Más espectáculo con carrera que carrera espectacular
A mediados del pasado mes de Septiembre tuvo lugar el Gran Premio de España de Fórmula 1 en Madrid, 45 años después de que dejara de disputarse en el circuito del Jarama. El resultado ha sido un éxito con matices, en lo que no queda claro si es una carrera de coches con añadidos o un espectáculo que alberga una carrera de coches.

En la actualidad, la Fórmula 1 se ha convertido en un espectáculo que va más allá de una carrera de coches, y que muchos circuitos y ciudades desean acoger por la imagen que les otorga y por los beneficios económicos que conlleva o puede conllevar.
La última vez que tuvo lugar una carrera de Fórmula 1 en Madrid fue en 1981, en el circuito del Jarama, que cumplía las normas de homologación de la época. Y la que para muchos es la máxima categoría del automovilismo deportivo regresó a la ciudad en Septiembre, cubierta con un contrato de diez años, al circuito llamado Madring, una mezcla de pista urbana y tradicional, ubicada la primera parte entre los pabellones y los aparcamientos de Ifema, y la segunda en los descampados de Valdebebas donde se celebraba el festival Madcool.
Analizar una carrera de Fórmula 1 en la actualidad implica ser delicado con los detalles, porque se debe analizar desde diversos puntos de vista, cada uno de los cuales puede tener resultados diferentes. Si empezamos por lo básico, que es haber conseguido el contrato, está claro que ha sido un éxito. Muchos candidatos se quedan por el camino, y algunas pruebas tradicionales, como la de Barcelona o la del formidable circuito de Spa Francorchamps en Bélgica, pasan desde ahora a celebrarse cada dos años. Y no olvidemos que un país con larga tradición en el sector del automóvil como Alemania, no tiene GP de Fórmula 1 hace años.
El segundo éxito es haber llegado a tiempo. Las enormes exigencias de la organización, más las instalaciones que hacen falta para cubrir las necesidades de cien mil personas durante tres días, son un reto tremendo, que la organización supo cubrir. Sin olvidar el traslado de esa masa humana, que se resolvió con la combinación de transporte público (metro y tren de cercanías), más autobuses lanzadera desde los aparcamientos habilitados en los alrededores.
Asistí a la carrera en la zona de Valdebebas, que contaba con suficientes accesos desde las estaciones de tren de cercanías y de metro, con miembros de la organización que guiaban al público. Llamaba la atención la alta frecuencia con la que llegaban los trenes (aproximadamente un tren cada cinco minutos al acabar los entrenamientos), lo que permitía admitir a los miles de personas que salíamos simultáneamente del circuito. Por lo que se refiere a las instalaciones dentro del circuito, eran grandes y numerosas, lo que no impidió la existencia de colas. Hay que considerar que en la zona debíamos estar entre 50 y 60 mil personas; si sumamos sus necesidades de comida, bebida, baños, sombra, mesas y sillas para comer y descansar, … es difícil satisfacerlas si todos acuden a la vez, aunque algo más de sombra y zonas para comer no habría estado de más.
Hubo también colas en determinados momentos en algunas tiendas, lo que entra dentro de la lógica, ya que los compradores se acumulaban en los momentos en que no había coches en pista; por otro lado, las tiendas estaban lógicamente más vacías durante las tandas de entrenamientos y, por supuesto, durante las carreras.
Hasta aquí lo mejor de la carrera y de su organización, según lo viví como espectador. Si analizamos lo mejorable, hay que empezar por lo tedioso de la carrera en sí. En general, las carreras de Fórmula 1 no suelen tener el número de adelantamientos de las de motos, menos aun de las de Moto3. Aun así, con los cambios en el reglamento técnico para 2026, se estaban animando bastante, hasta llegar al Madring. Era lógico que fuera difícil adelantar en la zona de Ifema, en la que casi todas las curvas son de noventa grados y la anchura está limitada por la existencia de los propios pabellones. Sin embargo, esta limitación no debería haber existido en la zona de Valdebebas, simplemente habiendo construido una pista más ancha con más rectas y menos curvas. Me llama la atención que los pilotos elogiaran la calidad de los datos sobre el circuito que había enviado la organización a los equipos para que los cargaran en los simuladores, porque les permitieron conocerlo de antemano; sin embargo, ¿esas simulaciones no permitieron prever la dificultad de los adelantamientos? Por otro lado, tengamos en cuenta que uno de los cambios en el reglamento técnico que se estrena esta temporada reduce el tamaño de los coches: 100 mm más estrechos y 200 mm más cortos; ¿cómo habría sido una carrera en el Madring con los coches del año pasado?
Otro punto sobre el que ha habido comentarios negativos es el de los precios de las entradas y de los servicios y productos disponibles en el circuito. Aquí me permito introducir un factor delicado: no es que todo eso sea caro, es que hablamos de un espectáculo de alto nivel que se desarrolla en un país con baja renta per cápita. Así de duro. Las entradas tienen precios similares en todos los países, y son percibidas como más caras en España o Mexico que en Estados Unidos o el Reino Unido. Y lo mismo se puede aplicar a la comida y la bebida que se vendía en Madring, o los productos a la venta en la tienda del circuito, la tienda oficial de la F1, o las que habían montado los equipos. Ahí van algunos ejemplos: medio litro de agua por 3,50 Euros, 4,50 € por un helado Magnum, una cerveza por siete, las gorras y las camisetas venían a costar 50 Euros, y las sudaderas se situaban en 150 o más. Aun así, estos precios se enfrentan al poder adquisitivo o las ganas de darse un capricho de cada uno, porque vi a más de un espectador cargado con varias bolsas a su vez cargadas con bastantes recuerdos. Más de 500 € entre las dos manos.
También el público merece comentarios, por su tipología. Hace años, a las carreras de coches y motos solo asistían aficionados a las carreras. Y se les veía de lejos que lo eran. Ahora estas pruebas se sitúan en un lugar intermedio entre carreras para aficionados y espectáculos para quienes no lo son, y eso obliga a los organizadores a modificar tanto la agenda del día como los servicios que ofrecen. Por eso, aunque todas las entradas estaban vendidas, las tribunas solo se llenaron por completo durante la carrera de Fórmula 1 del domingo, ni siquiera durante la carrera al sprint del sábado. No hace falta por tanto insistir en lo vacías que estaban en los entrenamientos de F2 y F3 del viernes y el sábado.
Está claro que este tipo de público requiere de otras actividades para rellenar el día y conseguir lo que ahora parece tan imprescindible que es “vivir una experiencia”. De ahí esa sensación de festival de música que había en la zona de Valdebebas, la existencia de DJ’s en algunas tiendas, como para no perder el ritmo ni en las compras, o las cámaras de televisión que se paseaban por entre el público, deseoso de verse en las pantallas gigantes que había en el circuito, saludar, mostrar con sus banderas y camisetas a qué tribu pertenecen y lograr unos segundos de fama. Como una red social, solo que en pantalla gigante.
Un factor clave en esta sensación de mezcla entre carrera de coches y festival, entre pilotos de coches y estrellas de rock, es el escenario gigante en el que se les entrevistaba frente a un público que reaccionaba igual que si estuviera en un concierto de Bad Bunny en el Metropolitano, solo que ante un señor que pilota deprisa y bien. Las preguntas de los entrevistadores dejaban claro a qué tipo de público se dirigían: qué esperas de la carrera (a lo que se responde, cómo no, que voy a dar el máximo y vamos a ofrecer un gran espectáculo), si te gusta Madrid (por supuesto, es una ciudad fantástica) y cuál es tu tapa favorita (a lo que la mayoría respondía con referencias al jamón).
Las entradas para la edición de 2027 del Gran Premio de España en el Madring están a la venta desde el pasado 29 de Septiembre. Me queda la duda de cómo van a vender las entradas para las tribunas de las zonas en que cambie el trazado, si aún no está diseñado. La nueva edición estrenará el patrocinio de Lenovo, que sustituye a TAG Heuer, y la organización ha prometido cambios en el circuito para favorecer los adelantamientos. Si simplemente ensanchan el tramo de Valdebebas y suprimen un par de curvas, se habrá ganado mucho. Sobre el calor y el precio de bienes y servicios, pocos cambios habrá.








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