakar, y que Kottulinski aceptara correr. Se montó un equipo con cuatro Iltis, tres de ellos de serie (salvo que el motor se modificó para que ofreciera 110 CV), y un cuarto con un motor Audi de cinco cilindros y 160 CV, en el que se cargaron 300 kilos de recambios. Esta unidad estaba pilotada por el propio Roland Gumpert. Mientras, Kottulinski se encargó de entrenar a los mecánicos en la conducción extrema necesaria para llegar a Dakar. El éxito fue total: Kottulisnki ganó la carrera en la categoría de coches, VW consiguió el contrato del ejército alemán, y durante los siguientes 25 años, hasta su jubilación, Kottulinski dirigió el Fahrsicherheitstraining de Audi, la escuela de conducción segura.

Por supuesto, el éxito no fue tan sencillo como parece, y en la carrera hubo todo tipo de penalidades: en una de las etapas, una piedra dañó el diferencial trasero y una transmisión del coche de Gumpert, por lo que desmontaron la transmisión trasera y continuaron la etapa solo con tracción delantera. Unos kilómetros más adelante, otra piedra se cargó el palier del lado delantero izquierdo, así que Gumpert y Löffelmann, su copiloto, lo desmontaron, bloquearon el diferencial delantero (el Iltis tenía tres bloqueos de diferencial) y se hicieron los 250 kilómetros que les quedaban para acabar la etapa con tracción solo en la rueda delantera derecha. Es decir, llegaron una vez más al campamento con su almacén de recambios a bordo, para que los cuatro coches del equipo pudieran continuar en carrera.

El Toyota Hilux monta un motor biturbo de gasolina, que necesita muchas entradas y salidas de refrigeración.
Detrás de las letras de Toyota del morro no hay nada: es la salida de aire caliente del radiador del motor, un truco estupendo para refrigerar el motor sin quitar visibilidad a los tripulantes.

Estas anécdotas, a mitad de camino entre la épica y el romanticismo, corresponden a otra época, en la que se participaba con coches sencillos, fáciles de reparar por los participantes o los mecánicos locales, y cuando no había marcas ni patrocinadores representados. En la actualidad, con el Dakar prácticamente retransmitido en directo a través de cadenas de televisión, redes sociales y marcadores GPS, con presupuestos elevados en las marcas que buscan victorias, y patrocinadores en busca de repercusión, el reglamento obliga a otro tipo de vehículos.

La categoría máxima se llama T1+ o Ultimate, y ha desarrollado su propia tecnología, al heredar ingenieros de otras especialidades, que aplican principios aerodinámicos al diseño de los coches, algo impensable en la era de los Iltis y los hermanos Marreau. Al hablar de aerodinámica, las primeras ideas que se nos vienen a la cabeza proceden de los monoplazas de circuito, y se centran en reducir la resistencia aerodinámica y aumentar la presión hacia el suelo, la deportancia, para que el coche no se levante a alta velocidad. Por supuesto que rodando por el campo a menos de 200 km/h estos conceptos no tienen importancia, y los objetivos de la aerodinámica de los coches del Dakar van por otro lado.

Estos vehículos ruedan durante varias horas seguidas con alto régimen de motor, lo que significa generando mucho calor, y en ocasiones al motor se le exige el máximo rodando a baja velocidad. Esto significa que las necesidades de refrigeración del motor se deben alcanzar aunque la velocidad a la que entra el aire a los radiadores, la velocidad del coche en definitiva, sea inferior a 40 km/h. Tampoco debemos olvidar la siguiente fase de ese proceso: el aire que se ha calentado al pasar por los radiadores debe salir al exterior. Lo mismo se aplica a la refrigeración de los frenos, de los amortiguadores y del propio habitáculo. Este se debe sellar para que el polvo en suspensión no dificulte la visión de piloto y copiloto ni su respiración, y a la vez se debe ventilar para mantener la proporción de oxígeno imprescindible. También debe cumplir el precepto del reglamento según el cual debe estar aislado del motor y del depósito de combustible en caso de incendio. Y, por otro lado, es necesario que la temperatura de este habitáculo se mantenga en un espectro razonable, para que la tripulación desarrolle varias horas de trabajo duro con un mínimo de comodidad.

La aerodinámica trabaja para conseguir estos objetivos, a base de colocar las entradas de aire en las zonas de alta presión en las que no haya aire ya calentado: por ejemplo, no se debe ubicar un radiador detrás de otro. Por su parte, las salidas de aire detrás de cada radiador deben ubicarse en zonas de baja presión, para que el aire caliente fluya al exterior. La dificultad está no solo en localizar esas zonas, también en encontrar las muchas que hacen falta para los radiadores del motor, los frenos, los amortiguadores, el habitáculo, los elementos electrónicos, y hasta el depósito de combustible.

A este respecto viene bien como ejemplo un incidente de los Toyota Hilux con motor diésel que se empleaban hasta 2015: la bomba de combustible impulsa el gasóleo hasta la bomba, colocada junto al motor; allí se comprime, por lo que se calienta, y el sobrante regresa al depósito por el tubo de retorno. Este combustible sobrante se une al del depósito y de nuevo es bombeado hasta el motor. En determinadas circunstancias, el combustible estaba tan caliente que, al llegar al motor superaba la temperatura de seguridad y, ante la posibilidad de entrar en combustión en la propia bomba, los sensores de la electrónica paraban el motor. Cada vez que se daba este incidente, y después de un tiempo de enfriamiento, el motor arrancaba de nuevo sin haber dejado huella de su fallo, y los mecánicos desmontaban y montaban una y otra vez sin entender lo que pasaba. Una vez que se descubrió el origen del problema, la solución pasó por montar, en el retorno al depósito, un tubo metálico con forma helicoidal detrás de la cabina, que al ser una zona de aire fresco en calma, el gasóleo se enfriaba antes de volver al depósito.

Los compromisos entre aerodinámica y refrigeración son los que hacen a las marcas escoger entre motores sobrealimentados, como Toyota y Dacia, o atmosféricos, como Ford. La ventaja del motor turbo, como el del Toyota Hilux o el del Dacia, es un incremento de par y una reducción del consumo: el primero hace más sencilla una conducción basada en la permanente improvisación, porque en los raids los tramos son secretos. El segundo tiene más importancia de la que en principio parece: los consumos en zonas de arena pueden llegar a los 60 litros cada 100 kilómetros, lo que obliga a montar depósitos enormes, de hasta 550 litros. Considerando una densidad media de la gasolina de 0,7 kilos/litro, estamos lastrando al coche en la salida con casi 400 kilos, a sumar a los 2.010 de peso mínimo del vehículo. La segunda parte de esta pega consiste en que, al final de la etapa, ese mismo coche pesa 400 kilos menos, por lo que será imprescindible que el depósito esté centrado en el vehículo para que no lo desequilibre al vaciarse, y también que la puesta punto de las suspensiones sea válida para un rango de pesos tan amplio.

Claro, que los motores sobrealimentados tienen la contrapartida de necesitar intercambiadores que enfrían el aire ya comprimido antes de conducirlo a la admisión, lo que se suele llamar intercoolers. Esto supone que hacen falta más entradas de aire fresco y más salidas de aire calentado, a añadir a las habituales. Por eso Ford ha preferido montar un motor atmosférico, un V8 de cinco litros, con el que se ahorra los intercoolers y su fontanería.

El Ford Raptor monta un motor atmosférico, un V8 de cinco litros. Por eso necesita menos refrigeración.
Ese es el motivo por el que la carrocería del Ford está más cerrada que las del Toyota y del Dacia.

Otra necesidad aerodinámica de los coches del Dakar, en la que no siempre se piensa, es que de cuando salen volando entre dunas o en pistas rápidas, el aterrizaje se debe realizar simultáneamente, o casi, con las cuatro ruedas. Volar y caer de morro reduce la visibilidad de los tripulantes y fuerza la suspensión delantera; volar y caer con las ruedas traseras también limita la visibilidad, y puede llegar a provocar un giro hacia atrás, de modo que el vehículo aterrice en vertical, sobre su parte trasera. Mejor no pensar en las consecuencias.

Para rematar las dificultades de la aerodinámica y del diseño de estos coches, hay que considerar la visibilidad de piloto y copiloto en las circunstancias de carrera. En los ascensos pronunciados, como los de dunas, un morro alto impide ver la pista. Y un morro bajo no deja suficiente espacio al radiador que se esconde en el frontal, ni a su entrada de aire frío ni a su salida de aire caliente. Por eso llama la atención que Dacia y Toyota hayan coincidido en una solución que de un golpe resuelve cuestiones de aerodinámica, refrigeración, visibilidad y hasta imagen de marca. La receta consiste en que se diseña un morro bajo, que permita buena visión para los tripulantes dejando espacio para el radiador y su salida de aire en el capó motor. A continuación se coloca un alerón sobre la parte frontal del morro, que conduzca el aire y facilite la salida del que se ha calentado al pasar por el radiador. Entre el morro bajo y la cara inferior del alerón se pone, bien visible y en acabado cromado, el logotipo de la marca, y piloto y copiloto ven la pista también por el hueco entre el morro y el alerón.

También a la hora de enfrentarse a un mar de dunas es necesario tener visión por el lateral, de cara a localizar salidas alternativas si la que se tiene delante no es válida. En la edición de 2025 se hicieron populares los vídeos en los que se veía a Mitch Guthrie, el piloto estadounidense del Ford Raptor oficial, cruzando esas zonas de dunas con su puerta de ala de gaviota abierta para ver el terreno. La abría (o mejor dicho la subía) cada vez que llegaba a una zona de dunas, y la cerraba (o la bajaba) al superarla. Por eso en el Raptor de 2026 han variado la forma de la puerta, con la línea de cintura bajando al llegar al montante A, de modo que desde el puesto de conducción se ve mejor la zona inmediatamente anterior al coche.

Una peculiaridad más de las suspensiones, a añadir a su adaptación a la variación del peso durante la etapa, es que en una misma etapa el firme es variado, y sus características deben adaptarse a esos cambios. Una pista rápida con posibles vuelos necesita hidráulico de alta velocidad duro, con muelles igualmente duros y un hidráulico fuerte a extensión que frene esos muelles. Una zona de dunas bajas exige al hidráulico de baja velocidad y debe recuperar despacio a extensión. Y en todas esas circunstancias, el amortiguador no debe alterar su comportamiento por exceso de temperatura. Para ello hay depósitos adicionales de aceite en el exterior, con los que se aumenta la cantidad total de aceite y se facilita su refrigeración.

El trabajo que desarrollan las tripulaciones de los coches del Dakar requiere de un mínimo de comodidad o, al menos, que la incomodidad no sea excesiva. Ya se mencionó al hablar de aerodinámica la importancia de que no entre polvo al habitáculo. De cara a mantener su temperatura dentro de lo razonable, se suele montar un mínimo equipo de aire acondicionado, para que no robe en exceso potencia al motor. Su eficacia, por tanto, es limitada: en el Dacia Sandraider, consigue que la temperatura del habitáculo se reduzca en 10ºC, lo que significa que en ocasiones puede llegar a los 50ºC.

El Dacia es el más corto de los coches oficiales, con unos voladizos mínimos para hacerlo más ágil.
Este es el morro bajo de la versión de 2026, para mejorar la visibilidad aun montando un radiador grande..

Por si todos estos condicionantes fueran pocos, hay que pensar también en que durante una etapa los participantes deben realizar pequeñas intervenciones en los coches, desde cambiar ruedas pinchadas a reparaciones de urgencia. Para no aumentar mucho el peso en coches ya de por sí pesados, se limita enormemente la carga de piezas y herramientas. Se suele llevar solo una pistola eléctrica para cambiar las ruedas, más algunas herramientas básicas, y si no son suficientes, se debe esperar a que lleguen compañeros de equipo o el camión de asistencia. La obsesión por el peso es tal que no se lleva más de medio litro de aceite de motor, de modo que todo lo que sea superior a una mínima pérdida, no tiene remedio. Y al no llevar gatos, si fallan los hidráulicos encastrado en el chasis, no hay manera de levantar el coche.

Algo tan en principio inocente como el alojamiento y la sujeción de las ruedas de repuesto tiene más exigencia de la que parece. El reglamento prohíbe y castiga dejar residuos en la carrera, por lo que un neumático destrozado o una llanta partida se deben cargar en el coche hasta el fin de la etapa. Por otro lado, como los neumáticos (especialmente en la categoría Ultimate) son enormes, y las llantas no pueden ser de magnesio, pesan de modo preocupante: el conjunto de cada llanta y neumático de un Dacia pesa 46 kilos. Ahora pensemos en lo que hace la tripulación si surge un pinchazo después de bastantes horas encerrado en el habitáculo: hay que liberar el cinturón de cinco apoyos, soltar la conexión de comunicación y salir de un coche incómodo. Antes de que el coche suba con los gatos hidráulicos del chasis, el copiloto afloja las tuercas con la llave eléctrica mientras el piloto suelta una rueda de repuesto y baja esos 46 kilos a pulso. El copiloto saca la rueda pinchada y alza la nueva a mano, para a continuación apretar las tuercas. A la vez, el piloto traslada la rueda pinchada (o rajada, reventada, partida, …) hasta su alojamiento, en el que debe caber independientemente de su estado de deterioro, donde se debe poder fijar de modo que aguante unos cientos de kilómetros de baches más. Algún equipo de fábrica se ha enfrentado al hecho de que sus impecables alojamientos de rueda no servían para llantas dañadas, o que la tapa del alojamiento no cerraba si el neumático había reventado.

Y no quiero cerrar el repaso a los T1+ sin mencionar el inmenso tamaño de sus neumáticos y ponerlo en perspectiva. Con el reglamento actual, la medida habitual es 37 x 12´5 R17, que traducido a la denominación corriente en coches es 317/80 R 17. Hablamos de un diámetro exterior de 940 mm, difícil de entender salvo teniendo el neumático delante. Durante muchos años, una medida habitual en vehículos TT era 235/85 R16, que tiene un diámetro de 806 mm, y da un servicio formidable, como comprobé en mi Land Cruiser LJ70 por el norte de Africa, y en el KDJ95 con el que corrí en el nacional de Raids. Por su tamaño y peso, a mi Land Cruiser HDJ80 le monté algo más grande, unas 255/85 R16, y aun así su medida exterior era solo de 840 mm, ¡10 cm menos que en T1+!

El Defender d7X-R durante sus pruebas previas al Dakar. Es la primera participación oficial de la marca en la carrera.
El interior de los coches de Raids es pequeño, casi claustrofóbico, por el espacio que se comen los bacquets, las pantallas, los extintores, ,…

La categoría de vehículos de serie del Dakar, y ahora del Mundial de Rallye Raids, ha pasado por varias etapas y ha tenido diversos nombres. En el inicio de la especialidad, allá por finales de los ’70, no había separación de “vehículos de serie” y “vehículos preparados”, porque se corría con artefactos tan peculiares como los VW Iltis o los diversos inventos de los hermanos Marreau. Pasado un tiempo, las marcas se integraron en la especialidad, y hubo que distinguir lo que no eran mas que mejoras bienintencionadas de todoterrenos de calle hechas por aficionados, de los trabajos serios realizados por fábricas con el objetivo de ganar. Se crearon entonces una categoría T1, en la que se permitía participar a coches de serie con escasas modificaciones, enfocadas básicamente en la seguridad, y una T2 para preparaciones más profundas o prototipos. Unos años más tarde se intercambiaron las denominaciones, porque parecía que los prototipos estaban por detrás de los coches de serie.

Con una u otra denominación, solo un fabricante, Toyota, ha participado regularmente en la categoría de serie, y siempre con el objetivo de poner a prueba sus Land Cruiser de la gama Station Wagon: empezó con los HDJ80, luego pasó a los HDJ100 y VZJ200, y actualmente toma parte con el 300 GR Sport. En total ha vencido en doce ediciones en esta clase T2. La pega a la que se ha enfrentado la categoría en los últimos años es que los recorridos eran cada vez más de rallye y menos de raids, y para un vehículo de serie con la preparación que permitía el reglamento en vigor hasta ahora, los tiempos de las etapas eran bastante más lentos que los de los prototipos, si es que el coche no quedaba dañado hasta obligar a la retirada.

Ya en las últimas ediciones africanas oí por el campamento la frase “el peor error que puede cometer el piloto de un T2 es intentar seguir a un T1”. Este hecho ha forzado inscripciones cada vez más escuálidas en la categoría, hasta quedar por debajo de la media docena de coches. Para revertir la situación, la FIA modificó el reglamento a finales de 2024, sin que diera tiempo a los participantes para presentar coches acordes a las nuevas reglas en la edición del Dakar de Enero de 2025. Por eso, el estreno de los coches con las nuevas normas tiene lugar ahora, en Enero de 2026.

La diferencia entre el reglamento antiguo y el nuevo se centra en que permite mejoras en las suspensiones y en los frenos, y autoriza aumentar algunas dimensiones externas, como la anchura de los ejes, mientras obliga a mantener el aspecto externo. De este modo las marcas siguen mostrado un vehículo que se parece mucho por fuera al de serie, mientras aumentas sus prestaciones de modo que puedan afrontar con cierta seguridad los rapidísimos tramos actuales.

El peso mínimo del vehículo es el mismo que el de homologación; esto permite compensar los kilos que se ahorran al eliminar asientos, tapizados, insonorización, y otros elementos innecesarios en competición, con el peso que se añade con jaula antivuelco y los refuerzos. Para evitar la aparición de prototipos disfrazados de vehículos de serie, se exige que se hayan fabricado al menos mil unidades en doce meses consecutivos. El motor debe ser el de serie, y se permite cambiar la gestión electrónica para así compensar la potencia que se pierde al montar una brida que restringe el paso de aire de admisión. Recuerdo que mi KDJ125 con una ECU especial tenía exactamente la misma potencia que el de serie aunque con menos par: lo que se ganaba en potencia máxima con la electrónica era lo que se perdía con la brida. También se pueden cambiar el radiador de refrigerante, los inyectores, el filtro de aire y su caja, y el escape. Está prohibido, eso sí, cualquier sistema que permita variar la presión de los neumáticos mientras se rueda, algo que sí se autoriza para los camiones.

El Toyota Land Cruiser 300 GR Sport durante sus pruebas en Marruecos. Algo en esta foto dice que ha fallado la transmisión delantera derecha.
Y ya decorado y listo para particpar en la nueva categoría Stock.

Con este reglamento, Toyota presenta una versión renovada de su 300 GR Sport, que estrenó a finales de 2025 en la Baja Morocco y en el Rallye de Marruecos. No han entrado en detalles sobre los cambios, aunque los pilotos reconocen que el coche es más rápido, más por la mejora de las suspensiones que por tener más potencia, y que afortunadamente también los frenos han mejorado. No olvidemos la importancia de los frenos en esta especialidad: estamos hablando de vehículos que, a plena carga y con el depósito de combustible lleno, están por encima de las dos toneladas y media, que ruedan con facilidad más allá de los 150 km/h, y que deben frenar sobre tierra, arena, piedras o una mezcla de los tres, con neumáticos de tacos. Mis recuerdos como copiloto en una KZJ95 a 150 km/h por pistas estrechas del Mundial en Portugal aun me quitan el color de la cara, porque la pregunta “¿Y si ahora hubiera que frenar de repente?” tenía una respuesta angustiosa.

El recién llegado a la categoría es Land Rover, a través de su marca Defender. Sorprende que, de los dos fabricantes de vehículos TT más destacados y prestigiosos, uno de ellos, Toyota, sea un habitual de la categoría de serie con sus Land Cruiser, y el otro, Land Rover, no hay participado nunca de modo oficial ni con los Defender ni con los Range Rover. Sí, han participado muchos Range en el Dakar, pero lo hacían a título privado, no como equipos de fábrica.

Defender ha tomado como base la versión OCTA, con motor V8 de gasolina, biturbo de 4.400 cc. Una vez montada la brida de admisión y la electrónica de carreras, ofrece 635 CV y 800 Nm como valores máximos, y monta un enorme depósito de 550 litros. El trabajo de desarrollo del vehículo lo ha llevado a cabo Prodrive, que tiene como experiencia en el Dakar haber desarrollado los Prodrive Hunter del inicio de esta década, y posteriormente los Dacia oficiales.

Al ser la primera vez que se corre un Dakar con este nuevo reglamento de Stock, no están claras las posibilidades de los nuevos coches. Sí hay acuerdo en que serán más rápidos que los anteriores, con el reglamento de T2 vigente hasta hace un año. Pero no se debe olvidar que siguen siendo coches de serie modificados, y que las exigencias en una carrera como esta se sitúan notablemente por encima de lo que cualquier fabricante estima como “uso duro” en un vehículo de calle. Sirva como ejemplo el trabajo que se realiza al subir una duna empinada: gas a fondo, motor a régimen máximo, primera marcha incluso con la reductora engranada, velocidad del vehículo baja. Eso supone que los 800 Nm que ofrece como máximo el Defender están empujando una carrocería que pelea contra la arena y se resiste a subir. He sufrido en primera persona las consecuencias: el conjunto formado por el motor, el cambio y la transfer se torsionan en el esfuerzo, generan una deformación de las respectivas carcasas y, cuando piloto y copiloto aprietan los dientes dudando sobre si coronan la duna o se quedan enganchados, la torsión hace que el selector se deforme, salte la primera, aparezca un falso punto muerto y, efectivamente, el vehículo se quede enganchado.

Esa emoción y esas incertidumbres son lo que esperamos de un Dakar.

Más allá del lujo

Si cada vez hay más multimillonarios, para los que un coche de lujo es poco, resulta lógico que los fabricantes de coches de lujo ofrezcan productos por encima de su oferta habitual, al gusto de esos clientes.

Aunque sea una generalización, y como tal incorrecta, se suele clasificar a los fabricantes de automóviles, por la calidad y volumen de producción, en tres niveles: generalistas, “premium” y de lujo. En ese orden suben los precios y las opciones de personalización, mientras en paralelo baja la posibilidad de ver una unidad por la calle, salvo en Mónaco, Marbella o algunas calles de Londres.

Si consideramos que esos que llamamos millonarios son los compradores habituales de los vehículos de lujo, sean Ferrari, Rolls-Royce o Bugatti, está claro que aquellos que reciben la etiqueta de multimillonarios verán que esos coches les saben a poco, y piden un algo más.

Esta necesidad ha generado la aparición de departamentos específicos entre los fabricantes de vehículos de lujo. No me refiero a series limitadas de nuevos fabricantes, como el Pininfarina Battista, o a restomods basados en clásicos, como los Lancia Integrale y 037 de Maturo. Me voy a centrar en los esfuerzos por subir de nivel de quienes ya estaban en lo que era el máximo nivel.

Algunas de las posibilidades de color de carrocería que ofrece «Q by Aston Martin».

La característica común a estos departamentos es que ofrecen a los clientes diversas posibilidades, en función del presupuesto, claro, y también del tiempo y del esfuerzo que se quiera dedicar a diseñar, fabricar y poseer un vehículo único. Tanto Bentley, como Ferrari y otros, comienzan ofreciendo accesorios y personalizaciones para la gama existente; hablamos de colores de carrocería y tapicería fuera de catálogo, llantas diferentes o acabados especiales.

A continuación, muestran un segundo nivel, que consiste en modificar un modelo de serie, dentro de lo cortas que son las series de estos modelos. Nos metemos ya en el terreno de realizar total o parcialmente una carrocería específica, transformar en descapotable un coupé, o lo que se le ocurra al cliente.

Y el máximo de la oferta es diseñar algo único, basado, aunque sea lejanamente, en un vehículo que ya se fabrica, aprovechando la plataforma y el motor y el cambio, por ejemplo, o partiendo de cero. En este tercer nivel nos movemos entre las series muy limitadas que ofrece un fabricante a sus mejores clientes (sin publicidad alguna al exterior) o los modelos únicos que un cliente encarga para sí, con un acuerdo según el cual el fabricante del automóvil no hará otro igual.

Considerando el tipo de cliente al que se dirigen estos departamentos y sus costumbres, las iniciativas de las marcas se centran en poner a su servicio a sus especialistas, de cara a asesorarle en el momento de dar forma a sus sueños. Estos clientes utilizan con naturalidad los servicios de asesores de inversión, expertos en marketing, intermediarios, decoradores o asesores de imagen, y esperan recibir un apoyo similar de diseñadores, carroceros, ebanistas o cualquier otro especialista necesario para que su idea de cuatro ruedas tome forma y termine rodando.

Se suele decir que el dinero no garantiza el buen gusto, y entra dentro de lo posible que algún cliente de estos departamentos tan exquisitos llegue a demostrarlo. Ahí estará la habilidad del equipo de diseño para, educada y discretamente, reconducir esos gustos dudosos hacia un resultado que no dañe la imagen del fabricante. Por decirlo de modo suave.

Q Nueva York está junto al Hotel Four Seasons de Manhattan, …
… con todo lo necesario para haceerse un Aston Martin a medida.

Si iniciamos el repaso de las marcas que ofrecen estos servicios por orden alfabético, vemos que la primera es Aston Martin, bajo el atractivo nombre de “Q by Aston Martin”. En este caso la exclusividad arranca desde el nombre, porque Q es el nombre en clave del personaje de la serie de James Bond, siempre asociado a Aston Martin, que idea y fabrica los inventos necesarios para asegurar el éxito de las misiones de 007.

Como en el resto de los fabricantes que ofrecen estas opciones que van más allá del lujo, la comunicación de “Q by Aston Martin” se desarrolla en ese inglés elaborado y exquisito que suena de maravilla en el original, y entra dentro de lo recargado y hasta cursi al traducirse al español. Por ejemplo, se habla de que Q “desafía la percepción de lo posible. Empuja las fronteras de la personalización de los vehículos de lujo. Crea un Aston Martin único que es más que un coche”.

Palabras al margen, el máximo nivel que se ofrece es “Q Commission”, así, con muchas “m” y muchas “s”, “reservado en exclusiva para nuestros clientes más creativos y ambiciosos”. Las posibilidades del cliente, junto al equipo de diseño de la marca, crean un Aston Martin único.

Uno de los lugares físicos en los que se materializan estas ideas es Q Nueva York, “la primera tienda insignia de ultra-lujo para traer a Norteamérica los más altos niveles de “Q by Aston Martin”, el servicio a medida de mejora de vehículos”. Ubicada en Manhattan, junto al Hotel Four Seasons, es donde “Saville Row se cruza con Park Avenue”, una buena manera de tender puentes en una frase entre lo más exquisito de Londres y de Nueva York: Saville Row es la calle de Londres en la que tienen o tenían sus tiendas los mejores sastres para caballeros (y donde obviamente se los hacían a James Bond) y en Park Avenue se concentran las viviendas, tiendas y restaurantes de los más adinerados de Manhattan.

Madera y diferentes colores de cuero y bordado. Es Mulliner, de Bentley.
Un interior a medida para un cliente con buen gusto, en un Bentley Continental GT.

Bentley se fundó en el siglo XVI como empresa dedicada fundamentalmente a fabricar lujosos coches de caballos. Cuando arrancó la industria del automóvil, la mayoría de los vehículos se entregaban como chasis sin carrozar, y el cliente escogía quien le elaborase una carrocería a su gusto. Este fue el origen de muchos de los carroceros italianos, y lo que hizo que Mulliner ampliara su actividad a ese nuevo sector que entonces se llamaba “carruajes sin caballos”. En 1923 presentó su primera carrocería para Bentley, en 1959 pasó a ser propiedad del fabricante, y en la actualidad su nombre se emplea para los nombrar los trabajos a medida.

La oferta arranca con “Curated by Mulliner”, una lista de personalizaciones disponibles para el Bentayga de carrocería larga, los Continental GT y GTC, y la berlina Flying Spur. Permite detalles tan exquisitos como que el logo de Bentley en el centro de las llantas se sitúe siempre en posición horizontal, los ochenta colores a escoger para la carrocería, o los catorce para la iluminación interior.

El siguiente nivel es “Bespoke”, con modificaciones mayores sobre la gama existente. Hablamos, por ejemplo, de interiores elaborados con chapados en piedra cortada con láser de una décima de milímetro de espesor, o en madera de piano, o mandos de tiradores chapados en oro. En ocasiones “Bespoke” lanza series limitadas, como las diez unidades de Bentayga bajo la denominación Bentley Equestrian Collection.

Si el cliente busco algo realmente único, se recurre a “Mulliner Coachbuilt”, que elabora modelos exclusivos (“one-offs”) o series cortas para clientes conocidos. Por ejemplo, se fabricaron nada más que 18 unidades de Bentley Batur, o doce del Bakalar, todas personalizadas, de modo que no había dos iguales.

Bugatti Brouillard, unidad única fabricada para un coleccionista de todo lo que lleva el nombre de Bugatti.
Bugatti «57 One of one», en recuerdo del Bugatti Type 57 SC Atlantic.

Incluso un fabricante de lujo extremo como Bugatti tiene clientes que piden un algo más, porque una gama con precios que siempre tienen siete dígitos se les puede quedar corta.

Si el cliente quiere modificar un Bugatti de serie, recurre a “Programme Solitaire”, que le permite ajustar el vehículo a su gusto más allá de la oferta existente. Son siempre modelos únicos, con posibilidad de modificaciones de carrocería, además de las habituales de colores de exterior e interior, llantas y acabados.

La primera unidad de este “Programme Solitaire” es el Brouillard, un encargo de un cliente que no solo colecciona vehículos Bugatti clásicos y actuales, también atesora los muebles que diseñaba Carlo Bugatti y las esculturas de Rembrandt Bugatti. Carlo Bugatti fue el padre de Ettore, el creador de la marca de automóviles, y Rembrandt uno de sus hermanos, que se consagró como escultor.

La pasión de este cliente por la familia Bugatti le llevó a bautizar su coche único con el nombre del caballo favorito de Ettore: Brouillard era un pura sangre moteado, en cuya musculatura los diseñadores se inspiraron para desarrollar la carrocería del coche.

Y por encima del “Programme Solitaire” está “Bugatti Sur Mesure” (“Bugatti a medida”), que elabora modelos únicos que requieren modificaciones más profundas sobre la gama de serie. El primer fruto de “Bugatti Sur Mesure” es el encargo de un cliente que quería un Chiron que homenajeara al modelo Type 57 SC Atlantic de hace ahora noventa años. El resultado se llama Bugatti “57 One of One”, y emplea el color de carrocería del Atlantic, con el pliegue que la recorre longitudinalmente, el mismo tono del tapizado y mil detalles más.

La artesanía de Ferrari «Tailor Made»: a la izquierda los medios, …
… y a la derecha los resultados.

Obviamente Ferrari no podía dejar de prestar este servicio que, sin darle publicidad, lleva realizando hace tiempo. Un ejemplo antiguo es el modelo único que hace años fabricó para Eric Clapton.

También desde Maranello se estructura la oferta en tres niveles, empezando con “Genuine”, la gama de accesorios originales que permite un primer nivel de personalización.

Si los accesorios y las muchas opciones del configurador no son suficientes, se entra en “Ferrari Atelier”, “un estudio especial donde todos los clientes pueden crear coches aún más afines a sus gustos personales. Diseñado para que los clientes sean el centro de la atención, el Atelier es un espacio muy exclusivo y sofisticado, donde nuestros clientes pueden crear el coche de sus sueños con el asesoramiento de un equipo de expertos”.

Y por último se llega a “Ferrari Tailor Made”, “el programa exclusivo para aquellos clientes que quieran personalizar su automóvil a medida, convirtiéndolo en un coche único. Número limitado de compradores, cada uno de ellos ayudado por un equipo de expertos con un diseñador personal a la cabeza; el objetivo del equipo es garantizar un resultado único y coherente con la tradición y la reputación de Ferrari».

Llegado a este nivel, el cliente se desplaza a cualquiera de los centros Tailor Made, sea el de Maranello, o las filiales de Shangai o Nueva York, donde trabaja junto al diseñador para definir su coche. Básicamente se le proponen tres líneas de actuación, dependiendo de si persigue una línea más deportiva (Colección Scuderia), busca reproducir aspectos de modelos anteriores (Colección Classica) o quiere algo diferente y más avanzado (Colección Inedita).

El primer trabajo de Gordon Murray Special Vehicles es el Le Mans GTR, …
… en recuerdo de los coches «cola larga» que corren en Le Mans.

Hasta unos años, Gordon Murray habría pasado a la historia de la ingeniería del automóvil por haber diseñado coches que ganaron campeonatos de Fórmula 1 y las 24 de Le Mans y aportaron novedades tecnológicas, y también por ser el padre del que para muchos es el mejor deportivo de todos los tiempos, el McLaren F1.

Solo que fundó su propia empresa, Gordon Murray Automotive (GMA), y volvió a marcar el camino de los deportivos sin compromisos. No contento con ello, en este otoño de 2025 ha anunciado la aparición de Gordon Murray Special Vehicles (GMSV), una empresa paralela a GMA para aquellos para los que un T.50 o T.33, con sus precios de siete dígitos antes de impuestos, se queda corto.

También en GMSV la oferta se dispone en tres posibilidades, aunque no por complejidad o presupuesto. La primera es “Heritage”, y se encarga de volver a fabricar o de adaptar a la actualidad vehículos previamente diseñados por Gordon Murray. El segundo apartado se llama “Special Vehicles”, y se centra en series de bajo volumen y edición limitada, fuera de la gama de GMA. El primer trabajo ya está en marcha bajo el nombre de Le Mans GTR. Se inspira en los deportivos de los ’50 y ’60 y en la debilidad de Gordon Murray por los coches “cola larga” que corren en Le Mans, esos que alargan sus carrocerías por detrás para aumentar la estabilidad a alta velocidad. Se va a fabricar 24 unidades, una por cada hora de la carrera. Estaban todas vendidas antes de presentarse públicamente, y cada cliente personalizará la suya, por lo que no habrá dos iguales. Parte de un bastidor de carbono y unas suspensiones diferentes a los de los modelos de GMA, aunque mantiene una característica habitual en los coches de Murray: la posición de conducción central, como en los monoplazas. Las entregas se iniciarán en 2026.

¿Es el McLaren F1 el mejor deportivo de todos los tiempos? Con la llegada del GMSV «Special One Le Mans» hay quien empieza a dudar.

Y la tercera rama de GMSV, aun más exquisita, se centra en vehículos únicos o de serie muy limitada, ya sea con plataforma específica o compartida con algún modelo de la gama de GMA.

El primer encargo es el S1 LM (“Special One Le Mans”), del que un único cliente ha encargado el diseño y fabricación de cinco unidades, aunque ya tiene en casa dos del T.50. El bastidor es específico, mantiene la posición central de conducción, será matriculable, y supone un obvio homenaje al McLaren F1 GTR que ganó las 24 Horas de Le Mans en 1995. El motor es el V12 atmosférico de GMA, solo que llevado hasta 4.300 cc., en lugar de los 3.900 cc de los demás, incluido el Le Mans GTR.

Para subrayar el homenaje al McLaren F1, los retrovisores exteriores se anclan a la parte superior del montante A, como en las unidades iniciales del F1.

El cliente de «Ad Personam» de Lamborghini …
… tiene donde escoger colores para la carrocería y los tapizados.

El eterno competidor de Ferrari ha bautizado a su división especial “Lamborghini Ad Personam”, así, en latín. El Estudio Ad Personam se ubica en la fábrica, en Sant’Agata Bolognese, aunque las opciones más sencillas de entre las disponibles se pueden escoger en los concesionarios. Para facilitar el proceso de selección por parte del cliente a la hora de configurar su coche, se combina lo físico con la simulación digital, en lo que ahora se denomina experiencia «phygital”.

En paralelo a los modelos únicos (“one-off” en la jerga del sector), Lamborghini trabaja con intensidad las series muy cortas, los llamados “few-offs”. Desde 2007 ha lanzado seis de estas series, empezando por el Reventón de 2007, al que siguieron el Sesto Elemento de 2010 y el Veneno de 2013, para continuar con el Centenario en 2017 y el Sián en 2019 , y rematar con la nueva edición del Countach, el LPI-400 de 2021. Dentro de la férrea discreción en la que se mueven los clientes de estos vehículos, se ha sabido que un coleccionista alemán, llamado Albert Spies, ha comprado una unidad de cada uno de ellos. Así nutre su pasión por la marca, y logra que no estén solos en el garaje el Countach LP400S de 1979, el Miura SV y el Silhouette que ya tenía. Por supuesto, el Countach del ’79 está en impecable estado de marcha tras haber sido restaurado en la fábrica por Lamborghini Polo Storico.

Hace años que McLaren fundó MSO (“McLaren Special Operations”), en principio solo para encargarse del mantenimiento y puesta al día de los McLaren F1. Luego evolucionó para afrontar cualquier trabajo en los McLaren de calle o de competición, fueran mantenimientos, reparaciones o mejoras. Posteriormente amplió su actividad y se convirtió también en fabricante de coches a medida. Admiten, claro, desde modificaciones por encargo en vehículos de la gama existente, a modelos únicos. Un ejemplo es el McLaren Sabre, del que se fabricaron unas pocas unidades para un grupo de clientes de EE.UU.

La leyenda dice (y el configurador de la web de McLaren Automotive lo confirma) que el color rojo tradicional de los Ferrari no está disponible en el catálogo de la marca. Una vez que un cliente quería añadir un McLaren a su colección de coches “todos rojos”, no mencionemos la marca, tuvo que recurrir a los servicios de MSO para que se lo pintaran en el color del resto de sus coches.

McLaren lanzó MSO («McLaren Special Operations») para hacer preciosidades como ésta.

 

Roll Royce «La Rose Noire»: cuatro años de trabajo, …
… y una labor de ebanistería formada por 1.603 piezas de arce negro.

Por supuesto Rolls-Royce no podía faltar en esta lista de vehículos más allá de lo exclusivo. A las muchas posibilidades de personalización de los modelos de su catálogo, se añade lo que ofrece su departamento “Bespoke”, que elabora series cortas para clientes escogidos, a la vez que admite encargos especiales. Y aun por encima de ese nivel existe otro, solo por invitación de la marca, que consiste en crear, de modo conjunto con el cliente, un modelo único a medida.

Aunque muchas de estas unidades se elaboran y entregan de modo confidencial, algunas se hacen públicas, como el denominado “La Rose Noire” (la rosa negra, en francés), que llevó cuatro años de trabajo y arrancó por la adoración que la matriarca de la familia propietaria tiene por esa flor.

El resultado es un descapotable de dos plazas con techo duro, lo que le convierte en un coupé, con unas líneas de carrocería tan limpias que ocultan sus verdaderas dimensiones: 5,3 metros de largo y 2 de ancho.

Cualquier detalle del vehículo que se analice conduce a la admiración: la decoración en rojo, negro y gris de la cubierta trasera, el cuadro de mandos y el interior de las puertas es un trabajo de ebanistería formado por 1.603 piezas de chapado de arce negro. Otras piezas en rojo y diferentes tonos de gris recrean la sensación de los pétalos de rosa negra cayendo alrededor del conductor y de su acompañante. El montaje requería de tal nivel de concentración, que el artesano encargado del trabajo lo elaboraba en turnos de una hora, y no más de cinco horas al día. Pasó semanas en una zona acústicamente aislada de la fábrica para no tener distracciones. En total, el trabajo de ebanistería necesitó casi dos años de desarrollo y más de nueve meses de artesanía impecable.

Tampoco la carrocería se queda atrás. El color exterior es único, se llama “True Love” y reproduce las tonalidades de una rosa negra. Se consiguió con una capa de color específico, a las que siguieron cinco capas de laca, cada una mezclada con un tono de rojo diferente.

Llegados a este punto de la descripción, se echa de menos hablar de los precios de estos vehículos únicos, y es lógico, porque no se revelan. No es sólo que dependan de la cantidad y el coste de las modificaciones, o de las horas de trabajo necesarias; por encima de ello está la discreción acordada entre cliente y fabricante. Lo más preciso que se ha comentado últimamente son las palabras de Dario Franchitti, de GMSV, en las que solo decía que una unidad del Special One Le Mans de GMSV cuesta “varias veces” lo que un GMA T.50. Que está por encima de los dos millones de libras esterlinas antes de impuestos. Unas semanas después, ese único cliente que había encargado las cinco unidades previstas ponía a la venta la primera en una subasta de RM Sotheby’s en Las Vegas, y la puja se cerraba en 20.630.000 dólares estadounidenses. Sintámonos pobres.

Una subasta de clásicos

Tras años siguiendo con envidia las subastas de coches y motos clásicos en los países anglosajones, por fin se ha celebrado una en España y asistí a una de las dos jornadas. Disfruté, aprendí y no me perderé la siguiente.

En algunos sectores, como el del arte, es relativamente habitual comercializar productos a través de subastas públicas. El del automóvil, en España, es poco dado a ello, por lo que miraba con envidia esas subastas de todo tipo de vehículos en los países anglosajones, especialmente en el Reino Unido. Y más allá de las que manejan precios escalofriantes para vehículos únicos que se suceden en Londres, Suiza y Pebble Beach, me atraían las más mundanas, esas subastas británicas en las que, en una tarde, salen a puja hasta varios cientos de coches, bastantes de los cuales están al alcance de nosotros los mortales.

Por eso asistí recientemente a la subasta que Melvin Auctions organizó en Ifema (Madrid) coincidiendo con el salón de vehículos clásicos Retromóvil. El catálogo anunciaba un total de 188 lotes, desde motos en mal estado con más de cien años, a coches clásicos deseables con precios esperados de seis dígitos. El resultado no decepcionó.

Aston Martin Vantage Roadster V8, el que se exhibió en el Salón de Ginebra de 2007. La puja se cerró en 56.000 €.
Los vehículos «humildes» sin precio de reserva se pueden conseguir a buenos precios, como este SEAT 133 de 1975.

El primer punto que aprende el recién llegado a una subasta es que resulta imprescindible aprender unas normas básicas, además de hacerse con el lenguaje que se emplea. Y el punto inicial es que se puede pujar de tres maneras: en persona (“en sala” lo llaman), a través de la web de la casa de subastas, o por teléfono. En cualquiera de los casos hay que inscribirse previamente, ya que ganar una puja supone que se ha cerrado una compra, por lo que es obligatorio firmar el contrato de compra-venta y, claro, realizar el pago que corresponda.

En caso de que se puje en sala, el pujador recibe una tarjeta (se llama “paleta”) con su número; es lo que hay que mostrar de modo claro cada vez que se realiza una puja, y también si se ha ganado, para que se adjudique el lote.

En las pujas no son los postores quienes deciden el precio de su oferta, ya que hay una escala ya establecida por la casa de subastas. En este caso, si el precio era inferior a 999 €, las pujas subían de 50 en 50 €; hasta 1.999 € subían de 100 en 100 €; si el precio saltaba hasta 4.999 €, las pujas ya escalaban de 200 en 200 €; en el espacio hasta 29.999 € el crecimiento era de 500 €; de ahí a 99.999 € había que añadir 1.000 € en cada puja; y si el precio llegaba a los seis dígitos, las pujas crecían en saltos de 2.000 €.

Y el último punto que hay que aprender, quizá el básico, es el concepto de precio de reserva. Si un vendedor no establece precio de reserva, quiere decir que la puja se cerrará y adjudicará a la oferta más alta, sea la que sea, ridícula o disparatada. Como las pujas se abrían en Retromóvil en 50 €, existía la posibilidad de que, si solo había un interesado en el vehículo, ofreciera 50 € y se lo llevara. No sucedió en ningún caso, aunque algunos lotes sin precio de reserva se cerraron con precios inferiores al de mercado.

Si hay precio de reserva, la puja no se cierra si no se alcanza esa cantidad; sin embargo, los postores no saben cuál es ese precio hasta que se alcanza en la subasta, de modo que suben y suben sus pujas solo sabiendo que a ese precio todavía no se lo van a adjudicar y sin saber cuánto han de subir sus pujas para llegar al precio de reserva. En la subasta hubo varios vehículos tan caros como apetecibles que no se adjudicaron por no alcanzar el precio de reserva; por ejemplo el Alfa Romeo Montreal de 1973, el Maserati Merak SS de 1977 y la Bimota DB7 de 2009. Por el mismo motivo tampoco se adjudicó el SEAT Ibiza de 1968 que se utilizó en el rodaje de la serie “La casa de papel”.

Bimota DB7 con motor Ducati Testasretta Evoluzione Desmo. No alcanzó el precio de reserva.
Tampoco este Maserati Merak SS de 1977, diseñado por Giorgetto Giugiaro, …
…alcanzó el precio de reserva.

Si un vendedor establece precio de reserva, se guarda el derecho de retirarlo cuando estime oportuno. Es una maniobra que se suele realizar si las pujas se acercan al precio deseado, pero no lo alcanzan; entonces el vendedor ha de escoger entre conseguir algo menos del mínimo que esperaba o no venderlo. Sucedió, por ejemplo, con la puja por un vehículo poco habitual: un Mercedes W123 coupé con motor 230, que había sido transformado en descapotable por el carrocero alemán Bähr (no confundirlo con Baur, otro carrocero alemán que también hacía transformaciones de coupé a cabrio, en su caso para BMWs de la Serie 3). La puja llegó a 23.500 €, se quedó parada y se cerró sin adjudicar. Entonces el vendedor indicó por teléfono que retiraba el precio de reserva, por lo que se invitó al último postor, al que había ofrecido 23.500 €, a que repitiera su oferta: así lo hizo y se le adjudicó el Mercedes a ese precio.

Algo similar sucedió unos minutos más tarde con un vehículo más apetecible y más caro: un Porsche 911 2.0 SWB, vendido originalmente en el concesionario de la marca en San Francisco en 1967, y en un estado impecable. Con precio de salida de 72.000 €, la puja escaló hasta los 118.000 €, aun por debajo del precio de reserva. Con la puja cerrada y el Porsche ya inscrito como “no adjudicado”, el vendedor retiró el precio de reserva y el último postor se lo llevó al precio de su puja final.

«No adjudicado». El Alfa Romeo Montreal de 1973 no alcanzó el precio de reserva, aunque tenerlo en la subasta fue una excusa para ver de nuevo esta joya diseñada por Marcello Gandini.

Mis conclusiones son que, si no hay precio de reserva y los postores no se “calientan”, los precios de cierre son razonables e incluso están por debajo del mercado. Sirva como ejemplo el lote 205, un SEAT 131 Supermirafiori 1.600 de 1979, en buen estado y sin uso desde 2012, que se cerró en 2.800 €. Aun más interesante fue la puja por un precioso FIAT 1500 Cabriolet de 1965, más mantenido que restaurado, en uso y con solo 37.500 km: se abrió la puja en 9.000 €, unos segundos después ya estaba en 17.000 €; finalmente se adjudicó por 18.500 €. Aun si la puja se pone interesante (como en el caso del Aston Martin V8 que se expuso al presentar el modelo en el Salón de Ginebra de 2007), se puede cerrar a un precio lógico: esta subasta se abrió en 36.000 € y un postor se lo llevó por 56.000 €.

Si hay precio de reserva, suele ser alto y resulta más difícil comprar a buen precio, hasta tal punto que hay lotes que no reciben puja alguna; por ejemplo, el Citroën XM V6 de 1999, en estado impecable, con precio de reserva y salida de puja en 8.000 €, que no recibió ofertas.

En todo caso, iré la siguiente y quizá hasta puje.

Aerodinámica en Moto GP (y II)

Terminamos de repasar la aerodinámica en las actuales motos de Gran Premio, y toca hablar de efecto suelo y de lo que vendrá después.

El tercer punto en el que se está trabajando en la aerodinámica de Moto GP, el más avanzado por ahora, es la generación de efecto suelo en las curvas, dotando a la quilla del carenado de las formas necesarias para ello. Y ahora, al final de la temporada de 2025, esas formas se van extendiendo a la horquilla, el colín y el basculante.

El Lotus 78 estrenó el concepto de efecto suelo.

El efecto suelo se comenzó a emplear en los coches de Fórmula 1 para acelerar el aire que pasa entre la panza del coche y el asfalto, y crear con ello una zona de baja presión que genere una deportancia y peque el coche al suelo. En definitiva, el mismo principio de Venturi que hace funcionar los carburadores. Lo estrenó el Lotus 78, por su peligrosidad se prohibió en 1982, y regresó con limitaciones en 2022.

Lo que se pretende en las motos es aprovechar la cercanía al suelo de los laterales de la quilla del carenado en los momentos de máxima inclinación para generar ese mismo efecto, y aumentar con ello la adherencia: más velocidad en la curva y mejor tracción a la salida. Para ello, esos laterales de la quilla deben ser lisos, sin entradas ni salidas de aire, de ahí que las salidas de aire caliente del radiador del motor hayan pasado a estar en la parte superior del carenado y no en los lados, como era habitual. De ese modo se evita que el aire caliente que sale del radiador aumente la presión donde se quiere reducir. Además, hay entradas de aire desde detrás de la horquilla, para generar flujo en la zona, muy visibles en las Honda y Ducati.

Para aumentar el efecto, lo que antes eran el guardabarros delantero y los protectores de los discos de freno, se han convertido en una única pieza que, con la moto inclinada, guía el aire al túnel que aparece entre el lateral de la quilla y el asfalto.

Ahora el efecto suelo se emplea en Moto GP, y empieza carenando la rueda delantera hasta más abajo del eje, para canalizar el aire hacia la quilla.
La quilla tiene las salidas de aire del radiador por arriba, para que sea lisa. Y su forma se prolonga en el basculante.

Aprilia y KTM están probando ahora controlar ese flujo más allá de la quilla, y se encuentran con una zona llena de turbulencias: hay una rueda trasera que no solo gira, es que además está caliente, y da vueltas justo debajo de unos escapes también calientes. El trabajo se ha centrado en dos puntos diferentes, el primero de los cuales es montar, entre el final de la quilla y la rueda trasera, una aleta que recoge aire y lo canaliza para refrigerar el neumático trasero. La forma inferior de la quilla guía el aire hacia esta aleta, que tiene un límite claro en sus dimensiones: los sistemas que comprimen las suspensiones delantera y trasera especialmente en las arrancadas (lo que llaman “front” y “rear device”) hace que moto baje tanto cuando están activados, que una aleta grande se arrastraría por el suelo; por eso es pequeña y de efecto limitado.

El segundo punto es una parte posterior de la moto que se una a las funciones que realiza el carenado. Por ejemplo, con un colín que se integra en el efecto suelo de la quilla, lo que se nota en la forma elaborada de su lateral, que en algunas ocasiones añade una vistosa aleta vertical. De este modo, con la moto inclinada, el final de la quilla y el colín actúan como difusor.

La KTM saca mucho partido a la aerodinámica, solo que el escape molesta: la aleta vertical es más grande en el lado izquierdo (sin escape) que en el derecho.

Otras veces esa aleta vertical se ha añadido al basculante en la Aprilia, y en el caso de KTM está siempre en el basculante, aunque con tamaños diferentes dependiendo del lado: más pequeña en el lado izquierdo que en el derecho, porque por la derecha sale el escape.

Hace años se añadían láminas planas de fibra de carbono a los basculantes como refuerzo para aumentar su rigidez torsional; lo que llevan ahora no tiene como objetivo una mejora estructural, solo prolongar el efecto suelo de la quilla hasta el final de la moto.

Una consecuencia curiosa de la presencia de estos apéndices aerodinámicos es que sus pilotos de MotoGP están empezando a subirse a las motos como los viajeros, y no como los usuarios de motos deportivas. Una moto cargada de equipaje, con maletas, cofre, bolsa sobredepósito y hasta una bolsa sobre el asiento del pasajero, obliga a subirse metiendo la pierna por el hueco entre esa bolsa de equipaje y el depósito, mientras que, para subirse a una moto deportiva, baja y ligera, se pasa la pierna por encima del colín. Solo que si a la moto deportiva, en este caso la máxima expresión de las motos deportivas, se le añaden alas en el colín y aletas en sus laterales, es difícil que la pierna esquive esas aletas y pase por encima de las alas. La solución es meter la pierna entre el colín y el depósito.

Parece que hasta que lleguen las limitaciones del reglamento técnico de 2027, la evolución va a continuar por este camino, el de integrar todos los elementos de la moto en tareas aerodinámicas, desde los guardabarros a los protectores de freno y los escapes. Es el mismo análisis que se hace en aviones y automóviles, porque cada elemento interacciona con los demás.

En las motos se está aprendiendo de la experiencia y de los errores cometidos en esos dos campos, aunque adaptándolo a las peculiaridades de las dos ruedas. Por ejemplo, si los elementos aerodinámicos crean una deportancia para pegar el vehículo al suelo en las rectas y están fijos a la carrocería, a la masa suspendida, están también comprimiendo las suspensiones y lo hacen más según aumenta la velocidad. ¿Hay que montar muelles más duros o aumentar la precarga en los circuitos más rápidos?, ¿y ajustar los hidráulicos?, ¿y si el circuito además de ser rápido está bacheado? De ahí que se hagan diseños iniciales en los programas CFD de los ordenadores (“Computational Fluid Dynamics”, Dinámica Computacional de Fluidos), las pruebas que ofrezcan buenos resultados se fabriquen y se estudien en el túnel de viento, y aquellas que pasen esta segunda prueba se lleven a pista para ser juzgadas por los pilotos. Por ejemplo, Ducati utiliza el túnel de viento que Dallara, el fabricante de coches de carreras, tiene en Varano de Melegari (Italia).

Igualmente se estudia qué efecto aerodinámico ayuda en las rectas y cuál en las curvas, y se busca un equilibrio entre ambos; lo explica Fabio Sterlacchini, director técnico de Aprilia: “Básicamente, una de las características del desarrollo aerodinámico es llegar a todas partes. Si, por ejemplo, tienes una buena velocidad máxima, en términos de prestaciones no mejoras mucho el tiempo por vuelta, pero es más fácil adelantar y manejar la carrera. Pero si aumentas la resistencia aerodinámica, que es lo contrario de lo que hace falta para tener una buena velocidad máxima, mejoras las prestaciones en la frenada. Así que intentamos llegar a todas partes para tener el mejor coeficiente aerodinámico en todas las fases del pilotaje”.

 

El prototipo de Yamaha V4 lo tiene todo: ala invertida triple, efecto suelo, ala inferior y colín mezcla de ideas de Ducati y de KTM.

Tampoco se pueden olvidar las necesidades de refrigeración de muchos elementos de la moto, más allá del motor: equipos electrónicos (cada vez más abundantes), hidráulicos de los amortiguadores o frenos. Y no solo en el sentido de que les llegue aire fresco desde una zona de alta presión; también que ese aire, una vez que los ha refrigerado, encuentre una salida hacia una zona de baja presión que succione el aire caliente.

Al hilo de esto, hay que considerar igualmente la temperatura del piloto: si las quillas con efecto suelo obligan a que la salida de aire caliente del radiador del motor apunte hacia arriba, ese aire va a parar a las piernas y al torso del piloto. Y los que montamos en moto en España y el norte de Africa sabemos lo desagradable que puede llegar a ser.

Con cierta timidez, los avances aerodinámicos de Moto GP se están heredando en Moto 3 y Moto 2. Ya se empiezan a ver ruedas delanteras carenadas y quillas que favorecen, aunque solo sea un poco, el efecto suelo. No creo que lleguen a estas categorías las colecciones de alerones de Moto GP, porque las necesidades son distintas: en Moto 3 y Moto 2 preocupan menos los caballitos y más la velocidad de paso por curva.

Entra dentro de lo posible que, lo mismo que ha sucedido en muchas especialidades del automovilismo deportivo, este avance quede interrumpido porque haya repentinos cambios en el reglamento que lo limiten, ya sean por seguridad o por topes en los presupuestos. Mientras tanto, es de esperar que cada vez veamos más ideas aerodinámicas y, una vez que se compruebe la validez o inutilidad de cada una, la mayoría de los fabricantes confluyan en la misma dirección.

Aerodinámica en Moto GP (I)

La aerodinámica en las motos de Gran Premio ha pasado en los últimos años de ser poco más que un envoltorio a convertirse en el protagonista del mayor avance técnico. Vale la pena repasar el qué y también el porqué. No solo Red Bull les da alas.

Cuando se puso en marcha lo que llamamos Campeonato del Mundo de Velocidad, las motos ya eran bastante más que bicicletas con motor. Se conocía la importancia que tenía la aerodinámica aun con las velocidades relativamente bajas de la época, y por ello los carenados fueron creciendo hasta cubrir la rueda delantera y casi unirse al colín. Estas formas ayudaban a aumentar la velocidad máxima, aunque generaban dos problemas: escasa refrigeración del freno delantero de tambor, y enorme sensibilidad al viento lateral. A la vista de ello, la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) modificó el reglamento para la temporada de 1957, de modo que desaparecieron esas “carrocerías”: antes comenzaban por delante de la rueda delantera, y las nuevas normas no permitían llegar más allá de su eje, y además las dos ruedas debían ser visibles desde ambos lados.

Durante décadas hubo poca evolución, hasta tal punto que los colines (entendiendo por tal el asiento y todo el conjunto trasero) seguían estando abiertos por abajo, lo que supone olvidarse de las turbulencias que existen donde se juntan el calor de los escapes, el giro de la rueda trasera y la baja presión detrás de la moto.

Los mínimos cambios, leves, eso sí, llegaron cuando la FIM permitió que el carenado sobresaliera primero 50 mm respecto al eje de la rueda delantera, y años más tarde 100 mm.

Honda es una de las marcas que ha elegido alas cortas dobles, …
… y Aprilia ha preferido un ala única y grande.

Repentinamente, y hace pocos años, la aerodinámica de las motos de la categoría de Moto GP comenzó a cobrar importancia como solución a un problema generado por la mucha potencia de los motores. Cada vez era más habitual que las motos levantaran la rueda delantera al acelerar saliendo de las curvas. Es una situación vistosa para el público presente en el circuito y para los espectadores de la televisión, aunque el piloto lo ve de otro modo: prácticamente ha perdido el control de la dirección y, por encima de cierto ángulo, el “caballito” pasa a ser la antesala de una fea caída hacia atrás.

Para evitar estas situaciones, se hizo obligatorio el uso de un sistema electrónico que reduce la potencia del motor cuando la moto se levanta, un equivalente a cortar gas. ¡Cortar gas!, lo último que un piloto haría al salir de una curva. Los técnicos de las marcas plantearon una solución: añadir en los laterales del morro del carenado un ala invertida: si en un avión esa ala genera sustentación, es decir, una fuerza vertical hacia arriba que le hace subir y en definitiva volar, en una moto, el ala puesta del revés generaría deportancia, es decir, una fuerza vertical hacia abajo, que haría que la rueda siguiera pegada al suelo en plena aceleración. Unas marcas, como Yamaha o Aprilia, prefirieron montar un ala única y ancha, otras como Ducati, Honda o KTM, han optado por dos alas cortas, una encima de otra, unidas por un plano vertical que guía el flujo. Yamaha ha llegado a probar un conjunto de tres planos anchos.

 

El conjunto moto-piloto sí cambia de forma: no es lo mismo agazapado detrás del carenado en la recta…
… que descolgado fuera de la carrocería en la curva.

Para entender lo que ha sucedido después, hay que recordar dos obviedades que distinguen a las motos de los coches y de los aviones: un avión no cambia su forma externa cuando vuela, tampoco un coche cuando rueda. Sin embargo, el conjunto que forman la moto y el piloto cambia de forma cuando el piloto se mueve, y ese mismo conjunto, en las curvas, modifica además su posición respecto al suelo al inclinarse. Nos parece tan normal montando en moto o viendo cómo lo hacen otros, que no siempre somos conscientes de las consecuencias para la aerodinámica de estas obviedades.

En una recta el piloto se esconde tras el carenado y, visto de perfil, se crea una línea con más o menos curvas, entre éste, el casco, la espalda del piloto y el colín. Cuando el piloto se levanta al llegar a una frenada, no solo aumentan su resistencia al aire y la sección frontal, es que detrás se crea una turbulencia. Hasta que llega a la curva.

En la actualidad, los ángulos de inclinación en Moto GP superan ampliamente los 45º, y además los pilotos se descuelgan hacia el interior de la curva. En otras palabras, que gran parte del cuerpo del piloto ya no está detrás del carenado ni delante del colín. Esto significa que los elementos aerodinámicos (por ejemplo, el ala del morro del carenado) que generaban una fuerza (vertical hacia abajo) ahora están inclinados a más de 45º y generan una fuerza lateral. Pero solo actúa de ese modo la del lado exterior de la curva, porque el piloto está descolgado justo detrás del ala del lado interior, bloquea el flujo de salida del aire y anula su efecto aerodinámico. Es como tapar la parte posterior del radiador de refrigerante del motor: puede llegar aire fresco por delante, pero si no sale por detrás una vez calentado, el efecto de enfriamiento prácticamente desaparece.

Un ala invertida en posición horizontal empuja la moto hacia abajo en la recta, …
… y también hacia fuera en la curva.
Por eso ahora las alas se inclinan hacia abajo.

La foto de la izquierda muestra una moto en vertical equipada con un ala horizontal: se crea una fuerza vertical hacia abajo que consigue el efecto buscado de eliminar o al menos reducir los “caballitos”. La segunda foto muestra la misma moto en una curva, y las fuerzas generadas por el ala invertida: la componente vertical pega la moto al suelo, la horizontal intenta levantarla. En la tercera foto se ve la solución adoptada por los ingenieros de aerodinámica: el ala invertida se ha inclinado hacia abajo, como en las actuales motos de Moto GP, de modo que la parte que queda en lado exterior empuja la moto contra el suelo, la del interior no actúa porque el piloto está detrás, descolgado, y bloquea el flujo de salida.

Aparte del número de planos del ala (uno, dos o hasta tres), no ha habido cambios en las alas invertidas de los morros de los carenados en los últimos años, porque una vez que se han comprobado sus ventajas, la atención se ha ido primero al colín y luego a la quilla.

Ducati inventó las alas «stegosaurus» para el colín, …
… y Yamaha le siguió la corriente; sin embargo KTM (foto del inicio) prefiere otra solución.

Como se comentaba antes, la cara superior del colín, su plano horizontal, puede actuar como prolongación de la espalda del piloto cuando éste se esconde tras el carenado en una recta con la moto vertical. Cuando el piloto se yergue en la frenada, las turbulencias tras su espalda no son controlables, y al descolgarse en la curva el colín queda de nuevo al aire, con la posibilidad de ofrecer ventajas aerodinámicas.

La primera marca que decidió aprovechar esas ventajas fue Ducati con sus aletas “stegosaurus”, bautizadas así porque el colín de la moto recuerda a un estegosaurio (o al menos se lo recuerda a los que entienden de dinosaurios). Su función, en una recta, es “guiar” al aire turbulento que circula tras la espalda del piloto, porque el aire turbulento tiene más resistencia aerodinámica que al aire en flujo laminar, lo que podríamos llamar “aire tranquilo”.

Al conducir el aire con menos turbulencias hasta más allá de la moto, se rellena el vacío en la zona de baja presión que crea lo que generalmente llamamos rebufo, se reduce la resistencia del aire y se crea menos succión para los pilotos que vienen detrás. Otra consecuencia es que aumenta la estabilidad direccional de la moto, lo que la hace más rígida en el sentido de que le cuesta más trabajo, más esfuerzo físico girar, que es una queja habitual en los actuales pilotos de Moto GP.

El comportamiento de estas aletas en las curvas hay que analizarlo del mismo modo que el de las alas invertidas del morro: con la moto inclinada, las aletas del lado interior se acercan a la posición horizontal y por ser alas invertidas generan deportancia. Las del lado exterior se colocan en posición vertical y, al estabilizar el flujo de aire, mejoran la penetración aerodinámica.

Otra posibilidad que han explorado algunos fabricantes, por ejemplo Yamaha y KTM, es colocar una pequeña ala invertida en posición horizontal en el extremo posterior del colín. El objetivo es, además de guiar el aire, como las aletas “stegosaurus” de Ducati, crear deportancia para pegar la rueda trasera al suelo y mejorar la tracción. Se utilizan alas muy pequeñas por los efectos secundarios negativos que tendría un ala grande: en las rectas, al empujar hacia abajo desde tan atrás, ¡estaría provocando un “caballito”!, y en las curvas generaría una fuerza horizontal hacia el exterior, lo mismo que las primeras alas delanteras horizontales.

Para evitar estos efectos se han probado alas planas con soportes estabilizadores en los extremos, alas inclinadas, alas horizontales con soportes inclinados, alas dobles, o el conjunto de ala cuádruple arqueada de KTM, que se ve de cerca en la foto de apertura.

No olvidemos que estos avances aerodinámicos están arrancando, y aun se trabaja en localizar la conexión entre la teoría, la simulación por ordenador, las sensaciones del piloto y el veredicto del cronómetro. En otras palabras, aun se emplea el principio de prueba y error, el “si funciona lo utilizamos y si no, probamos otra cosa”. Hay que considerar que muchos de los expertos en aerodinámica que actualmente trabajan en los equipos de Moto GP vienen de la Fórmula 1: KTM se los ha traído de Red Bull , y Massimo Rivola se los ha llevado a Aprilia desde Ferrari, y están comprobando las muchas diferencias que hay entre motos y coches. (Continuará).

Hay un Golf GTI en el garaje: ¿Y vale para ir a Marruecos?

En la primera parte de esta serie se planteó si, como se suele comentar, un VW Golf GTI es el coche ideal para todo. Ocho mil kilómetros y un viaje por Marruecos después, es hora de comprobarlo de nuevo.

Hay una conversación recurrente entre aficionados a los coches que versa sobre cuál escogerían como vehículo único, como coche para todo. Y por supuesto existe su equivalente en el mundo de las motos.

Durante años, el resultado del debate terminaba llevando a un BMW Serie 3 con carrocería familiar y uno de esos motores diésel potentes tan de moda entonces. Solo que el mundo en general, y el de la automoción en particular, han cambiado tanto que las conclusiones a día de hoy serían otras.

En el puerto de Tánger, aguardando para embarcar con rumbo a Tarifa

En mi caso, teniendo en cuenta consideraciones racionales y emocionales, mezcladas con las necesidades personales, el coche ideal está ya en el garaje, y día a día compruebo si la decisión fue la adecuada o no. Un reciente viaje por los dos lados del estrecho de Gibraltar ha dicho que sí. En las autovías españolas el Golf GTI permite hacer gran parte de los recorridos en sexta a bajo régimen, gracias al mucho par disponible desde ¡1.600 rpm!, y solo se recurre a la quinta en subidas largas y pronunciadas, o por seguridad en adelantamientos largos.

Solo le encontré dos pegas al Golf en este terreno. La primera es culpa de los neumáticos de perfil bajo (225/45 R 18) mezclados con un bastidor rígido: cuando el asfalto está liso y no tiene parches, la marcha es cómoda y silenciosa; cuando está granulado o parcheado, el ruido de rodadura se hace notable, especialmente por culpa de las ruedas traseras.

Por otro lado, cuando se van acumulando los kilómetros, la banqueta del asiento se hace incómoda. Es bastante plana y está cercana al suelo, por lo que los altos levantamos las rodillas, no apoyamos todo el muslo, y el peso concentrado en la parte posterior genera incomodidad más o menos después de 300 kilómetros.

Mi Golf GTI “siete y medio”, como dicen los ingleses, se portó de maravilla en el recorrido marroquí. La ruta de Tánger a Tetuán se hizo al principio por la N 16, bordeando la costa por Alcazarseguir y detrás del monte Musa, para luego pasar a la P 4703 y P 4701 hasta tomar la N 2 ya llegando a Tetuán. Al ser buena la carretera, y con trazado fluido, gran parte del recorrido se pudo hace en cuarta y quinta.

Al día siguiente continué por la N 2 hasta Xauen, ya en el Rif, disfrutando del par en tercera entre ¡1.500 rpm! y 4.000 rpm, recurriendo a cuarta solo en las pocas rectas y a la segunda en curvas lentas y para adelantar camiones largos.

La prueba de fuego del sistema de climatización: fuera había 45,5ºC, dentro se estaba de maravilla.

El momento más duro del viaje para el coche, el que le puso a prueba, fue la mañana que nos llevó de Xauen a Arcila. Ya habiendo bajado de las montañas del Rif y cruzando llanuras en dirección Este hacia la costa del Mediterráneo, el termómetro de exterior legó a 45,5 º C. Eso sí, la temperatura del motor ni se inmutó y en el habitáculo se mantenía un ambiente agradable gracias a los esfuerzos del equipo de climatización.

Respetando el formidable diseño del Golf: se elimina en soporte de las placas de matrícula, y se las fija mediante un soporte invisible

Uno de los atractivos de la séptima generación del VW Golf es que mantiene el diseño limpio y sencillo, que no simple, completamente germánico, que Giorgetto Guigiaro dibujó en los ’70 para la primera generación. Por eso se rompe el equilibrio si se añade cualquier elemento, sean alerones o simples adhesivos. En el caso de mi coche, me chirriaba algo tan aparentemente banal como el soporte de la matrícula: cuando lo compré, las placas de matrícula, de plástico, se sujetaban mediante unos bajomatrículas negros con el nombre de un concesionario alemán: eran un añadido excesivo e innecesario de colores, forma y letras.

Una breve excursión por Google me permitió localizar una sujeción invisible: láminas de plástico con adhesivo de alta resistencia por una cara y Velcro del bueno por la otra.

Sustituir las placas negras por esos adhesivos necesitó solo de un destornillador de estrella, una buena limpieza de la suciedad acumulada detrás de las placas, eliminar todos los restos incluso de humedad con las toallitas suministradas y fijar las láminas. Para mantener la correcta posición de las placas recurrí a la cinta métrica y a un nivel de burbujas, para que quedaran centradas en sus alojamientos y horizontales por completo.

El resultado es fantástico: al diseño original del coche solo se añade el mínimo legal imprescindible: unas placas de matrícula sin tornillos ni remaches visibles, que parecen flotar sobre la carrocería roja.

El indicador de sugerencia de cambio de marchas piensa solo en ahorra combustible; no sabe en qué consiste divertirse al volante.

El cuadro de mandos de mi Golf GTI es del tipo que el grupo VW bautizó como “virtual cockpit” en su lanzamiento: en lugar de relojes analógicos con agujas físicas, es una pantalla que los reproduce digitalmente, y que el usuario puede personalizar. Aunque a día de hoy es bastante común entre todos los fabricantes, cuando apareció fue una novedad.

La configuración que utilizo tiene, en los “relojes” grandes, el cuentavueltas a la izquierda y el velocímetro a la derecha, y en el interior del primero aparece un indicador de la marcha en uso que se convierte en una sugerencia de cambio de marcha cuando el sistema lo cree necesario. Y este indicador merece dos comentarios.

Cada vez que se cambia de velocidad, el indicador desaparece un instante y solo vuelve a encenderse una vez que se ha soltado el embrague por completo y pisado de nuevo el acelerador. Tengo la sensación de que actúa así porque no hay un sensor de marcha engranada en la caja de cambios, si no que relaciona la velocidad del vehículo con el régimen de giro del motor. Por eso se desconecta al pisar el embrague y no regresa hasta que el resultado respeta una lógica.

El segundo comentario es una crítica a las exageradas sugerencias del indicador de cambio de marchas. Cierto que el motor ofrece 370 Nm de par desde solo 1.600 rpm, pero eso es a pleno gas. Además, lo que no sabe el indicador es si estoy aguantando una marcha porque me acerco a una curva y quiero ahorrarme subir y bajar de marcha en pocos metros. En tramos de curvas es habitual que, si estiro el motor en segunda, ya me esté recomendando subir hasta cuarta. Y en cuanto levanto el pie al llegar a una curva, la recomendación desaparece. En la foto que inserto más arriba (y que evidentemente tomó el copiloto), ruedo en cuarta a unas 2.300 rpm y me está pidiendo que pase a sexta cuando la velocidad no llega a 80 km/h. Toda una exageración, que va en contra de la credibilidad del sistema.

Por cierto, hay una circunstancia concreta en que el sistema de cálculo se hace un lío y ofrece un dato falso: en un tramo de curvas en que se cambie con frecuencia entre segunda, tercera y cuarta, llega un punto en que se rueda en segunda con el indicador señalando tercera. Solo al mantener la tercera engranada un rato, el indicador vuelve a la realidad.

Cuando compré el Golf me quedaron tres cuestiones pendientes que no resolvió la tienda vendedora, y que me han llevado a tratar con el departamento de atención al cliente de VW España y con un concesionario de la marca. En los tres casos han sido estupendamente amables y serviciales, aunque solo en uno de ellos has sido eficaces, si por eficacia entendemos responder a mis preguntas.

La primera cuestión se refería al manual del usuario. Con el Golf me entregaron toda la documentación original, incluyendo su manual en perfecto alemán. Como no conseguí la versión en español en la web de VW España, hablé con su departamento de atención al cliente, que me remitió a un concesionario. Ahí, tras una visita personal y varios mensajes de WhatsApp, me proporcionaron el mensaje que me permitió descargar la versión digital en formato pdf.

La segunda pega se refería a porqué en mi coche no funcionaba la conexión del teléfono para Apple Car Play y Android Auto, cuando sí conseguí conectarlo mediante Bluetooth para las funciones de teléfono y música. En VW España no supieron explicármelo, y me remitieron a otro departamento (¿en Alemania?) más especializado. Allí si fueron capaces de decirme que esa función existe, pero que era una opción en los vehículos del mercado alemán, como el mío, y un equipamiento de serie en el español, y que un concesionario me ayudaría, previo pago a activarlo. En el concesionario me confirmaron esta información, aunque no fueron capaces de darme un presupuesto, por lo que sigue sin activar.

Y la tercera pregunta parte de mi interés por cuidar el coche y que su mantenimiento siga a cargo de un concesionario de la marca. Oí que existen planes de mantenimiento a precio fijo en los concesionarios, que permiten cierto ahorro, y por ellos pregunté, hasta quedarme enganchado en la burocracia de las multinacionales: que si tengo que consultarlo, que si en VW no me han dicho nada, que si hay dudas porque los primeros mantenimientos se hicieron en Alemania y no es España, … Conclusión, que tampoco para la tercera cuestión hubo respuesta.

Es decir, que por ahora el Golf GTI “ siete y medio” está a la altura del mito, y el servicio al cliente por debajo.