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Y sin embargo te quiero

El blog de Luis Carlos Alcoba

Y sin embargo
te quiero

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Teoría y práctica de enredar en coches con años

Cada vez hay más programas de televisión en los que se restauran o rejuvenecen coches con años. Cada vez hay más canales de You Tube que se dedican a lo mismo. Y en sus reparaciones siempre encuentran las piezas que les hacen falta y además les llegan a tiempo, y no se topan con tuercas que no salen, tornillos que se rompen, diagnosis imposibles, … Yo sí.

Es posible que esto empezara con la serie británica Wheeler Dealers, que en español se tituló Joyas sobre ruedas. Nació en el Reino Unido para luego emigrar a los Estados Unidos, donde tuvo varios descendientes, cada uno más gringo que el anterior. Al nacer la época de You Tube, se multiplicaron los canales dedicados a localizar, rescatar y luego devolver a la vida todo tipo de coches (y también motos) que llevaban años tratados con poco cariño o directamente arrinconados en el fondo de un garaje o un pajar.

Es evidente que algunos de esos canales se ciñen a la realidad, y por ello enseñan las dificultades que se afrontan cuando uno quiere recobrar el antiguo esplendor de un coche que lleva años parado. Entre estos que podemos llamar sinceros, me permito destacar los episodios de barn find que Jonny Smith (sí, sin la “h” entre medias) sube a su canal The Late Brake Show en You Tube. Lo de barn find, que se puede traducir como “encontrado en un granero”, es la denominación que los anglosajones le dan a estos hallazgos, porque suelen encontrar los coches en zonas rurales, abandonados en graneros, establos o pajares. De vez en cuando, en el canal de Jonny Smith surge la sinceridad y aparecen coches que no arrancan, y que incluso no se tiene la menor idea de por qué no arrancan. Y otras veces la dejadez ha situado el coche en esa posición irrecuperable en la que los expertos le etiquetan como “donante”, porque no vale la pena restaurarlo y solo sirve para donar las piezas que aun son válidas para otro proyecto de restauración.

Sin embargo, la mayoría de los programas y canales se mueven en un mundo paralelo a la realidad, en el que las diagnosis son rápidas, certeras e indiscutibles, y conducen a reparaciones claras e inmediatas, y para todos los imprevistos hay recambios y soluciones. Nunca aparece una situación en que uno se quede apoyado en la aleta, mirando el compartimento motor y diciendo: “No entiendo nada”, o frente a la caja de fusibles, el plano eléctrico y el polímetro, diciendo: “No me aclaro”. En el mundo real, los “No entiendo nada”, “No me aclaro” y “Si esto no es, ya no sé qué hacer” son de lo más habitual, y el origen es de lo más variado. Veamos por qué.

Un polímetro, las bombas del lavaparabrisas, en las cercanías una tableta con el plano de instalación eléctrica, y muchas dudas.
Caja de fusibles típica de coches de los años ’70. Incompatibles, claro, con los anteriores y los posteriores. En la foto de apertura, intentando entender los tubos de la instalación de lavafaros

El mundo de las instalaciones eléctricas es origen de bastantes de estos dolores de cabeza, para empezar porque no se suelen tener en casa los fusibles de todos los formatos y amperajes habituales. Los coches y motos actuales suelen emplear unos planos y pequeños, con la misma forma, aunque de menor tamaño, que los que se empleaban antes. Por supuesto, la diferencia de tamaño los hace incompatibles. Antes de los dos tamaños de fusibles planos se usaban unos de forma cilíndrica, con cuerpo cerámico y extremos metálicos cónicos. Por supuesto, incompatibles con los dos tipos de fusibles planos que vinieron después. Estos fusibles cilíndricos eran los que empleaban mis Mercedes C123, como corresponde a coches de los ‘70. Y hace unas semanas, mientras visitaba un prestigioso restaurador de clásicos, tuve la oportunidad de ver la generación de fusibles anterior a los cilíndricos, obviamente incompatibles con las tres generaciones posteriores. ¿Quién tiene en casa fusibles de amperajes variados de los cuatro formatos? Yo no.

Otro dolor de cabeza proveniente de las instalaciones eléctricas suele aparecer cuando el plano no coincide con la realidad. Es de suponer que, si en el plano figura que el cable es rojo, en el coche el cable será rojo. Salvo que justo el día en que se fabricó el mazo de cables de esta unidad en concreto, se hubiera acabado el cable rojo y alguien recurrió al color que quedaba por allí.

Hay un origen más retorcido en los errores con las instalaciones eléctricas, y proviene de las diferentes normas de homologación por país, que obligan a diseñar diferentes instalaciones eléctricas según el destino del vehículo. Pasadas unas décadas, y con los coches saltando de país en país, es sencillo ponerse a trabajar con el plano que no corresponde. Me tocó perder bastante tiempo en la reparación de la complicada instalación de limpia y lava parabrisas y además limpia y lavafaros de mis Mercedes C123, porque estaban destinados al mercado alemán, y sin embargo el plano de instalación eléctrica que me suministraba Google una y otra vez era, sin que yo lo supiera, el de la versión para los Estados Unidos. ¿Y cuál es la diferencia? La normativa europea solo permite que funcione el limpia y lavafaros cuando los faros están encendidos, mientras que en EE.UU. pueden actuar estando apagados, lo que obliga a cableados distintos. También tuve lío en su día con la Honda CBR 1000 F: me faltaba un cable en el faro principal. En aquellos tiempos, una moto mantenía encendida la luz corta al poner la larga en toda Europa, salvo en España, donde al poner las largas se debían apagar las cortas. Por este motivo, para homologar aquí una moto el fabricante eliminaba un cable en el conexionado del faro. Cuando me enteré, me hice un puente de cable para mejorar la iluminación nocturna, que desmontaba cada vez que tocaba pasar la ITV.

Documentarse adecuadamente es fundamental a la hora de reparar vehículos con muchos años, y en el Reino Unido se publica una inmensa cantidad de libros para ello, entre los que destacan las guías de taller de Haynes. Estos libros se basan en las documentaciones que las fábricas hacen públicas, que no tiene por qué ser exactas ni exhaustivas, por razones similares a las que llevan a que se acabe el cable rojo. De ahí que, por ejemplo, me confundiera una y otra vez al comparar los códigos de las placas de identificación de mis Mercedes con las tablas de significado de esos mismos códigos en diferentes libros y foros de Internet. Incluso para algo tan elemental como el código de color de la carrocería.

Justo bajo la «capilla» del Land Cruiser LJ70 nacía un ruido que no fui capaz de eliminar. La foto está tomada en el Trópico de Cáncer, en el paralelo 23º27′ N.
Se supone que estos son los códigos de color de carrocería y tapicería, tipo de cambio, desarrollo del diferencial, … ¿Y si los libros que se consultan contienen errores, qué se hace?

Mencionaba en el párrafo anterior el factor de los muchos años de estos vehículos, lo que conlleva el elevado número de intervenciones que han podido sufrir, y hasta padecer. En numerosas ocasiones me ha tocado decir, con cara de asombro, lo de “¿A quién se le habrá ocurrido…?”, cuando he descubierto una modificación a la que no le encontraba el sentido. Un día el BMW M3 E46 decidió que no arrancaba, y varias horas de trabajo me llevaron a culpar a la bomba de combustible. Como estaba seguro de que no eran ni el fusible de alimentación, ni el relé, ni el mazo de cables, no quedó otra que pasar por caja y comprar en un Concesionario de la marca una carísima bomba de gasolina. Solo que la monté y el coche seguía sin arrancar. Con la cuenta corriente y el orgullo de mecánico tocados, seguí trabajando en busca de una solución hasta que, desmontando por enésima vez el guarnecido del maletero para repasar la instalación de la bomba, toqué sin querer y casi sin verlo un minúsculo interruptor que había por allí, y el coche arrancó. ¿A quién se le habría ocurrido esconder un interruptor pequeño que cortaba la corriente de la bomba? Pues a alguien que pensaba igual que el que cambió los tornillos de soporte del paragolpes trasero del Mercedes verde, de modo que siempre quedaba suelto porque no llegaban a presionar.

Uno de los puntos que más me llama la atención de los programas de TV y de los canales de You Tube sobre restauraciones es su capacidad para resolver cualquier problema. Cualquiera, da igual una avería, un mal contacto, o un ruido, para todo hay solución. Qué envidia. Mi Land Cruiser LJ70 tuvo un ruido por el roce de un cable en la zona del mando de la calefacción, que no fui capaz de quitar en años de uso del vehículo por más veces que lo desmonté el cuadro. Lo vendí con el ruido. Algunos soportes del carenado de la CBR 1000 F se fisuraron, y no encontré pegamento para fibra de vidrio capaz de ofrecer una solución duradera. El cable del velocímetro de la Benelli 250 2C terminaba en un engranaje cónico de plástico, que tomaba su movimiento de un engranaje cónico ¡metálico! situado en el eje de la rueda; claro que el engranaje metálico se comía al de plástico, y periódicamente el velocímetro dejaba de funcionar.

Para historia sin solución la de los faros del Land Cruiser HDJ80: el anterior propietario había modificado la instalación de iluminación para transformarla a LEDs, y además había añadido unos estupendos faros adicionales, muy útiles cuando toca hacer eso que no se debe hacer que es conducir por Africa de noche. Solo que la capacidad de iluminación del sistema, medida en candelas, quedaba por encima del máximo legal, y para pasar la ITV debía desmontar los faros adicionales y la instalación de LEDs, para volver al sistema con halógenos y a un número legal de candelas. Con el paso de los años, a base de montar y desmontar, las conexiones cogieron tal juego que no siempre llegaba tensión a unas lámparas que, por no encajar en sus soportes, deslumbraban. La conclusión, tras una ITV fallida, fue reparar el sistema y no volver a montar los LEDs.

Y sí, sigo viendo episodios sueltos de Joyas sobre ruedas y vídeos de restauraciones en You Tube, solo que siendo consciente de que esa es una realidad en un mundo paralelo, alejado del mío, que es el real, aunque sea más triste.

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